Bandera de EEUU y Venezuela sobre barriles de petróleo y mapa geopolítico

EEUU asume el control indefinido del petroleo venezolano: estabilizar, recuperar y transicionar

Un giro geopolítico sin precedentes. Estados Unidos controlará “indefinidamente” la venta del petróleo venezolano, con sus ganancias en cuentas bajo su supervisión.

El secretario de Energía, Chris Wright, confirmó durante una conferencia en Miami que Washington gestionará la comercialización del crudo venezolano, incluyendo el ya almacenado y el futuro. “Las ventas las hará el Gobierno de EEUU y se depositarán en cuentas controladas por el Gobierno de EEUU”, declaró. Este movimiento, según Wright, busca garantizar que los fondos reviertan en beneficio del pueblo venezolano, pero siempre bajo el control estadounidense para “impulsar los cambios que simplemente deben ocurrir en Venezuela”.

La medida llega tras el anuncio del presidente Donald Trump de que Venezuela enviará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a EEUU para su venta. Wright subrayó que su país está “trabajando directamente en cooperación con los venezolanos”, un mensaje que refuerza la narrativa de colaboración, aunque bajo condiciones estrictas. Ese mismo día, EEUU incautó dos buques petroleros vinculados a Venezuela: uno con bandera rusa en el Atlántico Norte y otro con falsa bandera de Camerún en el mar Caribe.

El plan de tres fases: estabilización, recuperación y transición

Marco Rubio, secretario de Estado, desglosó el proceso que EEUU ha iniciado en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro. La primera fase, la estabilización, busca evitar el caos en el país. Para ello, el control del petróleo —principal fuente de financiación del régimen— es clave. “Lo venderemos a precios de mercado, no con los descuentos que recibía Venezuela. Ese dinero se gestionará de tal manera que controlaremos su distribución para beneficiar al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen”, explicó Rubio. Desde una perspectiva analítica, este enfoque revela una estrategia de presión económica para forzar cambios políticos, usando el petróleo como palanca.

La segunda fase, la recuperación, incluye dos ejes: garantizar el acceso justo de empresas estadounidenses y de otros países al mercado venezolano, y promover un “proceso de reconciliación nacional” para amnistiar y liberar a los presos políticos, permitiendo su regreso al país. Lo que esto revela es un intento de reconfigurar el panorama político venezolano, vinculando la estabilidad económica con la apertura democrática. La pregunta clave ahora es cómo reaccionará la oposición y las bases del chavismo ante esta hoja de ruta impuesta desde el exterior.

La tercera fase, la transición, completaría el proceso, aunque Rubio admitió que algunas etapas se solaparán. “Estamos avanzando de forma muy positiva”, afirmó. Más allá de los hechos, lo que emerge es una ambición de EEUU por posicionarse como el actor dominante en la redefinición del futuro venezolano, tanto en lo económico como en lo político.

Presiones y condiciones: el precio de la cooperación

Donald Trump ha exigido a Venezuela que corte sus relaciones con China, Rusia, Irán y Cuba como condición previa para extraer y comercializar su petróleo, según funcionarios citados por ABC. La intención de Washington es clara: convertirse en la única “relación petrolera” de Venezuela. Rubio, en una reunión privada con legisladores, habría argumentado que Caracas necesita vender su petróleo para evitar la insolvencia financiera en dos semanas, lo que le da a EEUU un margen de presión considerable.

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que el crudo que llegará “muy pronto” a EEUU incluye petróleo “sancionado” y “a bordo de buques”. Por su parte, PDVSA ha validado las negociaciones con Washington para la venta de “volúmenes” de petróleo. Un detalle clave es que Chevron, la petrolera estadounidense, ha mantenido sus operaciones con PDVSA incluso durante la escalada de tensiones, siendo la única con licencia de exportación bajo las sanciones. Bloomberg reveló que Chevron ya ha enviado al menos once buques cisterna a Venezuela para cargar crudo, dos más que en diciembre.

Analizando el contexto, la estrategia de EEUU parece diseñada para asfixiar económicamente al régimen actual mientras ofrece una salida controlada, pero con condiciones no negociables. La pregunta que queda en el aire es si esta intervención, aunque presentada como una solución, no terminará profundizando las divisiones internas en Venezuela.

¿Logrará EEUU equilibrar su interés geopolítico con las demandas de un pueblo que lleva años sumido en la crisis?

Implicaciones geopolíticas de un control sin precedentes

El control indefinido del petróleo venezolano por EEUU trasciende lo económico: es un movimiento de ajedrez geopolítico que redefine el tablero energético y político de la región.

Desde una perspectiva analítica, lo que esto revela es una estrategia de hegemonía por sustitución: Washington no solo asume el rol de comercializador, sino que se erige como árbitro de la transición política en Venezuela. La incautación de buques con banderas rusas o falsificadas subraya un mensaje claro: el acceso al crudo venezolano ahora tiene un único guardián. Más allá de los hechos, lo que emerge es un modelo de intervención donde la cooperación se condiciona a la alineación con los intereses estadounidenses, excluyendo a actores tradicionales como China o Rusia.

La mención de Chevron como única empresa con licencia de exportación bajo sanciones no es casual. Refleja cómo EEUU utiliza a sus corporaciones como herramientas de presión, garantizando que el flujo de petróleo —y por tanto, de influencia— pase exclusivamente por canales controlados. La pregunta clave ahora es si esta dinámica consolidará a Venezuela como un estado cliente o si generará resistencias que prolonguen la inestabilidad.

El dilema de la legitimidad

La narrativa de “beneficiar al pueblo venezolano” choca con la realidad de un control externo que anula la soberanía sobre el principal recurso del país. ¿Puede una transición impuesta desde fuera generar legitimidad interna, o terminará siendo percibida como una nueva forma de colonialismo energético?

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