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	<title>Células archivos -</title>
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		<title>En las cocinas de los CAR-T, la innovadora inmunoterapia contra el cáncer: “Es una revolución” &#124; Salud y bienestar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Apr 2026 02:13:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Cáncer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entre las paredes del Hospital Clínic de Barcelona, en un viaje de ida y vuelta</p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/en-las-cocinas-de-los-car-t-la-innovadora-inmunoterapia-contra-el-cancer-es-una-revolucion-salud-y-bienestar/">En las cocinas de los CAR-T, la innovadora inmunoterapia contra el cáncer: “Es una revolución” | Salud y bienestar</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">Entre las paredes del Hospital Clínic de Barcelona, en un viaje de ida y vuelta por no más de tres pasillos y unas cuantas escaleras, se pauta, se fabrica y se administra una innovadora inmunoterapia contra el cáncer que ha cambiado el pronóstico de algunos tumores de la sangre: es la terapia CAR-T, una obra de ingeniería genética que reentrena al sistema inmune del paciente para que combata mejor las células malignas. Hay ya un puñado de medicamentos de este tipo confeccionados por la industria farmacéutica, pero el Clínic ha sido pionero en el desarrollo de un CAR-T académico con el que ya han tratado a más de 650 pacientes sin alternativas terapéuticas. “Pasamos de tratar a siete pacientes en 2017 a 114 en 2025. Es una revolución y yo no veo un límite”, cuenta el hematólogo Julio Delgado, jefe de la Unidad de Oncoinmunoterapia. “Cada vez hay más indicaciones, más ensayos clínicos… Y lo bonito es que, como lo hacemos nosotros, el límite nos lo ponemos nosotros mismos, no dependemos de la industria farmacéutica para que lo haga”, subraya.</p>
<p class="">El Sistema Nacional de Salud dispone actualmente de siete medicamentos CAR-T financiados, cinco de fabricación industrial y dos del Clínic (ARI-1 y ARI-2). Todos se hacen personalizados, a partir de células de cada enfermo, pero los del hospital barcelonés se fabrican allí mismo: de su laboratorio salen los preparados para los pacientes ingresados tres pisos más arriba, en la planta de hematología; y también confeccionan la terapia para enfermos de otros puntos de España que requieren este medicamento. La experiencia del hospital en este campo le ha servido para quedarse con la sede científica del Consorcio Estatal en Red para el Desarrollo de Medicamentos y de Terapias Avanzadas, impulsado por el Ministerio de Ciencia (la sede administrativa estará en Majadahonda). </p>
<p class="">“Los CAR-T han servido para poder salvar a casi un 50% de los pacientes que sin este tratamiento se morían”, destaca Manel Juan, jefe de Inmunología del Clínic. Un ejemplo: el 85% de los pacientes con leucemia linfoblástica aguda se curan con los tratamientos convencionales; pero un 15% acaba recayendo y se queda sin opciones terapéuticas. Los CAR-T logran rescatar a la mitad de esos enfermos.</p>
<p class="">Juan Carlos del Val, de 66 años, recibió el CAR-T del Clínic hace cinco años. Sufría un linfoma folicular y ya se había sometido a dos quimioterapias y a un intento de trasplante de células madre. “Se estaban acabando las cartas que había”, cuenta. En el hospital le ofrecieron la terapia CAR-T y aceptó sin dudar. “No tenía muchas alternativas… Hay como una carrera entre la investigación y la enfermedad y, en mi caso, el tratamiento llegó a tiempo”, relata. La terapia fue bien y hoy sigue libre de la enfermedad.</p>
<p class="">A su lado, David Zafra, de 42 años, no pierde detalle de su historia de éxito: él, a diferencia de Del Val, está al principio del camino con los CAR-T; en agosto de 2022 le diagnosticaron una leucemia linfoblástica aguda y, aunque un trasplante de células madre logró controlar la enfermedad un tiempo, en una revisión rutinaria, hace unos meses, “encontraron unas células que no debían estar”, rememora. Entonces, le propusieron recibir el CAR-T del Clínic: “Yo no tenía ni idea de qué era eso del CAR-T. Cuando me lo explicaron, alucinaba. Me sonaba a ciencia ficción”, explica. Recibió la terapia innovadora hace poco más de un par de meses y, por ahora, ese ejército defensivo reforzado parece estar funcionando. “Ahora estoy muy bien. Y veo el caso de Juan Carlos, que ya lleva cinco años [libre de la enfermedad] y me da una alegría enorme”, admite. </p>
<figure class="a_m a_m-h "><span class="_db a_m_w _pr lb_btn"><svg aria-hidden="true" class="icon_multimedia_ampliar | _pa a_m_i a_m_i-a _dn" viewbox="0 0 40 40"><use xlink:href="#svg-ampliar"/></svg></span><figcaption class="a_m_p" aria-hidden="true"><span>Los pacientes Juan Carlos del Val (izq.) y David Zafra (dcha.), junto al hematólogo Julio Delgado, en los pasillos del Clínic.</span><span class="a_m_m">GIANLUCA BATTISTA</span></figcaption></figure>
<h2 class="">Aféresis: en busca del ejército defensivo</h2>
<p class="">Ese viaje de ida y vuelta entre las paredes del hospital empieza en la unidad de aféresis, donde se recolectan las células del paciente: en concreto, se buscan en la sangre del enfermo los linfocitos T, que forman parte del ejército defensivo del organismo.</p>
<p class="">Paola Charry, hematóloga, está al mando: “En la aféresis extraemos algún componente de la sangre. Todos los pacientes están conectados a unos separadores celulares y, conforme va entrando la sangre, una gran centrífuga gira muy rápido y separa los componentes de la sangre según su densidad: abajo, las que más pesan, que son los glóbulos rojos; le siguen los granulocitos; después, los linfocitos y monocitos, que son los que nos interesan; luego, las plaquetas; y lo que menos pesa es el plasma, que es la parte líquida de la sangre”. </p>
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</span><span class="a_m_m">GIANLUCA BATTISTA</span></figcaption></figure>
<p class="">La separación se hace dentro de una especie de cinturón, con el paciente acostado y vías en ambos brazos: por una, sale la sangre rumbo al separador celular y, por la otra, se devuelven al organismo todos los componentes que no interesan. El proceso puede durar unas tres o cuatro horas. “Los pacientes casi no lo notan porque vamos muy lento, no se saca la sangre toda de una vez, se va sacando muy despacito y, como al mismo tiempo le vamos devolviendo [los componentes que no se necesitan para el CAR-T], nunca se quedan sin volumen sanguíneo, y no están hipotensos ni mareados”, explica Charry.</p>
<p class="">Los linfocitos recolectados en ese separador celular se quedan en una bolsa aparte que recogerá personalmente el equipo de laboratorio. </p>
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<h2 class="">En la fábrica de CAR-T</h2>
<p class="">La bolsa con linfocitos viaja por dos pasillos y cuatro plantas hasta el laboratorio de inmunología, donde se comienza a fabricar el CAR-T. Se tarda una media de una semana en confeccionar este medicamento y se fabrican unos 12 al mes en esas instalaciones.</p>
<p class="">En un sofisticado ejercicio de ingeniería genética, lo primero que se hace es utilizar vectores virales (virus modificados para no causar enfermedad) para insertar un gen en el ADN de los linfocitos para que puedan reconocer y eliminar las células malignas.</p>
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Barcelona, 26/02/2026 Reportaje terapia CAR-T en el Hospital Clìnic.  Foto: Gianluca Battista</span><span class="a_m_m">GIANLUCA BATTISTA</span></figcaption></figure>
<p class="">Luego, esos linfocitos T modificados genéticamente se reproducen en un biorreactor hasta obtener la cantidad necesaria y se guardan en cubas de criopreservación hasta que se le pueda infundir al paciente.</p>
<h2 class="">Vuelta al paciente</h2>
<p class="">El proceso de administración, desde la descongelación hasta la infusión por vía intravenosa, dura poco más de media hora. Para minimizar la posibilidad de efectos adversos —la tormenta de citoquinas, que es una respuesta descontrolada del sistema inmune que puede dañar el organismo, es uno de ellos—, los médicos del Clínic han aprendido a tomar medidas preventivas. Como el fármaco se fabrica en el hospital, dosifican las infusiones en tres días para ir viendo la respuesta del paciente. Zafra, por ejemplo, recibió el 30% de la dosis el primer día; el segundo día, el 60%; y el tercero, el 10%. </p>
<p class="">“Nuestro producto se tolera mejor que los demás porque, como lo hacemos cerca del paciente, infundimos dosis consecutivas —la mayoría de estructuras de la industria lo hacen en una sola dosis— y esto prácticamente evita que los pacientes tengan efectos adversos muy graves”, reivindica Manel Juan. El inmunólogo recuerda también que los pacientes que reciben los CAR-T suelen llegar con un historial terapéutico largo y su organismo, debilitado, puede ser más vulnerable a efectos adversos.</p>
<p class="">Los CAR-T, en todo caso, tampoco son infalibles. Hay pacientes que pierden la respuesta por el camino o que, directamente, no responden. “Sabemos que la mayoría responderán y entrarán en remisión completa [no hay rastro de enfermedad]. Pero puede pasar que la célula persista por debajo del umbral visible y vuelva a crecer, que es lo que pasa a veces, por ejemplo, en mieloma múltiple, que tiene una mediana de respuesta de 20 meses. Aunque hay pacientes que duran más: de hecho, la primera paciente con mieloma a la que infundimos el ARI-2 cumple este año los seis años en remisión completa”, explica Carlos Fernández de Larrea, jefe de Hematología del hospital. </p>
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<p class="">¿Por qué estas diferencias en la respuesta? La ciencia baraja diversos motivos. “A veces es la célula tumoral que pierde la expresión del antígeno [una señal en su superficie que la identifica como maligna] que es nuestra diana; a veces los linfocitos no persisten y acaban muriéndose al cabo de un tiempo; a veces, ni siquiera penetran, sobre todo en los tumores sólidos, porque el microambiente tumoral es muy supresor”, cuenta Delgado. Pero se están buscando alternativas para sortear estos obstáculos, asegura. Desde cambiar más genes del linfocito para que viva más tiempo hasta buscar más dianas en las células malignas que le sirvan a la célula inmune para identificarlas y matarlas.</p>
<p class="">En el Clínic se administran sus CAR-T y también los de la industria farmacéutica. Pero siguen investigando más allá. Para Manel Juan, el potencial de los CAR-T está lejos de tocar techo: “Estoy convencido de que la terapia CAR-T hará saltos no solo para el tratamiento de cáncer, sino para muchas otras enfermedades [ya se está investigando en tumores sólidos o en dolencias autoinmunes como el lupus]. Ahora la terapia CAR-T lo que busca es matar las células tumorales, pero también podrías hacer que los linfocitos produzcan fármacos dentro de las células”, plantea.</p>
<p class="">El médico dice que están “al principio” de una larga carrera de los CAR-T. “Tan al principio que todos estos fármacos se basan en una diana [los linfocitos se enganchan a un solo receptor de las células tumorales]. El día que se empiecen a combinar [dianas] esto será espectacular”, vaticina.</p>
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</div>
<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-04-28/en-las-cocinas-de-los-car-t-la-innovadora-inmunoterapia-contra-el-cancer-es-una-revolucion.html"> aquí</a></p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/en-las-cocinas-de-los-car-t-la-innovadora-inmunoterapia-contra-el-cancer-es-una-revolucion-salud-y-bienestar/">En las cocinas de los CAR-T, la innovadora inmunoterapia contra el cáncer: “Es una revolución” | Salud y bienestar</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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		<item>
		<title>Linfocitos T con anzuelo molecular mejoran captura del cáncer &#124; Salud</title>
		<link>https://titulares360.com/unas-celulas-inmunitarias-reforzadas-con-un-anzuelo-logran-cazar-mejor-el-cancer-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 09:04:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Cáncer]]></category>
		<category><![CDATA[Cáncer próstata]]></category>
		<category><![CDATA[Células]]></category>
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		<category><![CDATA[Investigación científica]]></category>
		<category><![CDATA[Medicamentos]]></category>
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		<category><![CDATA[Sistema inmunitario]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El cáncer es un combate cuerpo a cuerpo entre células propias: las tumorales, descontroladas, crecen</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El cáncer es un combate cuerpo a cuerpo entre células propias: las tumorales, descontroladas, crecen sin freno y destruyen todo a su paso; mientras que las defensas del sistema inmune intentan localizarlas y aniquilarlas. Durante décadas, la ciencia ha enviado refuerzos farmacológicos como la quimioterapia, que atacan también al tumor. En los últimos quince años, además, se han desarrollado estrategias que reentrenan directamente a las células inmunes para que sean más eficaces contra el cáncer. Eso es la inmunoterapia, un enfoque que ya ha salvado miles de vidas y ha cambiado el pronóstico de varios tipos de tumores.</p>
<p>El plan es perfecto sobre el papel, aunque tiene matices en la práctica. No funciona en todos los pacientes ni en todos los cánceres. A veces, el tumor aprende a escapar del ejército defensivo reforzado o las células inmunes, tras recibir ayuda científica, terminan agotadas tras tantas batallas. Existen muchos mecanismos que hacen fallar a la inmunoterapia y la comunidad científica sigue intentando superarlos. El último intento, publicado este jueves en <a href='https://www.science.org/doi/10.1126/science.adx3162'>la revista <em>Science</em></a>, consiste en diseñar linfocitos T más fuertes, duraderos y precisos para atacar el cáncer. Investigadores de la Universidad de California y Stanford han conseguido, mediante ingeniería genética, manipular estas células inmunes e incorporarles un anzuelo molecular que les permite captar mejor las células malignas. El estudio, aún experimental, abre la puerta a inmunoterapias más potentes.</p>
<p>Existen varios tipos de inmunoterapia en el mercado, fórmulas diversas para reforzar el ejército defensivo contra el tumor. En esta ocasión, los científicos se han centrado en la terapia de células T-TCR: consiste en extraer linfocitos T del paciente y modificarlos genéticamente para que expresen un receptor (TCR) que identifique moléculas (antígenos) presentes en la superficie o interior de las células tumorales y las catalogue como malignas. Una vez equipados con esta antena de precisión, los linfocitos se reinfundan al paciente para que busquen y destruyan con mayor eficacia las células cancerosas.</p>
<p>La terapia T-TCR se ha quedado &#8220;rezagada&#8221; frente a otras inmunoterapias, admiten los autores Christopher Garcia y Zhiyuan Mao. Solo hay un tratamiento aprobado por la FDA, contra el sarcoma sinovial, pero esta estrategia se perfila como una &#8220;alternativa atractiva&#8221; a la terapia CAR-T, eficaz en cánceres de sangre pero con dificultades en tumores sólidos.</p>
<p>La terapia T-TCR tiene potencial porque puede acceder a un repertorio más amplio de dianas tumorales, pero presenta obstáculos. Algunos antígenos se encuentran también en tejido sano y el organismo elimina las células T más potentes para evitar daños colaterales, dejando linfocitos con receptores TCR más débiles que, aunque seguros, pueden tener problemas para destruir las tumorales.</p>
<h2>Optimizar la respuesta inmunitaria</h2>
<p>Para equilibrar eficacia y seguridad, el equipo estadounidense diseñó un plan para fortalecer la capacidad del linfocito T de reconocer PAP, una proteína común en el cáncer de próstata, sin dañar el tejido sano. Identificaron un TCR débil que detectaba PAP y lo modificaron para que se adhiriera mejor al tumor. Introdujeron un anzuelo molecular que prolonga la interacción entre el linfocito y la célula cancerosa, &#8220;como si un pez fuera atrapado por un anzuelo&#8221;.</p>
<p>En experimentos de laboratorio, los linfocitos T modificados mostraron mejoras: permanecían más tiempo unidos a las tumorales, secretaban más moléculas citotóxicas y resistían la fatiga. En ratones, las células reforzadas retrasaron o detuvieron el crecimiento tumoral.</p>
<h2>Un primer paso</h2>
<p>Los autores creen que estos hallazgos podrían mejorar futuras inmunoterapias y ven su enfoque &#8220;ampliamente aplicable&#8221; a otros tumores. Expertos externos celebran el estudio, pero advierten que falta camino para la clínica. <strong>Alena Gros</strong>, jefa del Grupo de Inmunoterapia e Inmunología de tumores del VHIO, lo considera una &#8220;primera aproximación experimental que demuestra potencial&#8221; y evita toxicidades previas.</p>
<p><strong>Luis Álvarez Vallina</strong>, director de Investigación del Banco de Sangre y Tejidos de Cataluña y jefe de la Unidad de Inmunoterapia del Cáncer CNIO-HMRIB, coincide en que la novedad radica en que &#8220;cambios puntuales en el TCR incrementan notablemente la capacidad de destruir tumores sin perder especificidad&#8221;, lo que podría reducir problemas de seguridad. No obstante, pide &#8220;cautela&#8221;: &#8220;Es una prueba de concepto en modelos preclínicos simplificados. Queda por demostrar eficacia y seguridad en sistemas más complejos. Su impacto clínico real sigue siendo incierto&#8221;.</p>
<p><strong>Manel Juan</strong>, jefe de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona, considera que la investigación &#8220;es un inicio que puede llevar a ensayos clínicos no solo en cáncer de próstata, sino en muchos otros&#8221;, aunque &#8220;el salto a humanos necesitará nuevos planteamientos y ensayos clínicos&#8221;.</p>
<p><strong>Alejo Rodríguez Fraticelli</strong>, profesor ICREA e investigador principal en el IRB, asegura que este enfoque &#8220;no va a reemplazar a la terapia CAR-T&#8221;, pero &#8220;abre el abanico&#8221; a otros tumores: &#8220;Si el TCR modificado funciona tan bien, podemos empezar a atacar antígenos intracelulares del tumor y abrir la inmunoterapia a cánceres que hasta ahora no sabíamos cómo atacar&#8221;.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-19/unas-celulas-inmunitarias-reforzadas-con-un-anzuelo-logran-cazar-mejor-el-cancer.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>Un embarazo sano no depende solo de la mujer: la salud del padre es crucial para el desarrollo infantil &#124; Salud y bienestar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Mar 2026 06:44:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Bebés]]></category>
		<category><![CDATA[Células]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Embarazo]]></category>
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		<category><![CDATA[Reproducción]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En cuanto un test de embarazo da positivo, todas las miradas se vuelven hacia la</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">En cuanto un test de embarazo da positivo, todas las miradas se vuelven hacia la futura madre: por su salud y la del niño que está en camino, se le recomienda no fumar, no beber alcohol, evitar algunos alimentos, estar tranquila, no estresarse… Pero la buena evolución de la gestación y el bienestar de las generaciones futuras no empieza ahí ni depende solo de ella. La salud paterna y su historia de vida también tienen un impacto. <a target="_blank" href="" rel="" title="">Una revisión </a>multidisciplinar publicada este lunes en la revista<i> The Lancet </i>ahonda en los efectos del ciclo vital del padre sobre el embarazo y la salud del niño y muestra que factores médicos, conductuales y psicosociales del hombre pueden influir también en el embarazo y en el desarrollo de su descendencia.</p>
<p class="">La investigación cuestiona el enfoque tradicional de la atención prenatal, centrada exclusivamente en la madre, y apela a la responsabilidad compartida durante la gestación. Hay factores biológicos directos, como la calidad del esperma, los hábitos o la edad del padre, que pueden marcar el porvenir del embarazo y el desarrollo del niño. Y existen, también, variables socioculturales, algunas más indirectas, vinculadas al comportamiento del padre, su relación con la gestante o la crianza, que funcionan como una especie de efecto dominó y acaban afectando al bienestar de la embarazada y del bebé. Un ejemplo: los autores señalan que el apoyo paterno se asocia con una mayor participación de la madre en la atención prenatal, menos ingesta de alcohol y tabaco por su parte, menos casos de bajo peso al nacer y tasas más altas de lactancia materna.</p>
<p class="">La salud del esperma es un factor clave en una concepción saludable. Los autores recuerdan que los hábitos de vida pueden provocar cambios epigenéticos en él. Es decir, que el peso corporal, el ejercicio, la exposición a tóxicos ambientales o el trauma psicológico, por ejemplo, provoca alteraciones en el ADN que, aunque no modifican su secuencia, provocan cambios en sus funciones que condicionan la salud del esperma. Los autores admiten, eso sí, que toda esa evidencia, procedente de estudios en animales, todavía no puede traducirse en recomendaciones de intervenciones porque se desconoce si esas medidas —como cambios en la dieta o menos sedentarismo— podrían revertir los daños epigenéticos del esperma. </p>
<p class="">Los científicos subrayan, además, que para la salud del esperma no importan solo los hábitos del hombre en el momento de la concepción. Aunque los espermatozoides se renuevan rápida y constantemente, el hombre tiene una mochila vital que puede provocar cambios epigenéticos duraderos en sus células reproductivas y producir efectos en su descendencia. Así, un estudio sueco con más de 11.000 hombres demostró que una sobrealimentación paterna cuando era niño (entre los 9 y los 12 años), se asoció con un mayor riesgo de mortalidad por diabetes de sus hijos varones.</p>
<p class="">“Nuestros hallazgos demuestran que las experiencias de la infancia de un hombre, incluyendo el estrés, la salud física y mental, el entorno y la educación, influyen en su salud durante sus años reproductivos”, sintetiza Danielle Schoenaker, autora de la investigación, en un comunicado. </p>
<h2 class="">La edad del padre, un factor clave</h2>
<p class="">La edad del padre también es clave en cuanto a resultados en salud de su descendencia. Los autores citan una investigación en la que concluyeron que la edad paterna avanzada durante la concepción se relacionada con más riesgo de muerte fetal, defectos congénitos, esquizofrenia y trastornos del espectro autista (TEA). Otro metaanálisis también encontró que ser padre por encima de los 45 años se asociaba con más riesgo de TEA.</p>
<p class="">Los investigadores van un paso más allá de los factores estrictamente biológicos y miran el rol del hombre también dentro de la pareja y su impacto en la salud materna. En esta línea, apuntan, las embarazadas informaron de hábitos alimentarios más sanos cuando las parejas participan activamente en la cocina y las compras, en lugar de cuando ofrecían apoyo más pasivo, como dar consejos. </p>
<p class="">Y otro ejemplo de la influencia en la pareja: las mujeres que percibían un compañero más comprensivo tenían niveles más bajos de depresión y ansiedad perinatal; en cambio, “los estilos de afrontamiento evitativos de la pareja se asocian con mayores tasas de depresión materna”, aseguran los expertos. Y la cuestión no es baladí, pues la salud mental de la madre durante el embarazo influye en los resultados cognitivos y socioemocionales de la descendencia.</p>
<p class="">Los investigadores ponen el foco en un elemento que puede convertirse en un círculo vicioso de difícil salida: el desarrollo a lo largo de la vida de las funciones ejecutivas, que son esos procesos cognitivos de autocontrol y adaptación del comportamiento en situaciones estresantes, es fundamental para que una pareja sea comprensiva y afectuosa. Ahora bien, experiencias adversas en la infancia, como pobreza o maltrato, pueden generar un déficit de esas funciones ejecutivas. Y eso se traduce en hombres con menos autocontrol y mecanismos de afrontamiento evitativos, como el consumo de alcohol ante emociones negativas. Esas conductas, a la postre, pueden influir también en la ingesta de alcohol materno y otros comportamientos de riesgo, y conducir a violencia de género. “Los déficits en las funciones ejecutivas pueden aumentar la tensión entre las parejas, incrementando los síntomas depresivos y de ansiedad en las mujeres embarazadas, y los consiguientes problemas de salud física y mental”, apuntan los autores.</p>
<p class="">La onda expansiva del ciclo vital del hombre sobre la salud maternoinfantil es inmensa. Los autores recuerdan que las experiencias adversas en la infancia contribuyen a desarrollar ansiedad y depresión en la adolescencia, que “persiste hasta la edad reproductiva y se exacerba durante la transición a la paternidad”. En este sentido, un estudio de seguimiento durante dos décadas a hombres adultos encontró que aquellos con síntomas de depresión o ansiedad en la adolescencia, entre los 20 y 29 años tenían cinco veces más probabilidad de reportar malestar psicológico durante el embarazo de su pareja que aquellos sin antecedentes de mala salud mental en la infancia.</p>
<p class="">El investigador Manel Esteller, experto en epigenética, coincide en que el foco sobre la herencia en la descendencia siempre ha estado puesto en la madre y poco en el padre, pero señala que el impacto en el epigenoma de algunas variables que explora esta revisión son “complicadas de evaluar” y la evidencia es limitada: “La ciencia lo que sigue diciendo es que la madre sigue siendo el factor más determinante para la salud del bebé porque está expuesto a lo que haga en el embarazo”. </p>
<p class="">El científico, que es jefe del grupo de Epigenética del Cáncer en el Instituto de Investigación del Sant Pau de Barcelona y no ha participado en esta investigación, destaca que “la edad del padre, por ejemplo, importa o que hábitos tóxicos pueden modificar el esperma”, pero va con cautela sobre si algunas experiencias vitales, como el trauma en la infancia, podría generar cambios epigenéticos que heredase la descendencia: “Esas situaciones podrían quedar reflejadas en el lenguaje del ADN, pero es muy difícil de medir. Y luego, para que esto sea transmisible a la descendencia, esos cambios tienen que darse en las células de la reproducción y la evidencia no es tan elevada para demostrar químicamente que eso se produce”, señala.</p>
</div>
<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-16/un-embarazo-sano-no-depende-solo-de-la-mujer-la-salud-paterna-es-crucial-para-el-desarrollo-infantil.html"> aquí</a></p>
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		<title>Envejecimiento: definición, enfermedad y origen dividen a 100 científicos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Mar 2026 05:01:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Células]]></category>
		<category><![CDATA[Científicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué significa realmente envejecer? La cuestión parece trivial, pero los responsables de un congreso internacional</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué significa realmente envejecer? La cuestión parece trivial, pero los responsables de un congreso internacional decidieron plantearla a todos los asistentes. Tras una semana de ponencias en las <strong>Conferencias Gordon sobre Sistemas y Envejecimiento</strong> en Newry (EE. UU.), 103 expertos respondieron nueve interrogantes para medir el grado de acuerdo. Surgieron hasta diez bloques de respuestas distintas; el más respaldado apenas reunió el 30 %. Ninguna cuestión —qué lo origina, cuándo se inicia o qué significa rejuvenecer— superó el 50 % de consenso. Ni siquiera se pusieron de acuerdo sobre si era necesario ponerse de acuerdo.</p>
<p>El envejecimiento, «el mayor factor de riesgo de mortalidad, sigue envuelto en niebla», <strong>advierten los autores</strong> en la revista <em>PNAS Nexus</em>, recogido por <em>Nature</em>. El artículo, firmado por 82 participantes, reconoce que <strong>ninguna terapia ha demostrado utilidad clara en humanos</strong>. «Cuando hablamos con colegas damos por hecho que hablamos del mismo proceso, pero claramente no es así», alertan.</p>
<p><strong>Manuel Collado</strong>, responsable del laboratorio de Senescencia del CNB-CSIC-CiMUS, asegura que «hay enorme consenso general; los matices no impiden avanzar». <strong>Mariona Jové</strong>, investigadora de la Universidad de Lleida y vocal de la SEGG, se muestra «sorprendida» porque «todos explicamos el proceso de forma muy parecida». En cambio, <strong>Juan Manuel Pérez-Castejón</strong>, geriatra y vicepresidente de la SEGG, teme que «la ambigüedad dificulte la financiación y fragmente la investigación».</p>
<h2>¿Qué es y por qué ocurre?</h2>
<p>Collado lo resume como «pérdida de funcionalidad celular y tisular con el tiempo». Jové lo extiende: «conjunto de cambios perjudiciales que afectan a células, órganos y sistemas, reducen su función y aumentan la probabilidad de enfermar». Ambas visiones coinciden con el 30 % de los encuestados. Otros destacaron la acumulación de daños, cambios evolutivos o el simple «desvío del estado ideal».</p>
<p>Respecto a las causas, la opción más votada (30 %) apunta a la <strong>acumulación de daños</strong>, pero seis científicos respondieron «No lo sé». «Conocemos factores, pero no el porqué último», resume Jové. Collado añade: «Son muchos procesos que desembocan en desequilibrio global».</p>
<h3>¿Existe realmente “el” envejecimiento?</h3>
<p>Un grupo canadiense ya sostenía en 2020 que «<strong>no existe una cosa llamada envejecimiento</strong>», sino un mosaico de mecanismos que solo relacionamos por intuición. «Desear una única realidad ha creado confusión», advertían. Collado relativiza: «Cualquier proceso biológico complejo resiste definiciones cerradas; el lenguaje se adapta a medida que descubrimos».</p>
<h2>¿Desde cuándo y es una patología?</h2>
<p>Entre nueve opciones, el 22 % eligió los <strong>20 años</strong> como inicio; el 16,5 % señaló la concepción y el 13 % la formación de gametos. Jové defiende que la biogerontología sitúa el arranque entre los 20-25 años. Collado admite que «aún no se sabe con certeza». Sobre si es enfermedad, las respuestas se repartieron casi por igual entre <strong>sí, no y neutral</strong>. Tanto Collado como Jové responden rotundamente que no lo es.</p>
<p>La encuesta también preguntó si mejorar marcadores tras dejar de fumar equivale a rejuvenecer. El desacuerdo fue mayúsculo. Y si era imprescindible consensuar una definición: <strong>poco más del 50 % dijo que sí</strong>; casi la mitad, que no.</p>
<h2>Tratamientos y horizonte</h2>
<p>Se han descrito <strong>al menos 10 intervenciones</strong> que prolongan la vida de ratones: metformina, rapamicina, senolíticos, reprogramación con factores de Yamanaka, restricción calórica… Ninguna ha demostrado eficacia en humanos. «La restricción calórica es el más respaldado; otros generan esperanza razonable», opina Collado.</p>
<p>Los autores achacan parte del estancamiento a la falta de consenso. Collado lo rebate: «El envejecimiento es un problema muy reciente para la ciencia; en los últimos 20 años hemos identificado <strong>hasta 12 mecanismos canónicos</strong>».</p>
<h2>Determinantes sociales y objetivo final</h2>
<p>El estudio apenas abordó hábitos ni factores sociales. «En tiempos de promesas milagrosas no podemos olvidar que <strong>puede pesar más el código postal que el genético</strong>», recuerda Pérez-Castejón. «Lo que buscamos es <strong>proenvejecer</strong>: morir de viejos, no de enfermos», concluye.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-11/que-es-el-envejecimiento-es-una-enfermedad-cuando-empieza-un-centenar-de-expertos-no-se-pone-de-acuerdo.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>Virus ancestrales en nuestro ADN: el origen oculto del cáncer agresivo</title>
		<link>https://titulares360.com/unos-virus-primitivos-que-se-propagan-por-el-genoma-humano-nuevo-motor-del-cancer-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Feb 2026 04:53:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[ADN]]></category>
		<category><![CDATA[Cáncer]]></category>
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		<category><![CDATA[Science]]></category>
		<category><![CDATA[Virología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El precio evolutivo de la vida. El cáncer no es solo una enfermedad, sino la</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El precio evolutivo de la vida.</strong> El cáncer no es solo una enfermedad, sino la sombra genética de nuestra propia existencia.</p>
<p>Un tumor es la manifestación más cruda de cómo la vida puede subvertir sus propios mecanismos para sobrevivir, incluso a costa de destruir al organismo que lo alberga. La ciencia ha confirmado que las neoplasias más agresivas —como las de pulmón, colon o cabeza-cuello— reescriben el genoma humano con una precisión letal: borran, duplican o invierten secciones enteras de los 3.000 millones de letras químicas que componen nuestro código genético, otorgándose así ventajas mortales sobre las células sanas.</p>
<h2>Los parásitos genéticos que gobiernan el caos</h2>
<p>Una investigación publicada este jueves desvela el papel clave de los <strong>transposones</strong>, fragmentos de ADN móviles que se autoinsertan en el genoma, en la generación de este caos. Estos elementos, ignorados durante décadas hasta que Barbara McClintock los describió —y ganó el Nobel por ello en 1983—, no son simples reliquias, sino actores activos en procesos vitales y enfermedades. <strong>Casi la mitad de nuestro genoma</strong> está compuesto por estos genes saltarines, vestigios de antiguos virus que se integraron en nuestro ADN hace millones de años.</p>
<p><em>Realmente no sabemos qué existió primero, si los virus o los transposones</em>, señala José Tubío, biólogo del Centro de Investigación en Medicina Molecular de Santiago. <em>Entraron en nuestro ADN y se quedaron atrapados. Son una fuente de mutaciones esencial para el sistema inmune, pero también para la enfermedad.</em> Lo que esto revela es una paradoja evolutiva: lo que una vez pudo ser una ventaja para la supervivencia de la especie se ha convertido, en el contexto del cáncer, en un arma de doble filo.</p>
<h2>Line-1: el conductor oculto del cáncer</h2>
<p>El estudio, liderado por Tubío, se centra en un tipo específico de transposón: <strong>Line-1 (L1)</strong>, que representa el 17% de nuestro genoma. En 2020, su equipo demostró que estos elementos no eran meros pasajeros, sino <strong>conductores activos del cáncer</strong>. Ahora, gracias a tecnologías capaces de leer secuencias de 100.000 letras químicas, han analizado tumores de pulmón, colon y cabeza-cuello en 137 pacientes, centrándose en los 10 con mayor actividad de L1.</p>
<p>Desarrollaron el algoritmo MEIGA, que cuantifica cuántas veces estos fragmentos se han <strong>copiapegado</strong> durante la evolución tumoral. El resultado fue impactante: identificaron más de 6.400 inserciones, de las cuales 152 generaban <strong>cambios estructurales genómicos</strong> sin precedentes. Por primera vez, observaron el salto simultáneo de dos elementos L1, provocando traslocaciones recíprocas. <em>Es como si dos páginas de un libro se rompieran y permutaran fragmentos, con L1 actuando como adhesivo</em>, describe Bernardo Rodríguez Martín, del Centro de Regulación Genómica.</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, este hallazgo sugiere que la inestabilidad genómica inicial —el primer paso hacia el cáncer— podría estar impulsada por la actividad de L1. El 65% de estos eventos ocurren en etapas tempranas, lo que abre una ventana crítica para la intervención.</p>
<h2>¿Podemos bloquear el cáncer como un virus?</h2>
<p>El estudio plantea una posibilidad esperanzadora: <strong>existe la posibilidad de bloquear estos genes</strong> usando antivirales similares a los del VIH, ya que ambos utilizan la enzima transcriptasa inversa. El compuesto experimental TPN-101, que inhibe esta enzima, ya se está probando en pacientes con esclerosis lateral amiotrófica y alzhéimer. La Universidad de Rochester ha recibido 22 millones de dólares para investigar su potencial en la reducción de la inflamación asociada al envejecimiento.</p>
<p>Ignacio Varela, bioquímico de la Universidad de Cantabria, subraya la importancia de estos avances: <em>Comprender cómo estas células adquieren mutaciones es crucial para detectarlas temprano y tratarlas eficazmente. Estos elementos han sido inaccesibles durante décadas por su complejidad, pero esta tecnología punta permite caracterizar sus sitios de integración.</em></p>
<p>La pregunta clave ahora es: si el cáncer es, en parte, el legado de virus ancestrales atrapados en nuestro ADN, ¿estamos ante una nueva era en la que podríamos tratar el cáncer no como una enfermedad, sino como una infección genética?</p>
</p>
<h2>La paradoja evolutiva: supervivencia vs. enfermedad</h2>
<p>Lo que este estudio revela es una ironía biológica: los mismos mecanismos que permitieron a nuestros ancestros adaptarse y sobrevivir son los que hoy alimentan el cáncer más agresivo. Los transposones, especialmente Line-1, actúan como un recordatorio de que la evolución no tiene un diseño inteligente, sino un equilibrio frágil entre ventaja y riesgo.</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, la actividad de L1 no solo acelera la inestabilidad genómica, sino que expone una vulnerabilidad estructural en el ADN humano. El hecho de que el 65% de los eventos de inserción ocurran en etapas tempranas sugiere que el cáncer podría ser, en parte, una consecuencia inevitable de nuestra propia arquitectura genética. Más allá de los hechos, lo que emerge es una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto somos prisioneros de nuestro pasado evolutivo?</p>
<p>El hallazgo de que dos elementos L1 pueden saltar simultáneamente, generando traslocaciones recíprocas, añade otra capa de complejidad. No se trata solo de mutaciones aleatorias, sino de un proceso organizado por estos &#8220;genes saltarines&#8221;, que actúan como arquitectos del caos genómico. Esto refuerza la idea de que el cáncer no es un error pasivo, sino un proceso activo impulsado por elementos que, en otro contexto, fueron clave para nuestra supervivencia.</p>
<h3>¿Hacia un cambio de paradigma en el tratamiento?</h3>
<p>Si el cáncer es, en esencia, una manifestación de virus ancestrales reactivados, bloquear su actividad con antivirales podría redefinir el enfoque terapéutico. La posibilidad de tratar el cáncer como una infección genética no solo abre nuevas vías de investigación, sino que desafía la noción misma de lo que significa &#8220;curar&#8221; una enfermedad tan arraigada en nuestra biología.</p>
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