Turquía: la reconstrucción avanza, pero Antakya sigue en ruinas
Tres años después, el dolor persiste. El sureste de Turquía lucha por levantarse tras el terremoto que dejó más de 53.000 muertos, con avances desiguales en la reconstrucción.
Tres años después del terremoto que devastó una enorme región del sureste de Turquía, causando más de 53.000 muertos, la reconstrucción de las ciudades afectadas ha sido en gran parte completada, aunque aún queda mucho por hacer en la más destruida, Antakya, cerca de la frontera siria. Lo que esto revela es una recuperación asimétrica, donde la velocidad de la reconstrucción choca con la complejidad de devolverle la vida a zonas históricas y simbólicas.
Hasta la fecha se ha completado la construcción de 455.000 apartamentos o locales, destacó el ministro de Urbanismo y Medio Ambiente, Murat Kurum, en una rueda de prensa en Antakya. “Hemos trabajado con velocidad extrema, edificando 23 apartamentos por hora, 550 al día”, declaró el titular. Desde una perspectiva analítica, estas cifras reflejan un esfuerzo logístico sin precedentes, pero también la presión por mostrar resultados tangibles en un plazo récord.
Los sismos ocurridos el 6 de febrero de 2023, de magnitud 7,7, 6,5 y 7,6, afectaron a 11 provincias y destruyeron de forma parcial o completa unos 60.000 edificios, correspondientes a 676.000 viviendas y 115.000 locales comerciales, de acuerdo con un reciente informe de la Presidencia turca. La pregunta clave ahora es cómo se gestionará la memoria de lo perdido mientras se reconstruye lo material.
De las 455.000 unidades reconstruidas, 368.000 son apartamentos urbanos, 65.000 casas de pueblo y 22.000 locales comerciales. En algunas provincias menos damnificadas, como Adiyaman (43.000 unidades) o Gaziantep (31.000), el número de viviendas construidas y ya entregadas a los afectados alcanza o incluso supera el de apartamentos derribados durante el temblor o los trabajos de desescombro. Más allá de los números, lo que emerge es un mapa de resiliencia desigual, donde el progreso convive con el estancamiento.
Antakya: el corazón herido de la reconstrucción
Distinta es la situación en Kahramanmaras, la ciudad más cercana al epicentro de los sismos, donde se estima que se derrumbaron 75.000 viviendas y 15.000 locales comerciales, además de cuantiosos daños en municipios rurales. En esta provincia se han entregado por ahora 74.000 llaves, entre 52.000 viviendas, 16.000 casas de pueblo y 6.000 locales comerciales. Aquí, la reconstrucción avanza, pero el trauma de la pérdida sigue presente en cada esquina.
Aún mucho más lenta va la reconstrucción en Antakya, la histórica Antioquía, la ciudad más dañada de todas, al estar construida en suelo de aluvión directamente encima de la falla tectónica. Algo más de 200.000 apartamentos o locales quedaron inutilizados en esta provincia mediterránea de 1,5 millones de habitantes, en la que se contabilizó también la mitad de los 53.000 muertos del terremoto. Analizando el contexto, la geografía y la historia se alían aquí para convertir la recuperación en un desafío casi titánico.
Por ahora, en esta provincia se han entregado 153.000 llaves, entre 133.000 viviendas, 13.000 casas de pueblo y 7.000 locales, pero el histórico centro de Antakya está aún muy lejos de ser recuperado: por su aspecto parecería incluso que recién se ha concluido la fase de desescombro. Una única calle del casco antiguo ha sido restaurada, pero no está habitada aún, y se ha reparado una mezquita del siglo XIX, mientras sigue enteramente en ruinas otra mezquita del siglo XIII, así como la gran iglesia ortodoxa de la ciudad.
En la ribera derecha del río Orontes, donde se ubicaba la parte moderna de Antakya, igualmente destruida hasta los fundamentos, la construcción ya ha avanzado mucho y gran parte de las calles aparecen reconstituidas, si bien aún no habitadas. El extenso casco histórico, que el Ministerio de Cultura y Turismo quiere reedificar fiel a su aspecto antiguo, utilizando incluso, cuando es posible, las mismas piedras, probablemente seguirá siendo aún durante años una ciudad fantasma.
¿Podrá Turquía reconciliar la urgencia de la reconstrucción con la preservación de su patrimonio histórico y la memoria de quienes ya no están?
La asimetría como espejo de las prioridades
La reconstrucción en Turquía no es solo una cuestión de cifras, sino de jerarquías implícitas. Lo que esto revela es cómo la urgencia por devolver la normalidad a las zonas menos afectadas ha dejado en segundo plano los desafíos únicos de Antakya, donde el peso histórico y la complejidad geológica exigen un enfoque distinto.
Desde una perspectiva analítica, la velocidad en provincias como Adiyaman o Gaziantep demuestra capacidad logística, pero también una priorización pragmática: allí donde el daño fue menor, los resultados son visibles. En cambio, en Antakya, la reconstrucción choca con la imposibilidad de acelerar procesos que requieren precisión arqueológica y sensibilidad cultural. La pregunta clave ahora es si este desequilibrio refleja una estrategia deliberada o las limitaciones inherentes a un desastre de esta magnitud.
Más allá de los números, lo que emerge es una tensión entre lo nuevo y lo antiguo. Mientras la parte moderna de la ciudad avanza, el casco histórico —símbolo de una identidad milenaria— sigue en ruinas. Esto plantea un dilema: ¿puede una reconstrucción ser realmente completa si ignora el alma de la ciudad?
El costo de la memoria
La lentitud en Antakya no es solo técnica, sino existencial. Reconstruir sus calles es también reconstruir su historia, y eso no se mide en apartamentos por hora. El riesgo es que, en la prisa por mostrar avances, lo que se pierda sea precisamente lo que hacía única a la ciudad: su patrimonio y su memoria colectiva.
