Griezmann salva al Atlético con un golazo en Riazor y lo clasifica a cuartos
Un rayo de luz en la oscuridad. El Atlético de Madrid avanzó a cuartos de final de la Copa del Rey con un triunfo agónico (0-1) ante el Deportivo de La Coruña, gracias a un golazo de Griezmann que enmascaró una noche gris para los colchoneros.
El Estadio Abanca Riazor fue testigo de un partido donde el conjunto rojiblanco, pese a dominar en tramos, careció de claridad en el último pase. Julián Álvarez, con un cabezazo en el minuto 3 tras centro de Griezmann, avisó de las intenciones visitantes, pero el guardameta local, Germán Parreño, no pasó apuros. El Atlético insistió: Álex Baena, en una jugada de banda a banda, asistió a Matteo Ruggeri, cuyo derechazo se estrelló en el poste. Sin embargo, la falta de ritmo en la creación —con Llorente y Cardoso como únicos faros en el centro del campo— comenzó a notarse.
La ausencia de piezas clave como Pablo Barrios (lesionado), Koke Resurrección (fuera de convocatoria), Conor Gallagher y Giacomo Raspadori (a punto de abandonar el club) limitó las opciones de Simeone. El Deportivo, consciente de las carencias rivales, creció: David Mella desbordó por la derecha y su centro encontró a Zaka Eddahchouri, cuyo cabezazo obligó a Musso a una intervención decisiva. El Atleti respondió con cuatro ocasiones en los minutos previos al descanso: un disparo de Álvarez al lateral de la red, un remate forzado del propio ‘Araña’ tras pase de Griezmann, un zurdazo del francés atajado en dos tiempos por Parreño y, por último, otro zurdazo de Griezmann que besó el larguero.
El cambio que lo transformó todo
Tras el descanso, el Deportivo siguió incomodando con un remate de Eddahchouri que Musso desvió con el pecho. Simeone, consciente de la necesidad de oxígeno, movió el banquillo en el minuto 58: entraron Thiago Almada y Alexander Sorloth por Baena y Julián Álvarez. La sociedad entre el ’11’ y el ‘9’ fue letal. En menos de tres minutos, su combinación generó una falta en la frontal del área que Griezmann transformó en gol con un zurdazo imparable a la escuadra (minuto 61). El ‘Principito’ lo celebró levantando el brazalete de capitán, como símbolo de un liderazgo que, en esta noche, salvó al equipo.
El Deportivo reaccionó. Antonio Hidalgo introdujo a Yeremay Hernández, la joya del Polvorín, y el partido se animó. El joven extremo esquivó a Hancko por la derecha y su centro al área casi lo remata Mulattieri, pero la melena de Llorente —en un despeje *in extremis*— evitó el empate. En el córner posterior, el italiano cabeceó alto, sin peligro. Simeone, previendo un posible alargue, dio entrada a Giuliano Simeone por Josema Giménez en el 84 para reforzar la defensa y buscar contragolpes.
El Atleti, con Almada como director de orquesta, tuvo una contra clara: el argentino asistió a Griezmann, pero Parreño salió a ras de suelo para cortar el peligro. El partido se cerraría con siete minutos de descuento —en contraste con la inexistente prolongación del primer tiempo— y los de Simeone aguantaron el tipo. La clasificación a cuartos, aunque justa por el resultado, deja al descubierto las carencias de un equipo que, en Liga y Supercopa, no está rindiendo al nivel esperado.
Lo que esconde el triunfo
Desde una perspectiva analítica, este partido refleja la dualidad del Atlético actual: un equipo con recursos individuales —Griezmann, Almada— capaces de decidir partidos, pero con una dinámica colectiva que flaquea. La dependencia de momentos de inspiración, más que de un juego estructurado, es una señal de alerta. La pregunta clave ahora es si Simeone podrá reconstruir la solidez defensiva y la efectividad ofensiva que caracterizaron a sus mejores equipos, o si esta Copa del Rey será el único consuelo en una temporada irregular.
¿Bastará el talento de Griezmann para tapar las grietas de un proyecto que parece en transición?
El liderazgo como antídoto contra la irregularidad
Más allá del gol, lo que emerge es la capacidad de Griezmann para asumir el peso del equipo en momentos críticos. Su papel como capitán no se limita a lo simbólico: en un partido donde el Atlético careció de fluidez, su intervención decisiva demostró que el liderazgo puede compensar, temporalmente, las carencias colectivas.
La entrada de Almada y Sorloth en el minuto 58 no solo inyectó frescura, sino que expuso una dinámica reveladora: el equipo funciona mejor cuando hay jugadores capaces de desequilibrar desde la creación. La combinación entre ambos generó la falta que Griezmann convirtió, pero también evidenció que el Atlético necesita más de estos perfiles para evitar depender de la inspiración individual.
La reacción del Deportivo tras el gol, con Yeremay Hernández como amenaza constante, puso a prueba la solidez defensiva de un equipo que, en otros tiempos, habría cerrado el partido con mayor autoridad. Que el empate se evitara por un despeje *in extremis* de Llorente subraya una verdad incómoda: la irregularidad actual no es casual, sino el reflejo de un bloque que aún no ha encontrado su equilibrio.
La pregunta clave
¿Podrá Simeone reconstruir la identidad de un equipo que, pese a tener piezas de alto nivel, parece haber perdido la capacidad de dominar partidos con solvencia? La Copa del Rey ofrece un respiro, pero la Liga y la Supercopa exigen respuestas más contundentes.
