Presos políticos en huelga de hambre en la cárcel El Rodeo I de Venezuela exigiendo libertad

Huelga de hambre masiva en Venezuela: 213 presos políticos exigen libertad

Una protesta que desafía al sistema. Más de 200 presos políticos de la cárcel El Rodeo I, entre ellos el argentino Nahuel Gallo, iniciaron una huelga de hambre para demandar su liberación, solo tres días después de la promulgación de la Ley de Amnistía.

La ONG Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clipp) detalló en X que 213 personas dentro de la prisión se sumaron a la protesta, según el vídeo difundido por familiares. En él, denuncian la falta de atención médica oportuna y exigen el cumplimiento de las liberaciones, así como el cese de la vulneración de sus derechos humanos.

La amnistía bajo escrutinio

El exdiputado opositor Juan Pablo Guanipa, liberado esta semana tras la aprobación de la ley, advirtió en X que “la gran mayoría” de los recluidos en El Rodeo I se encuentran en un “precario estado de salud”. Guanipa, colaborador de la líder opositora María Corina Machado, citó una publicación de María Alexandra Gómez, pareja de Nahuel Gallo, quien confirmó la participación del gendarme argentino en la huelga. Gómez, de nacionalidad venezolana, responsabilizó a las autoridades penitenciarias por la salud de Gallo —detenido en diciembre de 2024— y del resto de los manifestantes.

Desde una perspectiva analítica, la discrepancia entre las cifras de liberaciones anunciadas por el Gobierno y las verificadas por la oposición y ONG como Foro Penal revela una brecha de confianza institucional. Mientras el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, habló de “cientos de liberaciones” desde el sábado, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) solo confirmó 19, y Foro Penal, 16 hasta el mediodía del domingo.

Los límites de una ley controvertida

La amnistía, promulgada el jueves, cubre teóricamente el período entre 1999 y 2026, pero excluye arrestos ocurridos en al menos 15 de los últimos 27 años, así como casos vinculados a operaciones militares. Foro Penal estimó que al menos 400 presos políticos podrían quedar fuera de la norma, mientras que más de 600 siguen encarcelados por motivos políticos, según su conteo.

Lo que esto revela es un conflicto entre el discurso oficial —que niega la existencia de presos políticos— y la realidad documentada por organizaciones de derechos humanos. La pregunta clave ahora es si esta huelga de hambre logrará presionar al Gobierno para ampliar el alcance de la amnistía o, al menos, garantizar condiciones dignas para los detenidos.

¿Podrá la presión internacional y la movilización interna forzar un cambio en la estrategia del Ejecutivo?

El simbolismo de la resistencia colectiva

Más allá de las cifras y las discrepancias en las liberaciones, la huelga de hambre en El Rodeo I expone una dinámica de resistencia organizada que trasciende lo individual. Lo que esto revela es la capacidad de los presos políticos para articular una protesta masiva en un contexto de aislamiento y represión, usando el cuerpo como último recurso de presión.

Desde una perspectiva analítica, la participación de figuras como Nahuel Gallo —cuyo caso ha trascendido fronteras— añade una dimensión transnacional al conflicto. La movilización de familiares y la difusión de videos desde la prisión demuestran que, incluso en condiciones de encierro, los detenidos mantienen canales de comunicación con el exterior, desafiando el control informativo del Estado.

La amnistía, en lugar de cerrar el ciclo de conflicto, ha abierto un nuevo frente: el de su aplicación selectiva. La exclusión de casos vinculados a operaciones militares y el vacío legal en periodos clave dejan en evidencia que la norma, más que una solución, es un campo de batalla político. La huelga, en este sentido, no solo exige libertad, sino que cuestiona la legitimidad misma de un marco legal que promete inclusividad pero practica la discriminación.

La paradoja de la visibilidad

La protesta masiva en El Rodeo I convierte a los presos políticos en actores visibles de una lucha que el Gobierno ha intentado invisibilizar. ¿Logrará esta estrategia de presión —basada en la sacrificio físico y la solidaridad— forzar una respuesta institucional, o el Estado optará por ignorarla, arriesgándose a una escalada de tensiones con consecuencias impredecibles?

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