Sangre de cordón umbilical: la esperanza para prematuros con anemia
Un avance que redefine el tratamiento neonatal. La sangre de cordón umbilical, tradicionalmente usada en trasplantes, abre ahora una puerta para tratar la anemia en bebés extremadamente prematuros.
El cordón umbilical, ese vínculo vital durante el embarazo, sigue demostrando su valor más allá del parto. Su sangre, rica en células madre, ya se emplea en trasplantes para tumores hematológicos o enfermedades congénitas, y se investiga su potencial en regeneración de tejidos o tratamiento de úlceras complejas. Pero ahora, un estudio del Hospital Clínic de Barcelona revela un nuevo horizonte: su uso para combatir la anemia en bebés nacidos antes de las 28 semanas de gestación, reduciendo complicaciones pulmonares y oculares asociadas a la prematuridad.
La prematuridad extrema deja al organismo del bebé en un estado de inmadurez que lo hace especialmente vulnerable. La anemia es frecuente en estos casos, ya que sus células, aún inmaduras, tienen dificultades para producir glóbulos rojos, esenciales para transportar oxígeno. Aunque los médicos intentan corregirla con hierro, medicamentos o minimizando extracciones de sangre, a menudo estas medidas no son suficientes, y las transfusiones se vuelven necesarias.
El desafío de las transfusiones tradicionales
Hasta ahora, las transfusiones en prematuros se realizaban con sangre de donantes adultos, pero este enfoque no está exento de riesgos. El perfil sanguíneo de un adulto difiere significativamente del de un bebé prematuro, lo que puede generar complicaciones. Inspirados por investigaciones italianas que exploraban el uso de sangre de cordón para evitar estos problemas, los médicos del Clínic iniciaron un estudio para evaluar los beneficios de los glóbulos rojos procedentes del cordón umbilical.
La sangre de cordón tiene una característica única: su hemoglobina, la molécula encargada de transportar oxígeno, es distinta a la de los adultos. Según Miquel Alsina, neonatólogo del Clínic y autor del estudio, esta hemoglobina transporta menos oxígeno, lo que evita cambios bruscos en el perfil sanguíneo del bebé. “Si usamos sangre adulta, administramos oxígeno de forma muy rápida a los tejidos, y eso puede ser nocivo”, explica. Este fenómeno, conocido como hiperoxia, puede derivar en complicaciones graves, como problemas pulmonares o retinopatía.
Resultados prometedores y futuro incierto
Los estudios italianos ya han demostrado que el uso de sangre de cordón reduce drásticamente el riesgo de retinopatía, pasando de un porcentaje significativo a cero. Alsina subraya que el objetivo es “demostrar que cambia el desenlace a largo plazo de los pacientes”. En el ensayo del Clínic, 41 bebés prematuros participaron, y 13 recibieron transfusiones de sangre de cordón. Aunque los resultados son alentadores, todas las transfusiones se han realizado en el marco de un ensayo clínico, y el tratamiento estándar sigue siendo el uso de sangre de adultos.
Sin embargo, el centro ya ha anunciado que continuará investigando esta vía, ampliando el estudio a otros seis hospitales. La pregunta clave ahora es si este avance podrá consolidarse como una alternativa segura y efectiva en la práctica clínica habitual.
La donación de cordón, en declive
El Clínic y el Banco de Sangre y Tejidos de Cataluña (BST) buscan que sus hallazgos impulsen la donación de sangre de cordón, cuya caída en la última década es alarmante. Según datos del BST, las donaciones pasaron de casi 6.000 en 2016 a menos de 2.000 desde 2020. En 2025, la meta era alcanzar las 1.500, pero apenas se superaron las 1.200. Jesús Fernández, director del Banco de Cordón del BST, atribuye este descenso a múltiples factores: la baja natalidad, el desconocimiento y la sobrecarga en las maternidades.
La proliferación de bancos privados, que almacenan sangre de cordón para uso personal, también ha influido. Fernández recuerda que la evidencia científica no respalda estas prácticas, ya que la probabilidad de que una familia necesite la sangre de cordón de su propio bebé es mínima. Además, en el caso de los prematuros, Miquel Alsina aclara que no es viable usar la sangre del propio cordón, pues el volumen disponible en la placenta es insuficiente para una transfusión.
Un testimonio de esperanza
Elisabet Rotela y Sílvia Buenestado son las madres de Eira, una de las niñas prematuras que se benefició de una donación de sangre de cordón para tratar su anemia. “A las 25 semanas de embarazo tuvimos una cesárea de urgencia. El mundo se nos paró”, relata Buenestado. Tras 79 días en cuidados intensivos, Eira recibió la transfusión que necesitaba. “Estamos muy agradecidas a la madre que donó su sangre. Eira ahora tiene 17 meses y está perfecta”, concluye Rotela.
Desde una perspectiva analítica, este caso no solo ilustra el impacto concreto de la investigación, sino que también subraya la importancia de la donación altruista. Lo que esto revela es que, más allá de los avances técnicos, el verdadero motor del cambio sigue siendo la solidaridad. La pregunta clave ahora es cómo logramos, como sociedad, revertir el declive en las donaciones para que más bebés como Eira tengan acceso a estas oportunidades.
El impacto sistémico de un cambio de paradigma neonatal
Más allá del avance técnico, lo que emerge es un posible punto de inflexión en el manejo de la prematuridad extrema. La sangre de cordón no solo resuelve un problema clínico concreto, sino que redefine el enfoque terapéutico al priorizar la compatibilidad fisiológica sobre la disponibilidad inmediata.
Desde una perspectiva analítica, el uso de hemoglobina fetal evita el riesgo de hiperoxia, pero también plantea un desafío logístico: la necesidad de bancos de cordón robustos y accesibles. Lo que esto revela es que la viabilidad del tratamiento depende tanto de la evidencia científica como de la infraestructura de donación. La caída en las donaciones, mencionada en el artículo, no es solo un dato estadístico, sino un obstáculo estructural que podría limitar la escalabilidad de este avance.
La diferencia clave entre la sangre de cordón y la de adulto no es solo bioquímica, sino estratégica: permite tratar a los prematuros sin exponerlos a los efectos secundarios de un perfil sanguíneo incompatible. Esto abre la puerta a repensar otros protocolos neonatales donde la compatibilidad sea crítica.
La encrucijada ética y operativa
¿Cómo conciliar la urgencia clínica con la dependencia de un sistema de donación en declive? La respuesta no está solo en la ciencia, sino en la capacidad de movilizar recursos y conciencias para que la solidaridad no sea el eslabón más débil de la cadena.
