Investigación en JAMA Psychiatry relaciona espiritualidad con menor uso de alcohol y drogas
Las personas que rezan, meditan o asisten regularmente a eventos religiosos presentan menor probabilidad de consumir alcohol o sustancias psicoactivas. Un metanálisis difundido por JAMA Psychiatry, que revisó decenas de trabajos sobre la conexión entre espiritualidad y consumo de drogas, lo confirma.
El efecto protector fue más intenso entre quienes participan activamente en una comunidad espiritual o religiosa con una frecuencia superior a una vez por semana.
La práctica espiritual y la religión se vinculan a menor riesgo de adicciones
El hallazgo cobra relevancia: en EE. UU. cerca de 48,5 millones de personas (16,7 % de la población) padecen un trastorno por uso de alcohol o drogas, pero solo una de cada cuatro recibió atención durante el último año.
Los expertos alertan que numerosas intervenciones preventivas no alcanzan a quienes están en riesgo. En ese marco, la espiritualidad podría ofrecer una estrategia complementaria para reducir el consumo problemático y fortalecer la recuperación.
Datos clave del estudio
El metanálisis publicado en JAMA incluyó 55 estudios con 540.712 participantes. Las investigaciones evaluaron de forma longitudinal la relación entre prácticas espirituales y el uso de alcohol, tabaco, cannabis u otras drogas ilegales.
Principales conclusiones:
- Quienes practicaban alguna actividad espiritual mostraron un 13 % menos de probabilidad de consumir alcohol o drogas.
- Los asistentes habituales a servicios religiosos (más de una vez por semana) presentaron un 18 % menos de riesgo.
- El compromiso espiritual se asoció con mayores tasas de recuperación en personas con trastornos por consumo de sustancias.
- No se observaron diferencias significativas entre los tipos de sustancias analizadas.
Qué implica y qué no implica el hallazgo
Los autores advierten que los estudios revisados emplearon definiciones distintas de espiritualidad. Algunos midieron asistencia a ceremonias religiosas; otros, prácticas individuales como la oración o la meditación.
Además, el análisis no demuestra causalidad directa: no puede afirmarse que la espiritualidad por sí sola prevenga el consumo de sustancias, solo que existe una asociación estadística.
También es posible que ciertas prácticas significativas para algunas personas, como la conexión con la naturaleza, no hayan sido suficientemente consideradas.
Los investigadores proponen que futuros trabajos profundicen en los mecanismos que explican esta relación y examinen cómo la espiritualidad impacta en distintos grupos y contextos sociales.
Aplicaciones para la prevención y la recuperación
El mensaje central es que la espiritualidad podría integrarse como un componente más en los programas de prevención y tratamiento.
Los expertos sugieren que los profesionales de la salud incluyan preguntas breves durante la consulta, por ejemplo: “¿Son importantes para usted la religión o la espiritualidad cuando piensa en su salud?” o “¿Tiene o le gustaría tener a alguien con quien hablar sobre temas espirituales o religiosos?”.
En lugar de reemplazar tratamientos médicos o psicológicos, la espiritualidad podría actuar como un factor de apoyo en los procesos de recuperación.
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