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	<title>Trauma archivos -</title>
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		<title>Procrastinar, obsesionarse o morderse las uñas: actos autodestructivos que surgieron para sobrevivir en un mundo hostil &#124; Salud y bienestar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Feb 2026 05:03:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Postergar eternamente esa tarea importante, darse un atracón de pizza o rememorar una y otra</p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/procrastinar-obsesionarse-o-morderse-las-unas-actos-autodestructivos-que-surgieron-para-sobrevivir-en-un-mundo-hostil-salud-y-bienestar/">Procrastinar, obsesionarse o morderse las uñas: actos autodestructivos que surgieron para sobrevivir en un mundo hostil | Salud y bienestar</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">Postergar eternamente esa tarea importante, darse un atracón de pizza o rememorar una y otra vez aquel episodio vergonzoso y terrible de nuestro pasado. Son formas de autosabotaje, comportamientos habituales que pueden llegar a ser dañinos, pero que tienen una base evolutiva, nuestro cerebro nos empuja a ellos para sobrevivir. Esta es la sugerente tesis que explica el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland en su libro<i> </i><a target="_blank" href="https://www.routledge.com/Controlled-Explosions-in-Mental-Health-A-Compassionate-Guide-to-Understanding-Why-Our-Brains-Self-Sabotage-Self-Criticise-and-Self-Harm/Heriot-Maitland/p/book/9781032908151" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.routledge.com/Controlled-Explosions-in-Mental-Health-A-Compassionate-Guide-to-Understanding-Why-Our-Brains-Self-Sabotage-Self-Criticise-and-Self-Harm/Heriot-Maitland/p/book/9781032908151"><i>Controlled Explosions in Mental Health</i> </a>(sin traducción al español). “El cerebro humano evolucionó para la supervivencia, no para conseguir felicidad o paz interior. Todo gira en torno a protegernos”, explica el experto en conversación con EL PAÍS. Esto implica que si hay una situación ambigua, tu cerebro la interpretará como un peligro. Intentará primar la supervivencia a tu salud mental. Es algo que empezó a hacer hace milenios y que ha llegado hasta nosotros ampliado por una simple cuestión evolutiva. </p>
<p class="">Nuestros ancestros más relajados, los menos paranoicos de la tribu, eran los que tenían más papeletas para ser devorados por ese ruido entre los arbustos que probablemente no será nada. “La selección natural ha favorecido cierta hiperventilación, cierta tendencia a sobreestimar las amenazas”, asegura <a target="_blank" href="https://charlieheriotmaitland.com/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://charlieheriotmaitland.com/">Heriot-Maitland</a>. Pero el mundo en el que vivimos no es el mismo en el que vivían nuestros antepasados. Ellos tenían tigres de las cavernas acechando, clanes rivales con los que competir y mamuts que cazar. Ahora compramos la carne en el supermercado, nuestro rival es Juan Francisco, de contabilidad y solo vemos tigres en la tele. Las amenazas son más pedestres y sociales: la desaprobación, el rechazo, el abandono, el miedo a no gustar&#8230; “Así que muchos de los comportamientos paranoicos que en otro contexto podían funcionar, hoy nos llevan a sabotearnos”, señala Heriot-Maitland.</p>
<p class="">En su libro, este experto formado en Oxford, con 12 años de experiencia en la sanidad pública inglesa, compara estos comportamientos con explosiones controladas. Nuestro cerebro tiene un escuadrón de artificieros que precipitan una reacción explosiva para evitar un daño mayor. Es como morderse las uñas en lugar aguantar durante años hasta explotar con un comportamiento de autolesiones; ser ligeramente autocrítico como método para mejorar, en vez de oír voces que juzgan y nos insultan de forma constante, en un comportamiento rayano en la esquizofrenia. “Hay que entender que estos comportamientos pueden llegar a ser clínicos, pero son un <i>continuum</i>, forman parte del mismo espectro”, señala el psicólogo. “Todos tenemos unos cerebros con un sesgo protector, pero estos mecanismos se vuelven más contundentes y ruidosos a medida que tenemos más experiencias negativas”. Por eso entender estos mecanismos puede hacernos no solo más comprensivos con nosotros mismos, sino más empáticos con quienes sufren alguna enfermedad mental grave.</p>
<p class="">Para escribir su libro, Heriot-Maitland decidió retirarse a un pueblecito del norte de Escocia, un retiro laboral que debería ayudarle con los plazos de entrega. Pero el pueblo resultó ser precioso. Tenía unas rutas de montaña espectaculares, unas vistas increíbles, incluso los libros que había en la casita donde se quedaba de repente le parecían fascinantes. Heriot-Maitland caminó mucho más de lo que escribió, y en uno de sus improductivos paseos por el campo cayó en la cuenta. Estaba procrastinando la escritura de un libro sobre la procrastinación. Más que una ironía, aquello fue una revelación, explica el autor. “Puedes investigar todo lo que quieras y realizar todos los estudios científicos del mundo, pero eso no es lo mismo que la conciencia de uno mismo. Puedes entender estos procesos intelectualmente, pero ocurren a un nivel más emocional, más inconsciente”. </p>
<p class="">Entonces, ¿qué sentido tiene detectarlos? Heriot-Maitland explica que el suyo no es un libro de autoayuda, no busca una solución mágica. Solo pretende explicar los mecanismos subyacentes de muchos comportamientos problemáticos, entender su origen. “Por ejemplo, con la procrastinación”, explica el psicólogo, “cuando estoy a punto de terminar algo, procrastino más. Quizá porque me estoy acercando a lo que temo, que es terminar un trabajo que luego podría ser juzgado o criticado, o que podría ser una porquería&#8230; Si entiendes eso, hay algunos miedos subyacentes con los que puedes trabajar”.</p>
<p class="">Más allá de la vertiente psicológica y práctica del libro, este encierra datos y anécdotas ciertamente curiosas. Por ejemplo, el experto explica por qué tanta gente se siente atraída por las películas de terror, los parques de atracciones o los deportes extremos. “Tienen un equilibrio perfecto entre seguridad y riesgo”, señala. Es una forma de vacunarnos, nos prepara, en un entorno seguro, para lidiar contra escenarios de estrés y ansiedad que podrían darse en la vida real. Heriot-Maitland lo explica con un ejemplo práctico: “ir en una montaña rusa es emocionante y divertido, pero ir en tu coche cuesta abajo, con los frenos rotos por una colina sería horrible”.</p>
<p class="">Esta idea se entiende desde el marco de la percepción predictiva, una teoría que viene a decir que nuestro modelo interior del mundo no es tanto la realidad, como una interpretación de la misma. Nuestro cerebro tiene un ancho de banda limitado, no puede procesar cada bit de información que se le presenta. Así que analiza lo que pasa y rellena los huecos de información con lo que cree que pasa. Por eso podemos leer perfectamente una palabra, aunque le falten letras. O interpretar la imagen de un puzle aunque no tenga todas las piezas. Pero para ello necesita información previa: haber leído antes esa palabra o visto un paisaje similar al del puzle. Por eso las películas de terror son perfectas, porque nos dan información sobre contextos en los que no hemos estado nunca. Nos inoculan una pequeña cantidad de miedo e incertidumbre para prepararnos para escenarios con una gran cantidad de ambos. “Funciona como una vacuna”, señala el experto.</p>
<p class="">Este mismo mecanismo estaría detrás de los llamados comportamientos de habituación, cuando la persona rumia escenarios dramáticos de forma obsesiva. Es un comportamiento negativo desde el punto de vista de la salud mental. “Pero tu cerebro podría estar usando el daño como una especie de entrenamiento o ensayo”, explica Heriot-Maitland. “Es como los pilotos, que pasan por una simulación antes de coger un avión de verdad”. De nuevo, esto tiene un origen evolutivo. Los ancestros catastrofistas, aquellos que habían ejercitado, preparado y afinado sus respuestas ante las amenazas, estarían más preparados cuando estas llegaran que aquellos que vivían una rutina despreocupada y feliz.</p>
<p class="">Parecería, así explicado, que la evolución hubiera premiado a los amargados. Que no hay goce y disfrute en el mundo que pueda tener un beneficio evolutivo. Y no es así. El sexo (más allá de su finalidad reproductiva) el alcohol y otras drogas recreativas han sido desde siempre comportamientos hedónicos, sociales y de escapismo ante los problemas. Pero su abuso puede convertirse en un comportamiento autodestructivo, explica el experto. “El alcohol, el sexo, las drogas… la gente los usa por cuestiones hedónicas y sociales, claro, pero pueden ser una forma de evitar emociones incómodas. Y es efectivo&#8221;. Estos comportamientos hedónicos crean una especie de entumecimiento o una distracción, generan sensaciones fuertes que anulan o tapan las emociones dolorosas que tienes. Y tu cuerpo aprende que esto funciona. Y piensa que es genial. “Así que lo haces más y más hasta que se convierte en una adicción, se forma un hábito y se vuelve una forma destructiva de evitación”.</p>
<p class="">Tanto en este caso como en los anteriores hay un espectro, desde el pequeño hábito nocivo hasta el comportamiento patológico. El libro de Charlie Heriot-Maitland pretende analizar los primeros, aquellas explosiones controladas que evitan la hecatombe. Lo hace para comprender primero la base evolutiva del autosabotaje, para ofrecer la oportunidad de reconocer su función protectora y, al mismo tiempo, abordar el daño que puede llegar a causar. “No queremos combatir estos comportamientos, pero tampoco queremos apaciguarlos y dejar que sigan controlando, dictando y saboteando nuestras vidas”, explica. “Lo importante es entender que tenemos opciones”.</p>
</div>
<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-02-02/procrastinar-obsesionarse-o-morderse-las-unas-actos-autodestructivos-que-surgieron-para-sobrevivir-en-un-mundo-hostil.html"> aquí</a></p>
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		<title>Las 24 horas cruciales: cómo gestionan los psicólogos una tragedia como la de Adamuz &#124; Salud y bienestar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Jan 2026 17:43:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Accidente trenes Adamuz]]></category>
		<category><![CDATA[Accidentes]]></category>
		<category><![CDATA[Accidentes ferrocarril]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
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		<category><![CDATA[Psicología clínica]]></category>
		<category><![CDATA[Trauma]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Era domingo por la tarde. Ana y su hermana, embarazada, volvían a Madrid en tren</p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/las-24-horas-cruciales-como-gestionan-los-psicologos-una-tragedia-como-la-de-adamuz-salud-y-bienestar/">Las 24 horas cruciales: cómo gestionan los psicólogos una tragedia como la de Adamuz | Salud y bienestar</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">Era domingo por la tarde. Ana y su hermana, embarazada, volvían a Madrid en tren después de pasar el fin de semana visitando a sus padres en Málaga. Iban con su perrito, <i>Boro</i>. Rocío Flores, abogada de 30 años, iba en otro convoy en dirección opuesta. Se dirigía a Huelva tras presentarse a unas oposiciones. De repente el tren de Ana empezó a temblar con fuerza. Y volcó. En unos segundos llegó el segundo impacto, ambos trenes colisionaron. “Volamos por los aires, fue un caos total”, contaba Flores a este periódico. Después se levantaron en medio de un desastre inimaginable. “Había gente que estaba muy, muy mal. Los tenías delante y sabías que se te iban y no podías hacer nada”, decía Ana. La joven también pedía ayuda para encontrar a su perro, desaparecido desde el impacto. </p>
<p class="">El accidente entre dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba) ha provocado al menos 39 muertos y más de un centenar de heridos. Al narrar una tragedia como esta, los periodistas se agarran a los números para cuantificarla y dimensionar el horror. Pero estas cifras encierran historias personales difíciles de narrar, imposibles de cuantificar. El impacto emocional de un siniestro como este afecta tanto a familiares de las víctimas mortales como a supervivientes. A otro nivel, incluso a usuarios de este medio transporte.</p>
<p class="">La misma noche del siniestro, miembros del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres <a target="_blank" href="https://www.copao.es/colegiados/listados-profesionales/emergencias-giped" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.copao.es/colegiados/listados-profesionales/emergencias-giped">(GIPED)</a> se trasladaron a la zona para atender a las personas afectadas cuanto antes. Esta intervención temprana, antes de las primeras 24 horas, es crucial para afrontar el duelo y prevenir trastornos como el estrés postraumático, explica Mónica Pereira, psicóloga experta en emergencias, en declaraciones a Europa Press. “Ayudan al afectado a entender que la sintomatología que sufre es absolutamente normal” y a conocer estrategias para enfrentarse a ella.</p>
<p class="">Si bien no existe una secuencia prescrita para la recuperación psicológica de un desastre, los expertos reconocen etapas específicas que varían de una persona a otra. “Nadie está preparado para un suceso así”, señala Pereira. “La mayoría de las personas en este primer momento se quedan en <i>shock </i>porque el cerebro nos pone en una burbuja para que no siga entrando información que nos haga sufrir”. Otras respuestas comunes son la huida, que consiste en negar la situación y hacer como si no existiese, y el ataque, que se materializa en enfado, protesta e incluso culpa al pensar que se podría haber actuado de otra forma. Tras las primeras horas, se va tomando conciencia de la realidad y se empieza a afrontar, momento en el que puede surgir sintomatología “muy incómoda” y que algunas personas pueden no entender. </p>
<p class="">“El esquema previsible de lo que está sucediendo y va a suceder con las víctimas y sus familiares ya está más que aprendido porque, “por desgracia, hemos tenido tragedias de una índole similar y vemos un poco las repercusiones”, señala Antonio Puerta Torres, responsable del Gabinete de Psicología de la Policía Municipal de Madrid en declaraciones <a target="_blank" href="https://sciencemediacentre.es/" target="_self" rel="" title="https://sciencemediacentre.es/">al portal científico SMC</a>. Él lo sabe bien, ayudó a coordinar el dispositivo de emergencias de los atentados del 11-M.</p>
<p class="">En 1970 la Asociación de Psiquiatría Americana publicó el Manual de Primeros Auxilios Psicológicos en casos de Catástrofes, sentando las bases de una disciplina que tardó tiempo en llegar a España. La psicología de emergencias no terminó de asentarse hasta el desastre ocurrido el verano de 1996 en el camping de Biescas (Huesca), que dejó 87 muertos y 200 heridos. A partir de entonces, los dispositivos de Protección Civil empezaron a incorporar psicólogos en los planes de actuación ante las catástrofes. Los Colegios Oficiales de Psicólogos de España fueron creando los grupos de intervención psicológica en emergencias, como el mencionado GIPED.</p>
<p class="">La forma en que afrontamos una crisis o un evento traumático depende, en gran medida, de nuestra resiliencia, esa capacidad de recuperarse de experiencias difíciles. La resiliencia de una persona depende de una combinación de genética, historia personal, entorno y contexto. Hasta ahora, las investigaciones han demostrado que la influencia genética es relativamente pequeña, según explica el psicólogo clínico George Bonanno en su libro <a target="_blank" href="https://www.amazon.com/-/es/Other-Side-Sadness-Science-Bereavement/dp/1541699378/ref=sr_1_2?__mk_es_US=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&amp;crid=1F6YXW6IGDHS7&amp;dib=eyJ2IjoiMSJ9.J6tP58HAlI00MD34CYOELexqpJYAmzQdJnhyHfb0JXxhxqFOh3JUgNmxyr7mZGywsho_A8wl9Ex_OLEX-do8DwH7YECeS62c0r6JGSX-1r8DRbzrxtZmz4vg2icDNtt_U9yNAScZ-ylKDeR8qgiibqZfh9RDgcWH0F-hUxc4Ku0jQ5pHj12lwAT2yXaGJpQs.nmyGiWArJDh6dg1rPXAzuop3E0OZ0c6iqlF8NW7uNiA&amp;dib_tag=se&amp;keywords=george+bonanno&amp;qid=1768826392&amp;s=books&amp;sprefix=georg+bonanno%2Cstripbooks-intl-ship%2C227&amp;sr=1-2" target="_self" rel="" title="https://www.amazon.com/-/es/Other-Side-Sadness-Science-Bereavement/dp/1541699378/ref=sr_1_2?__mk_es_US=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&amp;crid=1F6YXW6IGDHS7&amp;dib=eyJ2IjoiMSJ9.J6tP58HAlI00MD34CYOELexqpJYAmzQdJnhyHfb0JXxhxqFOh3JUgNmxyr7mZGywsho_A8wl9Ex_OLEX-do8DwH7YECeS62c0r6JGSX-1r8DRbzrxtZmz4vg2icDNtt_U9yNAScZ-ylKDeR8qgiibqZfh9RDgcWH0F-hUxc4Ku0jQ5pHj12lwAT2yXaGJpQs.nmyGiWArJDh6dg1rPXAzuop3E0OZ0c6iqlF8NW7uNiA&amp;dib_tag=se&amp;keywords=george+bonanno&amp;qid=1768826392&amp;s=books&amp;sprefix=georg+bonanno%2Cstripbooks-intl-ship%2C227&amp;sr=1-2"><i>El otro lado de la tristeza</i></a>. En 2018 <a target="_blank" href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29902711/" rel="">realizó una revisión</a> de 67 estudios previos de personas que experimentaron todo tipo de eventos traumáticos. Tiroteos, huracanes, accidentes… “Dos tercios de los afectados demostraron una gran resiliencia, lograron estar bastante bien en poco tiempo”, explicaba el experto.</p>
<p class="">En este contexto, reunirse con los dolientes y permanecer con ellos es un antiguo patrón global presente en prácticamente todas las culturas, señalaba Bonanno, que también es director del Laboratorio de Pérdida, Trauma y Emoción de la Universidad de Columbia. Probablemente porque funciona. </p>
<p class="">“Este acto tiene dos beneficios inmediatos: les dice a los dolientes que no están solos en su dolor y que tienen un lugar —de hecho, reafirma ese lugar— en la comunidad en general”. En los países occidentales tendemos a manejar este duelo a menor escala y de una manera más personalizada. En países como la India, la gestión del luto es más social e intensa, y se puede alargar durante semanas o meses. </p>
<p class=""><b>El síndrome de estrés postraumático</b></p>
<p class="">Cuando el político Samuel Pepys describió sus reacciones ante el Gran Incendio de Londres, que destruyó gran parte de la ciudad en 1666, su relato siguió lo que los psicólogos consideran un patrón clásico: incredulidad seguida de olvido del desastre, insomnio, sueños perturbadores y ansiedad extrema. El diario de Pepys se convirtió en la primera descripción de lo que más tarde vendría a denominarse síndrome de estrés postraumático. Este patrón fue detectado por los psicólogos en los primeros compases del siglo XX, con dos guerras mundiales que dejaron a millones de jóvenes rotos y traumatizados. Entonces se empezó a hablar de lo que entonces se llamó “síndrome de neurosis de guerra”. </p>
<p class="">No todo el mundo que ha sufrido un hecho traumático debe lidiar con este trastorno. Un estudio de cribaje epidemiológico realizado por el Ministerio de Sanidad indicaba que la prevalencia de trastorno por estrés postraumático, a los 11 meses de la dana de Valencia, se situaba en un 27,6% para la población adulta, con diferencias significativas entre hombres (24,6 %) y mujeres (30,5 %). </p>
<p class="">En el caso de los accidentes inesperados se suma además una complicación añadida. Cuando alguien es víctima de un desastre, sus suposiciones más básicas sobre el mundo se ven socavadas. Para empezar la llamada suposición de invulnerabilidad, un sesgo cognitivo que nos hace pensar que tenemos cierta sensación de control y previsión sobre el mundo, y que mientras uno actúe como debe, nada malo ocurrirá. El supuesto de invulnerabilidad se construye muy temprano en la vida, incluso a los dos o tres años de edad. Una catástrofe de las dimensiones del accidente de Adamuz puede dinamitarlo. De repente, el mundo deja de parecer un lugar seguro y predecible. Se desarrolla un miedo cerval ante hechos cotidianos que no entrañan grandes amenazas.</p>
<p class="">Con una tragedia de estas características, con un volumen de muertos tan elevado, hay otra particularidad a tener en cuenta. Está el impacto entre las víctimas primarias, que serían los heridos. Luego, el de las víctimas secundarias, todos los familiares de los fallecidos. Las víctimas terciarias, a más largo plazo, que van a ser todos los intervinientes y testigos del desastre. Y por último, el conjunto de la sociedad, pues una catástrofe de este nivel nos sacude a todos en cierto grado. Hay cierta victimología en personas que han vivido tragedias de índole similar, o incluso en usuarios del mismo tren que pueden pensar “me podría haber pasado a mí”. </p>
</div>
<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-01-19/las-24-horas-cruciales-como-gestionan-los-psicologos-una-tragedia-como-la-de-adamuz.html"> aquí</a></p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/las-24-horas-cruciales-como-gestionan-los-psicologos-una-tragedia-como-la-de-adamuz-salud-y-bienestar/">Las 24 horas cruciales: cómo gestionan los psicólogos una tragedia como la de Adamuz | Salud y bienestar</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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