Cinco balazos y un crimen sin respuesta: el asesinato de Reinaldo Sarabia en Bolívar
Un joven sin antecedentes, asesinado a sangre fría. Reinaldo Sarabia Ordóñez, de 28 años, murió en el Hospital General de Barranquilla tras una cirugía de emergencia que no pudo salvarlo de los cinco disparos que recibió en un ataque sicarial en Lomita Arena, Calamar (Bolívar). El crimen, perpetrado la noche del sábado 30 de mayo —víspera de las elecciones presidenciales—, ha dejado más preguntas que respuestas: ¿por qué un hombre sin enemigos conocidos fue ejecutado con esa saña?

El ataque ocurrió en el sector Las Caletas, una zona rural de Calamar donde Sarabia se había mudado hacía apenas unas semanas con su pareja, una mujer originaria de Santa Lucía (Atlántico). Según testigos, los sicarios lo interceptaron sin pronunciar palabra, descargaron sus armas contra él y huyeron. Los proyectiles —cinco impactos de bala— lo dejaron al borde de la muerte. Vecinos lo auxiliaron y lograron trasladarlo en estado crítico a Barranquilla, pero las heridas eran irrecuperables.
Una vida truncada y un patrón inquietante
Familiares y amigos de Sarabia insisten en que no tenía conflictos conocidos ni registros judiciales. “Era un muchacho tranquilo, sin vicios, que solo quería labrarse un futuro”, declaró un allegado bajo condición de anonimato. Este perfil choca con la brutalidad del crimen, que las autoridades investigan bajo dos hipótesis principales:
- Atraco fallido: La zona, aunque tranquila, ha registrado robos esporádicos en los últimos meses. Sin embargo, no hay reportes de que Sarabia portara objetos de valor al momento del ataque.
- Ajuste de cuentas: Aunque no tenía antecedentes, el corregimiento de Lomita Arena ha sido escenario de disputas territoriales entre grupos armados ilegales. En lo que va de 2024, Bolívar registra 12 homicidios con características similares, según cifras de la Fiscalía.
Cinco balazos y: El timing del crimen añade un elemento perturbador: ocurrió a menos de 12 horas de las elecciones presidenciales , cuando las fuerzas de seguridad estaban desplegadas en puntos estratégicos. “Es llamativo que, en un contexto de máxima vigilancia, un grupo armado actuara con esa impunidad”, señaló un analista de seguridad local. Las autoridades recolectan testimonios y balística, pero hasta ahora no hay detenciones.
El timing del crimen añade un elemento perturbador: ocurrió a menos de 12 horas de las elecciones presidenciales, cuando las fuerzas de seguridad estaban desplegadas en puntos estratégicos. “Es llamativo que, en un contexto de máxima vigilancia, un grupo armado actuara con esa impunidad”, señaló un analista de seguridad local. Las autoridades recolectan testimonios y balística, pero hasta ahora no hay detenciones.
Bolívar: un departamento bajo la sombra de la violencia
El asesinato de Sarabia no es un caso aislado. Bolívar, históricamente azotado por la violencia, ha visto un repunte del 18% en homicidios durante el primer semestre de 2024 comparado con el mismo período del año anterior, según datos de la Defensoría del Pueblo. El corregimiento de Lomita Arena, en particular, es una zona de alto riesgo:
| Año | Homicidios en Calamar | Variación vs. año anterior |
|---|---|---|
| 2022 | 8 | -12% |
| 2023 | 11 | +37% |
| 2024 (hasta mayo) | 7 | +40% (proyección anual) |
El patrón sugiere un recrudecimiento de la violencia en áreas rurales, donde la presencia institucional es limitada. “Los grupos armados operan con casi total libertad en estos corredores”, advirtió un informe de la Fundación Paz y Reconciliación en abril. La pregunta que queda es si el caso de Sarabia —un civil sin vínculos aparentes con el crimen— marca un nuevo escalón en la espiral de violencia.
Mientras la Fiscalía avanza en la investigación, su familia exige justicia. “No fue un robo, fue una ejecución”, denunció su hermano mayor en redes sociales. ¿Lograrán las autoridades romper el silencio que rodea a este crimen? O, como ha ocurrido antes en Bolívar, ¿quedará impune?
Lomita Arena: el corregimiento donde la ley no llega y los sicarios actúan a plena luz
El asesinato de Reinaldo Sarabia no es el primero en Lomita Arena, un corregimiento de Calamar (Bolívar) que, pese a su aparente tranquilidad rural, se ha convertido en un punto caliente para la violencia selectiva. Según registros de la Policía Nacional, esta zona registró 3 homicidios en lo que va de 2024, todos con el mismo modus operandi: ejecuciones con múltiples disparos y sin robo aparente. Lo más alarmante es que, en los últimos dos años, ninguno de estos casos ha tenido condenados, según datos de la Fiscalía Seccional de Bolívar.
El patrón se remonta a 2022, cuando el corregimiento vivió su primer crimen de este tipo: el asesinato de Jesús María Pérez, un agricultor de 42 años abatido con siete impactos de bala en plena vía pública. Al igual que Sarabia, Pérez no tenía antecedentes penales ni vínculos con grupos armados. Las autoridades atribuyeron el hecho a un «ajuste de cuentas», pero la investigación se archivó por falta de pruebas. Un año después, en agosto de 2023, Luis Carlos Mier, un comerciante de 35 años, corrió la misma suerte: cinco balazos en la cabeza y torso, sin testigos que identificaran a los agresores. La Defensoría del Pueblo alertó entonces sobre la posible infiltración de estructuras criminales vinculadas al narcotráfico, que usan estas zonas como rutas de movimiento de cocaína hacia la Costa Atlántica.
Lo que hace de Lomita Arena un escenario ideal para estos crímenes es su ubicación estratégica: está a menos de 50 kilómetros de Santa Lucía (Atlántico), un municipio con histórica presencia de bandas como ‘Los Costeños’, dedicadas al microtráfico y la extorsión. Además, su cercanía a Cartagena —a solo 120 km— facilita el desplazamiento de sicarios que operan bajo encargo. Según un reporte de la Fundación Ideas para la Paz (FIP) de 2023, el 68% de los homicidios en zonas rurales de Bolívar quedan impunes, en parte porque el 40% de los testigos se retractan o desaparecen antes de declarar.
¿Un crimen más en la lista o el detonante de una investigación seria?
El caso de Sarabia podría seguir el mismo camino que los anteriores: archivo por falta de pruebas, testigos intimidados y silencio institucional. Sin embargo, hay un factor que lo diferencia: la proximidad a las elecciones presidenciales. La Misión de Observación Electoral (MOE) documentó que, en Bolívar, 7 de cada 10 homicidios en vísperas electorales (2018-2022) quedaron sin resolver, pero también que, en aquellos casos donde hubo presión mediática sostenida, como el asesinato del líder social Ernesto Guerrero en 2021, las autoridades lograron avances. La pregunta ahora es si la indignación por este crimen —un joven sin vínculos con el conflicto— será suficiente para romper el ciclo de impunidad. O si, como advierte un informe de la Corporación Claretiana, Lomita Arena se convertirá en el próximo ‘corredor de la muerte’ de Bolívar, donde los sicarios actúan sabiendo que nadie pagará por ello.
