“Deberías despertarte por la mañana con una erección”: cuando la testosterona y la ‘masculinidad’ son un negocio | Salud y bienestar

La testosterona como moneda: virilidad fabricada y negocio millonario

Un clip de TikTok arrasa: «Estos cinco marcadores básicos revelan si necesitas testosterona o simplemente otra pareja». En la plataforma, cadenas de comentarios prometen que la hormona «vuelve a las mujeres más receptivas» y que cuanto más alta sea la cifra, mejor rendirás en la cama, el gimnasio y la oficina. Expertos consultados por este diario alertan de que el discurso convierte la virilidad en un producto de compraventa, empuja a analíticas innecesarias y puede llevar a tratamientos peligrosos para quienes gozan de buena salud.

La testosterona, producida principalmente en los testículos, regula el deseo y el desarrollo sexual. Patricia Cabrera García, coordinadora del grupo GIDSEEN de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, subraya: «Vincular el éxito personal o afectivo con un número de laboratorio es un engaño». Denuncia que muchos vídeos actúan como reclamo comercial de clínicas privadas y suplementos sin respaldo científico que, en personas sanas, apenas modifican los niveles de la hormona.

Un trabajo publicado en Social Science & Medicine sostiene que ciertos creadores presentan la baja testosterona como «una crisis de identidad masculina». Asocian la carencia con rasgos clasificados como femeninos —cuerpo más graso, expresión emocional o apatía— y ofrecen como solución un test casero. La musculatura definida y el deseo sexual desbordante se convierten en sinónimo de virilidad óptima.

Emma Grundtvig Gram, investigadora de la Universidad de Copenhague y autora del estudio, habla de «medicalización de la masculinidad»: se vende la idea de que quien no encaja en el molide está enfermo y requiere terapia. Este enfoque, apunta, conecta con la manosfera, espacios digitales que difunden visiones reaccionarias sobre el papel del hombre.

En la red, los influencers alfa prometen que la hormona abre puertas: «Si aspiras a ser alfa, analízate». Un creador con más de cien mil seguidores advierte: «Si no amaneces erecto, tu testosterona anda por los suelos».

Las sociedades científicas no recomiendan dosificar la testosterona en ausencia de síntomas. Inyectarse la sustancia sin indicación médica enciende un mecanismo perverso: el organismo detecta exceso y frena la fábrica natural, lo que puede derivar en daño testicular e infertilidad. Al abandonar el ciclo, muchos terminan con cifras inferiores a las iniciales. Altas concentraciones también perjudican al corazón, según la Sociedad Española de Cardiología.

A pesar de las advertencias, el mercado de pruebas crece: de 122 millones de dólares en 2026 se pasará a 223 millones en 2035, según Future Market Insights. El 70% de las analíticas se encargan a varones; el 61% son extracciones de sangre.

¿Cuándo investigar?

Los foros difunden que «a los 20 años deberías marcar entre 700 y 1.000 ng/dL». Los expertos matizan: los valores varían con la edad y el laboratorio; la clave es la simbiosis entre cifra y síntomas. El rango suele oscilar entre 300 y 1.000 ng/dL; un hombre puede estar perfectamente a los 350 ng/dL si no presenta molestias.

La exploración merece la pena cuando aparecen signos claros:

  • Afeitarse menos veces por semana
  • Pérdida de masa muscular o crecimiento de tejido mamario
  • Erección matutina ausente y libido hundida

El cansancio laboral o el estrés se confunden a menudo con déficit hormonal; solo un profesional puede indicar la prueba.

El tratamiento con testosterona exige causa médica. Existen geles o inyecciones intramusculares con dosis personalizadas. Además de la medicación, mejorar la alimentación, priorizar el sueño, entrenar fuerza y dejar de fumar ayuda a mantener niveles adecuados.

Peso de la etiqueta «hombre»

Roberto Sanz, sexólogo de la Fundación Sexpol y miembro del Colegio Oficial de Psicología de Madrid, alerta sobre un modelo masculino «rígido, exigente y, en el fondo, inútil». La presión de encajar, añade, genera frustración y rechaza a la salud mental. La encuesta Movember en 3.000 jóvenes de 16 a 25 años vincula el consumo habitual de contenidos sobre virilidad con mayor malestar psíquico y actitudes negativas hacia las mujeres.

Sanz propone desmontar mandatos cambiantes: «Hace cincuenta años importaba la fuerza; hoy, la cifra de testosterona; mañana, quizá el número de lunares». Reconocer que estos estándares no son neutrales, concluye, es el primer paso para librarse de ellos.

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