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	<title>Niños archivos -</title>
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		<title>Reaccionar ante lo urgente no es suficiente</title>
		<link>https://titulares360.com/reaccionar-ante-lo-urgente-no-es-suficiente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 May 2026 08:55:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
		<category><![CDATA[Cena]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
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		<category><![CDATA[padres]]></category>
		<category><![CDATA[pantalla]]></category>
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		<category><![CDATA[tablet]]></category>
		<category><![CDATA[tecnología]]></category>
		<category><![CDATA[vida moderna]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>PREVENCIÓN EN LA ERA DIGITAL &#124; La sobreexposición a las pantallas en niños y adolescentes</p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/reaccionar-ante-lo-urgente-no-es-suficiente/">Reaccionar ante lo urgente no es suficiente</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>PREVENCIÓN EN LA ERA DIGITAL |</strong> La sobreexposición a las pantallas en niños y adolescentes es un tema que requiere atención inmediata y preventiva. Los adultos debemos tomar el control y educar a los jóvenes sobre los riesgos asociados con el uso excesivo de dispositivos electrónicos.</p>
<p><img style="max-width:100%; height:auto; display:block; margin:auto;"  alt="Imagen ilustrativa de un niño con una tablet, con un fondo de colores apagados para resaltar la seriedad del tema." class="global-image" decoding="async" fetchpriority="high" loading="eager" src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M5WOTHYMCNHINKMCMIKZNK65QI.png?auth=31919ce46e26555d132c7b03aaf2ce4db0b18cd1a8793e2e13d187d38f57702e&#038;smart=true&#038;width=350&#038;height=191&#038;quality=85"></p>
<p>La sobreexposición a las pantallas puede tener consecuencias graves en la salud mental y física de los jóvenes, incluyendo problemas de adicción, ansiedad, depresión y alteraciones en el desarrollo cognitivo y social.</p>
<p>Cuando hablo de los peligros de la sobreexposición a las pantallas con los adolescentes, lo primero que hago es pedirles perdón. En nombre de todos los adultos, me disculpo por haberles entregado los dispositivos electrónicos sin ningún tipo de preparación ni control.</p>
<p>Les explico que lo hicimos porque no sabíamos de esos peligros y que nunca nos imaginamos que podían hacerles daño. Pero ahora sí sabemos. Ahora hay evidencia científica y datos estadísticos que ya no podemos ignorar.</p>
<p>El primer paso para enfrentar estos desafíos es informarnos realmente de lo que está sucediendo. Los peligros detrás de las pantallas son muchos y muy diversos, y nos están avasallando.</p>
<p>Recientemente, todos empezamos a hablar de retos virales, por ejemplo, a raíz de la ola de amenazas de tiroteos que aparecieron en numerosas escuelas del país. Y claro que es urgente y necesario prestarles atención y tomar medidas al respecto… pero no podemos quedarnos solamente en eso.</p>
<h2>Qué podemos hacer los adultos</h2>
<p>Los padres, educadores y todos los adultos a quienes nos interesa el bienestar de los niños y adolescentes, tenemos que involucrarnos. El primer paso para poder enfrentar al enemigo es conocerlo.</p>
<p>Una buena noticia es que ya hay estudios que indican que los niños y adolescentes que conocen estos peligros y hablan de ellos con sus padres, se autorregulan mucho mejor que los que no.</p>
<p>Me gustaría compartirles los primeros resultados de una encuesta anónima que hice con más de 150 chicos que leyeron el libro. Una de las preguntas hacía referencia a si el libro les había servido o no para aprender y para lograr mejoras en su manejo de los dispositivos electrónicos. El 97% de los encuestados respondió que sí les sirvió.</p>
<h2>La importancia del diálogo y del acompañamiento cercano</h2>
<p>Debemos explicarles a los chicos que hoy las nuevas drogas entran por los ojos. Que el problema no es solamente la cantidad enorme de tiempo que pasan frente a las pantallas, sino que cuando las dejan, no pueden disfrutar de lo verdadero.</p>
<p>Debemos hablar de sexualidad con nuestros hijos mucho antes de lo que nos imaginábamos. Debemos explicarles que la ludopatía no tiene nada que ver con un juego. Que las plataformas van a tentarlos a apostar todo el tiempo, pero que hacerlo puede ser sumamente peligroso.</p>
</p>
<h2>El Impacto de la Sobreexposición a Pantallas en la Salud Mental de los Adolescentes</h2>
<p>La sobreexposición a pantallas entre los adolescentes ha surgido como un tema crítico en la salud mental contemporánea. Investigaciones recientes indican que el consumo excesivo de pantallas puede tener efectos profundos y duraderos en el desarrollo cerebral y emocional de los jóvenes. </p>
<p>Un estudio publicado en la revista <strong>Journal of Adolescent Health</strong> encontró que los adolescentes que pasan más de tres horas al día en pantallas tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental, incluyendo ansiedad y depresión. Además, la exposición a la luz azul emitida por dispositivos electrónicos antes de dormir puede alterar los patrones de sueño y contribuir a la fatiga crónica y otros problemas relacionados con el sueño.</p>
<p>La educación sobre el uso responsable de las tecnologías digitales es crucial. Los padres y educadores deben fomentar un diálogo abierto con los adolescentes sobre los riesgos asociados con la sobreexposición a pantallas y enseñarles estrategias para un uso saludable. Esto incluye establecer límites de tiempo, fomentar actividades físicas y promover la conciencia sobre los contenidos a los que se accede en línea.</p>
<p>Asimismo, es fundamental abordar el papel de la industria tecnológica en la protección de la salud mental de los jóvenes. Las empresas de tecnología pueden adoptar medidas como el diseño de interfaces más seguras y saludables, la implementación de controles parentales efectivos y la promoción de prácticas de uso responsable entre sus usuarios más jóvenes.</p>
<h3>¿Qué se puede hacer a futuro?</h3>
<p>Es imperativo que los adultos, los educadores y las políticas públicas trabajen juntos para crear un entorno digital más seguro y saludable para los adolescentes. Esto puede incluir la implementación de programas educativos en escuelas, la creación de campañas de conciencia pública y la colaboración con la industria tecnológica para desarrollar soluciones innovadoras que apoyen el bienestar de los jóvenes en la era digital.</p>
<div class='referencia-contenido'>Referencia de contenido: <a href='https://www.infobae.com/opinion/2026/05/20/reaccionar-ante-lo-urgente-no-es-suficiente/'>consultar fuente original aquí</a></div>
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		<title>Cómo los padres moldean la relación de sus hijos con la comida y su cuerpo</title>
		<link>https://titulares360.com/vinculo-familiar-y-alimentacion-como-padres-y-madres-moldean-la-percepcion-del-cuerpo-de-las-ninas-y-ninos-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Feb 2026 08:59:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentos]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentos adelgazantes]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentos naturales]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentos ultraprocesados]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar familiar]]></category>
		<category><![CDATA[infancia]]></category>
		<category><![CDATA[Niños]]></category>
		<category><![CDATA[Nutrición]]></category>
		<category><![CDATA[Trastornos alimenticios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La semilla de un conflicto de por vida. Lo que los niños aprenden en la</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La semilla de un conflicto de por vida.</strong> Lo que los niños aprenden en la mesa va más allá de los nutrientes.</p>
<p>Siempre hemos puesto el foco en <em>qué</em> comen los más pequeños: fruta, verdura, pescado, legumbres. Reducimos bollería y ultraprocesados a ocasiones especiales, convencidos de que así garantizamos su crecimiento sano. Pero hay un aspecto que, sistemáticamente, pasamos por alto: <em>cómo</em> hablamos de la comida y de nuestros cuerpos delante de ellos. Como si las palabras no fueran también alimento para su relación futura con la alimentación.</p>
<p>Y sin embargo, los mensajes son claros: &#8220;comida basura&#8221;, &#8220;mierda&#8221;, &#8220;comida de gordos&#8221;. Clasificamos los alimentos en buenos y malos, no por sus propiedades nutricionales, sino por prejuicios culturales. Olvidamos que son los adultos quienes, en primer lugar, les ofrecemos esos productos. Luego nos sorprendemos si les gustan. Aquí nace una dicotomía peligrosa: la culpa asociada a su consumo. Si, además, esos comentarios vienen acompañados de conductas compensatorias —&#8221;ahora hay que hacer ejercicio para quemarlo&#8221;— los niños interiorizan que ciertos alimentos requieren un &#8220;castigo&#8221;. Así, sin darnos cuenta, sembramos las bases de una relación tensa y conflictiva con la comida.</p>
<h2>Los primeros cinco años: el momento clave</h2>
<p>Es en esta etapa cuando se consolidan hábitos, preferencias y rechazos alimentarios, así como las actitudes hacia la actividad física. La figura materna, en particular, ejerce un papel central, no solo como proveedora de alimentos, sino como modelo de comportamiento. Y aquí entra en juego un factor innegable: las mujeres, históricamente encargadas de la alimentación infantil, están sujetas a una presión estética desproporcionada. Una presión que, a su vez, las convierte en un grupo de mayor riesgo para desarrollar trastornos de la conducta alimentaria (TCA).</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, lo que esto revela es que la herencia no es solo genética, sino conductual. Los niños no solo heredan nuestros genes, sino también nuestra relación con la comida. Y esta no se transmite mediante discursos, sino a través del ejemplo. De poco sirve ofrecerles alimentos sanos si luego, en la práctica, los adultos los evitan, los demonizan o los consumen con remordimiento. La clave está en la coherencia: comer esos alimentos sin culpa, sentarse a la mesa en familia y convertir las comidas en un espacio de conexión, no de conflicto.</p>
<h2>El peligro de la restricción y el control</h2>
<p>Los estudios señalan que los progenitores con una alimentación saludable pero no restrictiva logran que sus hijos mantengan hábitos equilibrados, eviten usar la comida como regulador emocional y conserven un peso estable. En cambio, cuando la alimentación familiar es desestructurada, los niños desarrollan conductas de riesgo: menor respuesta a la saciedad, preferencia por alimentos densos en calorías y mayor tendencia a comer para gestionar emociones.</p>
<p>Lo que esto demuestra es que la prohibición no funciona. Cuando un alimento se restringe, su atractivo aumenta. Los niños no lo consumen mientras no tienen acceso, pero en el momento en que pueden —en casa de los abuelos, con su paga semanal—, lo eligen, y a menudo lo hacen con vergüenza. Han interiorizado que es &#8220;prohibido&#8221;, y esa culpa refuerza el ciclo. La solución no es ofrecer estos alimentos a diario, sino normalizarlos: integrarlos de forma ocasional, sin etiquetas negativas como &#8220;bomba calórica&#8221;. Cuanto mayor es la restricción, mayor es el consumo posterior, en un efecto rebote que la flexibilidad evita.</p>
<h2>El cuerpo como proyecto o como hogar</h2>
<p>La relación con el cuerpo también se aprende. Nadie nace odiando su imagen; es un sentimiento construido. Y son los adultos quienes, con comentarios sobre el peso, la forma o el tamaño —ya sea el suyo o el de los niños—, activan ese proceso de vigilancia constante. &#8220;Mira qué barriga tienes&#8221;, &#8220;deberías hacer más deporte&#8221;, &#8220;yo estoy gorda&#8221;: frases aparentemente inocentes que enseñan a los niños a monitorizar su cuerpo, a juzgarlo y, en última instancia, a intentar modificarlo.</p>
<p>Lo que esto revela es la urgencia de adoptar la <em>neutralidad corporal</em>. El cuerpo no es un proyecto a perfeccionar, sino una casa que habitar. Y su valor no depende de cuánto se ajuste a los cánones estéticos dominantes. Para ello, es crucial revisar el tipo de halagos que dirigimos a los niños. En lugar de elogiar su apariencia —&#8221;qué guapo estás&#8221;, &#8220;qué delgada estás&#8221;— debemos celebrar sus acciones, actitudes y valores: &#8220;qué valiente eres&#8221;, &#8220;qué creativo&#8221;, &#8220;qué empático&#8221;. Estos mensajes construyen autoestima desde el ser, no desde el parecer.</p>
<p>Cuando el reconocimiento se centra exclusivamente en el cuerpo, este se convierte en un proyecto personal, especialmente para las niñas y mujeres, que sufren una presión estética desmedida. El resultado es una relación tormentosa, basada en el esfuerzo por gustar, encajar o cumplir expectativas ajenas. En lugar de cuidado, hay obsesión; en lugar de respeto, hay frustración. Los niños deben aprender que su cuerpo es su hogar, no un objeto moldeable para satisfacer miradas externas.</p>
<p>La pregunta clave ahora es: ¿estamos dispuestos a romper el ciclo?</p>
</p>
<h2>El legado invisible de los mensajes cotidianos</h2>
<p>Más allá de los nutrientes, lo que se transmite en la mesa son patrones emocionales y culturales que definen la relación futura con la comida y el cuerpo. Los niños no solo absorben lo que se les dice, sino cómo se lo dicen: el tono, el gesto, la culpa o la naturalidad con que los adultos abordan estos temas.</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, lo que esto revela es que la alimentación no es un acto técnico, sino un ritual social cargado de significados. Cuando un adulto califica un alimento como &#8220;basura&#8221; o asocia su consumo con la necesidad de &#8220;compensar&#8221;, está enseñando que la comida tiene un valor moral, no solo nutricional. Este marco binario —bueno/malo— no solo distorsiona la percepción de los alimentos, sino que también genera ansiedad: el niño aprende a temer lo que come, no a disfrutarlo.</p>
<p>La coherencia entre el discurso y la acción es clave. De nada sirve ofrecer alimentos variados si luego se consumen con remordimiento o se evitan en público. Lo que emerge aquí es la necesidad de normalizar la flexibilidad: comer sin etiquetas, sin castigos, sin compensaciones. Solo así se rompe el ciclo de culpa y restricción que alimenta los trastornos de conducta.</p>
<h3>El cuerpo como espacio de libertad</h3>
<p>La neutralidad corporal no es solo un concepto, sino una práctica diaria. Cuando los adultos dejan de comentar el peso, la forma o el tamaño —ya sea el propio o el ajeno—, están liberando a los niños de la carga de tener que justificar su existencia a través de la apariencia. El cuerpo deja de ser un proyecto y se convierte en un espacio de autonomía, donde el cuidado nace del respeto, no de la obsesión.</p>
<div class='referencia-contenido'>Referencia de contenido: <a rel="nofollow" target="_blank" href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-02-25/vinculo-familiar-y-alimentacion-como-padres-y-madres-moldean-la-percepcion-corporal-de-las-ninas-y-ninos.html'>aquí</a></div>
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		<title>El autismo en hombres y mujeres: ¿hacia un diagnóstico equilibrado?</title>
		<link>https://titulares360.com/la-incidencia-de-autismo-es-similar-en-chicos-y-chicas-aunque-a-ellos-se-les-diagnostica-antes-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Feb 2026 03:27:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Autismo]]></category>
		<category><![CDATA[Enfermedades]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación científica]]></category>
		<category><![CDATA[Medicina]]></category>
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		<category><![CDATA[Niños]]></category>
		<category><![CDATA[Revistas científicas]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La brecha de género se desvanece con el tiempo. Las tasas de autismo podrían ser</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La brecha de género se desvanece con el tiempo.</strong> Las tasas de autismo podrían ser similares en hombres y mujeres, según un estudio con 2,7 millones de personas.</p>
<p>La investigación, publicada en la revista médica BMJ, revela que en la primera infancia la proporción de diagnósticos es de 3:1 a favor de los niños, pero esta diferencia se reduce progresivamente hasta casi igualarse a los 20 años. &#8220;La proporción de hombres y mujeres con autismo ha disminuido con el tiempo y con el aumento de la edad de diagnóstico&#8221;, señalan los autores, sugiriendo que la brecha podría ser menor de lo que se creía, especialmente en la edad adulta.</p>
</p>
<h2>Un estudio pionero con datos reveladores</h2>
<p>El análisis, basado en una muestra de más de 2,7 millones de personas nacidas en Suecia entre 1985 y 2020, siguió a los participantes desde el nacimiento hasta los 37 años. De ellos, más de 78.000 recibieron un diagnóstico de trastornos del espectro autista (TEA). Lo más llamativo es que la detección del trastorno aumenta con los años: en los varones, el pico de diagnósticos se sitúa entre los 10 y 14 años, mientras que en las mujeres ocurre más tarde, entre los 15 y 19 años. Sin embargo, el estudio no aclara por qué las mujeres reciben el diagnóstico más tarde, una pregunta que lleva años intrigando a los expertos.</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, este retraso en el diagnóstico femenino podría estar vinculado a factores sociales y culturales. La educación y las expectativas de género podrían estar enmascarando síntomas en las niñas, lo que retrasaría su identificación. Lo que esto revela es que el autismo no solo es un desafío médico, sino también un reflejo de cómo la sociedad percibe y categoriza las diferencias.</p>
<h2>¿Por qué la brecha se estrecha?</h2>
<p>La proporción de diagnósticos entre niños y niñas ha ido cambiando con los años. En 2012, se estimaba que los niños tenían 4,7 veces más probabilidades de ser diagnosticados; en 2018, la cifra bajó a 4,2 a 1; en 2023, a 3,8 a 1; y en 2025, a 3,4 a 1. Esta tendencia sugiere que algo está evolucionando, ya sea en la detección, en la conciencia social o en los criterios diagnósticos.</p>
<p>Una revisión de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil apuntaba a que la proporción real podría ser de 3:1, coincidiendo con los datos del estudio para la infancia. Los autores de esta revisión señalaban un posible sesgo de género en los criterios de detección, tradicionalmente basados en patrones masculinos. Esto explicaría el infradiagnóstico en mujeres, cuyas manifestaciones del TEA pueden ser distintas y, por tanto, menos visibles bajo los parámetros actuales.</p>
<p>Otro factor clave es el <em>camuflaje</em>: las niñas con autismo, especialmente en casos leves, aprenden a enmascarar sus síntomas para adaptarse a las expectativas sociales. Los roles de género tradicionales —que exigen a las niñas ser más sociables, cuidadoras y menos disruptivas— podrían estar facilitando esta adaptación forzada. En otras palabras, no es que el autismo sea menos frecuente en mujeres, sino que su expresión puede ser más sutil y, por tanto, más difícil de detectar.</p>
<h2>El autismo: un espectro en constante redefinición</h2>
<p>El TEA es un trastorno del neurodesarrollo cuya investigación se ha intensificado desde mediados del siglo XX. Se estima que afecta aproximadamente a uno de cada 100 niños en edad escolar. Aunque está estrechamente relacionado con la genética, su diagnóstico sigue siendo principalmente observacional, sin pruebas médicas definitivas como las que existen para otras condiciones. Esta subjetividad en la evaluación clínica permite que el autismo, especialmente en sus formas más leves, pueda pasar desapercibido o ser malinterpretado.</p>
<p>El primer estudio sobre el autismo, publicado en 1943 por Leo Kanner, describía el trastorno como una enfermedad monolítica, basada en la observación de 11 niños (ocho varones y tres niñas) con &#8220;un fuerte deseo de soledad y uniformidad&#8221;. Hoy, sin embargo, se entiende como un espectro con grados muy variables: desde casos profundos, que requieren apoyo constante, hasta personas que pueden llevar una vida independiente. Esta evolución en la comprensión del TEA subraya la importancia de un diagnóstico preciso y temprano.</p>
<p>Más allá de los datos, lo que emerge es una reflexión sobre el impacto humano de estos hallazgos. Cuando una persona con autismo no es diagnosticada, vive con una incomprensión que va más allá de lo social: es una incomprensión hacia sí misma. No entender qué le pasa puede derivar en problemas de salud mental, especialmente en adultos que reciben el diagnóstico tarde. Estudios como este no solo amplían el conocimiento científico, sino que también validan experiencias individuales que durante años han sido ignoradas o malinterpretadas.</p>
<p>La pregunta clave ahora es: ¿hasta qué punto estos avances en la detección del autismo en mujeres cambiarán la forma en que la sociedad aborda la diversidad neurológica?</p>
<h2>El impacto social de un diagnóstico tardío</h2>
<p>Más allá de los números, lo que este estudio desvela es un problema estructural: el autismo en mujeres no solo se diagnostica más tarde, sino que su detección tardía tiene consecuencias profundas en su desarrollo personal y social.</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, el retraso en el diagnóstico femenino no es un simple dato estadístico, sino un reflejo de cómo los estereotipos de género moldean la percepción de los síntomas. Las niñas, al adaptarse a roles sociales más pasivos o &#8220;normativos&#8221;, pueden enmascarar rasgos del TEA que, en varones, serían identificados como señales de alerta. Esto no solo dificulta el acceso a apoyos tempranos, sino que también perpetúa una idea errónea: que el autismo tiene un único rostro, el masculino.</p>
<p>Lo que esto revela es que la brecha no es biológica, sino cultural. El <em>camuflaje</em> no es una estrategia individual, sino un mecanismo de supervivencia en un entorno que premia la conformidad con expectativas de género rígidas. La pregunta clave ahora es cómo redefinir los criterios diagnósticos para que capturen la diversidad de manifestaciones del TEA, sin caer en sesgos que invisibilicen a la mitad de la población.</p>
<h3>Hacia una detección más inclusiva</h3>
<p>El desafío no es solo médico, sino social: si el autismo en mujeres sigue siendo subdiagnosticado, la sociedad está fallando en reconocer y validar experiencias que, aunque distintas, son igualmente reales. La evolución de los datos sugiere que el cambio es posible, pero requiere una revisión crítica de cómo se entiende y se busca el TEA en diferentes géneros.</p>
<div class='referencia-contenido'>Referencia de contenido: <a rel="nofollow" target="_blank" href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-02-04/la-incidencia-de-autismo-es-similar-en-chicos-y-chicas-aunque-a-ellos-se-les-diagnostica-antes.html'>aquí</a></div>
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		<title>El sarampión avanza en España: ¿puede contenerse la ola global?</title>
		<link>https://titulares360.com/la-ola-global-de-sarampion-tambien-golpea-a-espana-los-casos-detectados-casi-se-duplican-en-un-ano-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Jan 2026 06:31:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Enfermedades]]></category>
		<category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category>
		<category><![CDATA[Epidemiología]]></category>
		<category><![CDATA[Niños]]></category>
		<category><![CDATA[Pandemia]]></category>
		<category><![CDATA[Prevención enfermedades]]></category>
		<category><![CDATA[Sarampión]]></category>
		<category><![CDATA[Vacunación]]></category>
		<category><![CDATA[Vacunas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El virus no perdona. Una ola global de sarampión, alimentada por bajas tasas vacunales y</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El virus no perdona.</strong> Una ola global de sarampión, alimentada por bajas tasas vacunales y el auge antivacunas, golpea con fuerza incluso a países como España, donde los casos casi se duplicaron en un año.</p>
<p>El fenómeno trasciende fronteras: en el Mediterráneo Oriental, los casos aumentaron un 84% en 2024; en Europa, un 47%; y en Estados Unidos, pasaron de cerca de 300 en 2024 a más de 2.000 el año pasado. España, aunque libre de circulación endémica desde 2017, no es una excepción. Según el Instituto de Salud Carlos III, en 2025 se registraron cerca de 397 casos, casi el doble que en 2024 (217) y muy lejos de los 11 de 2023. Lo que esto revela es que, en un mundo interconectado, la inmunidad colectiva de un país depende cada vez más de la de sus vecinos.</p>
<p>El origen de los brotes en España suele ser un caso importado de zonas con alta circulación del virus, como Marruecos o Rumanía, donde en 2024 se concentró el 87% de los 35.000 casos reportados en la Unión Europea. Desde una perspectiva analítica, este patrón subraya la fragilidad de los sistemas sanitarios cuando la cooperación internacional flaquea. A partir de un solo caso importado, el virus puede propagarse entre personas no vacunadas o con inmunidad incompleta, generando brotes secundarios.</p>
<h2>España en alerta, pero no en alarma</h2>
<p>Las autoridades sanitarias, como Noemí López Perea, investigadora del Centro Nacional de Epidemiología del ISCIII, insisten en que &#8220;los virus no entienden de fronteras&#8221;. La preocupación es global, pero en España, donde las coberturas vacunales superan el 93% con dos dosis, la situación se considera controlada. Fernando Moraga-Llop, pediatra y vocal de la Asociación Española de Vacunología, matiza: &#8220;No hay alarma, pero sí alerta&#8221;. La clave, según los expertos, está en mantener altas coberturas y una vigilancia epidemiológica constante.</p>
<p>Jacobo Mendioroz, subdirector de Vigilancia y Respuesta a Emergencias de Salud Pública de Cataluña, atribuye el éxito relativo de España a décadas de vacunación sistemática: &#8220;Si no estamos viendo miles de casos es porque llevamos años actuando&#8221;. Sin embargo, advierte de la existencia de &#8220;bolsas de susceptibles&#8221;: personas no vacunadas por origen extranjero o por rechazo a las vacunas. El Ministerio de Sanidad recomienda la triple vírica a todos los nacidos después de 1978, considerando que los anteriores ya estarían protegidos por haber pasado la enfermedad.</p>
<h2>El desafío de las coberturas vacunales</h2>
<p>El sarampión, extremadamente contagioso, exige coberturas superiores al 95% con dos dosis para su erradicación, según la OMS. Sin embargo, el descenso global en las tasas de vacunación —impulsado por la pandemia y el auge antivacunas— ha abierto brechas peligrosas. María del Mar Mosquera, microbióloga del Hospital Clínic de Barcelona, añade otro factor: el descenso en la inmunidad humoral con el tiempo, incluso en personas vacunadas.</p>
<p>En Rumanía, donde la cobertura cayó al 62%, el impacto es evidente: el país registró el 87% de los casos de la UE en 2024. En España, aunque las cifras son altas (96% con una dosis y 93,2% con dos), Moraga-Llop alerta de que algunas comunidades, como Baleares, Canarias o Aragón, están por debajo del 90%. &#8220;En España estamos bien, pero hemos perdido la excelencia en algunas vacunas&#8221;, advierte. La pregunta clave ahora es si el país podrá mantener su resistencia ante la presión externa.</p>
<p>Los brotes de 2025 —en Bizkaia, Toledo, Málaga y Sant Pere de Ribes— confirman que el riesgo persiste. En Bizkaia, más de medio centenar de contagios (incluyendo una veintena de sanitarios) demostraron que el virus puede colarse incluso en entornos controlados. Sílvia Paneque, portavoz del Govern catalán, atribuyó los casos en Sant Pere de Ribes a &#8220;las creencias negacionistas&#8221;. Mendioroz, no obstante, confía en que España resista: &#8220;Estamos bastante concienciados y somos inmunes a la desinformación&#8221;.</p>
<h2>Un panorama global preocupante</h2>
<p>Fuera de España, la situación es crítica. En 2024, la OMS estimó 11 millones de infecciones globales —800.000 más que en 2019— y 95.000 muertes, a pesar de la existencia de una vacuna segura y eficaz. El virus, que se transmite por el aire, puede causar complicaciones graves como neumonía, ceguera o encefalitis, incluso en países con buena nutrición y acceso a salud.</p>
<p>La OMS advirtió en noviembre que, aunque la mortalidad sea menor en contextos con recursos, las secuelas pueden ser permanentes. No hay tratamientos específicos, por lo que la prevención mediante vacunación sigue siendo la única herramienta. Más allá de los datos, lo que emerge es una paradoja: en plena era de la medicina avanzada, enfermedades prevenibles como el sarampión resurgen por fallos en la acción colectiva.</p>
<p>¿Logrará el mundo —y España— cerrar las brechas antes de que el sarampión se convierta en una crisis de salud pública irreversible?</p>
</p>
<h2>La paradoja de la prevención en un mundo interconectado</h2>
<p>Lo que este escenario revela es una contradicción fundamental: en un mundo con herramientas médicas avanzadas, el sarampión avanza por fallos en la acción colectiva, no por limitaciones técnicas.</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, el patrón de brotes en España —desencadenados por casos importados y propagados en bolsas de susceptibles— expone la vulnerabilidad de sistemas sanitarios aparentemente sólidos. La interconexión global convierte la inmunidad de un país en un espejismo si sus vecinos no mantienen coberturas similares. Más allá de los hechos, lo que emerge es que la vacunación ya no es solo un acto individual, sino un pacto transnacional.</p>
<p>La resistencia española, basada en décadas de vacunación sistemática, choca con la realidad de que el 93% de cobertura con dos dosis, aunque alto, sigue siendo insuficiente para el umbral del 95% que exige la OMS. Esto sugiere que, incluso en contextos controlados, el margen de error es mínimo. La pregunta clave ahora es si la conciencia social y la vigilancia epidemiológica podrán compensar las brechas geográficas y culturales que el virus explota.</p>
<h3>El costo de la complacencia</h3>
<p>La paradoja es clara: el éxito relativo de España en contener el sarampión depende de su capacidad para no subestimar el riesgo. Cada brote, por pequeño que sea, es un recordatorio de que la prevención no puede ser reactiva. En un virus tan contagioso, la excelencia no es un lujo, sino una necesidad.</p>
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