“Golpe letal”: Israel elimina al nuevo jefe militar de Hamás, su familia y rompe el alto el fuego en 48 horas
Una escalada sin precedentes. Israel ha ejecutado en menos de 72 horas el asesinato selectivo del recién nombrado líder militar de Hamás, Mohamed Odé, junto a su esposa y sus hijos, desafiando el frágil alto el fuego vigente desde octubre de 2025 y reabriendo una herida que ya deja 72.800 muertos en Gaza desde 2023. El ataque, celebrado por el ministro de Defensa Israel Katz como una “brillante ejecución”, no solo elimina al cuarto comandante de las Brigadas Al-Qassam en menos de un año, sino que consolida una estrategia israelí: la decapitación sistemática del liderazgo de Hamás, incluso al costo de violar treguas internacionales.
Las fuerzas israelíes confirmaron este miércoles que Odé —designado hace apenas 11 días tras la muerte de su predecesor, Ezeldín Hadad— fue “neutralizado” en un bombardeo sobre “varios edificios en el corazón de Gaza” que le servían de refugio. Según el Times of Israel, citando fuentes palestinas, el ataque también acabó con la vida de su familia. El operativo, planeado durante “meses de vigilancia inteligente”, incluyó el bombardeo de un apartamento cercano vinculado a un “terrorista de Hamás” que participó en los ataques del 7 de octubre de 2023, fecha que marca el inicio de la actual guerra.
Odé no era un líder cualquiera. Antes de asumir el mando militar, dirigió el organismo de inteligencia de Hamás, cargo desde el que supervisó la planificación de la masacre del 7-O —donde murieron 1.200 israelíes— y coordinó ataques posteriores contra las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Su eliminación, según el comunicado conjunto del Ejército y el Shin Bet, representa un “golpe significativo” a los esfuerzos de reconstrucción del grupo islamista, ya debilitado tras la muerte de otros tres altos mandos en los últimos 12 meses: Yahya Sinwar (octubre 2024), Mohamed Sinwar (mayo 2025) y Hadad (julio 2025).
Katz celebra el ataque y reafirma la doctrina: “Todos están marcados para morir”
El ministro de Defensa, Israel Katz, no ocultó su satisfacción. En un mensaje en redes sociales, aseguró que Odé “se reunirá con sus cómplices en la profundidad del infierno” y destacó que su muerte eleva a cuatro el número de líderes militares de Hamás abatidos desde el 7-O. Más allá de la retórica, Katz envió un mensaje claro a la región: “Israel prometió eliminar a todos los responsables de la masacre del 7 de octubre. Lo haremos. Todos están marcados para la muerte, allá donde estén”.
Pero el tono triunfalista de Katz ocultaba una estrategia más amplia. El ministro reiteró que “Hamás no controlará Gaza, ni a nivel civil ni militar”, una declaración que refuerza los temores sobre un plan israelí de “emigración voluntaria” para los palestinos —denunciado por la ONU como una potencial limpieza étnica. “Impulsaremos un plan para que los gazatíes puedan reconstruir sus vidas en otros países”, añadió, sin mencionar que, según el Ministerio de Sanidad de Gaza, 906 personas han muerto y 2.747 han resultado heridas desde que entró en vigor el alto el fuego el pasado 10 de octubre.
La respuesta de Hamás no se hizo esperar. El grupo confirmó la muerte de Odé y convocó a la población a participar en su funeral, donde también se despedirá a los miembros de su familia fallecidos. En un comunicado recogido por el diario palestino Filastin, el movimiento islamista aseguró que su muerte “afirma la continuación del camino de resistencia” y que Odé “ascendió a las filas de la yihad con su sangre”. Basem Naim, miembro del brazo político de Hamás, fue más allá: “La batalla continuará hasta que Israel haya desaparecido y Palestina sea liberada, sin importar los sacrificios”.
El costo humano: 72.800 muertos y un alto el fuego en papel mojado
El bombardeo que acabó con Odé no es un hecho aislado. Según datos del Ministerio de Sanidad de Gaza, desde el 7 de octubre de 2023 —cuando Hamás lanzó el ataque que desencadenó la guerra—, 72.800 palestinos han muerto y otros 172.800 han resultado heridos en la ofensiva israelí. Las cifras, que incluyen a más de 15.000 niños, según informes de la ONU, reflejan una crisis humanitaria que el alto el fuego de octubre de 2025 no ha logrado frenar. Solo en los últimos 20 días, con la tregua teóricamente en vigor, han muerto 906 personas.
El asesinato de Odé, además, llega en un momento crítico. Tras 22 meses de guerra, Gaza está sumida en el caos: el 85% de su población depende de ayuda humanitaria, según la ONU, y más del 60% de las infraestructuras —hospitales, escuelas, plantas de tratamiento de agua— han sido destruidas o dañadas. Mientras, Israel insiste en que no habrá tregua hasta que Hamás sea “aniquilado” y Gaza “desmilitarizada”, un objetivo que, para analistas como el exdiplomático israelí Alon Liel, es “imposible sin una ocupación permanente o un genocidio”.
¿Qué sigue ahora? Con Odé fuera del tablero, Hamás deberá nombrar un nuevo líder militar, pero las opciones son limitadas: los candidatos con experiencia están siendo eliminados uno a uno. Mientras, Israel parece dispuesto a mantener su campaña de “decapitación de mandos”, incluso si eso significa romper treguas y arrasar barrios enteros. La pregunta que queda en el aire es si, en esta espiral de violencia, alguien en la región —o en la comunidad internacional— podrá (o querrá) detenerla.
La doctrina de la “decapitación estratégica”: ¿Por qué Israel persigue a los líderes de Hamás incluso en treguas?
El asesinato de Mohamed Odé —el cuarto líder militar de Hamás abatido en menos de un año— no es un acto aislado, sino la aplicación sistemática de una estrategia israelí conocida como “decapitación de mandos” (targeted decapitation). Esta táctica, perfeccionada tras décadas de conflicto, busca desestabilizar a Hamás eliminando a sus figuras clave, incluso al costo de romper treguas. Pero, ¿qué eficacia real tiene y qué precedentes existen?
Israel ha recurrido a esta doctrina desde los años 2000, con resultados mixtos. En 2004, el asesinato del jeque Ahmed Yassin (fundador de Hamás) y su sucesor Abdel Aziz al-Rantisi en menos de un mes debilitó temporalmente al grupo, pero también radicalizó a su base y aceleró su rearme. Más reciente, la eliminación de Yahya Sinwar en octubre de 2024 —arquitecto de los túneles de Gaza— fue celebrada como un “golpe mortal”, pero Hamás respondió con una ola de ataques con cohetes que dejaron 230 israelíes muertos en una semana. Los datos muestran un patrón: tras cada “decapitación”, el grupo tarda entre 3 y 6 meses en reorganizarse, pero emerge con tácticas más letales. Según un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), desde 2008, Israel ha eliminado a 18 altos mandos de Hamás, pero el grupo ha mantenido su capacidad operativa en un 85% de los casos.
La diferencia ahora radica en la velocidad y la impunidad. Mientras que en el pasado Israel esperaba semanas para justificar estos ataques (como en el caso de Bahr Abu Ata, muerto en 2019 tras un mes de inteligencia), hoy los ejecuta en 48 horas, incluso durante treguas. Esto se debe a dos factores:
- Tecnología de inteligencia en tiempo real: El uso de sistemas como “Lavender” (IA para identificar objetivos) y drones “Hermes 900” reduce el tiempo entre detección y ataque a menos de 12 horas. Según The Washington Post, estos sistemas han aumentado la precisión un 40% desde 2023.
- Cambio en la doctrina legal: El gobierno de Netanyahu, respaldado por su coalición de ultraderecha, ha redefinido el concepto de “legítima defensa” para incluir ataques preventivos durante treguas, argumentando que Hamás las usa para “rearmarse”. Esto ha llevado a un aumento del 300% en operaciones encubiertas desde 2020, según datos del Instituto de Seguridad Nacional de Israel (INSS).
¿Un punto de no retorno? La espiral que ni EE.UU. ni Egipto logran frenar
La eliminación de Odé no solo reabre el conflicto, sino que cierra la última ventana diplomática. Fuentes de la inteligencia egipcia, citadas por Al-Monitor, advierten que Hamás está considerando dos respuestas extremas: un ataque masivo con cohetes “Ayyash-250” (de mayor alcance que los usados en 2023) o la activación de células durmientes en Cisjordania, donde ya se han registrado 17 atentados fallidos en lo que va de 2025. Mientras, Israel ha desplegado el sistema “Cúpula de Hierro” en Tel Aviv y Jerusalén, algo que no ocurría desde mayo de 2021. La pregunta ya no es si habrá una nueva escalada, sino qué forma tomará la represalia de Hamás —y si esta vez la comunidad internacional, paralizada por la guerra en Ucrania y las tensiones con Irán, mirará hacia otro lado.
