Ana Fernández-Arcos: “Algunos otorgan a los sueños un poder que puede alterar su destino”
Ana Fernández-Arcos (Barcelona, 42 años) ejerce la neurología enfocada en el descanso e investiga en la Fundación Pasqual Maragall. Atiende la llamada desde su oficina a las 11:00 de este martes.
Pregunta. ¿Soñó anoche?
Respuesta. Sí.
P. ¿Por qué algunos lo recuerdan y otros no?
R. Aún no lo desciframos del todo. Sin embargo, la relevancia que cada uno les concede marca diferencias. Quien suele compartirlos o reflexiona sobre ellos entrena la memoria inconsciente y retiene más detalles.
P. ¿Indica algo recordarlos de golpe?
R. Si alguien que antes no los evocaba empieza a hacerlo a diario, puede reflejar un trastorno o un descanso fragmentado por causas médicas.
P. A veces surgen recuerdos que preferimos olvidar.
R. Durante la fase REM el cerebro activa emociones intensas. En ese momento la actividad cerebral casi igila la vigilia, por lo que reviven experiencias marcantes.
P. ¿Tiene sueños repetidos?
R. Me ha tocado varias veces rendir el MIR. Cada quien sueña con su propia tensión. La amígdala, vinculada al miedo, desata pesadillas. Además, solemos retener más los sueños negativos que los agradables.
P. ¿Buscar significados tiene sentido?
R. Desde la ciencia, no. El contenido concreto no esconde claves, aunque refleje intereses o temores. Lo relevante es el proceso del sueño, no la historia.
P. ¿Ejemplo?
R. El trastorno de conducta en la fase REM. Suele presentarse tras los 50 años: sueños vívidos con defensa activa. Su detección precoz puede anticipar parkinson. Importa la sensación de lucha, no el relato.
P. ¿Dormimos peor que hace dos décadas?
R. Asumimos que sí. Recortamos horas y glorificamos la productividad. También exigimos dormir enseguida, sin transición. El descanso precisa rutina y desconexión.
P. Pero no se practica.
R. Muchos jóvenes se quedan dormidos en clase por dormir solo seis horas cuando su cerebro en desarrollo necesita nueve.
P. ¿Consecuencias del mal dormir?
R. A corto plazo: irritabilidad, fatiga, somnolencia, bajo rendimiento, accidentes. A largo: riesgo cardiovascular, problemas mentales y neurodegenerativas. Menos de seis horas es la franja crítica en estudios.
P. ¿Qué señal obliga a visitar una unidad del sueño?
R. Cuando cumples horarios adecuados, evitas alcohol y tabaco, cenas ligero y aún así te despiertas cansado o con somnolencia diurna. La automedicación no sustituye la valoración médica.
P. El móvil.
R. Resta tiempo y luz; inhibe melatonina. El scroll constante y las noticias activan la mente antes de dormir.
P. Algunos solo concilian con radio o tele.
R. Las rutinas personales son válidas: la voz conocida o la serie repetida generan seguridad. Usa temporizador.
P. Sueños lúcidos: ¿control o ficción?
R. Existen. Estudios detectan ondas gamma propias en quienes los experimentan. Se entrenan para usarlos terapéuticamente en pesadillas de estrés postraumático.
P. ¿Apps y relojes de sueño?
R. Miden movimiento, respiración y pulso. Orientan hábitos pero no diagnostican; en insomnes pueden generar obsesión.
P. Inteligencia artificial.
R. La polisomnografía aporta múltiples datos. Con IA se analizan millones de registros para anticipar riesgos. En la Fundación estudiamos ondas lentas y eliminación de proteína amiloide como marcador precoz de alzhéimer.
P. ¿Qué la llevó a especializarse?
R. La neurología es muy humana. Preguntar por el sueño implica entrar en la intimidad. Me atraen la conciencia, las alucinaciones y cómo el descanso anticipa enfermedades neurodegenerativas.
P. ¿Caso que la impactara?
R. Ver cómo los sueños cambian vidas. La interpretación familiar ante sueños infantiles puede condicionar el desarrollo. Algunos giran su destino por una noche onírica.
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