La vacuna del herpes zóster: prometedores ‘efectos secundarios’ contra la demencia | Salud y bienestar

Vacuna contra herpes zóster: descubren efecto bonus contra la demencia

La primavera de 2022 fue trágica para Carme Guilló. Primero una lumbre y, al recuperarse, los “pinchazos insoportables” del herpes zóster. “Aún siento en mi costado derecho, entre el pecho y la espalda, un dolor que no se marcha”, relata esta exempleada de 77 años de la Universidad de Barcelona. “Al vestir, el roce de la tela me clava como cuchillos, hasta tengo que gritar. Cuando leo tranquila, llegan descargas brutales. Solo dormía cinco horas con morfina, pero ahora me la han quitado. Mi jubilación quedó truncada; ya no creo que mejore”.

Su neuralgia postherpética es una secuela frecuente en mayores o inmunodeprimidos. La padecen más del 50% de los septuagenarios con herpes zóster, que se activa cuando el virus de la varicela reaparece tras décasos dormido.

La vacina Shingrix (GSK), aprobada por la EMA en marzo de 2018, se ha convertido en la apuesta mundial contra esta dolencia. Durante años fue cara y escasa, por lo que los países solo inmunizaron a quienes cumplían 65 años. Sin buscarlo, se creó un colosal campo de experimento: millones de mayores de la misma edad, unos vacunados y otros no, lo que permite ahora explorar un efecto secundario inesperado: ¿reduce también la demencia?

Pascal Geldsetler, epidemiólogo de Stanford, lo ha demostrado. En Nature publicó que la inyección baja la probabilidad de demencia un 20% con base de 280.000 galeses. El mes pasado repitió exactamente ese porcentaje con casi medio millón de canadienses, en The Lancet Neurology.

El experto asegura que la protección es “sustancialmente mayor que la de los fármacos actuales”, que solo palian síntomas sin evitar la enfermedad.

Aun así, el mecanismo sigue en secreto. Se barajan dos hipótesis:

  • Los virus neurotrópicos permanentes (como el de la varicela) podrían impulsar el deterioro cognitivo.
  • Las vacunas generan efectos beneficiosos generales sobre la inmunidad más allá de la respuesta específica.

Aunque los datos son contundentes, los comités de recomendación actúan con prudencia. Alberto Ascherio, de Harvard, avisa: “Sería prematuro cambiar indicaciones; el beneficio parece limitado en el tiempo y no sabemos cómo influye la edad ni la eficacia frente al alzhéimer”.

La propia EMA debería aprobar nuevo uso y, mientras, las comunidades autónomas confían en que la noticia motive al público. “Aumentará la aceptación”, esperan Galicia, Aragón y Murcia.

Las coberturas actuales son mejorables. La mayoría de regiones vacunan a los 65 y a los 80 años (riesgo e inmunodeprimidos además), pero hay matices: Andalucía solo a los 65, Navarra a los 75 en lugar de 80, Cataluña añade los 90 y Madrid a todo el rango 65-80 si lo pide el paciente.

Madrid lidera con 59% y 56% en los nacidos en 1942 y 1957. El resto oscila entre 35% y 50%.

Las razones del lento ascenso:

  • La vacunación adulta percibe menor riesgo que la infantil.
  • El coste: 240 euros por persona (dos dosis) para más de 10 millones de mayores de 65 años.
  • La llegada gradual por año de nacimiento confunde al público.

Jaime Pérez, de la AEV, resume: “Vacunar a 330.000 niños anuales no es lo mismo que a millones de mayores; el presupuesto público se resiente”.

Javier Camiña, de la SEN, recuerda el valor de evitar casos como el de Carme Guilló: “La neuralgia es un dolor electrico, quemante, crónico y devastador. En mayores o inmunodeprimidos la vacuna es una estrategia clave para proteger su calidad de vida”.

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