Expertos advierten de la necesidad de controlar las armas biológicas de las que podría disponer Irán

Especialistas alertan sobre la urgencia de vigilar el arsenal biológico iraní

La operación Furia Épica lanzada por Donald Trump el 28 de febrero contra Irán se justificó, en parte, por el temor a que los ayatolás obtuvieran armamento atómico. Sin embargo, existe una amenaza tan devastadora como silenciada: el programa de armas biológicas de Teherán.

Washington lleva años advirtiendo que Irán investiga agentes infecciosos letales para uso bélico. El informe anual del director de Inteligencia Nacional califica como “muy probable” que el país persa prosigue con estudios de patógenos y compuestos químicos con fines ofensivos.

Antes del estallido del conflicto, trascendió que la Guardia Revolucionaria exploraba dotar a sus misiles balísticos de ojivas cargadas con material biológico o nuclear.

Ante este panorama, analistas subrayan el peligro de que esos patógenos se dispersen por accidente o caigan en poder de actores incontrolados mientras el régimen se desmorona tras la muerte del guía supremo Ali Jamenei y de varios altos mandos.

La doctora Cassidy Nelson, responsable de Bioseguridad del think tank británico Centro para la Resiliencia a Largo Plazo, considera “poco probable” un empleo intencional, pero no descarta que se use desesperadamente para sofocar una rebelión o montar una operación de bandera falsa.

Su mayor temor, según explica en un artículo del Royal United Services Institute (RUSI) recogido por Europa Press, radica en la cadena de mando y custodia del programa.

Cuando un Estado colapsa, los científicos militares huyen, desertan o abandonan sus laboratorios por temor a ser juzgados internacionalmente. Los patógenos, advierte, requieren conservación y vigilancia constantes; sin ellas, se pierde el control.

Las hipotéticas instalaciones, dispersas y muchas de doble uso civil-militar, podrían sufrir una liberación accidental por bombardeos, fallos de protocolo o simple abandono.

Teherán también podría trasladar microorganismos, equipos o investigadores a milicias aliadas para preservar la capacidad, lo que multiplica el riesgo de pérdida de control durante una crisis.

Otro escenario es el roto por facciones paramilitares o grupos oportunistas que empleen los materiales como moneda de cambio o arma de chantaje.

Sea cual sea el origen, “los patógenos no distinguen entre liberación deliberada o accidental”, subraya Nelson; la epidemia resultante sería igual de difícil de atribuir, detectar y contener.

Ashish K. Jha, del Centro Belfer de la Universidad Harvard, añade que los agentes biológicos no activan detectores de radiación y pueden ser pequeños, portátiles y autopropagables una vez liberados.

Un vial puede convertirse en arma sin necesidad de un misil“, advierte en Statnews, y recuerda que la Covid-19, sin ser un patógeno armado, borró decenas de billones de dólares de la economía global.

Por ello, ambos expertos reclaman medidas inmediatas. “La comunidad internacional afronta un desafío urgente”, dice Nelson, pues proteger un arsenal biológico bajo fuego puede ser más complejo que asegurar un programa nuclear.

Citan el ejemplo del Programa Reducción Cooperativa de Amenazas tras la caída soviética, que gracias a la colaboración de Moscú impidió la proliferación de armas de destrucción masiva. Irán, en cambio, no es un socio estable ni colaborador.

Investigadores del think tank Stimson ya advirtieron que, para verificar y desmantelar los posibles programas nucleares, químicos y biológicos iraníes, EE.UU. acabará necesitando “botas en el terreno” con inspectores y especialistas sobre el terreno.

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