¿Puede un niño con un lápiz de colores sanar a una comunidad?: Los pequeños refugiados en el Líbano pintan sus miedos y esperanzas
En Baalbek-Hermel, una de las provincias más desfavorecidas del Líbano y muy afectada por la última guerra y los continuos ataques aéreos israelíes, grandes comunidades de refugiados sirios, tanto de larga duración como recién llegados, conviven con las comunidades locales. Aquí, los niños crecen con un estrés y una incertidumbre que aún no tienen los medios para expresar. A través de los dibujos, revelan cómo el trauma, la memoria y la esperanza coexisten cuando la vida cotidiana está marcada por el desplazamiento y la inseguridad.
La idea surgió de forma inesperada durante un debate comunitario en Baalbek-Hermel. Mientras los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) hablaban con familias libanesas y sirias sobre sus necesidades sanitarias, un niño se acercó tímidamente al borde de la conversación y preguntó: “¿Podemos dibujar? Solo queremos dibujar”.
En el noreste del Líbano, los niños de las comunidades de refugiados y de acogida crecen bajo una presión enorme. Los años de conflicto en Siria, el colapso económico del Líbano, las continuas operaciones militares y los ataques aéreos israelíes, y la prolongada incertidumbre han tenido graves consecuencias psicológicas, especialmente en los niños. Los trastornos del sueño, la ansiedad, el aislamiento, los cambios de comportamiento negativos y la dificultad para concentrarse son algunas de las afecciones que los equipos de salud mental de Médicos Sin Fronteras observan en los pequeños que acuden a nuestras clínicas debido a la constante inseguridad que les rodea. Muchos tienen dificultades para expresar su miedo, su dolor y su nostalgia, especialmente en entornos en los que los propios adultos están abrumados y centrados en la supervivencia y la superación del día a día.
El Líbano sigue acogiendo al mayor número de refugiados per cápita del mundo, siendo Baalbek-Hermel la provincia que alberga la mayor comunidad de refugiados del país. Además de más de un millón de refugiados sirios de larga duración y alrededor de 230.000 refugiados palestinos, el Líbano también ha recibido recientemente la llegada de unos 120.000 sirios tras la caída del Gobierno de Assad en diciembre de 2024 y la consiguiente inestabilidad, muchos de los cuales se han establecido en este enclave.
Para los niños, los sentimientos y las experiencias que no comprenden del todo suelen aflorar de forma indirecta en su forma de jugar, comportarse o en las imágenes que dibujan, más que en sus palabras. El apoyo psicosocial basado en el arte les permite expresar lo que aún no pueden nombrar.
Los equipos de MSF comenzaron a organizar sesiones regulares de dibujo y arte en sus clínicas móviles e instalaciones fijas en Hermel y Arsal. La respuesta fue inmediata: cada semana, los niños llegaban temprano y con entusiasmo, algunos traían lápices de colores de sesiones anteriores y otros pedían papel extra para llevarse a casa. Lo que comenzó como una simple actividad se convirtió rápidamente en un ritual: un espacio donde se sentían vistos, seguros y libres para imaginar.
Pero lo que comenzó como una actividad para apoyar a la comunidad se convirtió rápidamente en una revelación asombrosa. Como psicóloga, miré más allá de los dibujos en sí mismos, observando elementos recurrentes, ausentes o cambiantes a lo largo del tiempo. Estas observaciones se tuvieron en cuenta junto con otra información para orientar nuestro apoyo psicosocial. Con el tiempo, los dibujos contaron una historia.
Lo que revelan los dibujos sobre la psicología de los niños
Muchos niños dibujaron hogares en los que ya no viven. Estos hogares suelen representarse más grandes, más luminosos y con más detalles que su entorno actual. Otros dibujaron árboles, jardines, animales y cielos abiertos. Junto con las palabras de los niños, sus narraciones y el contexto más amplio de sus experiencias, estas imágenes reflejan nostalgia, pero no solo por un lugar. Reflejan un anhelo de seguridad, previsibilidad y pertenencia, sentimientos que la guerra y el desplazamiento acaban abruptamente.
En este contexto, la nostalgia no se refiere simplemente al pasado. Para los niños, tiene una función estabilizadora, ya que les ayuda a conservar un sentido de identidad en medio de la perturbación. Dibujar escenas familiares les permite reconectarse con recuerdos de cuidado, familia y estabilidad, todos estos elementos esenciales para la regulación emocional y la resiliencia.
Al mismo tiempo, otros dibujos incluían imágenes a menudo asociadas con el miedo y la hipervigilancia: drones en el cielo, hombres armados, nubes oscuras o espacios divididos. Estas imágenes solían aparecer junto a escenas pacíficas, lo que muestra cómo el trauma y la esperanza coexisten en el mundo interior de un niño. Esta dualidad es común en los niños afectados por el conflicto: no solo son víctimas del miedo, sino que también tratan activamente de dar sentido a experiencias abrumadoras e intentar integrarlas.
Un dibujo que se me quedó grabado fue el de Hamida, una niña de 13 años de Siria. Pintó una gran morera y nos contó que su padre sacudía las ramas mientras ella y sus hermanos recogían los frutos debajo. Desde el punto de vista de la salud mental, su dibujo y la historia y el contexto que lo acompañan tienen múltiples significados: la conexión con un cuidador, la memoria sensorial, el juego y la pérdida, todo este contenido en una sola imagen. Para Hamida, compartir este recuerdo en voz alta no era solo contar una historia, sino también un proceso emocional. El dibujo le permitió exteriorizar su dolor de una manera que le hacía sentir contenida y apoyada.
Hemos visto el impacto positivo de estas sesiones de dibujo. Los padres nos dicen que sus hijos duermen mejor, hablan más abiertamente o muestran menos arrebatos de comportamiento. Los cuidadores comienzan a comprender que el mal comportamiento de un niño puede estar relacionado con la angustia y no con la desobediencia. De esta manera, los niños a menudo se convierten en agentes silenciosos del cambio, remodelando la forma en que las familias piensan sobre las emociones y la salud mental.
Baalbek-Hermel es una región de impresionante belleza y resiliencia, pero también una que ha soportado años de dificultades. La gente aquí es generosa y acogedora, pero a menudo se guarda el dolor en privado. Las dificultades de salud mental siguen estando rodeadas de estigma, y muchas personas solo buscan ayuda cuando la angustia se vuelve insoportable.
A través de intervenciones de apoyo psicosocial sencillas y creativas, como el dibujo, nuestros equipos crean puntos de entrada, formas simplificadas de hablar sobre la salud mental que resultan accesibles y humanas. Estos espacios permiten tanto a los niños como a los adultos comprender que la angustia no es un fracaso personal, sino una respuesta normal a circunstancias anormales.
En Baalbek-Hermel, estos dibujos son más que imágenes en papel. Son la prueba de que, incluso tras una pérdida, los niños siguen imaginando, recordando y esperando. Y, a veces, dar un lápiz de colores a un niño no es un gesto insignificante: es el primer paso para que se le escuche y para derribar el muro que ha construido el estigma.
*Glykeria Koukouliata es responsable de actividades de salud mental con Médicos Sin Fronteras en Baalbek-Hermel, Líbano
