El pacto con Mercosur no va solo de comercio: por qué la UE prioriza un acuerdo estratégico pese a las masivas protestas del campo

El pacto con Mercosur no va solo de comercio: por qué la UE prioriza un acuerdo estratégico pese a las masivas protestas del campo

Ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que la UE refrendase, como hizo este viernes, el acuerdo con el Mercosur -a falta del sí del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales-. El pacto, mientras, entrará en vigor de manera provisional y permitirá construir la zona de libre comercio más grande del mundo, según proclamaron desde Bruselas. Pero este documento, este paso histórico para muchos, no va solo de comercio, sino que se trata de una decisión estratégica que cuenta, eso sí, con un importante rechazo del campo europeo. En realidad, el bloque comunitario avanza como potencia comercial en plena ‘batalla’ con Estados Unidos pese al riesgo de debilitar a su sector primario.

De hecho, este domingo seguían las protestas de los agricultores en distintos puntos de Europa. En Francia por ejemplo se dieron bloqueos en diferentes autopistas y carreteras, sobre todo en el sur del país para protestar por el acuerdo. Los agricultores galos, eso sí, insisten en que todavía quedan formas de bloquear el pacto. De hecho, es el propio Gobierno francés -principal opositor al acuerdo- el que insta ahora a la Eurocámara a no dar su luz verde. Por otro lado, en España se han mantenido los cortes de tráfico en la AP-7 y la N-II, ambas en la provincia de Girona, en la C-16, a la altura de Berga (Barcelona), y también se bloqueó el acceso al puerto de Tarragona, además de otros puntos de la zona en menor medida.

En ese contexto de movilizaciones está previsto que a lo largo de la semana que viene el sector vuelva a desplazarse hasta Bruselas para continuar con las protestas, precisamente coincidiendo con la firma definitiva del acuerdo por parte de las autoridades comunitarias con los socios del Mercosur (paso que servirá para que el pacto pueda empezar a funcionar). 

Pero los datos hablan por sí solos. Un informe de Llorente y Cuenca (LLYC) recoge que el acuerdo, que engloba al 25% del PIB mundial, abre un mercado de 780 millones de personas que promete transformar las relaciones birregionales. El pacto, además, eliminará o reducirá más del 90% de los aranceles bilaterales. Esto generará beneficios tangibles para diversos sectores a ambos lados del Atlántico. Las previsiones indican que la alianza implicará un aumento del comercio entre las dos regiones cercano al 40%.

Ahora mismo, eso sí, el intercambio entre la UE y Mercosur ya es material y notable. En 2024, las transacciones de bienes entre ambos bloques superó los 111.000 millones de euros. Las exportaciones de la UE al Mercosur alcanzaron los 55.200 millones de euros y las importaciones, los 56.000 millones. Por otro lado, Europa compra a los socios de América Latina productos agrícolas (42,7%), minerales (30,5%) y pulpa o papel (6,8%). Lo que les vendemos es fundamentalmente maquinaria y aparatos (28,1%), productos químicos y farmacéuticos (25%) y equipos de transporte (12,1%), según refleja el documento.

Cierto es que no resulta oro todo lo que reluce del pacto. Países como Francia, Italia y Polonia han liderado la oposición por temor a la entrada de productos sudamericanos (carne, azúcar y cereales) con menores costes. En España, el sector agroalimentario deberá equilibrar sus nuevas oportunidades de exportación (en especial en sectores como el vino, el aceite de oliva y el porcino) con la protección de los productores locales frente a esta competencia (con los mecanismos habilitados para ello por la UE, como el reglamento de salvaguardias, el incremento del presupuesto de la PAC o la exención de aranceles para la importación de fertilizantes). Al mismo tiempo, el cumplimiento de las normativas europeas en materia ambiental y de trazabilidad exigirá ajustes profundos y una estrategia proactiva para las empresas que operan entre ambos bloques.

Una partida entre dos modelos para el mundo

Con todos esos datos sobre la mesa, y después de que se aprobaran unas salvaguardas impulsadas por Italia y que para el sector son “insuficientes”, la sensación en Bruselas es de júbilo. “Estamos creando un mercado de 700 millones de personas: la zona de libre comercio más grande del mundo. Nuestro mensaje al mundo es este: la colaboración genera prosperidad y la apertura impulsa el progreso“, reaccionó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que tiene previsto firmar el acuerdo definitivamente a finales de la próxima semana en una ceremonia en Paraguay -país que pasa a ostentar la presidencia rotatoria del Mercosur-.

Y es que la última frase de la alemana en ese mensaje no es baladí: Mercosur va de enfrentar el modelo de la UE con el de Donald Trump. Estados Unidos quiere que América Latina sea ahora su patio trasero y la Casa Blanca no se esconde a la hora de reconocerlo, sobre todo después de la intervención en Venezuela. Teniendo en cuenta que la Unión no dispone de la misma fuerza estratégica que Washington, la política comercial se erige como la vía más potente para Bruselas… y por eso quiere andar ese camino: aperturismo comercial frente a las dinámicas a veces aislacionistas de la Administración Trump, representadas sobre todo en la figura de su vicepresidente, JD Vance.

El acuerdo con el Mercosur tiene otra vertiente relacionada con EEUU y los aranceles. Mientras Trump impone tasas a diestro y siniestro, la UE, con acuerdos de este tipo, las elimina. “Las empresas españolas podrán entrar a nuevos mercados, exportar más, y generar más empleos. Y Europa podrá mantener un vínculo fuerte con esa región hermana y estratégica que es América Latina. En el mundo de hoy, no todo son aranceles, amenazas y malas noticias. Algunos tendemos nuevos puentes y alianzas para forjar una prosperidad compartida”, escribió en este tono por ejemplo el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, uno de los grandes defensores del pacto.

Más allá de los intercambios comerciales puramente dichos, el acuerdo con el Mercosur es también, reconocen en Bruselas, un paso -aunque algo tardío- hacia el refuerzo de la autonomía estratégica europea. “Es una cuestión también de confianza estratégica”, explicaron en su momento las fuentes consultadas por 20minutos. Y es que, más allá de los bienes, también se habla de servicios: se abren sectores como telecomunicaciones, transporte y servicios financieros a empresas europeas. En general, la UE quiere lanzar el mensaje con este tipo de acuerdos de que, a nivel global, es el socio más fiable que existe. El tiempo dirá si tiene razón… y si las movilizaciones del sector primario acaban aplacándose.

Referncia de contenido aquí