Florentino Pérez despliega su estrategia: 7 Champions y un mensaje al futuro
Un recordatorio con ambición. A horas de cerrarse el plazo para las candidaturas a la presidencia del Real Madrid, Florentino Pérez ha desplegado una lona monumental cerca del Santiago Bernabéu. No es un simple gesto: es una declaración de intenciones respaldada por siete Champions League conquistadas bajo su mandato y una promesa implícita: “Esto no ha hecho más que empezar”.
La lona, instalada este sábado —día límite para presentar candidaturas—, enumera las finales europeas ganadas durante sus dos etapas al frente del club: Glasgow (2002), Lisboa (2014), Milán (2016), Cardiff (2017), Kiev (2018), París (2022) y Londres (2024). Cada ciudad es un hito, pero también un símbolo de continuidad. Junto a ellas, una foto del presidente y el eslogan de su candidatura: “Mucha historia por hacer”, un guiño a un proyecto que, a sus 77 años, sigue presentándose como futuro.
La jugada no es casual. Florentino Pérez conoce el peso simbólico del Bernabéu y su entorno. La lona aparece justo cuando la Junta Electoral del Real Madrid ha validado por unanimidad su candidatura, presentada por Eduardo Fernández de Blas. El comunicado oficial del club deja claro que cumple “todos los requisitos exigidos en las normas electorales”, allanando el camino para su reelección. Pero el presidente no se conforma con el trámite: quiere que el socio recuerde su legado antes de que termine el plazo para alternativas.
Una elección sin rival (por ahora)
El único nombre que suena como posible contrincante es el de Enrique Riquelme, presidente de Cox Energy y socio del Madrid desde 2006. Sin embargo, a falta de horas para el cierre, aún no ha formalizado su candidatura con la documentación y los avales necesarios. Si Riquelme no presenta los papeles a tiempo —o si estos no superan el filtro de la Junta—, Florentino Pérez será proclamado presidente por octava vez (cinco mandatos consecutivos desde 2009, más tres anteriores entre 2000 y 2006).
La estrategia es clara: minimizar el espacio para la disidencia. La lona no solo celebra el pasado; es un mensaje a los socios indecisos: “¿Por qué cambiar si esto funciona?”. Y los números le dan la razón. Bajo su presidencia, el Real Madrid ha ganado 26 títulos, incluyendo las mencionadas Champions, 5 Mundiales de Clubes, 4 Supercopas de Europa, 3 Ligas, 2 Copas del Rey y 4 Supercopas de España. Pero más allá de las cifras, su mayor logro ha sido convertir al club en una máquina de ingresos récord: en 2023, el Madrid superó los 840 millones de euros en facturación, liderando el ranking de Deloitte por 19º año consecutivo.
El legado que pesa (y el futuro que promete)
Florentino Pérez llegó por primera vez a la presidencia en 2000, con la promesa de borrar la “era de la sequía” (el club llevaba 32 años sin ganar una Copa de Europa). Lo logró en su segundo año. Su segundo mandato, iniciado en 2009, coincidió con la era Cristiano Ronaldo y el dominio europeo: 4 Champions en 5 años (2014-2018). Ahora, con Jude Bellingham como nueva estrella y el Bernabéu reformado (un proyecto de 1.200 millones de euros), su discurso mira a 2030.
Pero no todo son luces. Su gestión también ha generado polémica: desde el despido de entrenadores icónicos como Vicente del Bosque o Zinedine Zidane (en su primera etapa) hasta el polémico proyecto de la Superliga Europea, que dividió a la afición. Sin embargo, sus detractores reconocen una verdad incómoda: el Madrid de Florentino es el club más ganador del siglo XXI. Y en un mundo donde el fútbol se mide en títulos y euros, ese argumento pesa más que cualquier crítica.
Mientras, la lona sigue ahí, frente al Bernabéu, como un recordatorio visual. No es solo una lista de ciudades; es una pregunta sin responder: ¿Podrá alguien —dentro o fuera del club— igualar este palmarés? Por ahora, el silencio de otros candidatos parece dar la respuesta.
La Superliga Europea: el fantasma que persigue (y define) el legado de Florentino
La lona con las siete Champions no solo celebra triunfos, sino que oculta estratégicamente el mayor fracaso de imagen de Florentino Pérez: la Superliga Europea, un proyecto que en abril de 2021 fracturó su relación con la afición y redefinió su percepción fuera de Madrid. Aunque el presidente logró que el Madrid —junto al Barcelona— fuera el único de los 12 clubes fundadores en no retirarse oficialmente del proyecto, las consecuencias fueron tangibles: una caída del 12% en su aprobación entre los socios (según una encuesta de El País en mayo de 2021) y un costo político que aún persiste.
El dato clave: la Superliga no fue un capricho, sino la culminación de una obsesión de dos décadas. Ya en 2009, Florentino impulsó la Liga de Campeones de la UEFA con formato de grupo único (similar a la actual fase de liga), pero la UEFA lo bloqueó. En 2016, filtró un documento interno del Madrid proponiendo un torneo cerrado para 16 equipos, y en 2018, durante la crisis del PSG y el fair play financiero, sondeó a otros clubes para una ruptura. El intento de 2021, sin embargo, fue el más agresivo: el Madrid contrató a 23 lobbistas en Bruselas (según registros de la UE) para presionar por el proyecto, con un presupuesto de 3 millones de euros solo en gestiones políticas. Cuando el tribunal de la UE falló en diciembre de 2023 que la UEFA no podía bloquear la Superliga, Florentino lo celebró como una victoria, pero la realidad es que el proyecto está congelado: ni siquiera el Barcelona, su aliado inicial, lo menciona desde la salida de Josep Maria Bartomeu.
El paradoja: mientras la lona del Bernabéu exhibe las Champions ganadas dentro del sistema UEFA, el verdadero sueño de Florentino sigue siendo destruirlo. Y ahí radica su genialidad (o su riesgo): ha convertido al Madrid en el club más poderoso jugando con las reglas que quiere cambiar. La pregunta no es si volverá a intentarlo —lo hará—, sino cómo reaccionarán los socios cuando el costo no sea solo reputacional, sino deportivo.
2025: el año en que la Superliga podría resucitar (y dividir al madridismo)
El calendario es clave. En junio de 2025 vence el actual formato de la Champions, y la UEFA ya ha anunciado cambios (más partidos, menos equipos). Si Florentino considera que esas reformas no benefician al Madrid, tiene dos opciones: aceptar el nuevo modelo o reactivar la Superliga con aliados inesperados. Fuentes cercanas a la directiva señalan que el presidente ha mantenido contactos discretos con el Manchester City y el Bayern Múnich en 2024, clubes que en 2021 rechazaron el proyecto. La diferencia ahora: el Madrid no necesita 12 equipos para lanzar una liga alternativa, sino solo 4 o 5 de élite dispuestos a desafiar a la UEFA. El riesgo es alto —podría costarle sanciones deportivas—, pero Florentino ya demostró en 2021 que prefiere ser el rebelde con causa que el presidente que se pliega. La lona del Bernabéu, en este contexto, no es solo un recordatorio de glorias pasadas, sino un aviso: si gana (otra vez), su próximo movimiento podría ser el más disruptivo de su carrera.
