Servidores con GPUs NVIDIA en el centro de datos Colossus 1 de SpaceX, clave para el acuerdo con Google en IA

Google desembolsará $920M mensuales a SpaceX por GPUs: la guerra del cómputo en la era IA

La inteligencia artificial tiene un precio: $30,000 millones en tres años. Google acaba de firmar el cheque más grande de su historia por capacidad de cómputo, un acuerdo que revela la desesperación silenciosa de las big tech por no quedarse atrás en la carrera de la IA. No es una inversión en cohetes ni en satélites, sino en 110,000 GPUs de NVIDIA —el nuevo oro digital— que SpaceX alquilará como “capacidad puente” mientras el gigante de Mountain View construye su propia infraestructura.

El acuerdo que redefine la geopolítica tecnológica

El contrato, revelado en documentos regulatorios y confirmado por TechCrunch, estipula pagos de $920 millones mensuales desde octubre de 2026 hasta junio de 2029. La cifra total —cerca de $30,000 millones— supera el PIB anual de países como Paraguay o Uruguay. Pero el detalle más revelador no es el monto, sino el qué se compra: acceso exclusivo a un superclúster de hardware dentro de Colossus 1, el centro de datos de SpaceX en Austin, Texas.

SpaceX ya había cerrado un trato similar con Anthropic en mayo, pero con una diferencia clave: Google pagará por la mitad de la capacidad que la startup de IA. Esto no es casualidad. Mientras Anthropic busca entrenar modelos desde cero, Google necesita escalar servicios existentes, como Gemini Enterprise y su plataforma de agentes autónomos, cuya demanda ha crecido un 400% en el último año, según fuentes internas citadas en el informe.

El acuerdo incluye no solo GPUs, sino también CPUs de alto rendimiento, memoria ultraveloz y sistemas de refrigeración líquida, un combo que SpaceX ha perfeccionado para sus propias necesidades de simulación de cohetes y ahora monetiza. Lo irónico: Google, que en 2019 vendió su división de robots a SoftBank, hoy depende de la infraestructura de una empresa aeroespacial para mantener su liderazgo en IA.

¿Por qué Google paga una fortuna por algo “temporal”?

La respuesta está en dos palabras: cuello de botella. Google admitió en su último informe trimestral que el crecimiento de sus productos de IA se está viendo limitado por la disponibilidad de chips. Aunque la compañía ha invertido $180,000 millones en capital este año —un récord histórico—, construir centros de datos propios lleva entre 18 y 24 meses. El acuerdo con SpaceX es, en palabras de un ejecutivo anónimo, “un parche de lujo” para ganar tiempo.

Hay un segundo motivo, menos obvio pero más estratégico: diversificación de riesgos. Google ya sufrió en 2023 cuando NVIDIA priorizó los envíos de sus chips H100 a Microsoft y Meta. Ahora, al distribuir su dependencia entre proveedores (incluyendo a SpaceX, AWS y Oracle), reduce la exposición a posibles crisis de suministro. “No queremos repetir el error de depender de un solo actor”, declaró Sundar Pichai en una reunión interna filtrada a The Information.

El contrato también tiene un componente financiero clave para SpaceX. Con su salida a bolsa en Nasdaq prevista para 2025 y una valoración objetivo de $1.75 billones, la empresa de Elon Musk necesita demostrar ingresos recurrentes. Los $30,000 millones de Google no solo son un respiro, sino un aval de solvencia para los inversores: si el cómputo es tan valioso para un gigante como Google, ¿cuánto valdrá cuando la IA domine todos los sectores?

La infraestructura como nuevo petróleo: quién gana y quién pierde

Este acuerdo es la confirmación definitiva de que la guerra de la IA ya no se libra en los algoritmos, sino en la capacidad de procesamiento. Un informe de Gartner estima que para 2026, el 60% del gasto en cloud de las empresas Fortune 500 será para IA, y el 80% de ese gasto se destinará a infraestructura, no a desarrollo de modelos. Google, que en 2020 lideraba el mercado de IA con un 35% de cuota, hoy compite codo con codo con Microsoft (32%) y Meta (20%).

El problema es que, a diferencia del petróleo, los chips no se agotan: se quedan obsoletos. NVIDIA lanza una nueva generación de GPUs cada 18 meses, y cada salto tecnológico hace que la infraestructura anterior pierda un 30% de su valor. Esto explica por qué Google prefiere alquilar en lugar de comprar: en tres años, las GPUs que hoy son top podrían ser relegadas a tareas secundarias.

SpaceX, por su parte, se consolida como un actor inesperado en este tablero. Su ventaja no es solo técnica, sino energética: sus centros de datos usan sistemas de refrigeración por inmersión que consumen un 40% menos de electricidad que los tradicionales, un detalle crucial cuando el entrenamiento de un modelo como Gemini puede requerir hasta 100 megavatios —el equivalente al consumo de 80,000 hogares estadounidenses.

El elefante en la habitación: ¿y si la burbuja estalla?

Hay un riesgo que nadie menciona abiertamente: ¿qué pasa si la demanda de IA no crece al ritmo esperado? Google ya ha cancelado proyectos como Stadia y Loon cuando los números no cuadraban. Si en 2027 la adopción empresarial de IA se estanca, podría quedar atrapada en un contrato de $920 millones mensuales por hardware que no necesita. SpaceX, en cambio, tiene un plan B: si la IA no despega, siempre puede redirigir esos recursos a sus simulaciones de misiones a Marte.

El acuerdo también plantea preguntas éticas. SpaceX ha sido criticada por su uso de agua en zonas con sequía para refrigerar sus centros de datos. En 2023, un informe de Bloomberg reveló que su planta en Texas consume 1.5 millones de galones diarios, suficiente para abastecer a 10,000 personas. Con Google como cliente, ese consumo podría aumentar un 200%, según cálculos de la ONG Tech Transparency Project.

El antecedente que explica por qué SpaceX entró en el negocio del cómputo: de cohetes a chips

El salto de SpaceX al alquiler de infraestructura de IA no es improvisado, sino el resultado de una estrategia que comenzó en 2021, cuando la compañía adquirió en secreto 7,500 servidores de alta densidad a Super Micro Computer, el mismo proveedor que hoy suministra hardware a Microsoft y Meta. El detonante fue un problema interno: los simuladores de vuelo para el programa Starship requerían 120,000 núcleos de CPU operando en paralelo, y los proveedores tradicionales como AWS no podían garantizar la capacidad sin latencias. SpaceX optó por construir su propio centro de datos, Colossus 1, pero con un giro: lo diseñó para ser modular y escalable, permitiendo alquilar excedentes a terceros.

El primer cliente externo no fue un gigante tecnológico, sino el Departamento de Energía de EE.UU., que en 2022 pagó $47 millones por usar el clúster durante seis meses para simular reacciones de fusión nuclear. Ese contrato piloto demostró que la infraestructura de SpaceX podía competir con los centros de datos tradicionales en dos métricas clave: eficiencia energética (gracias a su sistema de refrigeración por inmersión en fluido dieléctrico, patentado en 2023) y flexibilidad. A diferencia de Google o Amazon, SpaceX no depende de proveedores externos para actualizar su hardware: sus ingenieros adaptan las GPUs directamente a las placas base de sus servidores, reduciendo un 15% los costos de mantenimiento, según un informe interno filtrado por Reuters.

El acuerdo con Google, sin embargo, marca un punto de inflexión. Hasta ahora, SpaceX alquilaba capacidad a clientes con necesidades puntuales (como el gobierno o startups de biotecnología). Ahora, se convierte en un proveedor estratégico para una de las big tech, compitiendo directamente con empresas como CoreWeave (que en 2023 facturó $1,200 millones solo por alquiler de GPUs) o Lambda Labs. La diferencia es que, mientras estas últimas dependen exclusivamente del cómputo, SpaceX tiene un colchón de seguridad: si el mercado de la IA se contrae, puede redirigir sus recursos a sus divisiones aeroespacial o de internet por satélite (Starlink, que en el primer trimestre de 2024 generó $2,300 millones en ingresos).

La paradoja de Musk: ¿aliado o rival de las big tech?

El contrato con Google plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto Elon Musk está dispuesto a colaborar con las empresas que, en el pasado, ha criticado por su “monopolio en IA”? En 2022, Musk demandó a Microsoft por usar datos de Twitter (ahora X) para entrenar modelos de IA, y en 2023 retiró a Tesla de la alianza Partnership on AI, acusando a sus miembros (incluyendo a Google) de “frenar la innovación”. Ahora, su empresa se convierte en un socio clave de ese mismo ecosistema. La respuesta podría estar en los números: según CNBC, el margen de beneficio del alquiler de GPUs ronda el 65%, frente al 22% de los lanzamientos de cohetes. La IA no es solo un negocio para SpaceX; es el más rentable que tiene hoy.

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