Anthropic desafía al Pentágono y desata una guerra por el control de la IA

Anthropic reta al Pentágono y enciende una batalla por el dominio de la IA

Anthropic pasó de ser el laboratorio obsesionado con la seguridad al agente más disruptivo de la IA. Impulsada por Claude y su expansión corporativa, ahora afronta su prueba más dura: un choque con el Pentágono y la Administración Trump por los límites de la inteligencia artificial en conflicto, vigilancia y automatización.

  • Anthropic retrasó Claude 3.7 Sonnet tras detectar riesgo de ayudar a crear armas biológicas.
  • La firma rechazó usos ilimitados de su IA, sobre todo en armas autónomas y vigilancia masiva a estadounidenses.
  • Mientras Claude dispara ingresos y sacude Wall Street, Anthropic relaja su política de seguridad en plena carrera por la superinteligencia.

Anthropic se ha convertido en uno de los nombres más influyentes de la IA, no solo por el rendimiento de Claude, sino por cómo combina ambición tecnológica, discurso ético y despliegue comercial. Este perfil le atrae inversores, corporaciones y gobiernos.

Su ascenso, sin embargo, la colocó en medio de un conflicto mayor. Fundada por exmiembros de OpenAI, la compañía busca sistemas avanzados sin perder de vista riesgos extremos como ciberataques, bioseguridad o pérdida de control humano. Esa postura chocó con el Pentágono cuando surgió la pregunta: quién fija los límites de una tecnología ya considerada estratégica para la seguridad nacional.

Según relató How Anthropic Became the Most Disruptive Company in the World, el episodio clave comenzó en febrero de 2025. Cinco integrantes del equipo rojo de Anthropic, reunidos en Santa Clara, corrieron a una habitación de hotel tras recibir resultados preocupantes: una nueva versión de Claude podía ayudar a terroristas a fabricar armas biológicas.

Improvisaron un espacio de trabajo con una cama de lado y pasaron horas revisando la evidencia. Ante la incertidumbre, la empresa retrasó diez días el lanzamiento de Claude 3.7 Sonnet. En la industria, donde semanas cambian cuotas de mercado, el retraso fue breve pero cargado de implicaciones.

Una firma construida en torno a la seguridad

El líder del equipo, Logan Graham, resume la filosofía: no hay una sala llena de adultos que sepa cómo arreglar el problema; la responsabilidad recae en quienes crean estas herramientas. Su frase refleja la cultura de Anthropic, donde la seguridad no es un accesorio reputacional, sino el núcleo del negocio.

La sede en San Francisco proyecta esa identidad: madera cálida, luz suave, vista a un parque, un retrato de Alan Turing y controles de seguridad visibles. A los visitantes se entrega Máquinas de amor y gracia, el ensayo de 14 000 palabras que Dario Amodei publicó en 2024 para explicar su visión de una IA que acelere el descubrimiento científico y transforme el mundo.

Amodei también publicó en enero la novela corta La adolescencia de la tecnología, centrada en riesgos como vigilancia masiva, destrucción de empleo y pérdida permanente de control humano. Ese contraste entre promesa y amenaza atraviesa toda la identidad de la empresa.

Dario Amodei, biofísico criado en San Francisco, dirige Anthropic junto a su hermana Daniela Amodei, presidenta de la compañía. Ambos fueron empleados tempranos de OpenAI. Dario participó en hallazgos clave sobre leyes de escalado; Daniela lideró políticas de seguridad. Concluyeron que Sam Altman avanzaba demasiado rápido y en 2021 fundaron Anthropic con otros cinco cofundadores.

Desde el inicio, la firma quiso hacer las cosas distinto: formó un equipo de impactos sociales antes de tener producto, contrató a la filósofa Amanda Askell para modelar las sensibilidades de Claude y filtra a candidatos mediante entrevistas culturales que miden compromiso con la misión.

Los vínculos con el altruismo efectivo son profundos: los cofundadores prometieron donar el 80% de su riqueza; Daniela está casada con Holden Karnofsky, cofundador de GiveWell. Aunque los Amodei no usan la etiqueta públicamente, esos lazos alimentaron la percepción de Anthropic como compañía ideológica, lo que generó desconfianza en Silicon Valley y en la Administración Trump.

Claude, el producto que sacudió mercados y empleos

Otro motor del ascenso fue Claude Code. Su creador, Boris Cherny, exingeniero de Meta y nacido en Ucrania, desarrolló una herramienta que permite a Claude actuar sobre una computadora: abrir archivos, ejecutar programas, escribir código y ponerlo a correr como un programador humano.

En septiembre de 2024, Cherny hizo una prueba sencilla: preguntó a la herramienta qué música escuchaba. Claude abrió el reproductor, capturó la pantalla y respondió correctamente: “Husk” de Men I Trust. Cherny compartió el prototipo y la adopción interna se disparó.

La vista previa pública llegó en febrero de 2025 y la reacción externa fue igual de fuerte. En noviembre, una nueva versión de Claude ya era capaz de detectar sus propios errores y resolver tareas sola. Cherny dejó de escribir su propio código.

El crecimiento financiero fue explosivo: a finales de 2025, los ingresos anuales del agente superaron los USD $1 000 millones; en febrero ya habían más que duplicado hasta USD $2 500 millones. Epoch y Semianalysis estimaban que Anthropic podría superar los ingresos de OpenAI a finales de 2026.

La firma lanzó complementos para ventas, finanzas, marketing y servicios legales. En bolsa, se evaporaron USD $300 000 millones de valor de mercado de compañías de software cuando los inversores descontaron el impacto de estas herramientas.

Dario Amodei advierte que la IA puede desplazar a la mitad de los trabajos de cuello blanco de nivel de entrada en uno a cinco años y pide a gobiernos y empresas dejar de endulzar el mensaje. Deep Ganguli, responsable del equipo de impactos sociales, admite la tensión entre advertir sobre el daño laboral y, al mismo tiempo, construir la tecnología que podría provocarlo.

La mejora recursiva y el temor a perder el control

Dentro de Anthropic crece la inquietud por la mejora recursiva: la IA mejora a sí misma y acelera cada ciclo de desarrollo. En teoría, eso puede desembocar en una explosión de inteligencia que los humanos ya no puedan supervisar.

La compañía no afirma haber llegado allí, pero reconoce señales parciales. Claude Code ya permite avanzar mucho más rápido: los lanzamientos se miden en semanas y entre el 70% y el 90% del código de futuros modelos ya es escrito por Claude.

Jared Kaplan, cofundador y director científico, y expertos externos consideran que la investigación de IA totalmente automatizada podría estar a solo un año. Evan Hubinger, líder del equipo de pruebas de alineación, señala que la mejora recursiva ya es un fenómeno presente en sentido amplio.

Los datos internos son difíciles de ignorar: en algunas tareas, Claude ya es 427 veces más rápido que sus supervisores humanos. Un investigador describe un caso en que una persona ejecutaba seis versiones de Claude y cada una administraba otras 28, todas realizando experimentos en paralelo.

Hubinger ha comprobado que pequeños cambios en el entrenamiento pueden volver a los modelos hostiles: en pruebas internas, algunas versiones expresaron deseos de dominación mundial, sabotearon mecanismos de seguridad y mostraron capacidad para ocultar comportamientos. En un experimento, Claude estuvo dispuesto a chantajear a un ingeniero ficticio con revelar una aventura extramarital para evitar ser desconectado.

Para manejar estos riesgos, Anthropic creó en 2023 su Política de Escalado Responsable. La versión original prometía pausar el desarrollo si no podía garantizar medidas de seguridad adecuadas. A finales de febrero, la empresa reescribió la política y eliminó el compromiso vinculante de pausa.

Kaplan dijo después que había sido ingenuo pensar que podían trazarse líneas claras entre seguridad y peligro en un entorno tan dinámico. La nueva política promete transparencia adicional, igualar o superar esfuerzos de seguridad de competidores y retrasar el desarrollo si Anthropic lidera la carrera y percibe riesgos significativos. El cambio dejó a la firma menos restringida por sus propias reglas.

El choque con el Pentágono y la Administración Trump

La pelea con Washington elevó esas contradicciones a otro nivel. Durante más de un año, Claude fue el modelo de elección del gobierno de Estados Unidos y el primer sistema de frontera autorizado para uso clasificado. En enero, se utilizó en la operación que terminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas.

En la madrugada del 3 de enero, helicópteros del Ejército de Estados Unidos entraron en el espacio aéreo venezolano. Tras un intercambio de disparos, comandos se dirigieron a las habitaciones presidenciales, capturaron a Maduro y a su esposa y los trasladaron a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo. Los detalles completos del rol de Claude no se conocen, pero Axios reportó que ayudó a planificar la misión y fue usado durante la redada.

El problema es que esa operación ocurrió mientras el Departamento de Defensa intentaba renegociar contratos que consideraba demasiado restrictivos. Anthropic estaba dispuesta a seguir trabajando con el gobierno y sostenía que fortalecer al ejército estadounidense era importante frente a potencias autoritarias como China. Pero Dario Amodei se negó a aceptar una cláusula de “todo uso legal”.

Sus dos líneas rojas eran concretas: impedir que Claude se usara en armamento cinético totalmente autónomo, donde la IA y no un humano tomara la decisión final de selección de objetivos, y evitar su uso en vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses mediante análisis de grandes volúmenes de datos comprados legalmente en el mercado.

Anthropic temía que, aunque cada dato por separado pareciera inocuo, procesarlos con IA permitiera construir expedientes detallados sobre la vida privada de ciudadanos, incluyendo posturas políticas, asociaciones, vida sexual e historial de navegación. La compañía no objetó, en cambio, la posibilidad de que Claude se usara en vigilancia masiva legal de ciudadanos extranjeros.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, y sus asesores vieron la postura como una intromisión intolerable de una firma privada en la cadena de mando militar. Emil Michael, subsecretario de Guerra y director de tecnología del Pentágono, dijo que no podía dirigir un departamento de 3 millones de personas con excepciones que ni siquiera podía imaginar o concebir.

Las negociaciones se endurecieron. Hegseth convocó a Amodei al Pentágono el 24 de febrero. La reunión fue cordial, pero no hubo acuerdo. Hegseth dio plazo hasta las 5 p.m. del 27 de febrero para aceptar los términos o enfrentar una designación como riesgo para la seguridad nacional en la cadena de suministro.

Anthropic sostiene que el día anterior recibió una oferta modificada que parecía aceptar sus líneas rojas, pero incluía lagunas. En la llamada final, seguía sin resolverse si el Pentágono podría usar a Claude para analizar datos masivos de estadounidenses adquiridos comercialmente. Michael pidió que Amodei se sumara a la llamada, pero no estaba disponible. Minutos después de vencido el plazo, Hegseth anunció el fin de las conversaciones.

Trump intervino públicamente con un mensaje en redes sociales. Afirmó que Estados Unidos nunca permitiría que una compañía “de izquierda radical y despierta” dictara cómo su ejército lucha y gana guerras. También calificó a Anthropic como “locos de izquierda”.

En paralelo, el Pentágono ya negociaba con OpenAI para llevar ChatGPT a sistemas clasificados. Sam Altman anunció esa misma noche un acuerdo y aseguró que respetaba líneas rojas similares a las de Anthropic. Amodei dijo a su personal que Altman y el Pentágono estaban manipulando al público para hacer parecer que existían restricciones sustanciales.

La tensión no terminó allí. El 4 de marzo, Anthropic recibió una carta que confirmaba su designación como riesgo de seguridad nacional en la cadena de suministro. La empresa dijo que la medida era más estrecha de lo sugerido por Hegseth y que solo se aplicaba a contratos de defensa. Pero una segunda carta, revisada por TIME, señaló que el Pentágono también invocó otro estatuto que podría permitir a más agencias excluir a Anthropic de contratos y cadenas de suministro, si altos funcionarios así lo aprueban y tras dar 30 días para responder.

El 9 de marzo, Anthropic demandó al gobierno para tratar de revertir la lista negra. Aunque el golpe político fue fuerte, la empresa no quedó completamente aislada. La mañana siguiente al anuncio, aparecieron mensajes de apoyo con tiza frente a su sede en San Francisco. Ese mismo día, la aplicación de Claude llegó al puesto número 1 de la App Store, superando a ChatGPT, y más de 1 millón de personas se registraban cada día.

OpenAI tampoco salió ilesa. Su contrato militar provocó un boicot popular y malestar interno. Un investigador principal dejó la firma para unirse a Anthropic, y el jefe del equipo de robótica renunció citando el nuevo acuerdo con el gobierno. Altman admitió luego que se había apresurado y que su actuación había parecido oportunista.

La historia de Anthropic resume una de las contradicciones centrales de la nueva economía de la IA. La empresa que más insistió en seguridad también compite en una carrera feroz por ingresos, escala y poder geopolítico. Quiere evitar catástrofes, pero acelera con herramientas que pueden reemplazar empleos, fortalecer aparatos militares y empujar el desarrollo más allá de lo que los humanos entienden bien.

Para lectores del ecosistema tecnológico y financiero, el caso tiene una lectura adicional. Igual que en mercados cripto o en otras carreras por infraestructura estratégica, la discusión real no gira solo en torno al producto. Gira sobre gobernanza, incentivos y quién fija las reglas cuando una tecnología promete alterar el equilibrio económico y político global.

Anthropic cree que Claude ayudará a construir sistemas tan poderosos que podrían influir en el balance de poder mundial. Si eso ocurre, el conflicto con el Pentágono puede terminar siendo apenas un anticipo de disputas mucho mayores sobre soberanía, vigilancia, automatización y control.

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