Riquelme desafía a Florentino: así es su candidatura para presidir el Real Madrid
El Real Madrid tiene rival. Enrique Riquelme, empresario alicantino y CEO de Cox, formalizó este jueves su intención de disputar la presidencia del club a Florentino Pérez, marcando el inicio de una batalla electoral que podría redefinir el futuro del equipo blanco. No es un candidato cualquiera: su perfil combina experiencia directiva en el sector tecnológico y una conexión histórica con el madridismo, al ser hijo del legendario Enrique Riquelme “Kike”, exjugador del club en los años 70.

Riquelme remitió un escrito oficial a la Junta Electoral del Real Madrid, cumpliendo con los plazos establecidos en el reglamento del club. Según el documento, al que tuvo acceso el diario Marca, el candidato declara su “voluntad de concurrir como presidente” y asegura que presentará su proyecto “en tiempo y forma” antes del 23 de mayo, fecha límite para formalizar candidaturas. Este movimiento activa un reloj de 48 horas en las que su equipo deberá recopilar los avales necesarios —un mínimo de 2.500 socios comprometidos, según los estatutos— para validar su postura.
Un proyecto “para devolver el club a los socios”
El núcleo de su propuesta, adelantada en el escrito, gira en torno a dos ejes: la democratización del club y la “construcción de un Real Madrid del futuro”. “Quiero que los socios vuelvan a ser los auténticos protagonistas”, subraya Riquelme, quien critica veladamente el modelo actual, percibido por sectores de la afición como excesivamente centralizado en la figura de Florentino Pérez. Su discurso evoca el de Lorenzo Sanz en los 90, cuando el club vivió una de sus épocas más convulsas antes de la era de los galácticos.
Riquelme no es un recién llegado a este escenario. Ya en 2021, sondeó la posibilidad de presentarse, aunque finalmente desistió. Esta vez, sin embargo, su determinación parece firme. “Llevamos semanas trabajando 24/7 para ofrecer un proyecto ilusionante”, declaró el miércoles, horas antes de hacer oficial su candidatura. Su equipo, según fuentes cercanas, incluye a exdirectivos del club y perfiles técnicos con experiencia en gestión deportiva, aunque sus nombres aún no se han desvelado.
El contexto: elecciones anticipadas y un Florentino Pérez en la cuerda floja
La convocatoria de estos comicios, anunciada por Florentino Pérez la semana pasada, llegó tras meses de presión interna. Sectores críticos dentro de la afición —como la plataforma Madridista Blanco— habían exigido una renovación en la dirección, especialmente después de la polémica por el Caso Negreira (las supuestas irregularidades en los pagos a árbitros) y la eliminación en Champions League ante el Manchester City. Pérez, en el poder desde 2009 (con un primer mandato entre 2000 y 2006), afronta ahora su mayor desafío en años.
La clave estará en si Riquelme logra movilizar al socio descontento. El Real Madrid cuenta con más de 95.000 socios, pero la participación en elecciones rara vez supera el 60%. Su éxito dependerá de convencer a ese sector que, aunque no es mayoritario, podría inclinar la balanza. Históricamente, las candidaturas alternativas —como las de Eduardo Fernández de Blas (2013) o Juan Palacios (2021)— no han superado el 20% de los votos. ¿Podrá Riquelme romper ese techo?
Lecturas relacionadas:
- El Caso Negreira: cronología de un escándalo que sacudió al fútbol español
- Florentino Pérez: cómo ha cambiado el Real Madrid desde su primera presidencia en 2000
- Los estatutos del Real Madrid: así se elige (y destituye) a un presidente
- Lorenzo Sanz vs. Florentino Pérez: la batalla que dividió al madridismo en los 90
Lorenzo Sanz y el precedente que persigue a Riquelme: cuando el madridismo se fracturó
La referencia de Enrique Riquelme a Lorenzo Sanz no es casual. El actual candidato retoma, consciente o inconscientemente, el discurso que en los años 90 dividió al Real Madrid entre los partidarios de un modelo más *democrático* y los defensores de un liderazgo fuerte. Sanz, presidente entre 1995 y 2000, llegó al poder tras una batalla interna que enfrentaba a dos visiones: la suya, basada en la gestión cercana a la afición, y la de Ramón Mendoza, acusado por sectores críticos de alejar al club de sus socios. El paralelo con el actual duelo Riquelme vs. Florentino es inevitable, pero con una diferencia clave: Sanz ganó las elecciones con el 52,6% de los votos (16.237 frente a los 14.620 de Mendoza), una cifra que hoy parece inalcanzable para cualquier opositor.
El contexto económico también marca distancias. Sanz heredó un club con una deuda de 2.700 millones de pesetas (unos 16 millones de euros), pero logró sanearla en parte gracias a la venta de jugadores como Fernando Redondo (al Milan por 26 millones de euros en 1999, récord entonces para un defensa). Riquelme, en cambio, se enfrenta a un gigante con ingresos anuales de 844 millones de euros (según el informe Deloitte 2023) y un endeudamiento controlado, pero con el lastre del Caso Negreira y una plantilla envejecida. La pregunta es si su propuesta de *democratización* —similar a la de Sanz— podrá conectar con un socio más preocupado por los resultados deportivos (solo 2 Ligas en los últimos 12 años) que por la gestión interna.
Otro dato revelador: en las últimas elecciones con competencia real (2013), el candidato alternativo, Eduardo Fernández de Blas, obtuvo apenas 8.893 votos (18,6%), pese a contar con el respaldo de figuras como Amancio Amaro. Riquelme necesitaría multiplicar por 2,5 veces ese apoyo para inquietar a Florentino. El precedente de Sanz demuestra que es posible ganar, pero requiere movilizar a más de 30.000 socios —algo que ningún opositor ha logrado desde 2000.
¿Un nuevo *sanzismo* o un espejismo?
Riquelme tiene 20 días para demostrar que su candidatura no es un *flash* mediático, sino un movimiento con arraigo. El riesgo es repetir el error de Juan Palacios en 2021, cuya campaña se diluyó al no presentar un proyecto deportivo creíble. Si el empresario alicantino logra articular una alternativa clara en lo deportivo —algo que Sanz hizo con la apuesta por Vicente del Bosque— podría erosionar el voto *florentinista*. De lo contrario, su candidatura quedará como un símbolo de descontento, pero no como una amenaza real. El 23 de mayo sabremos si hay proyecto o solo protesta.
