El reto de tratar la obesidad infantil: “Son niños muy quemados, con sentimiento de culpa” | Salud y bienestar

Desafío de combatir la obesidad infantil: «Llegan muy desgastados, cargados de culpa»

La obesidad infantil ya se erige como un peligro global de primer nivel que golfea la salud de los más pequeños en todos los frentes: abre la puerta a un rosario de enfermedades cardiovasculares y metabólicas que se prolongan hasta la edad adulta, y al mismo tiempo actúa como un mazo emocional que quebranta la salud mental en etapas especialmente frágiles. Se aprecia en la consulta, relata Eduard Mogas, responsable de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil del Hospital Vall d’Hebron: «Son niños que llegan muy desgastados, con un sentimiento de culpa que, si no se aborda con cuidado, puede acabar generándoles rechazo al sistema».

En su servicio atienden a unos 380 chavales con obesidad. No existe píldora milagrosa, ni siquiera con la llegada de los nuevos fármacos anti-obesidad que han revolucionado el abordaje de esta dolencia en adultos. Aunque estos medicamentos pueden ser útiles en algunos casos, no sirven para todos ni mucho menos de forma aislada, matiza Mogas: siempre se precisa una intervención nutricional, emocional y de actividad física. «Se necesita un enfoque multidisciplinar. Hay que des-culpabilizarlos y des-estigmatizarlos. Quitamos el foco de sus hábitos, que habrá que mejorar, sí, pero lo hacemos desde el respeto. Hay que empezar con buen pie para que asistan más y mejor a la consulta», plantea el facultativo.

Es esencial que los chicos sigan el tratamiento y las pautas que se les proponen. Que no abandonen. Hay mucho en juego.

Se calcula que uno de cada cinco menores en el mundo presenta exceso de peso (sobrepeso u obesidad) y la curva sigue en ascenso. Tal es así que ya se observan fenómenos muy concretos ligados a esta epidemia, como la aparición cada vez más temprana de cuadros propios de la edad adulta. Un ejemplo: el auge de la hipertensión arterial, llave para desarrollar graves problemas cardiovasculares. Una revisión reciente alertó de que casi se ha duplicado en las dos últimas décadas: a principios de siglo el 3,4 % de los niños y el 3 % de las niñas padecían esta dolencia, mientras que en 2020 ya eran el 6,5 % y el 5,8 %, respectivamente. Según sus cálculos, hoy 114 millones de menores de 19 años en todo el planeta viven con hipertensión.

Mogas confirma ese empeoramiento global: «Estamos viendo obesidades de mayor intensidad [con un índice de masa corporal más alto] y complicaciones asociadas: metabólicas, como la diabetes; mecánicas, como hipertensión, alteraciones cardiovasculares y obstrucciones respiratorias durante el sueño; y también complicaciones en salud mental vinculadas a la obesidad».

En el Hospital Sant Joan de Déu de Sant Boi (Barcelona) también han constatado que más de la mitad de los menores atendidos en su unidad de endocrinología pediátrica presentaban resistencia a la insulina, una alteración metabólica causada por la obesidad que puede desembocar en diabetes tipo 2. Asimismo, han detectado pacientes con señales de alarma en la presión arterial, indicios de hígado graso o acumulación de colesterol (dislipemia) en sus vasos, anomalías muy relacionadas con el exceso de peso.

Todo ello puede tener consecuencias impredecibles en la salud de los chavales a largo plazo. Intervenir pronto y con eficacia resulta clave. En Vall d’Hebron, desde la primera visita, se ofrece acompañamiento psicológico para borrar la huella de estigma que puede perseguir a los niños. «Es fundamental para que se sientan mejor, acompañados y continúen el tratamiento», subraya Mogas.

Vivencias negativas con el ejercicio

Además, se suman intervenciones para mejorar la alimentación y programas contra el sedentarismo. «Nuestro objetivo es acompañar a los pacientes para lograr un adecuado nivel de actividad física e instruirles en pautas que puedan realizar por su cuenta e incorporar a su rutina diaria», explica Imma Donat, del equipo de Fisioterapia y Rehabilitación de Vall d’Hebron. Los especialistas evalúan la actividad de los chavales (en la escuela, en extraescolares, desplazamientos, recreos) y les someten a pruebas funcionales para medir fuerza muscular y capacidad aeróbica. Con los resultados, diseñan un programa de ejercicio a medida, con sesiones presenciales y seguimiento telemático para que puedan hacerlo en casa.

La idea, añade la fisioterapeuta Berta Canut, es que «cojan una relación positiva con la actividad física». Es básico que se sientan seguros. «Nos hemos encontrado con vivencias de pacientes con una relación negativa con el ejercicio por prejuicios o falta de seguridad. Aquí conseguimos que tengan un espacio seguro», señala.

Juliette Yong Akewen, de 17 años, está en seguimiento en la unidad desde el año pasado. Ha pasado por el programa nutricional y de fisioterapia y asegura que ha mejorado. «Lo que más ha cambiado en mí es la motivación por hacer deporte; antes me costaba muchísimo más. Y en alimentación he aprendido qué elegir y qué evitar», cuenta. A nivel emocional, añade, ha entrenado «la constancia»: «Y si me agobio paro, respiro y luego sigo. Pero no lo dejo», sonríe.

A su lado, su madre, Rita Akewen, dice estar «muy orgullosa de ella»: «Todo esto le ha ido genial. Ya no ve el ejercicio como un sacrificio, sino como algo divertido. Está más animada y con ganas de seguir porque nota resultados». Rita también tuvo obesidad desde niña y conoce el sufrimiento: «Sé lo que implica cargar con mucho peso, el juicio de la gente, el dolor de no poder ponerte lo que quieres o todo lo que se juega con respecto a la salud. No quiero eso para mi hija, no quiero que pase lo que yo pasé».

En la respuesta a la obesidad infantil han irrumpido los novedosos fármacos que imitan el efecto de las hormonas que generan saciedad y, en adultos, ayudan a perder entre el 15 % y el 25 % del peso. Están autorizados a partir de los 12 años, pero Mogas pide prudencia: no valen para todos ni como única respuesta.

«En ensayos clínicos han mostrado eficacia en adolescentes, pero en la vida real la evidencia es limitada. Y tenemos dudas sobre la evolución a largo plazo con estos medicamentos», advierte. Los fármacos tipo Ozempic «pueden ser de ayuda cuando los pacientes incorporan cambios en el estilo de vida», concluye, «pero nunca solos».

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