Agentes del ICE derriban a Alex Pretti en forcejeo previo a su asesinato en Minneapolis

El vídeo que revela la violencia previa al asesinato de Alex Pretti por el ICE

Once días antes de morir, ya lo derribaron. Un nuevo vídeo muestra el forcejeo entre Alex Pretti y agentes del ICE en Minneapolis el 13 de enero, once días antes de su asesinato.

Las imágenes, difundidas por The News Movement, captan a Pretti, con abrigo y gorra, gritando a los oficiales mientras estos se retiran en una camioneta federal. En un momento, patea la luz trasera del vehículo. Acto seguido, un agente con equipo táctico sale del mismo y lo derriba al suelo, rodeado de otros oficiales, en medio de una multitud que protestaba por la presencia federal en el barrio.

Tras la caída, Pretti logra levantarse y permanece en el lugar mientras los agentes abandonan la escena. Durante el altercado, testigos locales y las propias imágenes confirman el uso de gas lacrimógeno y proyectiles de pimienta. Steve Schleicher, abogado de la familia, subrayó: “Una semana antes de que Alex fuera asesinado a tiros en la calle, a pesar de no representar ninguna amenaza para nadie, fue agredido violentamente por un grupo de agentes del ICE. Nada de lo ocurrido una semana antes podría justificar el asesinato de Alex”.

Testimonios que refuerzan la gravedad del incidente

El medio local Minnesota Star Tribune publicó otro vídeo del mismo suceso, grabado por un transeúnte, donde se observa con claridad cómo los agentes derriban a Pretti. Max Shapiro, testigo que registró la interacción, declaró al periódico: “Lo tiraron al suelo con mucha fuerza”. La grabación finaliza con Shapiro acercándose a Pretti para preguntarle por su estado, a lo que este responde: “Estoy bien. ¿Estamos todos bien? ¿Estamos todos a salvo?”.

Desde una perspectiva analítica, este vídeo no solo documenta un episodio de violencia policial, sino que revela un patrón de escalada en las intervenciones del ICE. Lo que esto sugiere es que la respuesta desproporcionada de los agentes podría estar normalizándose en operaciones de control migratorio, donde la percepción de amenaza —real o no— justifica el uso de la fuerza letal.

El día del asesinato: una escalada sin retorno

La difusión de estas grabaciones llega en un contexto de máxima tensión en Minneapolis tras la muerte de Pretti el 24 de enero, durante otra operación del ICE. En las imágenes de ese día, un agente derriba a una mujer de un manotazo. Pretti, al acercarse a protestar, es rociado con gas pimienta. Seis oficiales lo rodean, lo tiran al suelo y lo reducen. Entonces, uno de ellos saca una pistola y dispara. Pretti recibió al menos diez impactos de bala cuando ya estaba en el suelo.

Reuters y The Wall Street Journal han verificado uno de los vídeos, donde se observa a un agente registrando a Pretti y quitándole un arma. Acto seguido, otro oficial comienza a dispararle. Es decir, el hombre portaba un arma, pero no la empuñaba en el momento del tiroteo.

Más allá de los hechos, lo que emerge es una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la deshumanización de los sujetos en operaciones de control migratorio permite que la fuerza letal se convierta en la primera opción? La repetición de patrones —el derribo previo, la reducción violenta, los disparos— invita a reflexionar sobre los protocolos y la cultura institucional que los sustenta.

¿Podrá este caso ser el detonante para revisar el uso de la fuerza en el ICE?

El patrón de violencia como sistema, no como excepción

Lo que estos vídeos desvelan no es un incidente aislado, sino una dinámica recurrente en la que la fuerza se ejerce como herramienta de control, no como último recurso. La secuencia —derribo, reducción, uso de gas y proyectiles— sugiere que el ICE opera bajo una lógica donde la resistencia, incluso simbólica, se interpreta como amenaza.

Desde una perspectiva analítica, la repetición de estos patrones en once días revela una normalización de la violencia. El hecho de que Pretti no empuñara el arma en el momento de los disparos, pero sí fuera reducido con fuerza letal, expone una brecha entre los protocolos formales y su aplicación en la calle. La pregunta clave aquí es si la percepción de riesgo por parte de los agentes está condicionada por estereotipos o por una cultura institucional que prioriza la sumisión inmediata.

Más allá de los hechos, lo que emerge es la deshumanización implícita en estas operaciones. La preocupación de Pretti por los demás tras el primer forcejeo —”¿Estamos todos a salvo?”— contrasta con la respuesta desproporcionada del ICE, donde la vida del individuo parece secundaria frente al objetivo de imponer autoridad.

La pregunta clave

¿Puede un sistema que normaliza la fuerza letal como primera opción reformarse desde dentro, o requiere una presión externa que obligue a replantear sus fundamentos?

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