El Mundial más ambicioso: Argentina defiende el trono en un torneo histórico
El balón rueda en el Azteca. El vigesimotercer Mundial de Fútbol arranca este jueves en el Estadio Azteca, escenario de leyendas como Pelé y Maradona, con 48 selecciones, tres países anfitriones y un título que defiende Argentina.
Ciudad de México, epicentro del fútbol mundial, acogerá a las 21.00 horas el partido inaugural entre México y Sudáfrica, el primero de los 104 encuentros de un torneo que culminará el 19 de julio en el MetLife de Nueva York. Este Mundial marca un hito al ser el primero organizado por tres naciones —México, Estados Unidos y Canadá—, una fórmula que se repetirá en 2030 con España, Marruecos y Portugal. Además, el cambio de fechas, del invierno europeo a las tradicionales del verano, introduce un factor climático que podría influir en el desarrollo de la competición.
Un torneo entre la grandeza deportiva y las sombras geopolíticas
La expansión a 48 equipos, 16 más que en Catar 2022, no solo amplía la representación global —con debutantes como Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán—, sino que también aumenta la exigencia competitiva. La inclusión de una fase de dieciseisavos de final alarga el camino hacia la gloria, en un calendario ya de por sí saturado que deja poco margen para el descanso de los jugadores. Sin embargo, esta ampliación no ha sido suficiente para evitar ausencias notables, como la de Italia, tetracampeona del mundo, que suma su tercera Copa del Mundo consecutiva sin participar.
Pero más allá del deporte, el torneo está teñido de polémica. La tensión geopolítica global se ha colado en el Mundial, especialmente en torno a la selección de Irán, cuyos jugadores y aficionados han encontrado obstáculos para obtener visados en Estados Unidos debido al conflicto entre ambos países. Incluso México ha tenido que intervenir para mitigar las fricciones. El caso más simbólico es el del árbitro somalí Omar Artan, quien no podrá hacer historia al ser el primer colegiado de su país en un Mundial por la prohibición de entrada a ciudadanos somalíes en EE.UU. desde junio de 2025, una decisión ante la que la FIFA ha mostrado su impotencia.
Argentina y España: el duelo de favoritos con historias opuestas
Argentina llega como la gran rival a batir, no solo por su condición de campeona vigente, sino por el peso histórico de su título en Catar 2022, que puso fin a 36 años de espera desde el triunfo de Maradona en el Azteca en 1986. Lionel Messi, a punto de cumplir 39 años, buscará un hito inalcanzable para la mayoría: ganar seis Mundiales y defender el título, algo que solo Brasil (1958-1962) e Italia (1934-1938) han logrado. La Albiceleste, respaldada por un bloque sólido, representará a Sudamérica en una batalla intercontinental donde Europa, dominadora en las últimas décadas, intentará recuperar el cetro. África, por su parte, sigue su ascenso: Marruecos ya demostró su potencial al alcanzar las semifinales en 2022.
España, sin embargo, emerge como la principal candidata entre el resto de selecciones. La Roja, campeona de Europa en julio de 2024 bajo el mando de Luis de la Fuente, llega con una racha histórica de 31 partidos oficiales sin perder —récord que comparte con Italia— y un equipo joven pero maduro, liderado por figuras como Lamine Yamal, quien, pese a su juventud, ya demostró ser clave en la Eurocopa. No obstante, el Mundial ha sido históricamente una asignatura pendiente para España: tras su título en 2010, no ha superado los octavos de final en 2018 y 2022, ni siquiera el grupo en 2014. Su grupo en esta edición, con Uruguay, Cabo Verde y Arabia Saudí, no será fácil, especialmente tras ganar solo tres de sus últimos partidos oficiales desde su victoria ante Países Bajos.
Desde una perspectiva analítica, lo que este Mundial revela es una tensión entre la tradición y la innovación: la ampliación de participantes democratiza el torneo, pero también lo hace más impredecible. La pregunta clave ahora es si las potencias históricas podrán adaptarse a un formato donde el margen de error es mínimo y los rivales emergentes no dan tregua.
Los otros aspirantes: Francia, Brasil e Inglaterra en la lucha por el trofeo
Francia, finalista en las dos últimas ediciones, llega con un equipo de élite: Ousmane Dembélé, Kylian Mbappé y Michael Olise forman un tridente letal, y el torneo marcará la despedida de Didier Deschamps como seleccionador. Inglaterra, con Thomas Tuchel al mando, busca poner fin a 60 años de sequía, mientras que Portugal, dirigida por el español Roberto Martínez, apuesta por una generación dorada con Vitinha, Joao Neves y un Cristiano Ronaldo que, como Messi, disputará su sexto Mundial.
Alemania, siempre un rival temible pese a sus tropiezos en 2018 y 2022, y Brasil, con Carlo Ancelotti en el banquillo y estrellas como Raphinha, Vinícius Jr. y Neymar Jr., completan el cuadro de favoritos. Los canarinhos, en busca de su sexto título, intentan borrar el trauma del 1-7 ante Alemania en 2014 y una sequía de 24 años sin levantar el trofeo.
¿Logrará este Mundial, el más global y diverso de la historia, redefinir el equilibrio de poder en el fútbol mundial o confirmará el dominio de las potencias tradicionales?
El formato ampliado: entre la inclusión y el desgaste
La expansión a 48 equipos no es solo un gesto de apertura, sino un cambio estructural que redefine la esencia del torneo. Lo que esto revela es una apuesta por la diversidad geográfica, pero también un riesgo: la saturación de partidos puede diluir la intensidad competitiva y aumentar la fatiga física de los jugadores.
Desde una perspectiva analítica, el nuevo formato obliga a las selecciones a gestionar recursos con mayor precisión. La fase de dieciseisavos añade presión a un calendario ya exigente, donde el margen para el error es mínimo. Las potencias tradicionales, acostumbradas a ritmos más controlados, deberán adaptarse a un escenario donde la improvisación y la resistencia serán clave. Más allá de los hechos, lo que emerge es un torneo donde la consistencia será tan importante como el talento.
La ausencia de Italia, pese a la ampliación, subraya otra paradoja: la inclusión no garantiza la participación de los históricos. Este vacío deja espacio para que selecciones emergentes, como Cabo Verde o Uzbekistán, demuestren que el fútbol global ya no se limita a los nombres tradicionales.
La pregunta clave
¿Podrá este Mundial equilibrar la ambición de ser más inclusivo con la necesidad de mantener la excelencia deportiva, o el formato ampliado terminará por beneficiar a quienes mejor se adapten al desgaste?
