Joven interactuando con muñeca robótica de IA en ambiente futurista con gráficos de encuesta global al fondo

“El amor 2.0”: la mitad de los jóvenes apuesta por la IA para ser más feliz

El 50% de los jóvenes ve en la IA la clave de su felicidad afectiva. Una encuesta global revela que la mitad de los adultos entre 18 y 24 años cree que las relaciones con inteligencia artificial —desde chatbots hasta muñecas robóticas— mejorarán su bienestar emocional en la próxima década. Pero detrás de este optimismo tecnológico se esconden divisiones generacionales, brechas culturales y alertas psicológicas que redefinen el futuro del romance.

Los datos, compartidos en exclusiva con la AFP por la consultora YouGov y la empresa Star X Gen (Tokio), reflejan un cambio de paradigma moral: mientras el 48% de los 18-24 años y el 47% de los 25-34 años confían en que los “compañeros íntimos de IA” elevarán la felicidad humana, esa cifra se desploma al 25% en mayores de 55 años. La brecha no es solo etaria: también es geopolítica y, según los expertos, podría estar vinculada a cómo cada sociedad concibe la soledad, la tecnología y hasta el tabú.

El estudio, realizado a 9.912 personas en seis países (EE.UU., Japón, Alemania, Reino Unido, Indonesia y Hong Kong), desvela que los asiáticos lideran la aceptación. En Indonesia, el 50% de todos los encuestados —sin distinción de edad— cree que la IA mejorará su conexión emocional y sexual. Le siguen Hong Kong (34%) y Japón (24%), mientras los occidentales se muestran más escépticos: solo el 20% en EE.UU., el 15% en Alemania y un irrisorio 9% en Reino Unido ven con buenos ojos esta revolución.

El público occidental percibe la intimidad sintética como una amenaza a la cercanía humana, pero en Asia hay una disposición creciente a integrar la IA en lo personal y lo físico”, explicó Philippe Chan, de YouGov. Esta diferencia, añaden los analistas, podría responder a factores como la densidad poblacional (que en ciudades como Tokio o Yakarta intensifica la soledad), tradiciones menos puritanas sobre el sexo o una mayor familiaridad con robots en el día a día, desde los androids en hoteles japoneses hasta los asistentes virtuales en Corea del Sur.

'El amor 2.0': la mitad de los jóvenes apuesta por la IA para ser más feliz
Crédito: Mateusz Slodkowski/SOPA Images/ZUMA/picture alliance | Deutsche Welle

La encuesta también exploró el terreno más controvertido: las muñecas sexuales con IA. Aunque solo el 17% de los participantes se plantearía usarlas (frente al 59% que las rechaza), los jóvenes vuelven a liderar la apertura. En Japón y Alemania, el porcentaje de adultos jóvenes que consideraría probar una muñeca casi duplica la media nacional. Más llamativo aún: en Japón, un tercio de los jóvenes cree que estos artefactos pueden “proporcionar una sensación de amor”, superando a quienes lo niegan.

¿Terapia o riesgo? La sombra de los chatbots en la salud mental

Pero no todo son promesas de felicidad. El auge de los chatbots románticos ha encendido las alarmas entre psicólogos y reguladores. En septiembre de 2023, la Comisión Federal de Comercio de EE.UU. (FTC) exigió a siete gigantes tecnológicos —incluidos Alphabet (Google), Meta, OpenAI y Snap— que explicaran cómo mitigan los daños de sus IA diseñadas para simular relaciones humanas. El detonante: varios casos de adolescentes estadounidenses cuya muerte se vinculó al uso de estos sistemas, aunque las investigaciones siguen abiertas.

“Los chatbots pueden actuar como cajas de resonancia emocionales para personas vulnerables, validando pensamientos distorsionados o incluso incentivando conductas de riesgo”, advirtió en 2023 la psicóloga Sherry Turkle, del MIT, autora de “Solo juntos“, un libro que explora cómo la tecnología redefine la soledad. Turke señala que, aunque estas herramientas pueden aliviar el aislamiento a corto plazo, “no enseñan a gestionar el conflicto ni la frustración, habilidades clave en relaciones reales”.

El informe de YouGov subraya esta paradoja: mientras la Generación Z normaliza la IA como compañero emocional, los expertos cuestionan si está preparada para las consecuencias. “Redefinir los límites de la vida sentimental no es solo una cuestión tecnológica, sino ética”, señala el documento. ¿Estamos ante una revolución en la intimidad o ante un experimento social sin red?

El mercado que crece en las sombras

Más allá de las encuestas, la industria ya mueve millones. Empresas como RealDoll (EE.UU.) o Synthetic Love (Japón) venden muñecas con IA que “aprenden” de las interacciones, recuerdan gustos y hasta simulan celos. En 2023, el mercado global de robots sexuales superó los 300 millones de dólares, con proyecciones de crecer un 30% anual hasta 2030, según la consultora Grand View Research.

Pero el negocio choca con barreras legales. En 2019, la UE consideró regular estos productos bajo la Ley de Inteligencia Artificial, clasificándolos como “alto riesgo” por su potencial para “explotar vulnerabilidades humanas”. Mientras, en Japón, donde el 30% de los matrimonios en 2022 fueron entre personas y avatares virtuales (según el Ministerio de Asuntos Internos), el debate se centra en si la IA puede sustituir —o complementar— el amor humano.

“No se trata de si la gente querrá estas relaciones, sino de si podrá permitírselas“, señala el informe. Con muñecas básicas desde 2.000 dólares y modelos premium que superan los 15.000, la “felicidad algorítmica” podría convertirse en un nuevo lujo accesible solo para algunos.

Japón: el laboratorio global donde la IA ya reemplaza relaciones humanas

El dato de que un tercio de los jóvenes japoneses cree que las muñecas con IA pueden ‘proporcionar amor’ no es casual. Japón lleva una década siendo el epicentro mundial de la experimentación con compañeros artificiales, con cifras que superan cualquier otro país. En 2022, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI) registró que más de 5 millones de japoneses (el 4% de la población adulta) habían interactuado con algún tipo de *partner* robótico o virtual, desde *chatbots* como Gatebox’s Hikari —una asistente holográfica que ‘vive’ en casa— hasta muñecas como las de Synthetic Love, capaces de mantener conversaciones con memoria contextual.

La clave está en la demografía y la cultura. Japón enfrenta una crisis de soledad crónica: en 2021, el 30% de los hombres y el 20% de las mujeres entre 20 y 39 años nunca habían tenido una relación romántica, según la Encuesta Nacional de Fertilidad. Esto, sumado a que el 28% de los hogares son unipersonales (el porcentaje más alto del mundo, según datos de 2023), ha convertido a la IA en una solución pragmática. Empresas como SoftBank ya comercializan robots como Pepper, diseñado para ‘escuchar’ y responder emocionalmente, mientras que en distritos como Akihabara (Tokio) proliferan los *cafés con androides* donde los clientes pagan por interacciones que simulan afecto.

Pero hay un detalle revelador: el 60% de los usuarios de IA romántica en Japón son hombres (datos de 2023 de la Asociación Japonesa de Robótica), lo que refleja un problema estructural. Según un estudio de la Universidad de Tokio, el 45% de los hombres menores de 40 años que usan estas tecnologías alegan que les resulta ‘más fácil conectar con una IA que con una mujer real’, citando presiones sociales como el *mata kare* (la expectativa de que los hombres sean proveedores económicos) o el miedo al rechazo. Mientras, en Corea del Sur —otro mercado clave—, el fenómeno toma otro giro: el 55% de los usuarios de apps como AI Love son mujeres, muchas de ellas ‘escapees del matrimonio’ (término local para quienes rechazan las expectativas tradicionales).

¿Próxima parada: la IA como ‘derecho social’?

El gobierno japonés ya debate si incluir el acceso a compañeros de IA en su estrategia contra la soledad, que en 2023 costó al país $3.000 millones en subsidios para terapias y programas comunitarios. La pregunta no es si la IA reemplazará el amor humano, sino cuándo los estados empezarán a regularla —o incluso a financiarla— como herramienta de bienestar público. Mientras, en Singapur y China ya se prueban *chatbots* gubernamentales para ‘entrenar’ habilidades sociales en jóvenes con fobia a las relaciones. La revolución no es tecnológica; es institucional.

Referencia de contenido: consultar fuente original aquí