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	<title>Comportamiento animal archivos -</title>
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		<title>Eyacular con frecuencia mejora la calidad del esperma, según el mayor estudio hasta la fecha &#124; Salud y bienestar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Mar 2026 08:16:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Animales]]></category>
		<category><![CDATA[Biología]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Comportamiento animal]]></category>
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		<category><![CDATA[Investigación científica]]></category>
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		<category><![CDATA[Reproducción]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La sabiduría popular —y las clínicas de reproducción asistida— llevan décadas aconsejando a los hombres</p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/eyacular-con-frecuencia-mejora-la-calidad-del-esperma-segun-el-mayor-estudio-hasta-la-fecha-salud-y-bienestar/">Eyacular con frecuencia mejora la calidad del esperma, según el mayor estudio hasta la fecha | Salud y bienestar</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">La sabiduría popular —y las clínicas de reproducción asistida— llevan décadas aconsejando a los hombres que se abstengan de eyacular varios días antes de que entreguen una muestra de semen. Parece de sentido común: hay que acumular esperma para tener más cantidad. Pero la ciencia lleva tiempo insinuando que esa estrategia puede ser contraproducente. Ahora, el mayor metaanálisis realizado hasta la fecha sobre el tema confirma que el esperma almacenado se deteriora, y que, si lo que se busca es mayor fertilidad, hay que eyacular con regularidad, ya sea mediante actividad sexual o masturbación. Hacerlo produce gametos de mayor calidad y con menos daño en el ADN.</p>
<p class="">El estudio, publicado <a target="_blank" href="https://doi.org/10.1098/rspb.2025.3181" rel="">este miércoles en la revista <i>Proceedings of the Royal Society B</i></a> y liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, combina datos de 115 estudios en humanos (más de 54.800 hombres) y 56 estudios en 30 especies animales no humanas, desde insectos hasta mamíferos. Sus conclusiones apuntan a un fenómeno universal en el reino animal: el esperma maduro que permanece almacenado, ya sea en el macho o en la hembra, envejece y se daña independientemente de la edad del organismo que lo contiene. Los investigadores llaman a este proceso “senescencia” del esperma.</p>
<p class="">A diferencia de otras células, los espermatozoides viajan ligeros de equipaje: apenas tienen citoplasma, el material que les permitiría repararse o reabastecerse de energía. “Los espermatozoides son células muy móviles y tienen una capacidad de reparación muy limitada”, confirma <a target="_blank" href="https://www.biology.ox.ac.uk/people/rebecca-dean" rel="">Rebecca Dean</a>, codirectora del estudio, a este diario. “Esto hace que el almacenamiento sea especialmente perjudicial en comparación con otros tipos de células.”</p>
<p class="">En los hombres, los periodos más prolongados de abstinencia sexual tienen consecuencias directas y negativas: el estudio observa un mayor daño en el ADN del esperma y mayor estrés oxidativo, que es el desequilibrio entre radicales libres y antioxidantes que deteriora las estructuras celulares. También se observa una reducción de la movilidad y la viabilidad de los espermatozoides. </p>
<p class="">Los resultados podrían tener implicaciones directas para la medicina reproductiva. <a target="_blank" href="https://www.who.int/publications/i/item/9789240030787" rel="">Las guías actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS)</a> recomiendan entre dos y siete días de abstinencia antes de obtener muestras para reproducción asistida. El estudio sugiere que el límite superior de siete días podría ser excesivo, en línea con evidencia reciente que indica que eyacular en las 48 horas previas a la entrega de una muestra mejora los resultados en fecundación in vitro (FIV), según aseguran los autores del estudio.</p>
<p class="">Dean, no obstante, pide cautela a la hora de trasladar estos hallazgos a recomendaciones clínicas concretas. “Somos biólogos evolutivos, no médicos. Lo que intentamos es simplemente cuestionar la idea de que guardar el esperma es mejor para la fertilidad. Lo que probablemente existe es un punto óptimo: una frecuencia de eyaculación que maximice tanto el número como la calidad de los espermatozoides”.</p>
<p class="">La ecuación no es sencilla: la abstinencia aumenta la cantidad de esperma, pero a costa de su calidad. Para técnicas como la FIV, en la que se usa el eyaculado completo, lo ideal sería un equilibrio. Para el método ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoide), donde se selecciona un único gameto de alta calidad, el estudio sugiere que cuanto antes se obtenga la muestra, mejor. “Nuestra esperanza es que los clínicos examinen nuestra evidencia y reconsideren si los periodos largos de abstinencia deben seguir recomendándose”, explica Dean.</p>
<p class="">Eduard Ruiz Castañé es director del Servicio de Andrología de la <a target="_blank" href="https://www.fundacio-puigvert.es/cuadro_medico/dr-eduard-ruiz-castane/" target="_self" rel="" title="https://www.fundacio-puigvert.es/cuadro_medico/dr-eduard-ruiz-castane/">Fundació Puigvert</a>. Coincide en que los hallazgos no sorprenden a los especialistas. “Llevamos más de 30 años sabiendo que los periodos de abstinencia prolongados deterioran la calidad del semen”, afirma. Lo que aporta el estudio, dice, es profundizar en el mecanismo: la fragmentación del ADN del esperma, un daño estructural que afecta tanto a la concepción natural como a las técnicas de reproducción asistida. Cuando un análisis de semen tiene mala calidad, lo primero que hay que preguntarse, cuenta, es con qué frecuencia tiene relaciones la pareja. Y si es baja, la recomendación es clara: relaciones o masturbación en días alternos para renovar constantemente las reservas. “Es como una pecera”, explica. “Hay que renovar el agua para que los peces puedan respirar bien”.</p>
<p class="">En cuanto a los días de abstinencia ideales antes de una muestra, Ruiz Castañé sitúa el óptimo entre tres y cuatro días —no siete—, que coincide aproximadamente con una frecuencia sexual de dos veces por semana, la habitual en parejas en edad fértil. “Las indicaciones de la OMS están obsoletas”, concluye.</p>
<p class=""><a target="_blank" href="https://fertty.com/fundadores/dr-juan-joseespinos/" rel="">Juanjo Espinós</a>, presidente de la Sociedad Española de Fertilidad y especialista en endocrinología reproductiva y reproducción humana, está de acuerdo en que este estudio “no tiene una traducción clínica clara”. Las investigaciones incluidas presentan una “gran heterogeneidad”, dice, y por ello, cree que hay que tomar los resultados con cautela en cuanto a la práctica clínica.</p>
<h2 class="">Hembras ‘congeladores’ y masturbación con propósito</h2>
<p class="">Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es el excelente trabajo que realizan muchas hembras a la hora de almacenar el esperma de mayor calidad. En las especies animales no humanas analizadas, las hembras son bastante más eficaces que los machos a largo plazo. Cuando el esperma se almacena durante periodos breves, los machos lo conservan relativamente bien; pero, con el tiempo, las hembras lo preservan mucho mejor. La hormiga negra de jardín (<i>Lasius niger</i>), por ejemplo, puede almacenar esperma durante un año sin que se deteriore su viabilidad. Y algunas especies de murciélagos se aparean en otoño, pero la hembra almacena el esperma durante los meses en los que hiberna, y fertiliza los óvulos en primavera. El esperma sobrevive el invierno entero dentro de la hembra.</p>
<p class="">Algunas hembras, de hecho, cuando detectan que el esperma almacenado acumula demasiado estrés oxidativo, o sea, que está <i>viejo</i>, aumentan sus apareamientos para conseguir esperma fresco. Es decir, el deterioro del esperma puede ser una de las razones evolutivas por las que las hembras son promiscuas. La infidelidad, en fin, como estrategia de búsqueda de la calidad genética.</p>
<p class="">“Las hembras de algunas especies han desarrollado formas extraordinariamente eficaces de mantener y nutrir el esperma; creo que aprendemos mucho de la innovación en el mundo animal”, dice Dean.</p>
<p class="">El estudio también plantea una reflexión evolutiva. ¿Y si la masturbación es un mecanismo para expulsar esperma envejecido y <i>renovar </i>las reservas? No sería un comportamiento sin función, o con una función únicamente placentera, sino una estrategia de reproducción existosa. Los machos de algunas especies incluso <i>tiran</i> esperma de forma espontánea de manera cíclica. Las aves paserinas, por ejemplo, liberan espermatozoides justo antes del amanecer. También los camarones marinos: descartan esperma <i>viejo </i>de forma cíclica, sincronizados con el ciclo de muda.</p>
<p class="">Los investigadores apuntan que entender todos estos mecanismos podría abrir vías para desarrollar tecnología biomimética que mejore el almacenamiento artificial de esperma, y que sería muy relevante tanto para clínicas de fertilidad como para programas de cría en cautividad de especies en peligro. Sin embargo, invitan a aplicar sus recomendaciones con prudencia hasta que sean analizadas en nuevos estudios.</p>
</div>
<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-25/eyacular-con-frecuencia-mejora-la-calidad-del-esperma-segun-el-mayor-estudio-hasta-la-fecha.html"> aquí</a></p>
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		<title>El cerebro tiene un freno a la motivación: así funciona la procrastinación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Jan 2026 06:30:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Cerebro]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Comportamiento animal]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación científica]]></category>
		<category><![CDATA[Neurociencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Por qué tu cerebro sabotea tus metas? La ciencia descubre el mecanismo oculto tras la</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿Por qué tu cerebro sabotea tus metas?</strong> La ciencia descubre el mecanismo oculto tras la procrastinación.</p>
<p>¿Por qué, en lugar de avanzar hacia lo que realmente importa, caemos en distracciones sin sentido? ¿Por qué priorizamos tareas irrelevantes —o incluso desagradables— sobre las que nos acercan a nuestros objetivos? La respuesta no está en la falta de voluntad, sino en un conflicto interno del cerebro que ahora empieza a entenderse.</p>
<p>Durante décadas, se ha explicado la motivación como un simple cálculo de incentivos: si no actuamos, es porque no valoramos lo suficiente la recompensa. Sin embargo, un estudio liderado por Ken-Ichi Amemori, de la Universidad de Kioto, y publicado en la revista <em>Current Biology</em>, desmonta esta idea. El cerebro puede reconocer perfectamente el valor de una acción y, aún así, bloquear su inicio.</p>
<h2>El experimento que reveló el freno cerebral</h2>
<p>Para desentrañar cómo el cerebro gestiona tareas con beneficios pero también incomodidades, los investigadores trabajaron con monos, cuyo sistema motivacional es similar al humano. Los animales, mantenidos sedientos fuera del experimento, se enfrentaron a dos pruebas: en una, podían elegir entre dos cantidades de agua accionando palancas, midiendo así su motivación. En otra, la opción era entre un sorbo pequeño sin esfuerzo o uno mayor acompañado de un soplo de aire en la cara.</p>
<p>El resultado fue revelador: los monos evaluaban si compensaba soportar la incomodidad para obtener más agua. Este diseño permitió identificar un circuito cerebral que actúa como freno a la motivación: no juzga si la recompensa merece la pena, sino si merece la pena <em>empezar</em>. Se trata de la conexión entre el <em>estriado ventral</em> (EV) y el <em>pálido ventral</em> (PV), ubicados en los ganglios basales, una región clave para el placer y la motivación.</p>
<h2>Dos sistemas neuronales en conflicto</h2>
<p>El estudio demostró que la motivación depende de dos variables codificadas por sistemas neuronales distintos. Por un lado, está el cálculo de coste-beneficio (recompensa vs. castigo). Por otro, la probabilidad de no querer iniciar la acción. Ambos mecanismos, conservados tras millones de años de evolución, fueron clave para la supervivencia de nuestros antepasados.</p>
<p>El estriado ventral se activa ante la expectativa de incomodidad, dificultad o exigencia emocional, <em>sin evaluar la recompensa final</em>. El pálido ventral, en cambio, actúa como un interruptor para empezar y sostener la acción. Los electrodos revelaron que, cuando los monos podían elegir entre más agua con un soplo de aire o menos agua sin incomodidad, el EV (protector contra lo desagradable) se activaba más. En cambio, cuando solo había opciones de agua, el PV (impulsor de la acción) era el dominante.</p>
<p>El hallazgo crucial llegó al observar que, cuando ambas regiones estaban conectadas, la señal de incomodidad del EV podía bloquear el inicio de la acción del PV. Al desactivar esta comunicación con técnicas quimiogenéticas, el freno motivacional se soltaba: los monos afrontaban con menos reticencia la tarea con recompensa, a pesar de la incomodidad prevista.</p>
<h2>Implicaciones: de la procrastinación a la abulia</h2>
<p>Este descubrimiento supuso un giro radical. Estrategias como prometerse grandes recompensas o aumentar la presión externa actúan sobre el circuito del valor percibido, pero no tocan el freno del EV. Como señala Amemori: <em>&#8220;Cuando la motivación está alterada a nivel de iniciación, reducir las señales que impulsan el desenganche —como el coste anticipado de comenzar— puede ser más eficaz que aumentar los incentivos&#8221;</em>.</p>
<p>Dividir la tarea en pasos menores o reducir la exposición al juicio o la amenaza de evaluación son estrategias útiles. Pero el problema va más allá: entornos laborales estresantes o las notificaciones constantes de móviles <em>pueden mantener activado el circuito EV-PV</em>, procesando señales de rechazo de forma crónica. A largo plazo, esto podría generar cambios estructurales en el cerebro, derivando en <em>abulia</em> —un trastorno caracterizado por la falta de motivación—.</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, esto revela que la procrastinación no es un fallo de carácter, sino un mecanismo cerebral adaptativo. La pregunta clave ahora es: ¿cómo diseñar entornos que no sobrecarguen este circuito? Amemori sugiere que priorizar tareas con claridad o crear espacios de recuperación tras esfuerzos intensos son tan cruciales como las soluciones individuales.</p>
<h2>Diferencias individuales y futuras terapias</h2>
<p>No todos los monos reaccionaron igual: algunos se bloqueaban más ante el soplo de aire. Esto sugiere que la parálisis por estrés tiene una base neurobiológica identificable, no solo una cuestión de personalidad. Un hallazgo con implicaciones profundas para quienes sufren incapacidad crónica para actuar.</p>
<p>Amemori vincula estos resultados con la abulia en la depresión: <em>&#8220;Podría reflejar un desequilibrio en el circuito EV-PV&#8221;</em>. Las posibles terapias incluyen la estimulación cerebral profunda (DBS), aunque su uso sería limitado a casos graves por su invasividad. También se exploran técnicas menos invasivas, como la estimulación magnética transcraneal (TMS) o enfoques basados en ultrasonidos, aunque requieren validación en seguridad y eficacia.</p>
<p>Otra vía serían los fármacos, ya que el pálido ventral contiene receptores opioides. Sin embargo, estos afectarían a otras regiones cerebrales, generando efectos secundarios indeseados. Amemori advierte que el freno motivacional cumple una función adaptativa: <em>&#8220;Ayuda a evitar situaciones excesivamente costosas o dañinas&#8221;</em>. Debilitarlo sin criterio podría aumentar el riesgo de agotamiento o asunción de riesgos desmedidos. Cualquier intervención, por tanto, debe ser precisa y éticamente rigurosa.</p>
<p>Lo que esto revela es que la procrastinación no es pereza, sino un sistema de protección cerebral que, en exceso, se vuelve contra nosotros. ¿Podremos algún día modular este equilibrio sin perder su función adaptativa?</p>
</p>
<h2>El conflicto evolutivo detrás de la inacción</h2>
<p>Lo que este estudio revela es que la procrastinación no es un fallo de diseño, sino un subproducto de un sistema cerebral optimizado para la supervivencia. El conflicto entre el estriado ventral y el pálido ventral no es un error, sino un mecanismo de protección que, en entornos modernos, se activa con excesiva frecuencia.</p>
<p>Desde una perspectiva analítica, el cerebro humano prioriza evitar el malestar inmediato sobre obtener beneficios futuros, incluso cuando estos son racionalmente superiores. Este sesgo no es irracional en términos evolutivos: para nuestros antepasados, evitar un riesgo visible —como el soplo de aire en el experimento— podía ser más crítico que perseguir una recompensa incierta. La pregunta clave ahora es cómo este circuito, útil en contextos de amenaza física, se traduce en la parálisis ante tareas abstractas pero necesarias, como estudiar o trabajar en proyectos a largo plazo.</p>
<p>Más allá de los hechos, lo que emerge es una paradoja: el mismo mecanismo que nos protegía de peligros reales ahora nos frena ante desafíos imaginarios. La abulia y la procrastinación crónica podrían ser, entonces, el precio de un cerebro que aún no se ha adaptado a un mundo donde las amenazas son psicológicas y las recompensas, intangibles.</p>
<h3>El desafío de rediseñar el entorno</h3>
<p>Si el problema radica en un circuito cerebral que reacciona a señales de incomodidad anticipada, la solución no está solo en el individuo, sino en entornos que minimicen esas señales. ¿Cómo diseñar espacios laborales, educativos o personales que no activen constantemente el freno del estriado ventral, sin eliminar su función protectora?</p>
<div class='referencia-contenido'>Referencia de contenido: <a rel="nofollow" target="_blank" href='https://elpais.com/ciencia/2026-01-10/lo-dejas-todo-para-luego-unos-cientificos-japoneses-han-encontrado-el-motivo-en-el-cerebro.html'>aquí</a></div>
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