Cuando Estados Unidos compró Alaska: el antecedente histórico que impulsa el interés por Groenlandia

Cuando Estados Unidos compró Alaska: el antecedente histórico que impulsa el interés por Groenlandia

En 1867, mientras Estados Unidos intentaba dejar atrás las heridas de la Guerra Civil, la decisión de comprar Alaska causó carcajadas, editoriales furibundos y un aluvión de críticas en Washington. El secretario de Estado, William H. Seward, cerró el negocio por un valor de 7,2 millones de dólares, y aquel territorio (para muchos, inútil) paso de manos del Imperio ruso, a ser el estado número 49. 

Las críticas no tardaron porque, en su momento, no era una jugada estratégica, sino una extravagancia financiada con dinero público. Y es que un territorio remoto, frío y sin “ningún tipo de valor en el mercado”, no podía ser bautizado de otra manera que como la locura de Seward, según recoge la BBC. Aun así, los años le dieron la razón al alto funcionario y hoy la historia sienta un precedente para adquirir Groenlandia, otro gran gigante helado. 

La compra de Alaska en el siglo XIX

La firma del acuerdo, rubricado el 30 de marzo de 1867, añadió a Estados Unidos más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de tierra. Pero ¿para qué quería el país aquella inmensidad habitada por focas, osos y pueblos indígenas desconocidos para la mayoría de los estadounidenses? Con el paso del tiempo, la respuesta se volvió incómodamente evidente incluso para los detractores de Seward.

Todo comenzó a mediados del siglo XIX, cuando Rusia empezó a asumir que aquel territorio lejano, frío y difícil de defender era más una carga que un activo. Tras la Guerra de Crimea (1853-1856), el Imperio ruso estaba debilitado y temía perder Alaska sin compensación alguna si el Reino Unido decidía expandirse hacia el noroeste de América. En ese contexto, San Petersburgo optó por vender antes de que le arrebataran el territorio.

Pese a las críticas, la transferencia se hizo efectiva el 18 de octubre de 1867, día en que la bandera rusa fue arriada en Sitka y sustituida por la estadounidense. Alaska pasó entonces a ser un territorio bajo administración militar, y durante un tiempo permaneció en los márgenes de la política y la economía nacional.

La rentabilidad de Alaska 

Ajustada a la inflación, la cifra pagada entonces apenas superaría hoy los 100 millones de dólares, una cantidad irrisoria si se compara con la riqueza generada posteriormente. Oro, petróleo, gas natural y una posición estratégica clave convirtieron la compra en una de las operaciones territoriales más rentables de la historia moderna.

Apenas dos décadas después de la transacción, Alaska se vio sacudida por varias fiebres del oro que dinamizaron su economía. Ya en el siglo XX, el hallazgo de enormes yacimientos petrolíferos termino de confirmar la ganga y hoy, el estado no solo produce miles de millones de dólares anuales, sino que reparte dividendos directos a sus habitantes gracias a los ingresos del crudo. 

Pero el interés de Alaska nunca fue únicamente económico. En el tablero geopolítico, su ubicación terminó siendo decisiva. Lo que el zar Alejandro II no podía prever es que, décadas más tarde, Alaska se convertiría en un enclave militar clave durante la Guerra Fría, situando a Estados Unidos a las puertas mismas de la Unión Soviética.

¿Por qué está Trump tan interesado en Groenlandia?

Actualmente, la historia podría estar ‘ad portas’ de repetirse. Donald Trump a la cabeza de Estados Unidos, muestra interés en Groenlandia, sobre todo, por su importancia estratégica. Para nadie es secreto que la isla ocupa una posición clave en el Ártico y alberga una base militar esencial para los sistemas de defensa y vigilancia de Estados Unidos.

A ese factor se suma el valor económico del territorio. Groenlandia cuenta con importantes reservas de minerales y tierras raras, fundamentales para la industria tecnológica y energética. El deshielo está facilitando el acceso a estos recursos y abriendo nuevas rutas marítimas, lo que incrementa aún más el interés por la zona.

Referncia de contenido aquí