Colombia: el 52% de niñas en STEM choca con el 25% de mujeres en TI
El interés no garantiza el empleo. Colombia celebra el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia con una paradoja: el 52% de las niñas participan en STEM, pero solo el 25% de los empleos en TI son ocupados por mujeres.
La disparidad entre interés y empleo
La contradicción es clara: más de la mitad de las niñas colombianas muestran un interés activo por la ciencia, la tecnología y la innovación, según datos de Fedesoft. Sin embargo, esta curiosidad inicial no se materializa en una presencia equitativa en el mercado laboral tecnológico.
La brecha se hace evidente en el sector de Tecnologías de la Información, donde solo el 25% de los profesionales son mujeres, dejando el 75% restante en manos de hombres. Esta asimetría no solo refleja una pérdida de talento, sino también un desafío estructural para la equidad de género en el país.
El Estudio de Salarios del Sector Software y TI 2025, realizado por Fedesoft y Cenisoft con datos de 152 empresas, desglosa aún más esta realidad: de 9.253 profesionales, apenas 2.474 son mujeres (26%). De ellas, el 48% se desempeña en desarrollo de software y el 27% en soporte y atención al cliente. Lo que esto revela es que, incluso cuando las mujeres logran insertarse en el sector, su distribución no es homogénea, concentrándose en áreas específicas.
Desde una perspectiva analítica, esta disparidad sugiere que el problema no radica en la falta de interés o capacidad, sino en barreras invisibles que frenan el avance femenino en etapas críticas: la transición de la educación básica a la superior y, posterior, al mercado laboral.
Escasez de talento digital y sus implicaciones
Colombia enfrenta un desafío doble: por un lado, una creciente demanda de profesionales en tecnología; por otro, una brecha de género que limita el potencial de su fuerza laboral. Para 2026, se proyecta un déficit de 85.453 especialistas entre la oferta y la demanda, cifra que podría escalar a 89.554 para 2030.
Fedesoft advierte que la brecha de género no nace en la infancia. Las niñas no solo participan, sino que demuestran habilidades destacadas en disciplinas STEM. El quiebre, entonces, ocurre en la transición a la educación formal y se profundiza al ingresar al mundo laboral. Esto plantea una pregunta clave: ¿qué factores sistemáticos están impidiendo que el interés inicial se traduzca en una carrera profesional sostenible?
La respuesta podría estar en estereotipos culturales, falta de modelos femeninos en puestos de liderazgo o incluso en políticas educativas que no fomentan la permanencia de las mujeres en estas áreas. Más allá de los datos, lo que emerge es la urgencia de actuar en múltiples frentes para cerrar esta brecha.
Participación femenina en competencias STEM: un rayo de esperanza
A pesar de los obstáculos, las niñas colombianas han demostrado un desempeño notable en competencias clave. Durante los últimos cuatro años, han sido mayoría en la prueba Bebras, que evalúa pensamiento computacional en estudiantes de colegios públicos y privados.
Los números hablan por sí solos:
- 2022: 55% de 5.191 participantes fueron niñas
- 2023: 56% de más de 11.000 estudiantes
- 2024 y 2025: participación superior al 51%
Colombia: el 52%: En el Concurso Nacional de Programación 2025, las niñas representaron cerca del 40% de los 629 participantes, mientras que el 60% correspondió a varones y se registraron cuatro estudiantes no binarios. Estos resultados no solo confirman el interés femenino, sino también su capacidad para competir en igualdad de condiciones en áreas técnicas.
En el Concurso Nacional de Programación 2025, las niñas representaron cerca del 40% de los 629 participantes, mientras que el 60% correspondió a varones y se registraron cuatro estudiantes no binarios. Estos resultados no solo confirman el interés femenino, sino también su capacidad para competir en igualdad de condiciones en áreas técnicas.
Analizando el contexto, estos datos desmienten el mito de que las mujeres carecen de aptitudes para las disciplinas STEM. La pregunta ahora es: si el interés y el talento están ahí, ¿por qué no se reflejan en las aulas universitarias y en el mercado laboral?
Educación superior: el eslabón perdido
El declive en la participación femenina se acentúa en los niveles educativos superiores. Según el Estudio de Empleabilidad y Talento Digital (Cenisoft y MinTIC, 2024), las mujeres representan apenas:
- 26% de los graduados en formación técnica profesional en TI
- 27% en programas tecnológicos
- 17% en carreras universitarias relacionadas con tecnología
Estas cifras revelan que, aunque el interés inicial es alto, las barreras se multiplican a medida que las mujeres avanzan en su trayectoria académica. ¿Son los estereotipos de género, la falta de mentorías o la percepción de que estas carreras son “para hombres” los responsables de este abandono progresivo?
Ximena Duque, presidente ejecutiva de Fedesoft, lo resume con claridad: “Hoy necesitamos entender qué es lo que las detiene en sus diferentes fases de crecimiento profesional y personal y generar incentivos para que este porcentaje de participación pueda ser mayor en el corto y mediano plazo”.
Su advertencia es contundente: “Colombia tiene un déficit creciente de talento digital. Si no logramos que más mujeres transiten hacia carreras tecnológicas y permanezcan en el sector, estaremos limitando nuestra capacidad de innovación y crecimiento”. Desde una perspectiva estratégica, esto no es solo un tema de equidad, sino de competitividad nacional.
Iniciativas que marcan el camino
No todo son malas noticias. Desde hace más de dos décadas, el programa L”Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” ha trabajado para visibilizar y apoyar a investigadoras destacadas a nivel global. Su impacto es innegable: el 95% de las más de 3.000 científicas premiadas a nivel mundial afirma que este reconocimiento aumentó su visibilidad profesional y favoreció su desarrollo de carrera.
En la edición 2025, la argentina María Teresa Dova, investigadora de CONICET, fue galardonada por sus aportes en física de altas energías y el estudio del Bosón de Higgs, representando a América Latina y el Caribe. Iniciativas como esta demuestran que, con el apoyo adecuado, las mujeres pueden alcanzar los más altos niveles en la ciencia.
Lo que esto revela es que el cambio es posible, pero requiere de acciones concretas y sostenidas. La pregunta clave ahora es: ¿cómo escalar estas iniciativas para que su impacto llegue a todas las mujeres, en todas las etapas de su formación y carrera profesional?
El futuro de la innovación en Colombia depende, en gran medida, de la capacidad del país para cerrar esta brecha. No se trata solo de justicia social, sino de aprovechar al máximo el potencial de la mitad de su población.
El efecto dominó de las barreras invisibles
La paradoja colombiana no es solo una cuestión de números, sino de dinámicas sistémicas que operan en cadena. El interés inicial de las niñas en STEM choca con obstáculos que se activan en momentos clave: la elección de carrera, la permanencia en la formación superior y, finalmente, la inserción laboral.
Lo que esto revela es que el problema no es la falta de talento, sino la acumulación de filtros culturales, educativos y organizacionales. La concentración de mujeres en desarrollo de software y soporte —y no en roles de liderazgo o áreas técnicas más especializadas— sugiere que, incluso cuando logran entrar al sector, enfrentan techos de cristal que limitan su ascenso. La pregunta clave ahora es si estas barreras son conscientes o el resultado de sesgos internalizados en la estructura misma del mercado.
Desde una perspectiva estratégica, la brecha no solo perjudica a las mujeres, sino al país en su conjunto. Colombia necesita ese 52% de niñas interesadas en STEM para cubrir el déficit proyectado de talento digital. Sin embargo, el sistema actual parece diseñado para desanimarlas en el camino: desde la falta de referentes femeninos hasta entornos académicos o laborales que no siempre son inclusivos.
La encrucijada: ¿equidad o competitividad?
El verdadero dilema no es elegir entre uno u otro, sino entender que son dos caras de la misma moneda. Si Colombia no logra retener a las mujeres en carreras tecnológicas, no solo fallará en equidad, sino que perderá una ventaja competitiva crítica en un mundo donde la innovación define el futuro. La solución, entonces, no está en más iniciativas puntuales, sino en transformar los ecosistemas educativos y laborales para que el interés inicial no se diluya, sino que se potencie.
