Víctor Font desafía a Laporta: elecciones como plebiscito para el Barça
¿Un plebiscito o una batalla por el alma del Barça? Víctor Font ha lanzado su candidatura con un mensaje claro: las elecciones del 15 de marzo no son solo un proceso interno, sino un referéndum sobre el futuro del club.
El empresario, líder de la plataforma Nosaltres y rival de Joan Laporta en pasados comicios, ha presentado su proyecto en una rueda de prensa donde ha definido la contienda como una elección entre “el Barça o el modelo caduco que representa Laporta”. Para Font, la situación actual no es cuestión de opiniones: “los datos son los que son”, y estos dibujan un club con una gestión económica deficiente y una crisis de conexión con su afición.
Un proyecto con peso histórico y económico
Acompañado por figuras como Gemma Amat —hija de uno de los fundadores de La Masia—, Carles Urdiales (presidente de Seguiment FCB) y Jaume Guardiola (exresponsable económico bajo Laporta), Font ha subrayado la necesidad de transitar “del yo al nosotros”. No descarta una candidatura unitaria con otros aspirantes como Marc Ciria o Xavier Vilajoana, aunque su prioridad es clara: “que haya dos papeletas” para simplificar la decisión de los socios. Incluso ha propuesto celebrar las elecciones en día de partido, limitando la venta de entradas a no socios para “fomentar la participación”.
Desde una perspectiva analítica, esta estrategia refleja una apuesta por la movilización masiva, pero también una crítica implícita a la percepción de que el actual modelo ha alejado a la base social. La pregunta clave ahora es si los socios verán en Font una alternativa real o solo un discurso de oposición.
Reconciliación con Messi y el futuro deportivo
En el plano deportivo, Font ha dejado claro que Hansi Flick es su “prioridad absoluta”, elogia su profesionalidad y vincula su satisfacción al éxito del equipo. Sobre Xavi, su postura es contundente: “Él no quiere volver al club, se ha sentido engañado”. Pero donde su propuesta adquiere un simbolismo especial es en su promesa de reconciliación con Leo Messi. “Lo primero que haría sería llamarle para rehacer puentes con él y con otras leyendas”, ha declarado.
Lo que esto revela es un intento de capitalizar el descontento generado por la salida del astro argentino, pero también una señal de que el proyecto de Font busca restaurar la conexión emocional del club con sus ídolos. Más allá de los nombres, su crítica a los problemas con las inscripciones (“lo del 1:1 parece que son los padres”) y la distancia entre directiva y socios apunta a una fractura institucional que, según él, es histórica: “Nunca los dirigentes habían estado tan separados de los socios”.
Opacidad, comisiones y el caso ISL: el talón de Aquiles de Laporta
Font no ha dudado en acusar a la directiva de Laporta de “opacidad y engaño”, citando casos concretos como el de Messi, Xavi o Koeman, pero también escándalos financieros. “Se han pagado decenas de millones en comisiones y con compañeros de viaje cuestionados”, ha denunciado, remitiendo al caso ISL, donde, según su versión, “350.000 euros fueron a una cuenta de directivos, y dos meses después, ISL intermediario en dos partidos en USA, ingresó lo mismo que había salido de esa cuenta”.
Analizando el contexto, estas acusaciones no son nuevas, pero adquieren mayor peso en un momento en que el club enfrenta presiones judiciales y mediáticas. La pregunta que subyace es si los socios priorizarán la estabilidad o la transparencia en un contexto de crisis económica.
Deuda, palancas y decisiones cuestionables: el legado económico
Jaume Guardiola, responsable económico de Nosaltres, ha desglosado cifras contundentes: 230 millones de pérdidas pese a los más de 800 millones obtenidos mediante las palancas, y una deuda que, lejos de reducirse, se ha mantenido en torno a los 900 millones. “La deuda no ha bajado: pasó de 300 a 900 millones en el mandato anterior y sigue igual”, ha explicado.
Pero las críticas van más allá de los números. Guardiola ha cuestionado la cesión de los activos audiovisuales de Barça Visión —“regalados”, en su opinión—, los 50 millones de comisión a Darren Dein por la renovación con Nike, y, sobre todo, la elección de la constructora turca Limak para el Spotify Camp Nou. “No cumplía requisitos: no había hecho obras en Europa, el presupuesto era de 960 millones, con plazos y compensaciones incumplidos”, ha enumerado, tachando el caso de “para analizar en escuelas de negocios”.
Carles Urdiales y Gemma Amat han completado el diagnóstico: el primero ha alertado de que “la parte social está peor que la económica”, con socios que “se sienten cada vez más lejos del club”; la segunda ha hablado de una “crisis social y de valores”, con peñas, grada de animación y afición territorial “abandonadas”.
Lo que emerge de este análisis es un retrato de un Barça en encrucijada: ¿puede un club con una deuda estratosférica y una base social descontenta permitirse el lujo de la división interna? La respuesta de Font es clara: el modelo actual ha fracasado, y el futuro pasa por la transparencia y la reconciliación. Pero el tiempo dirá si los socios comparten esa visión.
El plebiscito como herramienta de legitimidad política
La estrategia de Font de convertir las elecciones en un plebiscito no es solo una táctica electoral, sino un intento de redefinir el marco del debate: ya no se trata de elegir entre candidatos, sino entre visiones antagónicas del club.
Desde una perspectiva analítica, este enfoque busca forzar a Laporta a defender su gestión no como un conjunto de decisiones puntuales, sino como un modelo coherente. Lo que esto revela es que Font entiende que su mayor ventaja no está en sus propuestas concretas, sino en la capacidad de enmarcar la contienda como una lucha entre el pasado y el futuro. La pregunta clave ahora es si los socios percibirán esta dicotomía como real o como un recurso retórico.
Más allá de los hechos, lo que emerge es una apuesta por la polarización controlada. Font no solo critica la gestión económica o deportiva, sino que vincula ambos aspectos a una crisis de identidad: el Barça, según su narrativa, ha perdido su esencia al priorizar lo inmediato sobre lo estructural. La reconciliación con Messi o la crítica a las palancas no son solo propuestas, sino símbolos de un discurso que busca conectar con el descontento emocional de la afición.
La paradoja de la unidad en la división
El llamado a la candidatura unitaria, mientras se insiste en la necesidad de solo dos papeletas, refleja una paradoja: Font necesita la fragmentación de sus rivales para presentarse como la opción de la unidad. ¿Logrará convertir el descontento en un proyecto cohesionado, o la propia dinámica electoral profundizará las divisiones que denuncia?
