Cartagena reduce homicidios un 23,9% en el primer semestre de 2026
Una reducción que salva 48 vidas. Cartagena cerró el primer semestre de 2026 con 153 homicidios, 48 menos que en el mismo periodo de 2025, marcando un descenso del 23,9% en este delito.
El balance de junio, con 27 homicidios, refleja una caída de 10 casos respecto al mismo mes del año anterior. Entre las víctimas, destacan casos como el de Yoxana Nayarit Conde Caguare, de 28 años, presuntamente asesinada por su expareja en Bayunca, o Mireya Polo Batista, de 49 años, abatida por sicarios en el barrio San Francisco. Con ellas, suman seis las mujeres asesinadas en lo que va de año en la ciudad y sus corregimientos.
El mes también dejó hechos impactantes, como el linchamiento de Norberto Pérez Salas, exsargento pensionado de la Policía Nacional, atacado por una turba en el barrio Olaya Herrera. Tres personas ya fueron capturadas por este homicidio agravado. Además, dos hombres murieron durante intentos de atraco en los barrios Los Caracoles y Escallón Villa, uno acuchillado por la víctima y otro abatido en lo que la Policía calificó como legítima defensa.
Entre las cifras, destaca el caso de David Junior Pérez Medina, alias “Junior”, quien murió el 28 de junio tras ser herido en un atraco el 8 de mayo. Este joven de 22 años estaba siendo investigado por el asesinato del turista estadounidense Gregory Stewart Owens, ocurrido en octubre de 2023.
Modalidades y perfiles: un retrato de la violencia
De los 27 homicidios en junio, 27 fueron cometidos con arma de fuego, mientras que los restantes emplearon armas blancas o contundentes. Entre las víctimas, 14 tenían antecedentes judiciales. En comparación con junio de 2025, cuando se registraron 37 homicidios, la reducción es notable: los sicariatos pasaron de 26 a 16 casos, las riñas de 4 a 3, y los atracos de 3 a 2, manteniéndose en 4 los casos por establecer.

Desde una perspectiva analítica, la disminución del 33,8% en homicidios por sicariato —la modalidad más recurrente— sugiere un avance en el desmantelamiento de estructuras criminales dedicadas a este tipo de crímenes. Sin embargo, el incremento en lesiones personales, asociado a riñas e intolerancia, revela que la violencia interpersonal sigue siendo un desafío pendiente.
Estrategias y resultados: el impacto de la intervención policial
La Policía Metropolitana de Cartagena atribuye estos resultados a una combinación de acciones preventivas, investigativas y operativas. Durante el primer semestre, se incautaron 3.190 armas blancas y se capturaron 51 personas por homicidio, incluyendo 12 presuntos sicarios, con un 35% de esclarecimiento de los casos. Además, 144 barrios se mantuvieron libres de homicidios, demostrando el efecto de la intervención integral en la seguridad comunitaria.
La ofensiva contra la delincuencia organizada también dejó cifras significativas: 3.695 capturas en total, de las cuales 3.423 fueron en flagrancia. En la lucha contra el narcotráfico, se incautaron 653 kilogramos de estupefacientes y se detuvieron a 1.700 personas por este delito. Asimismo, se decomisaron 346 armas de fuego, lo que, según las autoridades, ha mermado la capacidad operativa de los grupos delincuenciales.
La Mecar destacó la ejecución de 168 allanamientos y 30 operaciones estructurales, 16 de ellas contra el Clan del Golfo y 14 contra bandas delincuenciales, logrando la captura de 74 integrantes, incluidos 18 cabecillas. Esto refleja un esfuerzo por desarticular las redes que sostienen el crimen organizado en la región.
Seguridad patrimonial: avances en la protección ciudadana
Los delitos contra el patrimonio económico también registraron una reducción sostenida: el hurto a personas disminuyó un 38,2%; el hurto a comercio, un 24,5%; el hurto a residencias, un 13,9%; el hurto de automotores, un 27,5%; y el hurto de motocicletas, un 20,6%. En el Centro Histórico, la estrategia de turismo seguro y el refuerzo del pie de fuerza permitieron una caída del 65,9% en el hurto a personas, consolidando esta zona como un modelo de intervención exitosa.
Lo que esto revela es que, más allá de las cifras, Cartagena está logrando avances tangibles en la lucha contra la delincuencia, aunque persisten retos en la prevención de la violencia interpersonal. La pregunta clave ahora es si estas estrategias podrán sostenerse en el tiempo y expandirse a otras áreas de la ciudad.
¿Podrá la ciudad mantener este ritmo de reducción de la criminalidad sin descuidar la atención a las causas estructurales de la violencia?
El costo humano detrás de las cifras y sus implicaciones sociales
Más allá de los porcentajes, lo que emerge es el rostro humano de la violencia: seis mujeres asesinadas en lo que va de año, víctimas de un patrón que trasciende lo estadístico. La presencia de casos como el de Yoxana Nayarit Conde Caguare, presuntamente asesinada por su expareja, o el linchamiento de Norberto Pérez Salas, revela que la violencia en Cartagena no es solo un fenómeno criminal, sino también un reflejo de tensiones sociales profundas.
Desde una perspectiva analítica, la reducción en homicidios por sicariato sugiere un avance en el control de estructuras organizadas, pero el mantenimiento de cifras en riñas y atracos indica que la violencia espontánea sigue siendo un desafío. Lo que esto revela es que, aunque las estrategias policiales han sido efectivas contra el crimen organizado, la prevención de conflictos interpersonales exige enfoques complementarios, como educación y mediación comunitaria.
La pregunta clave ahora es cómo integrar estas capas de intervención. Mientras las incautaciones de armas y las capturas desarticulan redes delictivas, la persistencia de muertes en contextos de intolerancia o legítima defensa sugiere que la seguridad no puede depender únicamente de la fuerza policial. La sostenibilidad de estos avances dependerá de abordar las causas raíz: desigualdad, acceso a la justicia y cultura de la violencia.
¿Hacia una seguridad integral o un alivio temporal?
El riesgo es que, sin políticas sociales que acompañen el despliegue policial, la reducción de homicidios sea un logro coyuntural. La violencia interpersonal, menos visible pero igualmente letal, podría erosionar los avances si no se atienden sus detonantes: desde disputas vecinales hasta la normalización de la justicia por mano propia.
