Linfocitos T con anzuelo molecular mejoran captura del cáncer | Salud
El cáncer es un combate cuerpo a cuerpo entre células propias: las tumorales, descontroladas, crecen sin freno y destruyen todo a su paso; mientras que las defensas del sistema inmune intentan localizarlas y aniquilarlas. Durante décadas, la ciencia ha enviado refuerzos farmacológicos como la quimioterapia, que atacan también al tumor. En los últimos quince años, además, se han desarrollado estrategias que reentrenan directamente a las células inmunes para que sean más eficaces contra el cáncer. Eso es la inmunoterapia, un enfoque que ya ha salvado miles de vidas y ha cambiado el pronóstico de varios tipos de tumores.
El plan es perfecto sobre el papel, aunque tiene matices en la práctica. No funciona en todos los pacientes ni en todos los cánceres. A veces, el tumor aprende a escapar del ejército defensivo reforzado o las células inmunes, tras recibir ayuda científica, terminan agotadas tras tantas batallas. Existen muchos mecanismos que hacen fallar a la inmunoterapia y la comunidad científica sigue intentando superarlos. El último intento, publicado este jueves en la revista Science, consiste en diseñar linfocitos T más fuertes, duraderos y precisos para atacar el cáncer. Investigadores de la Universidad de California y Stanford han conseguido, mediante ingeniería genética, manipular estas células inmunes e incorporarles un anzuelo molecular que les permite captar mejor las células malignas. El estudio, aún experimental, abre la puerta a inmunoterapias más potentes.
Existen varios tipos de inmunoterapia en el mercado, fórmulas diversas para reforzar el ejército defensivo contra el tumor. En esta ocasión, los científicos se han centrado en la terapia de células T-TCR: consiste en extraer linfocitos T del paciente y modificarlos genéticamente para que expresen un receptor (TCR) que identifique moléculas (antígenos) presentes en la superficie o interior de las células tumorales y las catalogue como malignas. Una vez equipados con esta antena de precisión, los linfocitos se reinfundan al paciente para que busquen y destruyan con mayor eficacia las células cancerosas.
La terapia T-TCR se ha quedado “rezagada” frente a otras inmunoterapias, admiten los autores Christopher Garcia y Zhiyuan Mao. Solo hay un tratamiento aprobado por la FDA, contra el sarcoma sinovial, pero esta estrategia se perfila como una “alternativa atractiva” a la terapia CAR-T, eficaz en cánceres de sangre pero con dificultades en tumores sólidos.
La terapia T-TCR tiene potencial porque puede acceder a un repertorio más amplio de dianas tumorales, pero presenta obstáculos. Algunos antígenos se encuentran también en tejido sano y el organismo elimina las células T más potentes para evitar daños colaterales, dejando linfocitos con receptores TCR más débiles que, aunque seguros, pueden tener problemas para destruir las tumorales.
Optimizar la respuesta inmunitaria
Para equilibrar eficacia y seguridad, el equipo estadounidense diseñó un plan para fortalecer la capacidad del linfocito T de reconocer PAP, una proteína común en el cáncer de próstata, sin dañar el tejido sano. Identificaron un TCR débil que detectaba PAP y lo modificaron para que se adhiriera mejor al tumor. Introdujeron un anzuelo molecular que prolonga la interacción entre el linfocito y la célula cancerosa, “como si un pez fuera atrapado por un anzuelo”.
En experimentos de laboratorio, los linfocitos T modificados mostraron mejoras: permanecían más tiempo unidos a las tumorales, secretaban más moléculas citotóxicas y resistían la fatiga. En ratones, las células reforzadas retrasaron o detuvieron el crecimiento tumoral.
Un primer paso
Los autores creen que estos hallazgos podrían mejorar futuras inmunoterapias y ven su enfoque “ampliamente aplicable” a otros tumores. Expertos externos celebran el estudio, pero advierten que falta camino para la clínica. Alena Gros, jefa del Grupo de Inmunoterapia e Inmunología de tumores del VHIO, lo considera una “primera aproximación experimental que demuestra potencial” y evita toxicidades previas.
Luis Álvarez Vallina, director de Investigación del Banco de Sangre y Tejidos de Cataluña y jefe de la Unidad de Inmunoterapia del Cáncer CNIO-HMRIB, coincide en que la novedad radica en que “cambios puntuales en el TCR incrementan notablemente la capacidad de destruir tumores sin perder especificidad”, lo que podría reducir problemas de seguridad. No obstante, pide “cautela”: “Es una prueba de concepto en modelos preclínicos simplificados. Queda por demostrar eficacia y seguridad en sistemas más complejos. Su impacto clínico real sigue siendo incierto”.
Manel Juan, jefe de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona, considera que la investigación “es un inicio que puede llevar a ensayos clínicos no solo en cáncer de próstata, sino en muchos otros”, aunque “el salto a humanos necesitará nuevos planteamientos y ensayos clínicos”.
Alejo Rodríguez Fraticelli, profesor ICREA e investigador principal en el IRB, asegura que este enfoque “no va a reemplazar a la terapia CAR-T”, pero “abre el abanico” a otros tumores: “Si el TCR modificado funciona tan bien, podemos empezar a atacar antígenos intracelulares del tumor y abrir la inmunoterapia a cánceres que hasta ahora no sabíamos cómo atacar”.
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