La ultraderecha alemana rompe el consenso: en Rusia, piden volver al gas ruso y a la “normalidad” con Putin
Un giro diplomático con aroma a gas. Mientras Europa mantiene sanciones a Moscú por la guerra en Ucrania, diputados de Alternativa para Alemania (AfD) usaron el Foro de San Petersburgo —el “Davos ruso”— para pedir la vuelta al statu quo anterior a 2022: cooperación energética, comercio sin restricciones y hasta giras de artistas rusos en Alemania. ¿El argumento? Que la ruptura con Putin perjudica más a Berlín que a Moscú.
El escenario no podía ser más simbólico: el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF), un evento creado en 1997 para atraer inversiones extranjeras a Rusia y que, desde 2014, se ha convertido en un termómetro de las relaciones entre el Kremlin y Occidente. Este año, con la guerra en Ucrania como telón de fondo, la delegación del AfD —el partido ultraderechista que en 2023 superó el 20% en sondeos— fue la única voz europea que abogó abiertamente por revertir las sanciones y retomar el suministro de gas ruso, más barato que los alternativas actuales.
“El gas ruso es barato y las sanciones, un error”
El rostro más visible de esta ofensiva diplomática fue Markus Frohnmaier, vicepresidente del grupo parlamentario del AfD en el Bundestag. Durante un panel de debate, Frohnmaier argumentó que “no es del interés nacional de Alemania interrumpir el comercio con Rusia”, una postura que choca frontalmente con la línea oficial del gobierno de Olaf Scholz, que ha mantenido el apoyo militar y económico a Ucrania desde la invasión de febrero de 2022.
Frohnmaier fue más allá al criticar el envío de armas a Kiev: “Alemania no debe involucrarse en guerras extranjeras”, declaró, ignorando que la Constitución alemana (artículo 24) permite la defensa colectiva en alianzas como la OTAN. Su discurso también incluyó un encuentro con Alexei Miller, director ejecutivo de Gazprom, la petrolera estatal rusa cuya reducción de suministro en 2022 disparó los precios de la energía en Europa. Según Frohnmaier, el gas ruso sigue siendo “relativamente barato” comparado con las alternativas actuales, como el gas licuado de EE.UU. o Catar, que en 2023 costó a Alemania un 60% más que el contrato ruso previo a la guerra.
El gasoducto Nord Stream 1, que antes de la guerra suministraba el 40% del gas alemán, fue saboteado en septiembre de 2022. Desde entonces, Berlín ha acelerado la construcción de terminales de gas licuado, pero a un costo económico y ambiental mayor.
Cultura, arte y el “puente” que la AfD quiere reconstruir
La ofensiva del AfD no se limitó a lo energético. Jörg Urban, líder del partido en el estado de Sajonia, pidió en otro panel que se levante la prohibición a los artistas rusos para actuar en Alemania, una medida adoptada por ciudades como Berlín o Múnich tras la invasión. Urban argumentó que la cultura “debe estar por encima de la política”, aunque omitió que muchos de estos artistas, como el director Valery Gergiev, han sido sancionados por su apoyo explícito a Putin.
Por su parte, el eurodiputado Petr Bystron y el diputado Steffen Kotré participaron en un debate moderado por el director de orquesta Justus Frantz, un crítico abierto de las sanciones a Rusia. Frantz, que en 2022 organizó un concierto en Moscú con músicos alemanes y rusos, ha sido acusado de ser un “lobbyista cultural” del Kremlin.
Elogios del Kremlin y el riesgo de ser “títeres” de Putin
La participación de la AfD en el SPIEF no pasó desapercibida para las autoridades rusas. Kirill Dmitriev, jefe del Fondo Ruso de Inversión Directa y asesor económico de Putin, elogió públicamente a los diputados alemanes por asistir al foro “a pesar de las críticas internas”. El Ministerio de Exteriores alemán había desaconsejado viajar a San Petersburgo, advirtiendo que el evento era una “plataforma de propaganda” del Kremlin.
La pregunta que flota en Berlín es si el AfD está actuando como caballo de Troya de Moscú en la política alemana. No es la primera vez que el partido es acusado de cercanía al Kremlin: en 2019, la oficina de Frohnmaier fue allanada por sospechas de financiación ilegal desde Rusia, y en 2023, el servicio de inteligencia alemán (BfV) clasificó al AfD como una “amenaza comprobada para la democracia” por sus vínculos con grupos extremistas.
Según un informe de la Fundación Korber (2023), el 38% de los votantes del AfD cree que Alemania debería “dejar de apoyar a Ucrania y negociar con Rusia”, una cifra que duplica la media nacional (19%). Este sector del electorado ve en Putin un “aliado natural” contra la UE y la migración, dos de los ejes del discurso del partido.
¿Qué gana Rusia (y qué pierde Alemania)?
Para Moscú, el apoyo del AfD es un golpe propagandístico: demuestra que hay grietas en el consenso europeo contra la guerra. Además, una eventual victoria del partido en las elecciones de 2025 podría llevar a Berlín a vetar nuevos paquetes de sanciones o incluso a presionar por su levantamiento, como ya ha ocurrido en Hungría con Viktor Orbán.
Para Alemania, en cambio, la postura de la AfD plantea un dilema: ¿priorizar el pragmatismo económico (gas barato, mercados abiertos) o los principios democráticos? El país ya depende en un 30% del gas licuado de EE.UU. y Catar, pero a un costo que en 2023 le supuso un gasto extra de 25.000 millones de euros, según el Instituto Alemán de Economía (IW). Mientras, el AfD gana terreno con un mensaje simple: “Con Putin, la vida era más barata”.
El foro de San Petersburgo dejó claro que, dos años después de la invasión, Rusia ya no busca aislar a Ucrania, sino dividir a Europa. Y en esa estrategia, la ultraderecha alemana es un aliado inesperadamente útil.
El SPIEF: cómo el foro de San Petersburgo se convirtió en el altavoz del Kremlin para Europa
El Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF), donde la delegación del AfD defendió el acercamiento a Rusia, no es un evento cualquiera: desde 2014, se ha transformado en la plataforma clave del Kremlin para testear y amplificar divisiones en Occidente. Lo que comenzó como un intento de emular el Foro de Davos —con una asistencia récord de 12.000 participantes en 2019— se convirtió tras la anexión de Crimea en un termómetro de lealtades. En 2022, con la guerra en Ucrania ya en marcha, la participación occidental cayó un 70%, pero este año, la presencia de políticos europeos como los del AfD le dio a Putin exactamente lo que buscaba: legitimidad y la imagen de que el aislamiento es reversible.
El SPIEF tiene un historial de momentos simbólicos que luego se materializaron en políticas. En 2015, el entonces primer ministro griego, Alexis Tsipras, asistió en plena crisis de la deuda europea y firmó un memorando de entendimiento con Gazprom para construir el gasoducto TurkStream, que hoy suministra gas ruso a los Balcanes esquivando Ucrania. En 2017, el presidente francés Emmanuel Macron —recién elegido— se reunió con Putin en el foro, en un gesto que muchos interpretaron como un intento de ‘reset’ diplomático; ese mismo año, Francia vendió a Rusia dos buques de asalto anfibio Mistral (aunque la entrega se canceló finalmente por las sanciones). El patrón es claro: Moscú usa el SPIEF para seducir a actores disidentes en Europa con promesas de beneficios económicos a corto plazo.
Este año, el foro incluyó un detalle revelador: por primera vez desde 2021, no hubo paneles sobre transición energética o cambio climático, temas que en ediciones anteriores ocupaban hasta un 20% de la agenda. En su lugar, dominaron mesas sobre ‘soberanía económica’ y ‘nuevos corredores comerciales’, un guiño a países como India, China y Turquía, que han aumentado sus compras de petróleo ruso en un 40% desde 2022. Según datos del Centro de Investigación Energética y Aire Limpio (CREA), Rusia ingresó 158.000 millones de euros por exportaciones de combustibles fósiles en 2023, solo un 14% menos que antes de la guerra, gracias a estos nuevos socios.
¿Por qué el AfD es el socio perfecto para el Kremlin?
La estrategia rusa no busca solo dividir a Europa, sino institucionalizar la disidencia. El AfD no es el primer partido ultraderechista en coquetear con Moscú —el Fidesz húngaro de Viktor Orbán lleva años bloqueando sanciones—, pero sí es el más útil para Alemania por dos razones: su crecimiento electoral (es el segundo partido más votado en tres Länder del este) y su capacidad para normalizar narrativas prorrusas en el debate público. Un informe de la Fundación Friedrich Ebert (2024) revela que el 22% de los alemanes menores de 30 años cree que ‘Occidente tiene parte de la culpa en la guerra de Ucrania’, un discurso que el AfD repite literalmente en sus mítines. La pregunta ahora es si Berlín subestima el riesgo: en 2016, el Reino Unido ignoró que el 52% del electorado del UKIP (partido euroescéptico) apoyaba salir de la UE… hasta que ganó el Brexit.
