Tecnócratas palestinos: el equipo que intentará reconstruir Gaza bajo sombras
Un experimento de gobernanza en la encrucijada. Ali Shaaz asume el liderazgo de un comité de 12 tecnócratas para administrar Gaza, con el respaldo de Trump y el desafío de reconstruir un territorio devastado.
El doctor en ingeniería civil Ali Shaaz confirmó este sábado su cargo al frente del comité formado por otros 11 palestinos tecnócratas —entre ellos una sola mujer— que deberá administrar la Franja de Gaza durante los próximos años. “Me enorgullece comenzar mi servicio como Comisionado Jefe del Comité Nacional para la Administración de Gaza. Agradezco al presidente (de EEUU) Donald J. Trump y al pueblo palestino la oportunidad de construir una Gaza segura, próspera y pacífica, con justicia y dignidad para todos”, escribió Shaaz en X.
Desde una perspectiva analítica, este nombramiento no solo refleja una apuesta por perfiles técnicos, sino también una estrategia geopolítica: la exclusión de Hamás del futuro inmediato de Gaza. Lo que esto revela es un intento de redefinir el liderazgo palestino bajo un paraguas internacional, aunque con limitaciones estructurales evidentes.
Perfiles clave y sus tensiones internas
Shaaz, originario de Jan Yunis (sur de Gaza) pero residente en Cisjordania, ejerció como viceministro de Transporte en la década de los 90 en la Autoridad Palestina. Según declaró en una entrevista con Basma Radio, fue el ex enviado especial de la ONU para Oriente Medio, el búlgaro Nikolai Mladenov, quien le ofreció el puesto, ya designado por Trump como alto representante para Gaza.
Las autoridades egipcias revelaron que Shaaz también gestionará Energía y Transporte. En Educación, el académico Jaber al Daour, vinculado a la universidad Al Azhar de Gaza —atacada durante los dos años de ofensiva israelí y recientemente reabierta—, asume un rol crítico en un sistema educativo fracturado.
La inclusión de Sami Nasman al frente de Interior y Seguridad Interna es, quizás, el nombramiento más polémico. Nasman, enemigo declarado de Hamás, es una figura histórica del Servicio General de Inteligencia Palestino y participó en la Primera Intifada de 1987. Su exilio tras la victoria electoral de Hamás, marcado por acusaciones de persecución a miembros del grupo islamista, añade una capa de conflicto interno al comité. Aquí emerge una pregunta clave: ¿cómo conciliar la seguridad en Gaza con las divisiones políticas preexistentes?
La única mujer y los retos sociales
La abogada Hana Tarzi, única mujer en el comité, liderará Asuntos Sociales. Además de su labor en el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos —que ha brindado apoyo legal a palestinos detenidos por Israel—, Tarzi destaca por ser la primera cristiana en estudiar Derecho en la Universidad Al Azhar y en abrir un bufete en Gaza, litigando ante tribunales de la sharía. Su presencia simboliza un avance, pero también subraya la escasa representación femenina en la toma de decisiones.
Aed Yaghi, médico urólogo, dirigirá Sanidad, mientras que el ingeniero Aed Abu Ramadan, director de la Cámara de Comercio de Gaza, asumirá Comercio y Economía. Este último enfrenta el desafío de reactivar una economía asfixiada por el desempleo y la pobreza tras años de conflicto. Los restantes miembros —Abdelkarim Ashour (Agricultura), Omar Shamali (Comunicaciones), Bashir al Raes (Finanzas), Adnan Abu Warda (Justicia), Osama al Seadawy (Territorios y Vivienda) y Ali Barhum (Agua y Servicios Públicos)— completan un equipo técnico, pero con un margen de maniobra aún por definir.
El laberinto de la gobernanza internacional
Estos expertos operarán bajo la Junta de Paz, liderada por Mladenov y auspiciada por Trump, que supervisará la transición hacia una Gaza sin Hamás. A esta estructura se suman hasta 60 países, incluyendo a Argentina y Hungría, cuyos líderes han confirmado su participación. Sin embargo, la creación de una Junta Ejecutiva —sin palestinos ni mujeres— para supervisar al Comité Nacional plantea dudas sobre la autonomía real del grupo.
Esta Junta Ejecutiva incluye figuras como el ex primer ministro británico Tony Blair, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el emisario de la Casa Blanca Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump. Además, una segunda Junta Ejecutiva para Gaza, según la Casa Blanca, integrará al asesor catarí Ali al Zawadi, el ministro turco Hakan Fidan, el jefe de Inteligencia egipcia Hasán Rashad y la ministra emiratí Reem al Hashimi.
Lo que esto revela es un modelo de gobernanza multilateral, pero con una jerarquía clara: los tecnócratas palestinos dependerán de decisiones tomadas en esferas internacionales. La pregunta clave ahora es si este marco permitirá una reconstrucción efectiva o si, por el contrario, profundizará las fracturas entre lo local y lo global.
¿Podrá este comité equilibrar las demandas de una población exhausta con las expectativas de actores externos que, en muchos casos, tienen intereses divergentes?
El dilema entre legitimidad local y dependencia externa
El comité de tecnócratas palestinos encarna una paradoja: su formación técnica busca credibilidad, pero su diseño institucional la socava. La exclusión de Hamás y la supervisión de una Junta Ejecutiva sin representación palestina directan revelan una tensión estructural.
Desde una perspectiva analítica, la inclusión de figuras como Sami Nasman —con un historial de conflicto con Hamás— no solo refleja una apuesta por la seguridad, sino también el riesgo de polarizar aún más a una sociedad ya fracturada. Lo que esto muestra es que la reconstrucción de Gaza no será solo física, sino también política: cada decisión del comité podría ser interpretada como un acto de lealtad a un bando u otro.
La presencia de Hana Tarzi, aunque simbólica, subraya otro desafío: la representación. En un contexto donde la participación femenina en la toma de decisiones es mínima, su rol en Asuntos Sociales podría ser clave para abordar desigualdades, pero también para exponer las limitaciones de un sistema donde lo social suele quedar relegado frente a lo económico o lo securitario.
La pregunta clave
¿Logrará este modelo de gobernanza —donde lo técnico choca con lo político y lo local con lo internacional— generar la estabilidad necesaria para reconstruir Gaza, o terminará siendo un espejismo de autonomía que profundice la desconfianza en las instituciones?
