Policia del Atlantico incauta 22 kg de marihuana en taxi con historial delictivo
Un cargamento millonario en el maletero. Dos hombres con antecedentes por terrorismo y narcotráfico fueron capturados en flagrancia al transportar 22 kilos de marihuana en un taxi de servicio público, en un operativo que expone las rutas del microtráfico en el Atlántico.
El procedimiento ocurrió en la rotonda de Santo Tomás, un punto estratégico en la variante que conecta este municipio con Palmar de Varela. Agentes de la estación local detuvieron un taxi Suzuki (placas KPO-689) durante un control vial rutinario. Lo que comenzó como una inspección de tránsito derivó en el hallazgo de un alijo valorado en millones: 26 paquetes de marihuana, con un peso total de 22.109 gramos.

El decomiso reveló una logística de ocultamiento: cuatro paquetes envueltos en sobres de papel manila —técnica común para evadir detectores caninos— y 22 bolsas plásticas herméticas, diseñadas para preservar la droga y dificultar su rastreo olfativo. Este método refleja la adaptación de los narcotraficantes a los controles policiales en zonas de alta vigilancia, como el departamento del Atlántico, donde la ruta Palmar de Varela-Santo Tomás es conocida por su uso en el transporte ilícito de estupefacientes hacia centros urbanos.
Antecedentes que escalan: de hurto a terrorismo
La verificación de identidades arrojó un dato alarmante: ambos detenidos —de 22 y 27 años— acumulan ocho registros en el Sistema Penal Oral Acusatorio (SPOA). Sus historiales incluyen delitos de alto impacto como:
- Terrorismo, vinculado a acciones que amenazan la seguridad nacional;
- Secuestro simple, con posibles conexiones a bandas criminales;
- Hurto, en modalidades que sugieren operación en redes organizadas;
- Tráfico de estupefacientes, confirmando su participación recurrente en este mercado ilícito.
Policia del Atlantico: Este perfil delictivo diversificado sugiere que los capturados podrían ser eslabones de estructuras criminales mayores, donde el narcotráfico se entrelaza con otras economías ilegales. La Fiscalía General de la Nación asumirá ahora la investigación para determinar si operaban bajo órdenes de un cartel o como independientes en la cadena de distribución.
Este perfil delictivo diversificado sugiere que los capturados podrían ser eslabones de estructuras criminales mayores, donde el narcotráfico se entrelaza con otras economías ilegales. La Fiscalía General de la Nación asumirá ahora la investigación para determinar si operaban bajo órdenes de un cartel o como independientes en la cadena de distribución.

El Coronel Eddy Javier Sánchez Sandoval, comandante de la Policía Atlántico, resaltó que este operativo es resultado de la inteligencia policial combinada con denuncias ciudadanas. “La colaboración de la comunidad es vital para desarticular estas redes”, declaró, recordando que la línea 123 garantiza anonimato a los informantes. El caso, sin embargo, plantea una pregunta incómoda: ¿cómo logran individuos con historiales tan extensos seguir operando en el transporte público sin ser detectados antes?
Mientras las autoridades analizan posibles fallas en los sistemas de monitoreo, este decomiso reabre el debate sobre la eficacia de los controles viales como barrera contra el narcotráfico en regiones donde la droga viaja camuflada entre la cotidianidad.
La ruta Palmar de Varela-Santo Tomás: epicentro del microtráfico en el Caribe colombiano
El decomiso de 22 kg de marihuana en la rotonda de Santo Tomás no es un hecho aislado, sino un eslabón más en la cadena logística que convierte a esta vía en un corredor crítico para el narcotráfico hacia Barranquilla y otros centros urbanos. Esta ruta, de apenas 30 kilómetros, ha sido identificada en informes de la Policía Antinarcóticos como una de las tres más activas en el departamento del Atlántico para el transporte de estupefacientes, junto con las conexiones a Soledad y Malambo.
Históricamente, esta zona ha sido explotada por su proximidad al río Magdalena —usado para el contrabando fluvial— y su conexión con la Troncal del Caribe, que facilita la distribución hacia el interior del país. Según datos de la Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional, entre 2020 y 2023, se incautaron más de 12 toneladas de marihuana solo en operativos viales en este eje, con un patrón recurrente: el 78% de los cargamentos viajaban en vehículos de servicio público (taxis, buses y motos), camuflados entre pasajeros o mercancías legales. El uso de taxis —como el Suzuki (placas KPO-689) intervenido— es especialmente frecuente por su bajo perfil y la dificultad para rastrear rutas improvisadas.
El método de empaque encontrado —sobres de papel manila y bolsas herméticas— coincide con técnicas documentadas en operativos previos, como el realizado en julio de 2022, donde se decomisaron 18 kg de marihuana en un bus intermunicipal con un sistema idéntico de ocultamiento. Esto evidencia una adaptación táctica de las redes: mientras las autoridades refuerzan controles con perros detectores, los narcotraficantes optan por materiales que neutralizan olores durante trayectos cortos.
El desafío invisible: ¿Cómo operan las redes con impunidad?
La captura de individuos con ocho registros penales —incluyendo terrorismo— plantea una pregunta clave: ¿por qué estructuras criminales arriesgan eslabones con historiales tan expuestos? La respuesta podría estar en la rotación de roles: según análisis de la Fiscalía, las organizaciones suelen emplear a estos perfiles en operaciones de bajo nivel logístico (transporte terrestre), reservando a miembros sin antecedentes para etapas más críticas, como la distribución final. Esto explica por qué, pese a los operativos, el flujo de droga persiste: las redes sacrifican piezas prescindibles para proteger su núcleo. El próximo paso será rastrear si el taxi intervenido tenía vínculos con talleres mecánicos clandestinos, usados para modificar compartimentos y evadir inspecciones.
