Fachada deteriorada del palacio barroco de ladrillo rojo comprado por 28€, con ventanas rotas y vegetación creciendo en las grietas

De ruina a sueño: una rusa compra por 28 € un palacio del siglo XVIII en Bielorrusia

Un palacio barroco por el precio de una cena. Tatiana, una ciudadana rusa, adquirió por 94,5 rublos bielorrusos (unos 28 euros) el Palacio Radziwill, una joya arquitectónica de 1751 abandonada desde 2010. El edificio, que alguna vez albergó a una de las familias más poderosas de Europa del Este, ahora enfrenta el desafío de evitar su colapso total.

La transacción, cerrada esta semana, pone fin a casi una década de intentos fallidos por vender la propiedad. Desde 2015, las autoridades bielorrusas organizaron múltiples subastas, pero el principal obstáculo siempre fue el mismo: el costo estimado de restauración supera los 10 millones de euros, según fuentes locales. El palacio, construido en ladrillo rojo y con dos plantas, funcionó como escuela y hospital antes de quedar en el abandono.

De la aristocracia polaco-lituana al olvido

El Palacio Radziwill no es una construcción cualquiera. Perteneció a una de las dinastías más influyentes del antiguo Gran Ducado de Lituania, que gobernó territorios que hoy abarcan Bielorrusia, Polonia y Lituania entre los siglos XVI y XIX. La familia Radziwill, conocida por su mecenazgo artístico y su peso político, vio cómo sus propiedades fueron nacionalizadas tras la Revolución Rusa de 1917 y luego sufrieron los estragos de la Segunda Guerra Mundial.

En 2022, otro comprador adquirió el palacio por un precio simbólico similar, pero incumplió el acuerdo de restauración. Las autoridades, desesperadas por salvar el patrimonio, relanzaron la subasta en 2024. Esta vez, Tatiana —cuya identidad completa no ha sido revelada— fue la única postora. Su plan: convertir el edificio en un hotel boutique con salas de exposiciones y cafeterías, un proyecto que, de concretarse, podría reactivar el turismo en la región de Grodno, donde se ubica la propiedad.

¿Un sueño infantil o una apuesta arriesgada?

Desde niña soñaba con tener mi propio palacio“, confesó Tatiana a la agencia Sputnik Belarus. Sin embargo, el romanticismo de la compra choca con una realidad compleja: el palacio requiere intervenciones estructurales urgentes, desde la estabilización de sus cimientos hasta la restauración de sus techos derruidos. Expertos en patrimonio advierten que, sin una inversión millonaria, el edificio podría convertirse en escombros en menos de cinco años.

El caso recuerda a otros proyectos similares en Europa del Este, donde propiedades históricas se venden por precios irrisorios, pero exigen fortunas para su recuperación. En Polonia, por ejemplo, el Castillo de Kozłówka fue rescatado en los 90 con fondos privados y hoy es un museo. En Ucrania, en cambio, docenas de palacios menores siguen en ruina por falta de recursos. ¿Logrará Tatiana repetir el éxito polaco o su palacio se sumará a la lista de monumentos perdidos?

Lo cierto es que, más allá del precio simbólico, la verdadera prueba comenzará cuando las grúas lleguen al lugar. Mientras, los vecinos de Grodno observan con escepticismo: “Ya hemos visto antes a gente con grandes planes. Al final, solo queda el viento silbando entre los ladrillos“, comentó un residente anónimo a la prensa local.

Grodno: el ‘Venecia del Este’ que lucha por salvar su patrimonio barroco

El Palacio Radziwill no es un caso aislado en Grodno, una ciudad bielorrusa que en el siglo XVIII fue apodada la *Venecia del Este* por sus canales, puentes y más de 30 palacios y iglesias barrocas. Hoy, al menos 12 de estos edificios históricos están en riesgo de derrumbe, según un informe de 2023 de la UNESCO. La región, que formó parte de la Mancomunidad Polaco-Lituana hasta 1795, alberga el 40% del patrimonio barroco de Bielorrusia, pero solo el 15% ha sido restaurado en las últimas dos décadas.

El problema no es nuevo: desde la caída de la URSS en 1991, el estado bielorruso ha priorizado la conservación de monumentos vinculados a su identidad nacionalista, dejando en segundo plano las propiedades de familias aristocráticas como los Radziwill, Sapieha o Pac, cuyos palacios fueron expropiados tras la Revolución de Octubre. Un ejemplo claro es el Palacio de los Sapieha en Ruzhany (a 120 km de Grodno), vendido en 2019 por 1 euro simbólico a un inversor privado. Tras cuatro años de obras, solo se ha restaurado el 30% de su estructura, con un costo que ya supera los 8 millones de euros. El caso de Tatiana, por tanto, se enfrenta a un patrón regional: el 70% de los compradores de patrimonio en ruinas en Bielorrusia abandonan los proyectos antes de los 5 años, según datos del Ministerio de Cultura bielorruso (2022).

Lo que diferencia a Grodno es su potencial turístico. Antes de la pandemia, la ciudad recibía 250.000 visitantes anuales (cifra de 2019), atraídos por su Teatro Dramático del siglo XIX —uno de los más antiguos de Europa del Este— y la Iglesia de San Francisco Javier, patrimonio de la UNESCO. Sin embargo, la falta de infraestructura hotelera de gama media-alta ha frenado su crecimiento: actualmente, solo hay 3 hoteles con categoría de 4 estrellas en toda la provincia. Aquí radica la oportunidad —y el riesgo— del proyecto de Tatiana: si logra restaurar aunque sea un ala del palacio para 2026, podría llenar un vacío en el mercado, pero si fracasa, Grodno perderá otro símbolo de su edad de oro.

¿Un efecto dominó o un nuevo fracaso anunciado?

El éxito de Tatiana dependerá de un factor clave: el apoyo del gobierno local. En 2021, las autoridades de Grodno aprobaron un plan para crear una *Ruta del Barroco* que conecte 7 palacios históricos, pero el proyecto quedó paralizado por falta de fondos. Si su hotel boutique despegara, podría reactivar esta iniciativa y atraer inversiones para otros edificios, como el Palacio de los Chreptowicz (abandonado desde 2008). El precedentes no son alentadores: en 2017, un empresario lituano compró el Palacio de Mir (a 100 km de Grodno) con un plan similar, pero la restauración se detuvo en 2020 por disputas legales. La pregunta ahora es si Tatiana tiene el respaldo —o la suerte— que otros no tuvieron.

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