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	<title>Genoma archivos -</title>
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		<title>Por qué Ozempic y similares no adelgazan igual: edad, sexo y genes marcan la diferencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 22:20:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Biología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los modernos anorexígenos de inyección han transformado la lucha contra la obesidad. Semaglutida y tirzepatida</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Los modernos anorexígenos de inyección han transformado la lucha contra la obesidad. <strong>Semaglutida y tirzepatida</strong> —Ozempic, Wegovy y Mounjaro— reproducen la sensación de saciedad natural y prometen rebajas de entre el 15% y el 25% del peso corporal. Sin embargo, <strong>el resultado varía enormemente</strong> de una persona a otra: la edad, el sexo, la dosis, el fármaco y, según <a href='https://www.nature.com/articles/s41586-026-10330-z'>un estudio</a> publicado en <i>Nature</i>, la genética también condicionan el éxito.</p>
<p>La investigación identifica <strong>dos variantes genéticas</strong> que modifican la pérdida de kilos y el riesgo de náuseas o vómitos. Sus autores creen que estos datos permitirán, en el futuro, ajustar el tratamiento, la cantidad y la duración de la terapia para cada individuo.</p>
<p>El abanico de respuestas al universo Ozempic es impredecible: desde pérdidas espectaculares hasta aumento de peso; desde efectos molestos hasta buena tolerancia; desde mantenimiento del adelgazamiento hasta recuperación total al abandonar la medicación. «Antes del trabajo sabíamos que existía gran variabilidad», confirma <strong>Adam Auton</strong>, investigador principal. «En los ensayos, la media fue del 10%, pero hubo quienes bajaron más del 25% y quienes apenas perdieron o incluso subieron. No entendíamos por qué».</p>
<p>La ciencia aún desconoce todos los mimbres. «Conocíamos algunos factores no genéticos», explica Auton, vicepresidente de Genética Humana en 23andMe. Por ejemplo:</p>
<ul>
<li>Las mujeres suelen responder mejor que los hombres.</li>
<li>Los pacientes sin diabetes tipo 2 adelgazan más que los que la padecen.</li>
<li>El fármaco específico, la dosis y el tiempo de tratamiento influyen.</li>
</ul>
<p>Aun así, «tras considerar todos estos elementos, seguía habiendo variabilidad inexplicable».</p>
<p>Estudios previos muestran que las mujeres reducen un 12,2% el IMC frente al 10% de los hombres; que la medicación es más eficaz en personas de ascendencia europea; y que cada década adicional resta medio punto porcentual de cambio de IMC. Sobre la genética, existían «indicios», pero nada concluyente.</p>
<p>El trabajo de <i>Nature</i> profundiza en este rompecabezas. Tras analizar el genoma de <strong>27.000 usuarios</strong> de fármacos antiobesidad, hallaron dos variantes que afectan la eficacia y los efectos adversos de semaglutida y tirzepatida. Ambas se localizan en los receptores <strong>GLP-1 y GIP</strong>, diana de los medicamentos.</p>
<p>«La primera variante se ubica en el gen del receptor GLP-1. Cada copia adicional se asocia con unos <strong>750 g de pérdida extra</strong>», detalla Auton. «La segunda está en el gen del receptor GIP y se vincula con mayor probabilidad de náuseas y vómitos».</p>
<h2>Base para la medicina de precisión</h2>
<p>«Nuestros resultados sientan las bases de una verdadera medicina personalizada en obesidad», asegura Auton. «Combinar el perfil genético con la historia clínica podría predecir la respuesta desde el inicio, ayudando a elegir el fármaco, la dosis óptima y el esquema de escalado».</p>
<p><strong>Catalina Picó y Andreu Palou</strong>, del CIBEROBN-Universidad de las Islas Baleares, coinciden en que el estudio «abre la puerta a enfoques de precisión», aunque advierten que «probablemente existan otras variantes y factores aún no descubiertos».</p>
<p><strong>José M. Ordovás</strong>, de la Universidad de Tufts, valora la investigación como «sólida», pero recomienda «prudencia». «El efecto genético es modesto, parte de los datos es autodeclarada y la cohorte está enriquecida en mujeres de ascendencia europea. Será crucial validar los hallazgos de forma prospectiva e independiente en poblaciones más diversas», advierte en <i>Science Media Center</i>.</p>
<p><strong>Andreea Ciudin</strong>, jefa de la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad del Hospital Vall d’Hebron, celebra el avance, pero critica que «no se haya fenotipado el tipo de obesidad». «Se agrupa a todos en el mismo saco, cuando solo quienes presentan alteraciones en GLP-1 o GIP responderán mejor», subraya.</p>
<h2>Interrogantes pendientes</h2>
<p>Auton admite que aún no se comprenden del todo las razones de la variabilidad. «Sabemos que mujeres y jóvenes responden mejor, pero las explicaciones biológicas siguen siendo en gran parte una incógnita». La diferencia de género podría deberse a la distinta composición corporal y perfil hormonal; la edad, al enlentecimiento metabólico y a la mayor comorbilidad.</p>
<p>El científico advierte que «hay que tener cuidado de no atribuir a la biología patrones que también pueden tener raíces sociales o estructurales». Las disparidades por ascendencia podrían reflejar barreras de acceso, estilos de prescripción o factores ambientales, además de diferencias genéticas.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-04-08/por-que-los-farmacos-como-ozempic-no-funcionan-igual-para-todos-influye-la-edad-el-sexo-y-tambien-los-genes.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>Los suplementos vitamínicos apenas alargan la vida: lo que observamos no garantiza más años</title>
		<link>https://titulares360.com/los-complementos-alimenticios-muestran-escasa-eficacia-para-alargar-la-vida-lo-que-se-ve-no-significa-que-vayamos-a-vivir-mas-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2026 16:54:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Complementos alimenticios]]></category>
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		<category><![CDATA[Genética]]></category>
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		<category><![CDATA[Hábitos salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La humanidad nunca había alcanzado la longevidad actual: 73 años de esperanza media mundial y</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La humanidad nunca había alcanzado la longevidad actual: <strong>73 años de esperanza media mundial</strong> y hasta <strong>84 en Japón o España</strong>. Los avances médicos y en salud pública han roto todos los techos teóricos de supervivencia. Aunque la revolución de la longevidad parece frenarse —la subida de esperanza de vida desacelera—, la ciencia sigue obsesionada con ralentizar el envejecimiento. No resulta fácil.</p>
<p>Las intervenciones sobre el estilo de vida son un filón. En redes y supermercados surgen presuntas <strong>balas mágicas contra los años</strong>, pero envejecer es más que alisar una arruga y el <em>elixir de juventud</em> sigue sin aparecer. <a href='https://www.nature.com/articles/s41591-026-04239-3'>Un trabajo</a> publicado este lunes en <em>Nature Medicine</em> ilustra esa complejidad: investigadores del <strong>Mass General Brigham de Boston (EE UU)</strong> analizaron en un ensayo clínico un multivitamínico y extracto de cacao frente al deterioro celular. Hallaron que el suplemento vitamínico diario podría tener un <strong>leve efecto protector sobre la edad biológica</strong>, aunque se desconoce su trascendencia clínica.</p>
<p>Los matices abundan y frenan ideas aptas para el marketing viral, como que los multivitamínicos alargan la existencia. <strong>«La señal es pequeña: no existe con cacao y la que aparece con multivitamínicos no significa que vayamos a vivir más»</strong>, aclara <strong>Emilio Ortega</strong>, jefe de grupo del <em>CIBEROBN</em>. El endocrinólogo, ajeno al estudio, advierte de «simplificar mensajes» y recuerda que <strong>ningún compuesto supera los beneficios de una alimentación equilibrada tipo dieta mediterránea y ejercicio</strong>.</p>
<p>El artículo de <em>Nature Medicine</em> examina el envejecimiento biológico, los cambios moleculares temporales del organismo. Esa edad biológica puede diferir de la cronológica y, según la gerociencia, «intervenciones que frenen o reviertan esos cambios podrían retrasar, prevenir o paliar enfermedades ligadas a la edad y prolongar la vida saludable».</p>
<p>El ensayo evaluó el envejecimiento biológico de casi <strong>1.000 participantes de 70 años de media</strong> mediante <strong>relojes epigenéticos</strong> que detectan patrones de alteración del ADN relacionados con el tiempo. Durante dos años, cohortes recibieron multivitamínico diario, extracto de cacao o placebo. Observaron cinco relojes epigenéticos y comprobaron que, con el multivitamínico, dos de ellos <strong>ralentizaban su marcha</strong>, sobre todo en sujetos con envejecimiento biológico ya acelerado. <strong>La desaceleración equivalió a unos cuatro meses menos de edad biológica en dos años</strong>, indica el centro. Con cacao no hubo efecto.</p>
<p>Los propios autores admiten que, aunque «alentadores», los resultados requieren <strong>nuevos estudios para establecer la relevancia clínica</strong>. Señalan limitaciones: perfil muy homogéneo (adultos mayores blancos) y desconocimiento del efecto tras los dos años. <strong>«No está claro si una intervención más prolongada incrementaría el freno al envejecimiento»</strong>, añaden.</p>
<p>En un <a href='https://www.nature.com/articles/s41591-026-04249-1'>comentario adjunto</a>, <strong>Daniel W. Belsky y Calen P. Ryan</strong>, de la Universidad de Columbia, matizan que, pese a acercar la idea de que un multivitamínico pueda enlentecer el envejecimiento, persisten <strong>incertidumbres</strong>. <strong>«Resta por ver si estas intervenciones aumentan la esperanza de vida saludable»</strong>, concluyen.</p>
<p><strong>Ortega</strong> recuerda que esta investigación es un subestudio del gran ensayo <strong>COSMOS</strong> (+20.000 personas), que analizó el impacto de estos compuestos en enfermedad cardiovascular y cáncer. <strong>«El resultado de COSMOS fue negativo: ni el multivitamínico ni el cacao redujeron la mortalidad por cáncer ni por enfermedades cardiovasculares. La señal molecular puede ser interesante, pero no indica que alargue la vida ni supere a una dieta equilibrada»</strong>.</p>
<h2>Apuesta por la alimentación saludable</h2>
<p>El endocrinólogo es contundente: <strong>«Como médicos no aconsejamos suplementos salvo déficit o enfermedad crónica que lo requiera»</strong>.</p>
<p>En la misma línea, <strong>Pilar Guallar Castillón</strong>, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Autónoma de Madrid, recomienda a la población que <strong>«no se distraiga tomando píldoras creyendo que está protegida»</strong>: <strong>«Mi consejo es dejar de consumir multivitaminas, ya sean cápsulas o gominolas. Coma de forma variada y rica en frutas y verduras —su principal fuente natural de micronutrientes— y no gaste dinero en suplementos. Hay enormes intereses comerciales y escasa evidencia clínica»</strong>.</p>
<p>Guallar Castillón añade que el cacao tampoco ha demostrado eficacia anti-envejecimiento. <strong>«Así que puede tomar chocolate si le resulta placentero y no tiene sobrepeso u obesidad, pero los suplementos de cacao tampoco tienen mucho sentido»</strong>.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-09/los-complementos-alimenticios-muestran-escasa-eficacia-para-alargar-la-vida-lo-que-se-ve-no-significa-que-vayamos-a-vivir-mas.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>Virus ancestrales en nuestro ADN desencadenan cáncer agresivo &#124; Salud</title>
		<link>https://titulares360.com/unos-virus-primitivos-que-se-propagan-por-el-genoma-humano-nuevo-motor-del-cancer-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Feb 2026 04:53:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[ADN]]></category>
		<category><![CDATA[Cáncer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El cáncer representa el costo evolutivo de la existencia. Un tumor constituye la cara oculta</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El cáncer representa el costo evolutivo de la existencia. Un tumor constituye la cara oculta de la vida, que <strong>secuestra los mecanismos genéticos</strong> para sobrevivir a cualquier precio, incluso si eso implica destruir al huésped. La ciencia ha demostrado que las neoplasias más agresivas alteran profundamente el genoma para volverse invencibles.</p>
<p><strong>Una investigación publicada este jueves revela</strong> un mecanismo crucial detrás de las anomalías genéticas en tumores comunes como los de pulmón y colon. El cáncer desordena el libro de instrucciones humano: 3.000 millones de letras químicas distribuidas en 46 volúmenes cromosómicos. Borra, duplica o invierte secciones enteras, otorgándole ventajas sobre las células sanas.</p>
<p>El estudio, que aparece en <a href='https://doi.org/10.1126/science.aee4513'>Science</a>, demuestra que parte de este caos genómico lo provocan <strong>parásitos genéticos</strong> que se autoinsertan en el ADN. Estos elementos, denominados transposones, fueron ignorados durante décadas hasta que Barbara McClintock ganó el Nobel en 1983 por describirlos.</p>
<p>Actualmente sabemos que estos fragmentos repetitivos participan en procesos vitales y enfermedades neurodegenerativas. <strong>Casi la mitad del genoma humano</strong> está compuesto por estos genes saltarines, todos ellos vestigios de antiguos virus.</p>
<p><em>Realmente no sabemos qué existió primero, si los virus o los transposones</em>, explica <a href='https://cimus.usc.gal/es/personal/jose-manuel-castro-tubio'>José Tubío</a>, biólogo del Centro de Investigación en Medicina Molecular de Santiago. <em>Entraron en nuestro ADN hace millones de años y se quedaron atrapados. Son una fuente de mutaciones esencial para el sistema inmune, pero también para la enfermedad.</em></p>
<p>Tubío lidera el trabajo que ha descubierto por vez primera el papel protagonista de un tipo específico de transposón: <strong>Line-1 (L1)</strong>, que representa el 17% de nuestro genoma. En 2020, su equipo demostró que estos elementos no eran simples pasajeros, sino conductores activos del cáncer.</p>
<p>Gracias a tecnologías que leen secuencias de 100.000 letras químicas, los investigadores han analizado tumores de pulmón, colon y cabeza-cuello. <strong>Examinaron 137 pacientes</strong> y se centraron en los 10 con mayor actividad de estos elementos móviles.</p>
<p>Desarrollaron el algoritmo MEIGA, que cuenta cuántas veces estos fragmentos se han <strong>copiapegado</strong> durante la evolución tumoral. Identificaron más de 6.400 inserciones, de las cuales 152 generaban <strong>cambios estructurales genómicos</strong> sin precedentes.</p>
<p>Por primera vez observaron el salto simultáneo de dos elementos L1 que provocan traslocaciones recíprocas. <em>Es como si dos páginas de un libro se rompieran y permutaran fragmentos, con L1 actuando como adhesivo</em>, describe <a href='https://www.crg.eu/ca/content/research/independent-fellow/bernardo-rodriguez-martin'>Bernardo Rodríguez Martín</a>, del Centro de Regulación Genómica.</p>
<p>El 65% de estos eventos ocurren en etapas tempranas, sugiriendo que la actividad de L1 genera la inestabilidad genómica inicial. <strong>Existe la posibilidad de bloquear estos genes</strong> usando antivirales similares a los del VIH, ya que ambos utilizan la enzima transcriptasa inversa.</p>
<p>El compuesto experimental TPN-101, que inhibe esta enzima, se está probando en pacientes con esclerosis lateral amiotrófica y alzhéimer. La Universidad de Rochester acaba de recibir 22 millones de dólares para investigar si reduce la inflamación del envejecimiento.</p>
<p><a href='https://web.unican.es/ibbtec/es-es/sobre-el-ibbtec/equipo/directorio/detalle-miembro?d=IgnacioVarelaLab'>Ignacio Varela</a>, bioquímico de la Universidad de Cantabria, enfatiza: <em>Comprender cómo estas células adquieren mutaciones es crucial para detectarlas temprano y tratarlas eficazmente. Estos elementos han sido inaccesibles durante décadas por su complejidad, pero esta tecnología punta permite caracterizar sus sitios de integración.</em></p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-02-27/unos-virus-primitivos-que-se-propagan-por-el-genoma-humano-nuevo-motor-del-cancer.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/unos-virus-primitivos-que-se-propagan-por-el-genoma-humano-nuevo-motor-del-cancer-salud-y-bienestar/">Virus ancestrales en nuestro ADN desencadenan cáncer agresivo | Salud</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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		<item>
		<title>Identificados los factores genéticos que aumentan el riesgo de aborto &#124; Salud y bienestar</title>
		<link>https://titulares360.com/identificados-los-factores-geneticos-que-aumentan-el-riesgo-de-aborto-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jan 2026 20:28:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Aborto]]></category>
		<category><![CDATA[ADN]]></category>
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		<category><![CDATA[Cromosomas]]></category>
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		<category><![CDATA[Reproducción]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cada minuto, se producen 44 abortos espontáneos en el mundo. Las pérdidas gestacionales son frecuentes.</p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/identificados-los-factores-geneticos-que-aumentan-el-riesgo-de-aborto-salud-y-bienestar/">Identificados los factores genéticos que aumentan el riesgo de aborto | Salud y bienestar</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">Cada minuto, se producen <a target="_blank" href="https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)00682-6/abstract" rel="">44 abortos espontáneos</a> en el mundo. Las pérdidas gestacionales son frecuentes. De hecho, solo la mitad de las concepciones humanas sobreviven al nacimiento. Es tal la complejidad de los procesos moleculares que tienen que darse correctamente para que un embarazo sea viable, que cualquier alteración más o menos azarosa puede dar al traste con la vida que se está gestando. La causa más común de los abortos espontáneos suelen ser anomalías en el número de cromosomas (las células humanas tienen 46), pero los mecanismos genéticos que hay detrás de estas alteraciones cromosómicas todavía son, en gran medida, una incógnita. Una <a target="_blank" href="https://www.nature.com/articles/s41586-025-09964-2" target="_self" rel="" title="https://www.nature.com/articles/s41586-025-09964-2">nueva investigación</a> que acaba de publicar la revista <i>Nature</i> ha arrojado algo más de luz sobre esos procesos moleculares claves para la reproducción humana y ha identificado, durante la formación del óvulo, variantes genéticas comunes (habituales en la población) que elevan el riesgo de fallos cromosómicos incompatibles con la vida.</p>
<p class="">“Descubrimos que el riesgo de una mujer de tener embriones con anomalías cromosómicas no depende únicamente de su edad o del azar. También está influenciado por variantes genéticas comunes que heredó de sus padres”, sintetiza Rajiv McCoy, investigador de la Universidad Johns Hopkins y autor del estudio. Los hallazgos no servirán, por ahora, para identificar el riesgo individual de aborto, pero sí abren un camino en el campo de la genética reproductiva para desarrollar potenciales tratamientos que ayuden a reducir el riesgo de pérdidas, coinciden los expertos. </p>
<p class="">En esta investigación, los científicos han puesto el foco en un proceso fundamental en el germen de la vida: la meiosis, que es la división celular que produce los óvulos y los espermatozoides. Este proceso es clave porque reparte los cromosomas —da lugar a células sexuales con la mitad de cromosomas (23), que, al unirse en la fecundación, recuperan el número normal (46); y si ese reparto falla, aparecen los errores en el número o la arquitectura de estas estructuras elementales que guardan la información genética necesaria para vivir. Las alteraciones en el número de cromosomas (en el argot, se llama aneuploidía) están detrás de la mayor parte de los abortos tempranos y también son las causantes de afecciones genéticas como los síndromes de Klinefelter, Turner o Down.</p>
<h3 class="">Errores en el germen de la vida</h3>
<p class="">Los investigadores recurrieron a una monumental muestra de cerca de 140.000 embriones procedentes de fecundación in vitro de unas 23.000 parejas para estudiar, en concreto, la meiosis femenina, un proceso que comienza antes de nacer, durante el desarrollo fetal. En ese momento, los cromosomas se aparean e intercambian trocitos de ADN en un proceso que se llama recombinación y que es esencial para garantizar la variabilidad genética. Luego, la meiosis se detiene y permanece parada durante años, hasta la ovulación y, si se da el caso, la fecundación. Lo que ocurre es que, durante ese tiempo de parón, pueden surgir problemas en los mecanismos que mantienen unidos los cromosomas y, si ese <i>pegamento</i> falla, pueden separarse de forma prematura y dar lugar a óvulos con un número incorrecto de cromosomas cuando la meiosis se reanuda.</p>
<p class="">McCoy explica que ya hace tiempo que se sabe que la mayoría de las anomalías cromosómicas “surgen durante las primeras divisiones del embrión o durante la formación de los óvulos”: “Los científicos han descrito con gran detalle los procesos biológicos que permiten que los cromosomas se separen correctamente durante la formación de los óvulos y cómo estos procesos suelen fallar. Un descubrimiento clave es que el<i> pegamento </i>molecular que mantiene unidos los cromosomas se debilita con la edad, lo que ayuda a explicar por qué el riesgo de errores cromosómicos aumenta con la edad materna”, ejemplifica.</p>
<p class="">Pero, pese a los avances en el conocimiento de estas fases de la reproducción humana, persisten grandes lagunas de saber que entorpecen el camino. “Lo que ha quedado mucho menos claro es por qué dos mujeres de la misma edad pueden tener riesgos muy diferentes de producir óvulos con anomalías cromosómicas. En otras palabras, más allá de la edad, ¿qué otros factores influyen en el riesgo?”, plantea.</p>
<h3 class="">Variaciones genéticas comunes</h3>
<p class="">Su estudio trata de responder a esa pregunta: “Descubrimos qué diferencias genéticas comunes en el ADN de la madre influyen en su probabilidad de producir óvulos y, por lo tanto, embriones, con cromosomas de más o de menos”, señala. El riesgo que añaden esas variantes no es muy alto, pero se suma a otras variables ya conocidas, como la edad de la madre.</p>
<p class="">En su viaje para arrojar luz sobre estos mecanismos genéticos que interfieren en esta etapa de la reproducción humana, McCoy y su equipo también mapearon ese proceso de recombinación genética que ocurre durante la formación de los óvulos y, “sorprendentemente”, relata, se encontraron con que algunas de esas variantes genéticas comunes que juegan un papel clave en el riesgo de anomalías cromosómicas, también influyen en ese proceso inicial de recombinación en el que los cromosomas intercambian fragmentos de ADN.</p>
<p class="">“Esto significa que las diferencias genéticas normales entre las personas influyen sutilmente en uno de los procesos más fundamentales de la biología humana: la forma en que los cromosomas se reorganizan y se transmiten de una generación a otra”, sentencia el investigador. </p>
<p class="">Para Rocío Núñez Calonge, coordinadora del Grupo de Ética de la Sociedad Española de Fertilidad, que no ha participado en este estudio, este trabajo es “la evidencia más sólida hasta la fecha de que variantes genéticas comunes pueden hacer que algunas mujeres sean más vulnerables a la pérdida del embarazo”. En declaraciones al portal Science Media Center, Calonge asegura que esos genes identificados “representan objetivos prometedores para el desarrollo de futuros tratamientos”.</p>
<p class="">Mónica Parriego, directora del Laboratorio de Reproducción Asistida de Dexeus Mujer, destaca “la robustez” del estudio con tal cantidad de datos: “Nos confirma que las anomalías cromosómicas son algo habitual y suelen ser de origen materno. Esto no te explica todos los abortos, pero vamos sumando conocimiento que nos permitirá enfocar tratamientos más personalizados”.</p>
<h3 class="">El ‘pegamento’ de los cromosomas</h3>
<p class="">McCoy y su equipo identificaron de cinco a seis regiones del genoma que se asocian con el riesgo de anomalías cromosómicas. Un ejemplo es SMC1B, un gen que ayuda a mantener unidos los cromosomas durante la meiosis: ellos descubrieron que variantes comunes de este gen se asociaron con un menor número de cruces y más inestabilidad en los cromosomas. </p>
<p class="">A largo plazo, McCoy considera que sus descubrimientos pueden ayudar a encontrar mejoras terapéuticas: “Al identificar genes y vías específicas que influyen en la estabilidad cromosómica, podríamos descubrir dianas para intervenciones destinadas a mejorar la calidad de los óvulos o reducir el riesgo de errores cromosómicos”, plantea.</p>
<p class="">Cristina Trilla, coordinadora de la Unidad de Pérdidas Gestacionales del Hospital Sant Pau de Barcelona, defiende que el impacto en la clínica es “limitado, por ahora”. “El riesgo individual de cada variante es muy bajo. Podría quizás ayudar a predecir un poco mejor el riesgo individual de una mujer a tener una alteración de la meiosis, aunque la mayor contribución al riesgo de aneuploidía seguiría siendo la edad materna”, sostiene.</p>
<p class="">Trilla pide cautela al interpretar y extrapolar los resultados. Sobre todo, en contextos de abortos de repetición: “Cuantos más abortos, menos probabilidad de que sean por causa genética. Esto implica que, en mujeres con aborto de repetición, en realidad, los mecanismos implicados en la pérdida gestacional no tienen tanto que ver con la aneuploidía, sino que están más relacionados con alteraciones metabólicas, malformaciones uterinas, inflamación crónica o fenómenos trombóticos, entre otros”.</p>
<h3 class="">Entre el desconocimiento y el azar</h3>
<p class="">Una bruma de desconocimiento y azar rodea todavía a todo lo relacionado con las pérdidas gestacionales tempranas. “Sabemos relativamente poco sobre cómo las variantes genéticas raras y las exposiciones ambientales influyen en el riesgo de anomalías cromosómicas”, apunta McCoy. </p>
<p class="">Y eso por no hablar de los casos en los que, a pesar de que los embriones son cromosómicamente normales, el embarazo no llega a término. “Esto sugiere que las mutaciones a menor escala u otros mecanismos biológicos más allá de los errores cromosómicos completos también desempeñan un papel importante”, desliza el científico.</p>
<p class="">Y luego está el factor azar, que también juega un papel fundamental. McCoy tira de analogía y pide que pensemos en el riesgo de una mujer de producir un óvulo con una anomalía cromosómica como si se lanzara una moneda al aire: “La edad materna hace que la moneda se incline más hacia unos resultados. Las variantes genéticas que identificamos también influyen ligeramente en esa tendencia. Pero incluso considerando todos estos factores, sigue habiendo un elemento de aleatoriedad en cada óvulo y embrión”.</p>
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<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-01-21/identificados-los-factores-geneticos-que-aumentan-el-riesgo-de-aborto.html"> aquí</a></p>
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