Mujer con expresión de dolor abdominal intenso sosteniendo un reloj de arena, simbolizando la espera por atención médica

Dolor menstrual vs. infarto: ¿por qué la comparación divide a la medicina?

Un dolor ignorado durante siglos. Mientras los infartos activan protocolos de emergencia en segundos, el sufrimiento de millones de mujeres por cólicos menstruales severos sigue siendo minimizado, normalizado e incluso ridiculizado. Pero, ¿hasta qué punto ambos dolores son comparables?

El dolor menstrual —conocido clínicamente como dismenorrea puede ser tan debilitante que imposibilita caminar, concentrarse o mantenerse en pie. En 2016, el profesor John Guillebaud, experto en salud reproductiva de la University College London, sacudió el debate al afirmar que algunas pacientes describían sus cólicos como “casi tan malos como un infarto”. La declaración, basada en testimonios y no en mediciones objetivas, abrió una grieta: ¿era una exageración o una verdad incómoda que la ciencia había pasado por alto?

La controversia no es menor. Mientras activistas por los derechos menstruales aplauden que se hable del tema, cardiólogos y ginecólogos advierten: comparar un proceso fisiológico (aunque doloroso) con una emergencia que puede matar en minutos es un error conceptual. Pero entonces, ¿por qué la analogía resuena en tantas mujeres?

Mecanismos distintos, sufrimientos que no se miden igual

El origen del dolor marca la primera gran diferencia:

  • Cólicos menstruales: Provocados por prostaglandinas, hormonas que inducen contracciones uterinas para expulsar el endometrio. Cuando su producción es excesiva, el útero se contrae con una fuerza equivalente a las contracciones de un parto precoz, según estudios de la American College of Obstetricians and Gynecologists. El dolor irradia a abdomen bajo, espalda y muslos, y puede acompañarse de náuseas, vómitos o mareos.
  • Infarto agudo de miocardio: Ocurre cuando una arteria coronaria se obstruye, privando de oxígeno al músculo cardíaco. El dolor —opresivo, como un “elefante sobre el pecho”— suele extenderse a brazos, mandíbula o espalda, y viene acompañado de sudor frío, dificultad para respirar y riesgo inminente de muerte si no se trata en 90 minutos.

Dolor menstrual vs.: La ginecóloga Jen Gunter , autora de The Vagina Bible , lo explica así: “Compararlos es como equiparar el dolor de una quemadura con el de un hueso roto. Ambos duele, pero son experiencias distintas, con causas, tratamientos y pronósticos radicalmente opuestos” . Sin embargo, Gunter también subraya un punto clave: el dolor menstrual extremo —el de la endometriosis o la adenomiosis — puede superar el umbral de tolerancia humana , alcanzando niveles que, en una escala del 1 al 10, muchas pacientes sitúan en 8 o 9 .

La ginecóloga Jen Gunter, autora de The Vagina Bible, lo explica así: “Compararlos es como equiparar el dolor de una quemadura con el de un hueso roto. Ambos duele, pero son experiencias distintas, con causas, tratamientos y pronósticos radicalmente opuestos”. Sin embargo, Gunter también subraya un punto clave: el dolor menstrual extremo —el de la endometriosis o la adenomiosis— puede superar el umbral de tolerancia humana, alcanzando niveles que, en una escala del 1 al 10, muchas pacientes sitúan en 8 o 9.

El portal de verificación Snopes investigó la afirmación de Guillebaud y confirmó que no hay estudios que midan ambos dolores con los mismos parámetros. La razón es simple: el infarto se evalúa en urgencias con electrocardiogramas y enzimas cardíacas; los cólicos, con escalas subjetivas de dolor. Pero aquí surge la pregunta incómoda: ¿Acaso la falta de herramientas objetivas para medir el dolor menstrual no refleja un sesgo histórico que prioriza las enfermedades “masculinas”?

El estigma que oculta el sufrimiento real

Más allá de la comparación con infartos, los datos duros revelan una crisis de salud pública:

  • 1 de cada 5 mujeres sufre dismenorrea severa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
  • En casos de endometriosis (que afecta al 10% de las mujeres en edad reproductiva), el dolor puede ser crónico e invalidante, similar al de enfermedades como la artritis reumatoide.
  • El 60% de las adolescentes con cólicos intensos faltan al colegio al menos un día al mes, según un estudio de la University of Sydney (2021).
  • En países como España o Japón, algunas empresas ya ofrecen bajas menstruales pagadas, reconociendo que el dolor extremo no es “exageración” sino una condición médica.

El problema, señalan los expertos, no es si duele “más” o “menos” que un infarto, sino que el dolor menstrual sigue siendo tratado como un “mal menor”. La doctora Kate Clancy, antropóloga de la Universidad de Illinois, lo resume: “Nadie cuestiona si un hombre con dolor torácico está exagerando. Pero a las mujeres se les dice que “es cosa de la mente” o que “tomen una pastilla y sigan”. Esto tiene consecuencias: el diagnóstico de endometriosis tarda una media de 7 años, tiempo en el que el dolor y la infertilidad avanzan sin tratamiento.

¿Qué dice la ciencia sobre la intensidad? Un estudio de The Journal of Pain (2017) midió el dolor menstrual con resonancias magnéticas y encontró que, en casos severos, el cerebro procesa las señales de dolor de manera similar a como lo hace ante traumatismos físicos graves. Pero hay un matiz crucial: el infarto activa respuestas de supervivencia (taquicardia, sudoración); los cólicos, aunque agonizantes, rara vez ponen en riesgo la vida. Eso no los hace menos reales.

¿Por qué la comparación con el infarto sí importa?

Criticar la analogía por “exagerada” pasa por alto su valor simbólico. Durante décadas, el dolor menstrual se ha trivializado con frases como “es cosa de mujeres” o “agüántate”. Compararlo con un infarto —un dolor que la sociedad reconoce como legítimo— fue, para muchas, la única forma de ser escuchadas.

La doctora Leslie Korn, especialista en dolor crónico, explica: “Cuando una mujer dice que su dolor es “como un infarto”, no está haciendo un diagnóstico; está usando el único lenguaje que garantiza que la tomen en serio”. Y funciona: tras la polémica de 2016, hospitales como el St. Mary”s de Londres crearon unidades especializadas en dolor pélvico crónico, y países como Escocia comenzaron a incluir productos menstruales gratuitos en escuelas y universidades.

El debate, en el fondo, expone una paradoja: la medicina mide el dolor del infarto en milisegundos, pero el de la menstruación sigue dependiendo de la “capacidad de aguante” de cada mujer. Mientras no haya escalas objetivas —como las que existen para el dolor postoperatorio—, la comparación, aunque imperfecta, seguirá siendo un grito de auxilio.

Quizás la pregunta no sea si el dolor menstrual “es como un infarto”, sino por qué, en pleno 2024, seguimos necesitando compararlo con algo “masculino” para que se le preste atención. ¿Cuántas emergencias médicas más tendrán que ser ignoradas antes de que el dolor de la mitad de la población sea tratado con la urgencia que merece?

Endometriosis: el dolor menstrual que sí compite con emergencias médicas

Mientras el debate sobre la comparación entre cólicos e infartos centra la atención, hay una condición ginecológica que sí ha sido medida con parámetros objetivos de dolor intenso: la endometriosis. Esta enfermedad, que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo (datos de la OMS 2023), ocurre cuando tejido similar al endometrio crece fuera del útero, generando inflamación crónica, adherencias y dolor incapacitante. Estudios como el publicado en Human Reproduction (2020) demostraron que el 71% de las pacientes con endometriosis severa (estadios III-IV) reportan dolores equivalentes a los de un cólico nefrítico o una apendicitis aguda en escalas validadas como la Visual Analog Scale (VAS).

Lo más revelador es cómo este dolor altera la calidad de vida. Un informe del World Endometriosis Research Foundation (2022) reveló que:

  • El 50% de las mujeres con endometriosis han sido diagnosticadas erróneamente con síndrome de intestino irritable o depresión antes de recibir el tratamiento adecuado.
  • El 30% pierde su empleo dentro de los 5 años siguientes al inicio de los síntomas, debido a ausencias recurrentes.
  • El costo anual por paciente en EE.UU. supera los $11,000 (entre medicamentos, cirugías y pérdida de productividad), según datos de The American Journal of Obstetrics & Gynecology (2021).

Lo más preocupante es el tiempo de demora diagnóstica. En países como Reino Unido, el promedio es de 8 años (fuente: All-Party Parliamentary Group on Endometriosis, 2020), mientras que en España ronda los 7.5 años (datos de la Asociación Española de Endometriosis, 2023). Durante ese lapso, muchas pacientes desarrollan complicaciones como infertilidad (presente en el 40% de los casos) o daño en órganos adyacentes, como vejiga o intestinos. La doctora Linda Giudice, presidenta del World Endometriosis Society, advierte: “Este no es un dolor ‘normal’. Es una enfermedad sistémica que, en sus formas avanzadas, puede requerir cirugías de 6 a 8 horas y resección de tejidos”.

¿Por qué la endometriosis sigue siendo la gran ausente en el debate?

La comparación con infartos, aunque útil para visibilizar el dolor menstrual, desvía la atención de un problema más urgente: la endometriosis ya tiene evidencia científica suficiente para ser tratada como una emergencia de salud pública, pero carece de protocolos ágiles. Mientras países como Francia (desde 2022) y Australia (2023) han implementado planes nacionales para reducir el tiempo de diagnóstico a menos de 2 años, en la mayoría de las naciones ni siquiera se enseña en las facultades de medicina. El desafío ahora no es discutir analogías, sino exigir que un dolor con base orgánica demostrada deje de ser tratado como un “problema de mujeres” y pase a ser una prioridad en investigación y fondos públicos. La pregunta clave ya no es si duele como un infarto, sino por qué, sabiendo que destruye vidas, seguimos permitiendo que se ignore.

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