Gemma Parramon: “Se han burlado vivencias femeninas para silenciarlas” | Salud
Gemma Parramon, psiquiatra en el Hospital Vall d’Hebron y vocal de la Sociedad Catalana de Medicina con Perspectiva de Género, recuerda una anécdota que marcó su formación: siendo residente de primer año, un ginecólogo le dijo: “En cuanto las pacientes cruzan la puerta, ya sé si son histéricas”. Ese comentario, dice, ejemplifica una medicina androcéntrica que ha patologizado y ridiculizado la experiencia corporal de las mujeres.
En su nuevo libro, Será por las hormonas (Vergara), la médica de 54 años y natural de Campdevànol (Girona) desmonta cómo la ciencia, la cultura y las estructuras de poder han utilizado las hormonas como excusa para tachar a las mujeres de inestables, minimizar su dolor y mantenerlas calladas.
La pregunta que abre el libro
Pregunta: ¿Por qué afirma que las mujeres han sido “mal leídas, mal entendidas y maltratadas”?
Respuesta: Porque, a lo largo de la historia, cualquier protesta o emoción femenina se ha atribuido a una supuesta locura hormonal. Esto ha generado que muchas mujeres ni siquiera acepten que su biología pueda influir en su estado de ánimo, por miedo a confirmar el estereotipo. La frase de Barbara Ehrenreich y Deirdre English resume bien la cuestión: no estamos oprimidas por nuestras hormonas, sino por un sistema de dominación que se basa en clase y sexo.
Hormonas: mensajeras, no culpables
P: ¿Qué papel juegan realmente las hormonas?
R: No actúan en el vacío. Por ejemplo, las mujeres con antecedentes de violencia infantil o de pareja tienen más riesgo de desarrollar trastorno disfórico premenstrual, una afección tan grave como otras depresiones mayores. El contexto social es determinante.
Responsabilidad médica
P: ¿Cómo ha contribuido la medicina a la imagen de la “mujer loca”?
R: El conocimiento médico se ha construido sobre cuerpos masculinos. Desde Aristóteles hasta Darwin, se han vertido ideas falsas sobre la inferioridad femenina que han calado en la práctica clínica. El resultado: una medicina que se equivoca más cuando evalúa a mujeres.
Pubertad, posparto y menopausia: momentos clave
P: ¿Por qué tras la pubertad se disparan los trastornos en las chicas?
R: Aparecen las hormonas, pero también un rol social mucho más exigente: presión estética, redes sociales, sobreexposición. Tras el parto, la probabilidad de ingreso psiquiátrico se multiplica por 20. Las hormonas caen bruscamente, pero hay que sumar la carga de cuidar un bebé y las expectativas sociales.
Ridiculización cotidiana
P: ¿Cómo se refleja hoy esa burla?
R: Cuando una mujer está irritable, inmediatamente se le achaca a la regla. A los hombres nunca se les cuestiona por sus cambios de humor. Se han caricaturizado vivencias femeninas —menopausia, menstruación— para invisibilizarlas. En cambio, los problemas prostáticos no generan chistes.
Trastorno disfórico premenstrual: la gran olvidada
P: ¿Por qué se habla tan poco de este trastorno?
R: Afecta al 3-6 % de las mujeres. Muchas pacientes pasan 10 días al mes incapacitadas, con ideación suicida. El feminismo ha tenido reparos en abordarlo por miedo a reforzar el tópico de la “mujer inestable”, pero no podemos dejar de atenderlas.
La herencia de la “histeria”
P: ¿Qué queda hoy de ese diagnóstico?
R: El término evolucionó a trastornos conversivos y disociativos: síntomas neurológicos sin causa visible. No encontrar la razón no implica que no exista; significa que la ciencia aún no la localiza. A menudo, la medicina culpa al paciente por sus propios limites de conocimiento.
¿Una medicina “talla única”?
P: ¿Cómo se traduce esto en la práctica?
R: La referencia es el hombre blanco, sano y adulto. Ni mujeres, ni niños, ni mayores, ni personas negras encajan en ese patrón. Las mujeres deben adaptarse a protocolos que no fueron diseñados para ellas.
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