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	<title>Bienestar archivos -</title>
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		<title>Ciencia aclara si entrenar al amanecer o al atardece para optimizar resultados</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Mar 2026 08:26:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el gimnasio siempre hay dos bandos: los que levantan peso antes de que salga</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En el gimnasio siempre hay dos bandos: los que levantan peso antes de que salga el sol y los que esperan al crepúsculo para sudar la camiseta. Ambos juran tener la fórmula ganadora.</p>
<p><strong>¿Importa realmente la hora del día para progresar?</strong> La pregunta suena sencilla, pero la biología tiene matices. Nuestro reloj interno, el sistema circadiano, regula temperatura, hormonas y estado de alerta en ciclos de 24 horas.</p>
<p>La temperatura corporal toca fondo al amanecer y se dispara entre las 17:00 y las 19:00. Un pico térmico que <strong>mejora la eficiencia neuromuscular</strong>, por eso la fuerza, la potencia y la velocidad suelen ser mayores al final del día.</p>
<p>Pero hay una diferencia clave: rendir más hoy no garantiza ganar más mañana. Un <a href='https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/07420528.2019.1567524'>metaanálisis reciente</a> comparó semanas de entrenamiento matutino y vespertino y halló que, aunque la fuerza inicial es superior por la tarde, <strong>las ganancias finales son idénticas</strong>.</p>
<p>El mismo patrón se repite cuando se analizan beneficios cardiovasculares, composición corporal o marcadores lipídicos: <a href='https://link.springer.com/article/10.1186/s40798-023-00577-5'>no hay evidencia sólida</a> de que una franja horaria aporte ventajas metabólicas reales sobre otra.</p>
<p>Algunos estudios individuales apuntan a que el ejercicio vespertino puede reducir ligeramente triglicéridos o mejorar el control glucémico en diabéticos tipo 2, pero al agrupar los datos la diferencia desaparece. <strong>La constancia, la intensidad y el volumen semanal pesan más que el reloj.</strong></p>
<p>Incluso existe un fenómeno de especificidad: el cuerdo mejora más cuando entrena y se evalúa a la misma hora. Si tus sesiones siempre son matutinas, tu rendimiento matutino subirá; si son vespertinas, mantendrás el pico por la tarde.</p>
<p>Tras décadas de investigación, los científicos coinciden: <strong>la adherencia es la variable estrella</strong>. Un plan bien dosificado, progresivo y sostenido vence cualquier ventana horaria.</p>
<p>El sueño también entra en juego. Entrenar muy fuerte justo antes de dormir puede alterar el descanso de personas sensibles y, a la larga, <strong>comprometer la salud metabólica y cardiovascular</strong>. Elegir un horario que proteja el descanso puede ser más útil que perseguir una mejora marginal.</p>
<p>La dimensión conductual es decisiva. Muchos abandonan porque eligieron una franja que choca con su ritmo vital. <strong>El mejor momento es aquel que puedas cumplir durante meses sin fracasar.</strong></p>
<p>Si tu meta es ganar fuerza, perder grasa, bajar la presión o simplemente mantenerte activo, la evidencia te da libertad: mueve cuando puedas hacerlo siempre. La pregunta clave es: <em>¿cuándo es más fácil que no faltes?</em></p>
<p>En resumen, las diferencias fisiológicas entre mañana y tarde son mínimas o nulas. Lo que sí es enorme es la brecha entre sedentarismo y actividad. <strong>Elige tu hora, protégé tu sueño y mueve el cuerpo: la salud agradece el gesto, no la hora en el reloj.</strong></p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-28/manana-o-tarde-la-ciencia-revela-cuando-es-mejor-entrenar-y-maximizar-tus-resultados.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>El retorno delgado extremo camuflado en bienestar: “Antes te culpaban por gorda, ahora por inflamada”</title>
		<link>https://titulares360.com/la-vuelta-de-la-delgadez-extrema-disfrazada-de-salud-antes-te-decian-que-estabas-gorda-y-ahora-que-estas-inflamada-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Mar 2026 10:12:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Belleza corporal]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar social]]></category>
		<category><![CDATA[Dieta mediterránea]]></category>
		<category><![CDATA[Dietas]]></category>
		<category><![CDATA[Investigación científica]]></category>
		<category><![CDATA[Obesidad]]></category>
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		<category><![CDATA[salud mental]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La cineasta y guionista Chloé Wallace encendió la polémica en redes tras la gala de</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La cineasta y guionista <strong>Chloé Wallace</strong> encendió la polémica en redes tras la gala de los Oscars al denunciar el regreso de la <strong>delgadez extrema</strong> como ideal de belleza. En un <a href='https://www.instagram.com/p/DWAAxsMjKOb/?utm_source=ig_web_copy_link&#038;igsh=MzRlODBiNWFlZA%3D%3D'>post de Instagram</a>, expresó su indignación: «Cada alfombra roja, cada evento, cada vez que abro Instagram, están más flacas que la semana anterior&#8230; como si existiera una competición silenciosa que todas están jugando». Wallace denunció que la moda ya no es simplemente estética, sino política: «Antes era no comer, contar calorías, restringir. Ahora es una inyección semanal que anula el apetito. La delgadez vuelve a ser capital, disfrazada de salud y bienestar».</p>
<p>El mensaje se viralizó: más de <strong>72.000 me gusta</strong>, <strong>12.000 compartidos</strong> y más de <strong>1.000 comentarios</strong>. Expertas en nutrición y salud mental llevan años alertando sobre este fenómeno: el regreso del modelo <em>heroin chic</em> de los noventa, potenciado por redes sociales y presentado como <strong>autocuidado</strong>.</p>
<p><strong>Azahara Nieto</strong>, nutricionista colaboradora de EL PAÍS y fundadora de la consultora online <em>Se come como se vive</em>, lo resume: «Habíamos avanzado hacia un periodo <em>body neutral</em>, donde el cuerpo no se juzgaba solo por su apariencia. Pero hemos vuelto a los noventa, a la extrema delgadez, ahora envuelta en lenguaje de salud».</p>
<p><strong>Violeta Moizé</strong>, dietista del Hospital Clínic de Barcelona, añade que el discurso se ha vuelto más sofisticado: «Antes era abiertamente estético; hoy se vende como bienestar, disciplina u optimización corporal. Se apoya en datos biométricos, apps y fármacos, lo que dificulta criticarlo».</p>
<p>Las redes sociales actúan como altavoz y acelerador. «Recuperarse de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) en una cultura que premia la delgadez extrema es muy complicado», subraya Nieto.</p>
<p><strong>Magdalena Piñeyro</strong>, filósofa y autora de <em>Stop Gordofobia y las panzas subversas</em>, ve en este rebrote una reacción contra el movimiento <em>body positive</em> y antigordofóbico: «Es un contraataque desde medios, pasarelas y cultura para restablecer el cuerpo delgado como norma».</p>
<h2>El ‘efecto Ozempic’</h2>
<p>El salto cualitativo llegó con los fármacos antiobesidad como el <strong>Ozempic</strong>. Originalmente indicados para diabetes tipo 2, imitan hormonas que generan saciedad y permiten perder entre <strong>15 % y 25 % del peso</strong>. Su éxito ha sido arrollador, pero también su uso estético sin indicación médica.</p>
<p>«Se comercializan como si fueran inocuos, pero se están vendiendo como <strong>bienestar aspiracional</strong>, no como salud», critica Nieto. Un ejemplo fue la campaña de <strong>Serena Williams</strong>, quien reconoció usarlos tras un embarazo sin aclarar que carecía de un problema de salud relacionado con el peso.</p>
<p><strong>Andreea Ciudin</strong>, jefa de la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, alerta sobre la <strong>trivialización</strong>: «Se prescribe masivamente sin valoración ni seguimiento. Algunos inician con dosis altas y desarrollan malnutrición».</p>
<p>Con las patentes próximas a expirar y los precios en descenso, la venta libre puede multiplicar riesgos. «Se banalizará la obesidad, se verá como algo estético y la gente los usará para perder dos michelines», advierte Ciudin.</p>
<h2>Nuevo lenguaje, mismas restricciones</h2>
<p>El discurso también ha mudado de forma. «Antes te decían gorda, ahora te dicen <strong>inflamada</strong>», resume Nieto. Dietas como el <strong>ayuno intermitente</strong>, superalimentos, suplementos y «balance energético» promueven el control disfrazado de cuerpo.</p>
<p><strong>Lucía Ugarte</strong>, psicóloga clínica de la misma consultora, observa conductas rígidas: «Bajo el paraguas del deporte y la salud, se vigila lo que está bien o mal. El autocuidado se convierte en autoexigencia».</p>
<p>Wallace señaló la dimensión ideológica: la delgadez como <strong>capital y marcador de clase</strong>. Moizé coincide: «Los cuerpos reflejan valores sociales: control, disciplina, productividad». En espacios como la <em>machosfera</em>, el cuerpo se erige en símbolo de estatus, lo que fomenta relaciones poco saludables con ejercicio y alimentación.</p>
<p>Piñeyro concluye: «Nos tragamos el mito neoliberal de que todo depende de nosotros, cuando nuestras condiciones materiales y culturales determinan nuestro cuerpo y salud».</p>
<h2>Consecuencias reales</h2>
<p>La persecución del ideal genera <strong>frustración y TCA en edades cada vez más tempranas</strong>. «Vamos hacia una mala relación con la comida y el cuerpo», avisa Nieto. Piñeyro insta a «cuestionar una salud basada en farmacología, sacrificio y hambre».</p>
<p>«Igualar delgadez a salud es un error cuando mucha gente enferma por alcanzar ese canon», concluye.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-26/la-vuelta-de-la-delgadez-extrema-disfrazada-de-salud-antes-te-decian-que-estabas-gorda-y-ahora-que-estas-inflamada.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>Stephen Grosz, psicoanalista: “Hay personas a las que la infelicidad les resulta más cómoda que la entrega en el amor” &#124; Salud y bienestar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 08:12:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Amar a otro ser humano es, quizás, la tarea más difícil que nos ha sido</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">“Amar a otro ser humano es, quizás, la tarea más difícil que nos ha sido encomendada. La última, la prueba suprema, ante la que todas las demás no son sino preparación”. La cita es de Rainer Maria Rilke y abre el segundo libro de Stephen Grosz (Indiana, EE UU, 73 años), <a target="_blank" href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-autoayuda/486748-libro-trabajos-de-amor-9788499929477" rel=""><i>Trabajos de amor </i>(Debate)</a>. Psicoanalista en ejercicio en Inglaterra desde hace más de cuatro décadas, Grosz piensa que el amor no es un estado al que se llega, sino un trabajo que se hace. Y que casi siempre hacemos mal.</p>
<p class="">Su primer libro, <a target="_blank" href="https://www.stephengrosz.com/2014/01/29/la-mujer-que-no-queria-amar/" rel=""><i>La mujer que no quería amar</i></a>, publicado en 2013, fue un fenómeno: número uno en las listas británicas, traducido a más de 30 idiomas, adaptado para el teatro. El <i>New York Times</i> lo describió como “una combinación de Chéjov y Oliver Sacks”. <i>Trabajos de amor</i> es su continuación: 12 historias clínicas reales —con nombres cambiados— sobre los miedos, los engaños y las pérdidas que nos impiden conectar de verdad con quienes amamos, o creemos amar. El libro llega a España esta semana, y Grosz recibe a EL PAÍS en las oficinas de su editorial en Madrid. Habla con voz pausada y tanta amabilidad y empatía que, a menudo, la entrevista se siente más como una sesión de terapia.</p>
<p class=""><b>Pregunta.</b> Amar es la tarea más difícil que nos ha sido encomendada, dice esa cita de Rilke que ha elegido. Pero la mayoría de la gente no piensa en el amor como una tarea…</p>
<p class=""><b>Respuesta.</b> No. Solemos pensar en el amor como un sentimiento: si lo sientes, estás enamorado. Pero me gustó la idea de que tenemos que trabajar para ver con claridad. A nosotros mismos, a las personas que amamos, al mundo tal como es. Vivimos en un momento en que mucha gente confunde lo que siente con lo que es verdad. Si siento que algo es así, entonces es así. Pero el amor exige formar parte del mundo como es, no como lo imaginamos, lo deseamos o lo tememos.</p>
<p class=""><b>P. </b>Y sin embargo, hay una tradición cultural muy arraigada que dice que cuando el amor empieza a requerir esfuerzo, es que ya no es amor…</p>
<p class=""><b>R. </b>Tengo una amiga, la poeta británica Wendy Cope, que lo dice muy bien: al principio está la parte divertida. El cortejo, el erotismo, la excitación. Y luego empieza el amor. Lo que llamamos amor romántico es, en realidad, el comienzo: cuando de verdad te importa alguien, tienes que aprender a escucharle. Y eso es muy difícil. Yo mismo, como muchos hombres, tengo el impulso de ir a arreglar las cosas rápidamente. Pero a veces la otra persona solo quiere ser escuchada. Solo quiere que alguien reconozca lo que siente. </p>
<p class=""><b>P. </b>En el libro distingue entre entrega y sumisión. ¿Por qué es importante?</p>
<p class=""><b>R. </b>Es algo que descubrí primero en mí mismo. Cuando empecé mi propio análisis de formación, de joven, pensé: si soy un buen paciente, si hago todo lo que se espera de mí, el analista pensará bien de mí. Eso es sumisión: es transaccional. Es decir, “haré lo que tú quieras a cambio de que me quieras”. Y eso nunca funciona, porque genera resentimiento. La entrega es completamente distinta. Es involuntaria. Es dejar que alguien te importe de verdad, aceptar que el amor no va a durar para siempre, que ni tú ni la otra persona sois perfectos. Es la experiencia de ser profundamente aceptado, no de ganarte la aceptación.</p>
<p class=""><b>P. </b>¿Cómo puede reconocer alguien si está en una dinámica de sumisión en una relación?</p>
<p class=""><b>R. </b>Por el resentimiento. Cuando alguien empieza a llevar la cuenta de lo que ha dado y lo que no ha recibido. ‘Hice todo esto y aquello y, sin embargo&#8230;’. La sumisión acumula agravio. La entrega no lleva la cuenta. Y hay algo más: creo que para que haya verdadera intimidad tiene que haber cierta igualdad en la entrega. Si solo se entrega uno de los dos, tampoco funciona.</p>
<p class=""><b>P. </b>Uno de los casos más elaborados del libro es el de Sophie, que está enamorada de su prometido, pero, aún así, no puede enviar las invitaciones de boda. ¿Por qué casarse puede sentirse como una pérdida?</p>
<p class=""><b>R. </b>Porque lo es. Casarse no es solo elegir a alguien: es dar algo por terminado. Sophie era hija única, estaba muy unida a sus padres. Casarse significaba dejar de pertenecer solo a ellos y crear tu propia familia. Nadie piensa en la boda como un momento de pérdida, pero hay algo que se acaba. Y hay personas para quienes esa pérdida es tan grande que no pueden dar el paso. Lo veo cada vez más, por cierto, en jóvenes cuyos padres están muy encima de ellos. Pienso que a veces sería mejor que los niños se sintieran un poco excluidos de la pareja que forman sus padres: que hubiera algo reservado solo para los dos adultos. Esa exclusión puede ser el motor que empuja a los hijos a querer tener su propia vida.</p>
<figure class="a_m a_m-h "><span class="_db a_m_w _pr lb_btn"><svg aria-hidden="true" class="icon_multimedia_ampliar | _pa a_m_i a_m_i-a _dn" viewbox="0 0 40 40"><use xlink:href="#svg-ampliar"/></svg></span><figcaption class="a_m_p" aria-hidden="true"><span>Grosz, en otro momento de la entrevista.</span><span class="a_m_m">INMA FLORES</span></figcaption></figure>
<p class=""><b>P. </b>¿Tener hijos cambia el amor?</p>
<p class=""><b>R. </b>Puede cambiarlo mucho. De hecho, es uno de los grandes problemas que veo ahora. Se nota incluso en la literatura: en los años 60, 70 y 80 las novelas eran sobre la relación entre adultos, entre hombres y mujeres, o entre personas del mismo sexo. Cada vez más son sobre la relación entre padres e hijos. Eso dice algo. Uno de los problemas más grandes que tratan los terapeutas hoy es que, después de tener hijos, las parejas dejan de desearse. Hay mucho menos sexo, mucha menos pasión. La gente está tan centrada en sus hijos que pierde de vista la pareja que forma. Y creen que eso es mejor para los niños. Pero no lo es.</p>
<p class=""><b>P. </b>Sophie regresa a la consulta décadas después. Su marido le ha sido infiel y ella ve la infidelidad como una oportunidad para escapar sin que nadie la juzgue. Pero usted concluye que nunca se había casado del todo…</p>
<p class=""><b>R. </b>Sí. Su problema no era si quedarse o marcharse. Era que siempre había mantenido una distancia. La infelicidad le resultaba más segura que la entrega. Eso es algo que veo con frecuencia: hay personas que se quedan atrapadas en su sufrimiento, no por masoquismo, sino porque es lo conocido. Si te crías en una familia donde había mucho dolor, eso es lo que conoces. Y cuando en la vida adulta se abre una puerta hacia algo más luminoso, a veces la gente da unos pasos y retrocede. La felicidad les resulta menos familiar que la tristeza.</p>
<p class=""><b>P. </b>¿Alguien puede preferir inconscientemente el sufrimiento?</p>
<p class=""><b>R. </b>Es uno de los problemas más difíciles que existen en mi trabajo. Y es una paradoja: el sufrimiento es mi aliado, porque es lo que trae a la gente a la consulta. Pero con el tiempo, algunos pacientes llegan a un punto en que ya no quieren cambiar, aunque crean que sí. El sufrimiento se ha convertido en su identidad, en una forma de poder dentro de la familia: quien ha sufrido más, quien tiene derecho a más. En esos casos hay que saber cuándo uno, como terapeuta, ya no puede ayudar más. Llevo décadas en un grupo de supervisión con colegas, y a veces son ellos quienes me dicen: ya has llegado al límite, es hora de que este paciente trabaje con otro.</p>
<p class=""><b>P. </b>¿Hay diferencias entre cómo viven el amor hombres y mujeres?</p>
<p class=""><b>R. </b>Las mujeres parecen más fluidas en su sexualidad, más relajadas con la intimidad entre mujeres. Y tiene sentido si lo piensas: todos amamos primero a una mujer. Todos amamos a nuestra madre. Para las mujeres eso forma parte de su feminidad de manera continua. Los hombres empezamos igual; a los dos años, si preguntas a un niño qué quiere ser de mayor, dice “quiero ser mamá”. Pero nos socializan para alejarnos de ahí. Cuando alguien llama a un hombre “niño de mamá”, le está diciendo que ve ese origen. La masculinidad se construye, en parte, sobre una negación.</p>
<p class=""><b>P. </b>Y lo estamos viendo en política ahora mismo de forma clara…</p>
<p class=""><b>R. </b>Como analista, lo veo muy claramente. Trump feminiza a sus adversarios: dice que Starmer es débil, habla de Macron de manera denigrante, cuestiona la masculinidad de quienes se le oponen. Es el mismo mecanismo que estudio en la consulta. Y no es solo Trump: ¿por qué California eligió a Arnold Schwarzenegger como gobernador? ¿Por qué Minnesota eligió a Jesse Ventura, un luchador profesional? ¿Qué tiene eso que ver con gobernar un estado? En Reino Unido llamamos <i>nanny state</i> —estado niñera— a todo lo que queremos desacreditar. Es la misma operación: feminizar para restar valor. Una vez que ves el mecanismo, puedes nombrarlo. Y nombrarlo lo desactiva un poco. Ya no funciona igual.</p>
<p class=""><b>P. </b>Hay un caso en el libro que es especialmente brutal: el de un hombre que queda paralizado durante años tras el suicidio de su pareja. ¿Hay pérdidas que simplemente no se pueden digerir?</p>
<p class=""><b>R. </b>Quise incluir esa historia porque, cuando nos enamoramos de verdad, no sabemos a dónde nos lleva. El amor real te expone. Pueden pasar cosas con las que no contabas en absoluto. Y tenía claro que quería hablar del coraje humano: en mi consulta he visto personas que han perdido un hijo, con diagnósticos terminales o con enfermedades neurodegenerativas. Y su capacidad para enfrentar lo insoportable cuando se sienten escuchados es asombrosa. Con esa historia quise decir que hay cosas que no se pueden digerir, sí. Pero sí se pueden <i>mirar</i>. Y mirarlas acompañado cambia algo fundamental: ya no estás solo en ello.</p>
<figure class="a_m a_m-h "><span class="_db a_m_w _pr lb_btn"><img loading="lazy" alt="" decoding="auto" class="_re lazyload a_m-h" height="290" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/B425EQG4M5ACXP3TR3DOZP36ZY.jpg?auth=316c0284af0279ea617c95dd30b31f1d100226a384e8bfc182ddab0274d13d77&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/B425EQG4M5ACXP3TR3DOZP36ZY.jpg?auth=316c0284af0279ea617c95dd30b31f1d100226a384e8bfc182ddab0274d13d77&amp;width=828 640w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/B425EQG4M5ACXP3TR3DOZP36ZY.jpg?auth=316c0284af0279ea617c95dd30b31f1d100226a384e8bfc182ddab0274d13d77&amp;width=980 1000w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/B425EQG4M5ACXP3TR3DOZP36ZY.jpg?auth=316c0284af0279ea617c95dd30b31f1d100226a384e8bfc182ddab0274d13d77&amp;width=1960 1960w" width="414" sizes="auto, (min-width:1199px) 760px,(min-width:1001px) calc((100vw - 44px-11*31px)/12*8+217), (min-width:767px) 767px, 100vw" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/B425EQG4M5ACXP3TR3DOZP36ZY.jpg?auth=316c0284af0279ea617c95dd30b31f1d100226a384e8bfc182ddab0274d13d77&amp;width=414" loading="lazy"/><svg aria-hidden="true" class="icon_multimedia_ampliar | _pa a_m_i a_m_i-a _dn" viewbox="0 0 40 40"><use xlink:href="#svg-ampliar"/></svg></span><figcaption class="a_m_p" aria-hidden="true"><span>Stephen Grosz, durante la entrevista en Madrid el 19 de marzo. </span><span class="a_m_m">INMA FLORES</span></figcaption></figure>
<p class=""><b>P. </b>Vivimos en la era del autoconocimiento acelerado: libros de autoayuda, apps de meditación, chatbots con los que hablar de nuestros problemas. ¿Sirven de algo?</p>
<p class=""><b>R. </b>Tuve un paciente hace poco que me dijo: “La semana pasada no estabas, era Navidad, así que hice terapia con la IA”. Me contó lo que había escrito y lo que la IA le había respondido. Es interesante. Creo que esas herramientas pueden ser útiles para ciertas cosas, como técnicas para dormir u orientación práctica. La IA imita muy bien la conciencia y la empatía. Pero cuando yo estoy sentado con un paciente, estoy pensando en él como persona: tiene padres, tuvo una infancia, se enamoró, va a morir. Y yo también. Eso es algo que dos seres humanos comparten en una habitación y que no puede replicarse. De hecho, soy muy optimista respecto al futuro del psicoanálisis. Cuanta más IA haya, más vamos a necesitar tiempo real con otra persona.</p>
<p class=""><b>P. </b>¿Cuál es la lección más importante que ha aprendido en estos 40 años?</p>
<p class=""><b>R. </b>Los problemas fundamentales no han cambiado. La gente sigue queriendo ser vista, escuchada, reconocida. Lo que sí ha cambiado es el contexto. Cuando empecé a ejercer, cuando tenía 30 años, pensaba que el dolor era algo que había que eliminar. Ahora entiendo que el dolor es el mejor instrumento que tenemos para saber lo que deseamos. Si alguien me dice que echa muchísimo de menos a su pareja cuando no está, eso me dice algo. Tuve una paciente que hablaba maravillas de un hombre, y él tuvo que viajar casi un mes. Yo esperaba que estuviera deshecha. Y no lo estaba. Eso me dijo todo: le gustaba la <i>idea</i> de él, pero no le importaba de verdad. La ausencia revela el amor. Y la mortalidad también: saber que todo amor termina, porque o te separas o uno de los dos muere. Eso no es una traición al amor. Es la condición del amor.</p>
</div>
<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-24/stephen-grosz-psicoanalista-hay-personas-a-las-que-la-infelicidad-les-resulta-mas-comoda-que-la-entrega-en-el-amor.html"> aquí</a></p>
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		<title>¿Llegamos todos cansados a abril? Para la ciencia, la astenia primaveral es más cultural que un síndrome estacional &#124; Salud y bienestar</title>
		<link>https://titulares360.com/llegamos-todos-cansados-a-abril-para-la-ciencia-la-astenia-primaveral-es-mas-cultural-que-un-sindrome-estacional-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 07:41:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[alergias]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio horario]]></category>
		<category><![CDATA[Epidemiología]]></category>
		<category><![CDATA[Estaciones año]]></category>
		<category><![CDATA[Primavera]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Sueño]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un relato que suele repetirse en algunos países europeos con la llegada de la primavera. En alemán, el fenómeno tiene incluso nombre propio y forma parte del imaginario colectivo: <i>frühjahrsmüdigkeit</i> (primavera y cansancio). En España, se conoce como astenia primaveral. Pero ¿se trata de un fenómeno biológico real? <a target="_blank" href="https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2025.09.27.678954v2" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2025.09.27.678954v2">Un estudio reciente</a> lo ha descartado. Tras un año de seguimiento a más de 400 personas, la investigación no ha encontrado pruebas de que la fatiga o la somnolencia varíen con las estaciones.</p>
<p class="">Entre 2024 y 2025, un equipo de las universidades de Basilea y Berna, en Suiza, siguió a 418 adultos (80% mujeres) durante 12 meses. Cada seis semanas, los participantes de Alemania, Suiza y Austria (que tenían una edad media de 32 años) respondían cuestionarios sobre fatiga, somnolencia diurna, insomnio y calidad del sueño.</p>
<aside class="a_ei">
<h2 class="a_ei_h _db">Más información</h2>
</aside>
<p class="">Casi la mitad de los participantes, un 47%, afirmó sufrir astenia primaveral. Sin embargo, no observaron variaciones estacionales en los cuestionarios sobre somnolencia. Para la investigadora Christine Blume, este porcentaje se explica con un factor menos físico y medible. “Pensamos que es más un fenómeno cultural o quizás cultural y psicológico en lugar de ser un fenómeno biológico”, sostiene la experta en cronobiología. La existencia misma del término, apunta, podría estar moldeando las sensaciones de las personas.</p>
<h2 class="">Término extendido</h2>
<p class="">Blume cuenta que en los países donde se tomó la muestra, la astenia primaveral es un término extendido. “Si nos fijamos en Google Trends, la gente empieza a buscarlo en enero, alcanza su punto máximo en marzo y luego hasta mayo”, comenta. La evidencia empírica sólida no forma parte de esa popularidad. “Estamos intentando explicar algo que no podemos mostrar”, afirma Blume. Explica que no hay razones claras para que la primavera sea una estación especial: “Invierno y verano son opuestos, pero primavera y otoño son más o menos lo mismo”. </p>
<p class="">Los investigadores plantearon la hipótesis de que la duración del fotoperiodo (luz durante el día) sería el principal factor. En sociedades preindustriales de <a target="_blank" href="https://www.cell.com/current-biology/fulltext/S0960-9822(15)01157-4?referrer=&amp;priority=true&amp;module=meter-Links&amp;pgtype=Blogs&amp;contentId=&amp;action=click&amp;contentCollection=meter-links-click&amp;version=meter+at+null&amp;mediaId=%25%25ADID%25%25" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.cell.com/current-biology/fulltext/S0960-9822(15)01157-4?referrer=&amp;priority=true&amp;module=meter-Links&amp;pgtype=Blogs&amp;contentId=&amp;action=click&amp;contentCollection=meter-links-click&amp;version=meter+at+null&amp;mediaId=%25%25ADID%25%25">Tanzania, Namibia y Bolivia</a>, el sueño dura aproximadamente una hora más en invierno que en verano. <a target="_blank" href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34355440/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34355440/">Un estudio en Suecia</a> también ha descrito variaciones estacionales del sueño. Cuando estos periodos fueran más cortos, los síntomas de insomnio y fatiga serían más intensos, plantearon los investigadores. Sin embargo, esto apenas tuvo impacto. Solo se observó que la fatiga disminuía ligeramente cuando estaban más expuestos a la luz. El cronotipo (ser más madrugador o nocturno) tampoco modificó los resultados. </p>
<p class="">El estudio menciona además algunos mecanismos psicológicos que podrían estar influyendo, como el efecto de etiquetado. Cuando existe un nombre para un malestar, es más fácil interpretarlo como algo real y específico. También el sesgo de confirmación: si creemos que estaremos cansados en primavera, prestamos más atención a cualquier señal que lo confirme. “Si centras tu atención en el dolor, este se vuelve más doloroso”, sostiene Blume. Y añade: “Es un poco como cuando la gente cree que duerme peor con luna llena, se convierte en una profecía autocumplida”.</p>
<h2 class="">No dejarlo pasar por alto</h2>
<p class="">Asensio López, coordinador del Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud de la semFYC (PAPPS), cree que, aunque como categoría clínica no está definida en ninguna parte del mundo, “no hay que rechazar que se producen síntomas y que hay personas que acuden a la consulta con esa sensación de cansancio, dificultad para hacer actividades o alteraciones del sueño”. En muchos casos, relata, se trata de síntomas cortos. “Van a durar dos o tres semanas y luego desaparecen”, afirma este médico de familia. </p>
<p class="">El abordaje clínico, dice, tiene que centrarse en descartar otras causas. “Lo primero es ver si hay algún otro síntoma que pueda indicar una enfermedad”, explica López. La fatiga extrema nunca es normal, advierte. “No deberíamos decir ‘no te preocupes, es solo astenia primaveral’, sino buscar posibles causas como anemia, alergias o incluso depresión”. </p>
<p class="">También focalizarse en recomendaciones básicas para tener una vida más saludable, como regular el sueño y mantener un horario de comidas estables. También insiste en la actividad física: “Aunque uno diga que no puede moverse, intentar caminar o hacer algo de ejercicio tres o cuatro días a la semana ayuda a que el cuerpo responda”. </p>
<p class="">Frente a la exigencia constante de rendimiento, López afirma que no es necesario estar “al 100% todo el tiempo”. A lo largo del año, explica, es normal experimentar periodos de mayor cansancio sin que exista una enfermedad detrás.</p>
</div>
<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-21/llegamos-todos-cansados-a-abril-para-la-ciencia-la-astenia-primaveral-es-mas-cultural-que-un-sindrome-estacional.html"> aquí</a></p>
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		<title>Matthew Lieberman: la soledad puede matar sin que nos demos cuenta</title>
		<link>https://titulares360.com/matthew-lieberman-psicologo-la-soledad-mata-de-formas-que-no-son-obvias-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2026 08:39:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Epidemia]]></category>
		<category><![CDATA[Epidemiología]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Psiquiatría]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología]]></category>
		<category><![CDATA[soledad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando Matthew Lieberman comenzó a investigar el dolor social en los años 90, muy pocos</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando Matthew Lieberman comenzó a investigar el dolor social en los años 90, muy pocos colegas aceptaban que la carencia de habilidades sociales, el aislamiento y la soledad pudieran causar un sufrimiento equiparable al dolor físico. Tras una pandemia biológica y otra de soledad, las teorías de Lieberman (Atlantic City, EE UU, 56 años) lo han convertido en un referente mundial con más de 58 000 citas académicas. Su obra <em>Social</em>, publicada en inglés en 2013, <a href='https://capitanswing.com/catalogo/social/'>acaba de llegar al español (Capitán Swing)</a> en un momento en que sus ideas cobran especial relevancia: la soledad es ya uno de los grandes flagelos contemporáneos, alentado por la polarización, las redes y una inteligencia artificial que empieza a sustituir —con resultados inciertos— las conversaciones humanas. Lieberman conversa con EL PAÍS por videoconferencia.</p>
<h2>Cambio de rumbo</h2>
<p><strong>Pregunta:</strong> Su libro salió en 2013 y llega al español en 2026. ¿El mundo ha girado en la dirección adecuada o en la opuesta?</p>
<p><strong>Respuesta:</strong> En la opuesta, sin duda. Hay dos grandes cambios. El primero: el mundo es mucho más solitario; la tendencia al aislamiento de 50 años se aceleró brutalmente con la pandemia de covid. En EE UU pasamos 18 meses viendo casi solo a nuestra familia. El segundo es la polarización política: nunca había visto tanta animosidad partidista. Ambos fenómenos han configurado la vida actual y hacen que mucha gente perciba que todo va a peor. Durante décadas fui optimista respecto a la trayectoria de la humanidad; los últimos diez años me han arrebatado esa certeza.</p>
<h2>El cerebro sin conexión</h2>
<p><strong>P:</strong> La pandemia obligó a miles de millones a aislarse. ¿Qué reveló ese experimento sobre lo que le ocurre al cerebro cuando pierde de golpe la conexión social?</p>
<p><strong>R:</strong> No necesitamos vínculos para sobrevivir como necesitamos comida o agua, pero sí para estar bien. La pandemia nos mostró crudamente esa necesidad. El aislamiento inmediato activa en el cerebro circuitos similares al dolor físico; la soledad crónica, en cambio, mantiene el sistema inmune permanentemente encendido, genera inflamación y se ha asociado con cáncer, enfermedades cardiovasculares y mayor mortalidad. <strong>La soledad mata literalmente</strong>, y de maneras nada evidentes.</p>
<h2>Conectados y solos</h2>
<p><strong>P:</strong> Disponemos de más herramientas que nunca para conectarnos: móviles, redes, chatbots, videoconferencias… y, sin embargo, la soledad marca récords: en España una de cada cinco personas se siente sola. ¿Qué falla?</p>
<p><strong>R:</strong> No culparía a la tecnología en sí. Las videoconferencias me parecen extraordinarias: cuando Apple lanzó FaceTime, mi hijo pudo ver a sus abuelos a miles de kilómetros. El problema es que tomamos decisiones que alejan nuestros sistemas de apoyo: nos mudamos por trabajo a ciudades donde no conocemos a nadie y crear una nueva red de amigos es muy difícil. Además, la videollamada mantiene vínculos existentes, pero no sirve para crear nuevas amistades. Podría presentarles a alguien con quien tendrían una charla agradable por Zoom, pero probablemente no volverían a hablar. No funcionamos así.</p>
<h2>IA y afecto</h2>
<p><strong>P:</strong> Estudios vinculan el uso intensivo de chatbots con mayor soledad y menos socialización real. ¿Qué opina de la IA como sustituto del vínculo humano?</p>
<p><strong>R:</strong> La IA es el invento más extraordinario que he visto; la uso muchas veces al día, pero no como soporte social. Sin embargo, los menores de 30 años la utilizan para apoyo emocional y acabamos de empezar a estudiarlo. Que reemplace el contacto real no es bueno: las personas son complejas e impredecibles de formas que la IA no es, y esa incertidumbre, aunque a veces asuste, es valiosa. Me preocupa que algunas compañías optimicen sus productos para parecer más cálidos y cercanos porque eso vende, sin preguntarse si eso ayuda a la gente o la hace más dependiente.</p>
<h2>Libre albedrío versus sociedad</h2>
<p><strong>P:</strong> Usted sostiene que gran parte de lo que creemos ser —valores, creencias— nos ha sido <em>instalado</em> por la sociedad a través del cerebro social. ¿No resulta inquietante? ¿Dónde queda el libre albedrío?</p>
<p><strong>R:</strong> Al principio suena casi autoritario, pero hay otra lectura: el hecho de que aprendamos estas cosas tras nacer, en lugar de heredarlas solo por el ADN, nos permite sintonizar con la comunidad en la que crecemos y compartir formas de ver el mundo que facilitan la colaboración. A los 20 años habría dicho que suena horrible; ahora, tras ver lo crucial que es integrarse en nuevos grupos, veo que esa capacidad tiene muchas ventajas además de su lado inquietante.</p>
<h2>Polarización extrema</h2>
<p><strong>P:</strong> Mencionaba la polarización política, que ha crecido enormemente desde la publicación del libro…</p>
<p><strong>R:</strong> Me preocupa profundamente. En EE UU, cuando un conservador deja California tiene el doble de probabilidades de mudarse a un estado conservador, y viceversa. Nos estamos segregando geográficamente por ideas políticas; cuando no convives con quien piensa distinto, deja de parecerte parte de tu comunidad. De niño vivía en un <em>cul-de-sac</em> con 10 casas: nos conocíamos; algunos eran liberales, otros conservadores, pero eso no importaba. Eso ya no existe en la misma medida. Lo verdaderamente peligroso es que hemos convertido la diferencia política en una cuestión moral absoluta. En 1960 más del 50 % de los estadounidenses se oponía a que sus hijos se casaran con alguien de otra raza; hoy ese número es marginal, pero ahora el 50 % no toleraría que sus hijos se casaran con alguien del partido contrario. Eso es nuevo y muy preocupante.</p>
<h2>¿Hay esperanza?</h2>
<p><strong>P:</strong> ¿Existe alguna esperanza o seguimos empeorando?</p>
<p><strong>R:</strong> La única esperanza real es tomar conciencia de que el conflicto suele estar entre el 10 % de cada extremo. La mayoría está cerca del centro. El problema es que los extremos acaparan la atención: son los que discuten en redes y parecen representarnos a todos, pero no es así. La esperanza está en que esa gran mayoría central descubra que comparte más entre sí que con los extremistas de su propio bando. Aún no lo veo, pero podría ocurrir.</p>
<h2>Historia con rostro humano</h2>
<p><strong>P:</strong> En su libro propone reformar la enseñanza y explicar historia a través de narrativas sobre personas, no de fechas y batallas. ¿Hay evidencia de que funciona?</p>
<p><strong>R:</strong> No conozco ningún país que lo aplique sistemáticamente, pero sabemos que los humanos estamos diseñados para escuchar historias y pensar en personas. Aprendemos rasgos de las personas —sus caras, personalidades, motivaciones— con mucha más facilidad y durabilidad que hechos abstractos. Si te cuento una guerra explicando qué pasaba por la mente de quienes tomaban decisiones, eso engancha y se te queda. Cuando aprendemos historia como una sucesión de mapas y fechas, usamos el formato equivocado para nuestro cerebro.</p>
<h2>Conexión y productividad</h2>
<p><strong>P:</strong> También argumenta que las empresas infravaloran la conexión social como motor de productividad. ¿El teletrabajo masivo y la posterior vuelta a la oficina demostraron que tenía razón?</p>
<p><strong>R:</strong> Mi edificio universitario es ahora un pueblo fantasma. Los profesores vienen a dar clase o a reuniones, pero casi nadie permanece de 9 a 6. Con eso perdemos momentos de serendipia: el encuentro en el pasillo donde alguien te comenta una charla que te interesaría y acabáis una hora en su despacho desarrollando una idea nueva. En EE UU los empleados han resistido volver a la oficina; lo entiendo: trabajas en pijama, ahorras desplazamientos y, si tu pareja también teletrabaja, podéis comer juntos. Hay beneficios reales, pero también cosas que solo ocurren cuando nos reunimos físicamente y aún no hemos logrado compensarlas.</p>
<h2>Consejos prácticos</h2>
<p><strong>P:</strong> Con base en su investigación, ¿qué consejo daría a quien se siente solo o tiene dificultades para conectar?</p>
<p><strong>R:</strong> He fundado <a href='https://www.resonance.info/team'>una empresa, Resonance</a>, que ataca este problema. Tenemos una app que ayuda a miembros de comunidades grandes a encontrar con quienes podrían hablar; la usamos con universidades para conectar a cada estudiante con otros tres antes de llegar al campus, y también con empresas. Más allá de eso, daría dos consejos. Primero: <strong>expón</strong>. La clásica de apuntarte a un club o grupo que comparta tus intereses suele funcionar: ve a jugar al pádel, únete a un club de lectura… No te dará amigos automáticamente, pero allí los encontrarás. Segundo: <strong>convierte conocidos en amigos</strong>. Implica curiosidad por el otro; haz preguntas y de seguimiento, no hables solo de ti. Pero también comparte algo de tu <em>yo</em> privado, porque es en ese nivel donde conectamos. Nos da miedo que el otro se asuste si nos abrimos, pero los estudios muestran que nos equivocamos: la gente valora las conversaciones profundas porque te hacen sentir más humano. Y atrevéte a decir «sí» cuando alguien proponga algo; hasta la peor experiencia compartida puede ser un punto de unión durante años. Hacer amigos, en el fondo, es asumir riesgos.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-18/matthew-lieberman-psicologo-la-soledad-mata-de-formas-que-no-son-obvias.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/matthew-lieberman-psicologo-la-soledad-mata-de-formas-que-no-son-obvias-salud-y-bienestar/">Matthew Lieberman: la soledad puede matar sin que nos demos cuenta</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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		<title>El cansancio de ligar como quien pide comida rápida &#124; Salud y bienestar</title>
		<link>https://titulares360.com/el-cansancio-de-ligar-como-quien-pide-comida-rapida-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Mar 2026 06:36:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[Aplicaciones citas]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[Relaciones sexuales]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Decía el escritor y columnista José Luis Alvite que las citas son la envoltura social</p>
<p>La entrada <a href="https://titulares360.com/el-cansancio-de-ligar-como-quien-pide-comida-rapida-salud-y-bienestar/">El cansancio de ligar como quien pide comida rápida | Salud y bienestar</a> se publicó primero en <a href="https://titulares360.com"></a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<div data-dtm-region="articulo_cuerpo">
<p class="">Decía el escritor y columnista José Luis Alvite que las citas son la envoltura social de lo que no es más que un instinto. Su frase no ha perdido vigencia, pero en los últimos años se le ha añadido una nueva capa al viejo arte del cortejo; una tecnológica, lúdica y capitalista que convierte el proceso de conocer a alguien en algo emocionante y adictivo. Hasta que deja de serlo. Las <i>apps</i> de citas han cambiado nuestra forma de relacionarnos. El primer estudio sobre <a target="_blank" href="https://www.cis.es/es/w/un-71-2-de-los-espa%C3%B1oles-cree-que-para-tener-una-vida-satisfactoria-es-importante-una-relaci%C3%B3n-amorosa" rel="">percepción social del amor</a>, que acaba de difundir el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), señala que el 82% de los españoles conoce las aplicaciones para ligar y que un 25% se ha abierto un perfil en ellas. El estudio <a target="_blank" href="https://www.instagram.com/reel/DVRG0byjHmY/" target="_self" rel="" title="https://www.instagram.com/reel/DVRG0byjHmY/"><i>Cómo las parejas se conocen y permanecen juntas</i></a>, de la Universidad de Stanford, mostraba cifras aún más contundentes: más del 60% de las parejas actuales se conocen en línea, lo que marca un cambio radical respecto al pasado. Esto tiene un efecto eminentemente positivo: hoy en día es más fácil conocer a alguien y no se necesita la intermediación de amigos o salir a una discoteca para hacerlo. Pero este cambio tiene efectos colaterales y riesgos cada vez más evidentes.</p>
<p class="">Cuando en 2008 se empezaron a popularizar las primeras redes sociales, había cierto optimismo por parte de periodistas, sociólogos y políticos. Twitter iba a convertirse en un ágora pública, un contrapoder capaz de derrocar las dictaduras. Facebook era un lugar amable donde conectar con viejos amigos del instituto (antes de que esos viejos amigos del instituto se volvieran feroces antivacunas, fascistas, terraplanistas o una combinación de todo lo anterior). Hoy los gobiernos de medio mundo empiezan a poner coto a los desmanes de las plataformas, limitando su acceso a los menores e intentando controlar la desinformación y los discursos de odio. El viraje en la percepción social de estas plataformas ha sido total. </p>
<p class="">Las aplicaciones para ligar surgieron un poco más tarde. Grindr fue la primera, en 2009, pero era más minoritaria al estar dirigida a hombres que tienen sexo con hombres. El verdadero punto de inflexión llegó en 2013 con Tinder, a la que siguieron Bumble y Hinge. Para entonces, el público ya estaba más familiarizado con las dinámicas de las plataformas sociales, era menos naíf. Quizá por ello adoptó las aplicaciones con un mayor escepticismo. También hubo, desde el principio, mayores críticas y análisis de estas herramientas. Hay una ingente cantidad de literatura, ensayos y artículos científicos que hablan sobre los riesgos de estas plataformas y muchas personas que han ayudado a construir una teoría crítica de las nuevas formas de ligar. Una de ellas es Marita Alonso. </p>
<p class="">“Las redes y las <i>apps</i> de citas dominan la forma en que nos vinculamos; un ecosistema relacional donde reina la hiperconexión y la soledad, el individualismo y la pérdida de comunidad”, señala Alonso a raíz de esta reflexión. “En el caso de las apps, la crítica es más obvia por el mero hecho de que, si el objetivo fuera crear relaciones sólidas, serían un éxito como red social, pero un fracaso como negocio, porque entrarías, encontrarías a alguien y te borrarías la cuenta. Estas <i>apps</i> se benefician más de la desconexión que de la conexión”.</p>
<p class="">Marita Alonso es periodista, si lee usted frecuentemente EL PAÍS, seguramente le suene su nombre. Sus artículos suelen colarse entre lo más visto con frecuencia. Tiene Alonso una capacidad especial para hacer un análisis sociológico a partir de un detalle menor como la longitud de los calcetines, la verborrea etílica o el consumo de carne. Es como una socióloga de la frivolidad, combina en sus temas las tendencias sociales, los estudios académicos y las anécdotas divertidas. Y de entre todos los temas aparentemente pequeños (“que son los que de verdad te cuentan el mundo”) el que más le llama la atención es el amor. Por eso escribió, en 2017, <a target="_blank" href="https://www.penguinlibros.com/uy/tematicas/13467-ebook-antimanual-de-autodestruccion-amorosa-9788403517981/fragmento?srsltid=AfmBOoqfrUxo0gajnObSZq6nUMz8jjxq1sAfZRbxxkoc_zvlZjaT-ez9" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.penguinlibros.com/uy/tematicas/13467-ebook-antimanual-de-autodestruccion-amorosa-9788403517981/fragmento?srsltid=AfmBOoqfrUxo0gajnObSZq6nUMz8jjxq1sAfZRbxxkoc_zvlZjaT-ez9"><i>Antimanual de autodestrucción amorosa</i></a>. Por eso ha vuelto a tratar el tema en el recientemente publicado <a target="_blank" href="https://www.todostuslibros.com/libros/la-venus-del-smartphone_978-84-129293-6-2" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.todostuslibros.com/libros/la-venus-del-smartphone_978-84-129293-6-2"><i>La Venus del smartphone</i></a>. </p>
<p class="">Entre uno y otro, tiene la sensación de que las tendencias se han exagerado, que las dinámicas tóxicas han ido a más y que la gente está más curtida, más desencantada. Las cifras parecen darle la razón. Según <a target="_blank" href="https://yougov.com/articles/43783-social-media-fatigue-setting-among-consumers-poll?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://yougov.com/articles/43783-social-media-fatigue-setting-among-consumers-poll?utm_source=chatgpt.com">un estudio de YouGov en Reino Unido</a>, más del 40% de usuarios dicen sentirse cansados o frustrados con el uso de <i>apps</i> de citas. El informe <a target="_blank" href="https://www.ofcom.org.uk/siteassets/resources/documents/research-and-data/online-research/online-nation/2024/online-nation-2024-report.pdf?v=386238" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.ofcom.org.uk/siteassets/resources/documents/research-and-data/online-research/online-nation/2024/online-nation-2024-report.pdf?v=386238">Online Nation 2024 de Ofcom</a> muestra que su uso disminuyó significativamente entre 2023 y 2024, con una caída de casi el 16% en el uso de las 10 aplicaciones de citas más populares.</p>
<p class="">Los motivos son variados y sería precipitado señalarlos de forma rotunda, señala la experta. Pero hay pistas. “En <i>El banquete</i>, de Platón,<i> </i>se dice que cuando hay escasez es cuando emerge el deseo. En el mundo de las citas sucede lo contrario. Hay tanta gente que no sientes ya deseo, solo hastío”. Abrir Tinder y deslizar a izquierda o derecha puede acabar siendo monótono. Ver selfis en el espejo del gimnasio, fotos en resorts vagamente exóticos, atardeceres en la playa. Leer las biografías de gente que se define como sincebollista, muy fan de las croquetas, amigo de mis amigos; que tiene aficiones como viajar, ir a la playa o ver series. </p>
<p class="">Se llama sobrecarga de elección y es algo similar a lo que nos sucede ante el menú de Netflix o de HBO al ver un carrusel infinito de series y películas. En el año 2000, dos científicos del comportamiento lo explicaron con <a target="_blank" href="https://faculty.washington.edu/jdb/345/345%20Articles/Iyengar%20%26%20Lepper%20%282000%29.pdf?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://faculty.washington.edu/jdb/345/345%20Articles/Iyengar%20%26%20Lepper%20%282000%29.pdf?utm_source=chatgpt.com">un experimento</a>. En un supermercado pusieron 24 tipos de mermeladas en un estante. La gente miraba mucho (el 60% lo hacía), pero compraba poco (solo el 3%). Cuando redujeron las opciones a solo seis tipos de mermeladas, las tornas cambiaron. Paró menos gente (un 40%), pero compró mucha más (un 30%). Las personas no somos botes de mermelada ni series de terror ambientadas en los años ochenta, pero los perfiles sonrientes que aparecen en las apps tampoco son exactamente personas. Se produce al verlos una cierta desconexión, despojamos a los avatares de su naturaleza humana. Por eso en este ecosistema se normalizan actitudes que difícilmente se dan en el mundo físico, como el <i>ghosting,</i> el <i>breadcrumbing</i>, el <i>zombieing</i>… </p>
<p class="">Puede que todos estos anglicismos suenen innecesariamente modernos, pero más allá de las cuestiones lingüísticas son, sobre todo, importantes. “Se ha empezado a crear un léxico emocional muy rico e interesante, porque lo que no se nombra no existe y está muy bien que pongamos nombre a nuestras experiencias. Así podemos compartirlas y sentirnos identificadas en las de otras personas”, apunta Alonso. Muchos de estos neologismos nombran actitudes que han existido siempre. “Por ejemplo, el <i>ghosting</i> es el nuevo, ‘se fue a por tabaco y no volvió’”. Pero hay otras que han surgido o se han reforzado en el entorno de internet<i>,</i> con la sobreabundancia de citas tan normalizada gracias a las <i>apps</i>. Como explica la socióloga Eva Illouz, el sexo casual “debilita las reglas de la reciprocidad” y despoja al compañero de cama de su singularidad, así podrá ser rápidamente descartado y sustituido. Las posibilidades de repetir son tan inciertas que nadie se ocupa demasiado del otro. Ahora conseguir una cita puede ser tan mecánico y eficiente como pedir comida a domicilio. Y tenemos la misma responsabilidad emocional con el ligue que con el repartidor.</p>
<h2 class="">Un mundo de solteros exigentes</h2>
<p class="">En Estados Unidos, el 41% de las mujeres y el 50% de los hombres de entre 25 y 34 años eran solteros en 2023, un porcentaje que se ha duplicado en los últimos 50 años. La tendencia se observa en todo el mundo. Entre 2010 y 2022, la proporción de personas que viven solas (una definición imperfecta de la soltería, pero cuyos datos son más fáciles de encontrar) aumentó en 26 de los 30 países de la OCDE. En España, según el Censo de Población y Viviendas, había 660.000 personas viviendo solas en 1970, un 1,9% de la población. En el censo de 2025 había cinco millones y medio de hogares unipersonales, lo que representa el 27% de las casas. La tendencia es clara y sostenida en el tiempo. Cada nueva generación tiene menos probabilidades de estar casada o cohabitar con una pareja que las generaciones anteriores de la misma edad.</p>
<p class="">Esta crisis no solo afecta a las parejas estables y monógamas. Los jóvenes socializan menos, salen con menos personas y comienzan a tener relaciones sexuales más tarde que antes. En general tienen menos sexo. Se da la paradoja de que ahora que el sexo es más fácil de conseguir de lo que ha sido nunca en la historia, tenemos mucho menos. Los índices de actividad sexual han caído a su nivel más bajo desde hace 30 años. La tendencia es aún más acusada entre las nuevas generaciones, según reflejan cifras del Pew Research Center de 2020. Como dice la antropóloga Helen Fisher, “los mileniales son los nuevos victorianos” de la austeridad sexual. </p>
<p class="">No parece el mejor escenario económico para las grandes plataformas del sexo y el amor. Pero los números dicen otra cosa. En 2022, el mercado de las apps de citas estaba valorado en casi 8.000 millones de dólares, y la previsión es que roce los 14.500 millones de dólares para 2030. Es un pastel grande y hay pocos comensales. “El mercado de las apps de citas está controlado básicamente por tres empresas: Match Group, Bumble Inc y Grindr tienen el oligopolio del amor”, explica Inma Benedito, periodista económica y usuaria de estas aplicaciones. Puede que el usuario medio vea muchas más aplicaciones en la tienda de su móvil. Cambia el nombre, cambia la interfaz, pero el dinero va al mismo sitio. “Las personas de a pie pueden tener la percepción de que Tinder y Hinge son completamente diferentes, por ejemplo, pero ambas están bajo el paraguas de Match Group, que también es propietaria de OkCupid o Meetic”. </p>
<p class="">Benedito contó sus experiencias conjugando lo personal y lo sociológico en el libro<a target="_blank" href="https://www.todostuslibros.com/libros/too-match_978-84-01-03758-0" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.todostuslibros.com/libros/too-match_978-84-01-03758-0"><i> Too match</i></a>. Este diario de fracasos amorosos surgió de la plataforma Substack donde la autora narraba sus citas, desde el humor y la autoparodia. Pasó por casi todas. “Las diferencias tanto en el mecanismo como en la interfaz de todas estas apps son absolutamente intencionales”, explica. Pero superficiales. “Los mecanismos, interfaces y, si me apuras, algoritmos pueden ser diferentes, pero eso es solo el envoltorio. Debajo de todo eso hay un producto, y somos nosotras. En ese sentido, me temo que, por mucho que vayamos de una<i> app</i> a otra, somos los que estamos y estamos los que somos”.</p>
</div>
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<p><a>Referncia de contenido</a><a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-15/cansados-de-las-apps-de-citas-la-paradoja-de-ligar-como-el-que-pide-comida-rapida.html"> aquí</a></p>
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		<title>Cómo el apetito altera negativamente nuestro estado emocional &#124; Salud</title>
		<link>https://titulares360.com/por-que-tener-hambre-nos-cambia-para-mal-el-estado-de-animo-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2026 05:07:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Biología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La sensación de hambre puede transformar radicalmente nuestra forma de sentir. Múltiples trabajos científicos han</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La sensación de hambre puede transformar radicalmente nuestra forma de sentir. Múltiples trabajos científicos han comprobado que la falta de alimento nos vuelve <strong>pesimistas, irritables e incluso violentos</strong>. Esta influencia emocional también condiciona nuestras decisiones, como evidencia el famoso <a target='_blank' href='https://cris.tau.ac.il/en/publications/extraneous-factors-in-judicial-decisions/?utm_source=chatgpt.com'>experimento israelí de 2011</a> que bautizó el llamado “juez hambriento”: la dureza de las sentencias aumentaba conforme se aproximaba la hora del almuerzo y se suavizaba tras comer. El fenómeno derivó en el anglicismo <em>hangry</em> (<em>hungry</em> + <em>angry</em>), oficializado por el <a target='_blank' href='https://www.oxfordlearnersdictionaries.com/definition/english/hangry'>Oxford Dictionary</a> en enero de 2018.</p>
<p>La explicación clásica apunta a causas fisiológicas. “La agresión no surge de la nada; depende de la <strong>energía disponible para el cerebro</strong> y de la experiencia nutricional previa. El autocontrol, esencial para frenar conductas agresivas, consume mucha glucosa; cuando ésta baja o su metabolismo se altera, disminuye la capacidad de contener impulsos”, señala <a target='_blank' href='https://www.um.es/web/investigacion-obesidad/quienes-somos/marta-garaulet' target='_self' title='https://www.um.es/web/investigacion-obesidad/quienes-somos/marta-garaulet'>Marta Garaulet</a>, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia.</p>
<p>Este vínculo no es exclusivo de los humanos: <a target='_blank' href='https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0003347221001378?via%3Dihub'>ensayos con moscas de la fruta</a> revelan que privar de alimento a los machos durante más de un día incrementa su agresividad, aun cuando su salud general empeore. “El hambre eleva el valor del alimento y la motivación por defenderlo, traduciéndose en más enfrentamientos. El fenómeno <em>hangry</em> tiene, pues, raíces biológicas compartidas”, argumenta Garaulet.</p>
<p>La caída de glucosa activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, liberando cortisol. “Evolutivamente, el mensaje es: falta energía, actúa”. Aunque el cortisol moviliza reservas y mantiene al cerebro alerta, suprime funciones no prioritarias como la empatía y la regulación emocional, favoreciendo respuestas impulsivas y hostiles. “El cortisol no genera violencia por sí solo, pero reduce el umbral para reaccionar con enfado; unido a la escasez de glucosa, explica por qué el hambre nos vuelve conflictivos”, matiza la experta.</p>
<h2>Más allá de la química cerebral</h2>
<p>Investigaciones recientes buscan causas adicionales a la simple caída de glucosa. Un trabajo de 2018 en la revista <a target='_blank' href='https://www.apa.org/pubs/journals/releases/emo-emo0000422.pdf'><em>Emotion</em></a> diseccionó cuándo surge el <em>hangry</em>. “Primero, la situación debe ser negativa o incómoda. Si estás divirtiéndote con amigos, el hambre por sí sola no te irritará; pero si estás atascado en un embotellamiento, el hambre potencia la irritación”, explica a EL PAÍS <a target='_blank' href='https://psychology.as.virginia.edu/people/jennifer-maccormack' target='_self' title='https://psychology.as.virginia.edu/people/jennifer-maccormack'>Jennifer MacCormack</a>, psicóloga de la Universidad de Virginia.</p>
<p>El segundo factor es la autoconciencia. “Cuando los participantes atendían a sus emociones, el sesgo <em>hangry</em> desaparecía: eran menos críticos y se sentían menos irritables, aun con hambre”, añade.</p>
<p>Un estudio posterior, publicado a finales de 2025 en <a target='_blank' href='https://www.thelancet.com/journals/ebiom/article/PIIS2352-3964(25)00479-7/fulltext'><em>eBioMedicine</em></a>, monitorizó glucosa y estado de ánimo durante cuatro semanas. “La relación entre glucosa baja y peor humor dependía de que la persona percibiera consciemente el hambre. Si no se sentía hambriento, el ánimo no se resentía”, subraya <a target='_blank' href='https://neuromadlab.com/en/members/nils-kroemer/' target='_self' title='https://neuromadlab.com/en/members/nils-kroemer/'>Nils Kroemer</a>, investigador de la Universidad de Tubinga.</p>
<p>Los autores hallaron que quienes eran más conscientes de sus señales corporales mostraban menos fluctuaciones emocionales. “Reconocer el hambre ayuda a modular el cambio de humor”, concluye Kroemer.</p>
<p>MacCormack recomienda, cuando nos invadan emociones negativas, “enfocarnos en aspectos positivos del entorno hasta poder comer”. Kroemer añade que <strong>mantener horarios regulares de comida</strong> evita sorpresas: “Si saltarte el desayuno es habitual, el hambre consciente no aparece; el problema surge cuando rompes tu rutina”.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-13/por-que-tener-hambre-nos-cambia-para-mal-el-estado-de-animo.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>Alcanzar 100 años con cuerpo de 60: la hoja de ruta tecnológica para frenar el envejecimiento</title>
		<link>https://titulares360.com/vivir-100-anos-con-el-cuerpo-de-60-el-plan-para-hackear-el-envejecimiento-con-tecnologiaen-un-podcast-del-mit-expertos-hablan-de-como-las-herramientas-digitales-permiten-a-las-personas-mayores-ganar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Mar 2026 00:10:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
		<category><![CDATA[adulto mayor]]></category>
		<category><![CDATA[autonomía]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
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		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La innovación digital está reconfigurando la vejez, pero el cambio real solo llegará cuando las</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La innovación digital está <strong>reconfigurando la vejez</strong>, pero el cambio real solo llegará cuando las políticas públicas abandonen el modelo curativo y apuesten por la prevención y la inclusión tecnológica que reduzca brechas en salud y bienestar, coincidieron especialistas en el podcast de MIT Technology Review Brasil.</p>
<p>El envejecimiento demográfico en Brasil se acelera por fenómenos globales. André Metze, asesor internacional en economía sanitaria, advirtió que las naciones emergentes afrontan mortalidad temprana por enfermedades crónicas que resta entre <strong>10 y 15 años de esperanza de vida</strong> respecto a los países desarrollados, lo que intensifica la necesidad de estrategias preventivas y tecnológicas.</p>
<h2>Revolución digital y su impacto en la tercera edad</h2>
<p>Michel Daud, director médico de Próspera Saúde, trazó la evolución. En 1990, la tecnología sanitaria se limitaba al diagnóstico y tratamiento. Con internet y la globalización, la conectividad transformó hábitos y rutinas, alterando la vida social y laboral.</p>
<p>Los mayores ahora ingresan a redes sociales, videollamadas y comunidades virtuales, lo que reduce el riesgo de aislamiento y preserva los lazos familiares y amistosos a distancia.</p>
<p>Metze recordó que, antes de la era digital, la vejez dependía de apoyos presenciales y de infraestructura física. La falta de movilidad generaba soledad. Hoy, dispositivos <strong>wearables</strong>, telemedicina y recordatorios digitales amplían la autonomía y el grado de libertad de los adultos mayores.</p>
<p>Ambos expertos subrayan el desafío actual: la alfabetización digital como requisito para acceder a estos beneficios. En países desarrollados la transición es más rápida, mientras que en economías medias y bajas la brecha se agranda. “La tecnología facilita, pero si no se universaliza, incrementa las desigualdades”, alertó Metze.</p>
<h2>Por qué es urgente aprovechar los datos médicos</h2>
<p>Daud criticó que la prevención siga relegada en la formación médica y en los sistemas de salud. “Estamos orientados a diagnosticar y tratar, pero no existe una estrategia sistemática de prevención”, indicó.</p>
<p>Tanto en aseguradoras como en el SUS, la gestión de bases de datos no se utiliza para vigilancia preventiva ni identificación de grupos de riesgo, a pesar de que la información permitiría intervenciones focalizadas.</p>
<p>El galeno recordó experiencias de hace quince años, cuando ya era posible detectar a los pacientes de mayor costo y diseñar planes, aunque con menor tecnología. Hoy, el análisis de datos ofrece mayores posibilidades, pero en Brasil “la promoción y la prevención siguen en nivel básico”, lamentó.</p>
<p>Metze destacó las “tecnologías de la edad” como tendencia. El análisis de <strong>big data</strong> y los prontuarios electrónicos permiten compartir información entre operadoras y crear planes efectivos de promoción, prevención y ahorro de costos.</p>
<h2>Cómo reducir la brecha sanitaria con tecnología</h2>
<p>El acceso digital se vuelve condición para la equidad. Metze subrayó que solo políticas que subvencionen dispositivos, internet y formación podrán democratizar la inclusión. “No se puede asumir que toda persona mayor puede comprar una tableta o pagar el acceso a la red”, explicó.</p>
<p>Criticó la falta de interfaces adaptadas para mayores: el problema “no es la complejidad de la tecnología, sino su diseño excluyente”. Propuso que las empresas inviertan en letras grandes, comandos por voz y asistencia personalizada que permita navegación sin barreras.</p>
<p>Entre los riesgos, ambos advirtieron la vulnerabilidad a estafas digitales. En Brasil y EE.UU. los mayores son el principal bloco de fraudes online. La seguridad digital y la educación contra el fraude deben ser pilares de toda estrategia de inclusión.</p>
<p>El aislamiento y la salud mental también son prioritarios. Las plataformas virtuales pueden reducir la soledad, un problema detectado incluso entre nonagenarios por la antropóloga Miriam Goldenberg desde 2015, quien encontró que para este grupo “sentirse útil y mantener relaciones” es más relevante que el propio estado físico.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://www.infobae.com/tecno/2026/03/09/la-tecnologia-redefine-el-envejecimiento-de-la-salud-curativa-a-la-prevencion-y-la-autonomia-digital/'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>La virtud eleva la felicidad, pero el exceso de amabilidad puede dañar el bienestar</title>
		<link>https://titulares360.com/las-buenas-personas-son-mas-felices-pero-un-exceso-de-bondad-tambien-podria-perjudicar-su-bienestar-salud-y-bienestar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Mar 2026 05:59:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Aristóteles]]></category>
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		<category><![CDATA[salud mental]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reto diario: atravesar las horas con compasión hacia el dolor ajeno y paciencia ante quienes</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Reto diario: atravesar las horas con <strong>compasión hacia el dolor ajeno</strong> y paciencia ante quienes nos resultan irritantes. Según <a href='https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/jopy.70038'>una investigación publicada en diciembre</a> en el <em>Journal of Personality</em>, entrenar deliberadamente la compasión y la tolerancia puede, en un primer momento, despertar emociones desagradables. No obstante, al llegar la noche es probable que nos durmamos más plácidos que si hubiéramos ignorado el sufrimiento ajeno o nos hubiéramos irritado al primer desacuerdo.</p>
<p>El trabajo, dirigido por <strong>Michael Prinzing</strong>, añade pruebas a una línea de estudio muy activa en EE UU que explora la conexión entre virtud y bienestar. Se trata de aportar evidencia científica a una idea que <strong>Aristóteles</strong> planteó hace siglos y que, con matices, aparece en casi todas las culturas. Aunque pensadores como <strong>Nietzsche</strong> la criticaron, la intuición popular sostiene que obrar bien <strong>fertiliza la felicidad</strong>. Ahora los datos empíricos empiezan a respaldar lo que durante milenios fue solo una aspiración moral.</p>
<p>Prinzing investiga en la Universidad Wake Forest de Carolina del Norte, uno de los múltiples laboratorios surgidos para desentrañar cómo ser mejor persona influye en sentirse mejor. Otro ejemplo es <a href='https://centerhealthyminds.org/'>el Centro para Mentes Sanas</a> de la Universidad de Wisconsin. Su colaboradora honoraria <strong>Pelin Kesebir</strong> resume: “Las evidencias son consistentes en distintas edades y culturas. En estudios transversales y longitudinales aparece el mismo patrón: quienes cultivan virtudes reportan <strong>mayor satisfacción y emociones positivas</strong>”.</p>
<p>Kesebir explica por qué la bondad quedó marginada durante décadas en la investigación sobre salud mental: rechazo a lo que parecía moralina, dificultad para medir constructos tan subjetivos como la generosidad o la honestidad, y la tradicional orientación patologista. “Se estudiaba lo que falla, no lo que funciona”, señala. La psicología positiva, a finales de los noventa, rompió ese sesgo.</p>
<p>Desde <a href='https://hfh.fas.harvard.edu/'>el Programa para el Florecimiento Humano</a> de Harvard, <strong>Tyler VanderWeele</strong> marca como hito la publicación en 2004 de <em>Character Strengths and Virtues</em> de Seligman y Peterson. “Fue un avance esencial; pasamos a tener un mapa para explorar empíricamente la relación entre carácter virtuoso y bienestar”, afirma.</p>
<p>VanderWeele codirige tres estudios que cruzan <strong>fomentar el bien</strong> (justicia, gratitud, templanza) con <strong>mayor felicidad</strong> (menos ansiedad y depresión, más sentido y menos soledad). Participantes estadounidenses y mexicanos evaluaron sus virtudes y salud mental en <a href='https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0890117120964083'>el primer estudio</a>; se añadieron diagnósticos de depresión en <a href='https://link.springer.com/article/10.1007/s00127-022-02344-5'>el segundo</a>; e Indonesia se incorporó en <a href='https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ejsp.3027'>el tercero</a>. En todos los casos, “<strong>buscar hacer lo correcto se asocia a mejor bienestar psicoemocional</strong>”, concluye VanderWeele.</p>
<p>Kesebir añade que la relación es “preventiva y curativa”: la amabilidad y la gratud actúan como <strong>armadura y como medicina</strong> cuando aparece la angustia.</p>
<h2>Sabiduría práctica</h2>
<p>VanderWeele advierte que la autoevaluación puede sesgar resultados, “pero incluso así los cuestionarios aportan información valiosa”. Estudios con evaluadores externos, como <a href='https://osf.io/preprints/psyarxiv/sd8t4_v1'>un experimento</a> con estudiantes y trabajadores chinos, confirman la conclusión: <strong>las personas virtuosas suelen ser más felices</strong>.</p>
<p>Las dinámicas, sin embargo, son complejas. A veces la depresión anula la capacidad de ser benévolo; a veces el buen humor y la buena conducta se refuerzan mutuamente creando un <strong>círculo virtuoso</strong>.</p>
<p>Además, los promedios ocultan matices: “<strong>Ciertas virtudes pueden incrementar el sufrimiento</strong>. Ayudar a otros puede implicar sacrificio, y quienes son muy empáticos pueden sentir el dolor ajeno como propio”, recuerda VanderWeele.</p>
<p><strong>Shane McLoughlin</strong>, investigador del Centro de Virtudes y Carácter de la Universidad de Birmingham, recomienda “<strong>no descuidar el autocuidado</strong> para lograr un equilibrio entre nuestro bienestar y el de los demás”. Tratarse con ternura no es egoísmo, sino repartir justamente la virtud.</p>
<p>McLoughlin rechaza ideales absolutos: “Fijar metas perfectas genera sentimientos de fracaso”. Propone un camino personalizado que admita la diversidad de capacidades y contextos. “Podemos fomentar estilos de vida virtuosos sin imposibles ni uniformes; siempre hay margen para <strong>hacer un poco más de bien</strong>”.</p>
<p>Ante dilemas como sinceridad versus amabilidad, aconseja tirar de la <strong>phronesis aristotélica</strong>: la sabiduría práctica que ajusta las virtudes a cada situación concreta.</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-05/las-buenas-personas-son-mas-felices-pero-un-exceso-de-bondad-tambien-podria-perjudicar-su-bienestar.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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		<title>Laurence Joseph: &#8220;El silencio enseña a escuchar, una habilidad escasa en la era del ruido&#8221;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel Castellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Mar 2026 14:32:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Abusos sexuales]]></category>
		<category><![CDATA[Agresiones sexuales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Igual que existen múltiples sonidos, también hay variedades de silencio. Algunos protegen a la víctima;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Igual que existen múltiples sonidos, también hay <strong>variedades de silencio</strong>. Algunos protegen a la víctima; otros amparan al victimario. Pueden convertirse en un nudo cuando guardan un secreto vergonzante o en una <em>omertá</em> cómplice. En nuestra sociedad hiperconectada y estruendosa, el silencio se vuelve un lujo: cristales insonorizados, auriculares antirruido, retiros de meditación. Pero también puede convertirse en una intemperie, un espacio desprotegido para quien carece de interlocutor. De todo ello habla Laurence Joseph (Le Mans, 1980) en <i>Nuestros silencios, por qué callamos</i> (Gatopardo, 2026).</p>
<p>Joseph trabaja el silencio. Es <strong>psicóloga clínica y psicoanalista</strong> y, como relata en su ensayo, solo ante el mutismo del otro puede alguien empezar a narrarse. Lo denomina <strong>escucha silenciosa</strong>: callar para que la persona explore y desarrolle su discurso. «Detenerse a veces significa aprender a escuchar, algo bastante infrecuente en la actualidad», afirma en videollamada desde París. El libro se apoya en más de <strong>dos décadas de consulta</strong> y combina casos clínicos con mitología, literatura y filosofía para cartografiar los silencios individuales y colectivos.</p>
<p>La autora comienza por los más <strong>dolorosos e incómodos</strong>: «He atendido a muchos pacientes, sobre todo niños, víctimas de incesto o abuso sexual. El silencio que rodea a menores, adolescentes y mujeres obedece a la imposibilidad de ser escuchados». Sin embargo, cree que algo cambia. Cita el éxito de <i>El Consentimiento</i>, donde Vanessa Springora relata, a los 14 años, su relación con Gabriel Matzneff, de 50, y denuncia la connivencia social con un pederasta celebrado en las letras.</p>
<p>«<strong>Creo en el poder del ejemplo</strong> para que las personas se expresen; el relato de la vergüenza posibilita transformaciones», señala. «Que figuras públicas hablen demuestra que estos testimonios se escuchan y produce un efecto dominó. A través de esas historias mediáticas descubrimos nuestro potencial para compartir secretos y modificar nuestra relación con la vergüenza. La historia del <strong>#MeToo</strong> es fascinante en ese sentido».</p>
<p>Fue Roland Barthes quien dijo que el silencio es neutro; luego las personas lo manipulan para darle sentido e incluso contenido político. «Así, el silencio no es mera ausencia de sonido ni pausa pasiva, sino <strong>un acto cargado de significado</strong>». Joseph cree que venimos de años de silencio político y que denuncias como la de Springora empiezan a romperlo.</p>
<p>Procesos de reparación como los de los abusos en la <strong>Iglesia católica española</strong> evidencian ese antiguo silencio que deja de serlo. Existe un mutismo social que cobija secretos individuales; al pinchar la burbuja colectiva, las historias emergen una tras otra.</p>
<p>Pero <i>Nuestros silencios</i> no se queda en la <strong>ausencia de palabras que envuelve al trauma</strong>. Analiza la necesidad de silencio en un mundo especialmente ruidoso. Las redes sociales nos invitan a opinar sobre todo; esa actitud se extiende al trabajo —demasiadas reuniones— y al ocio —millones de canales— generando una <strong>sobrecarga informativa</strong> que nuestro cerebro no está preparado para gestionar.</p>
<p>La autora traza un <strong>arco generacional</strong>: para una madre, el silencio puede ser una bendición; para una abuela, suele asociarse a soledad. «Pensé mucho en mi abuela mientras escribía: más de 90 años, sola en casa. Si no la llamaba, no hablaba con nadie en todo el día. Me preguntaba cómo sería un día completo sin ruido, en el <strong>silencio absoluto de la soledad</strong>».</p>
<p>Joseph habla de hijos, abuelas y padres. El silencio es inherente a la familia: hay secretos que protegen y que solo se comparten en la intimidad del clan. «La capacidad de guardar secretos sobre la muerte, la enfermedad, los orígenes o la sexualidad puede ser el <strong>núcleo ético de un grupo</strong>».</p>
<p>La sexualidad también ocupa un lugar central. «Entre los nombres secretos sobresale siempre <strong>el del ser amado</strong>». Homosexualidad, infidelidades, diferencias de edad o castas… «Algunos nombres resultan impronunciables durante tiempo o para siempre. ¿Qué sucede con una aventura sin testigos? ¿Se vuelve más intensa o se disipa antes como una quimera? ¿El secreto aviva las palabras susurradas en la intimidad?».</p>
<p>Para ilustrarlo, cita a la protagonista de <i>Pura pasión</i>, de Annie Ernaux, que acepta el silencio de su relación con un hombre casado, extranjero y más joven; cuerpos que se comunican sin compartir idioma.</p>
<p>«Toda la infelicidad del hombre se reduce a una sola cosa: <strong>no saber quedarse en silencio en una habitación</strong>». La frase es de Blaise Pascal y la recupera Joseph. «Sí, pero Pascal olvida la importancia de los demás —matiza—; me recuerda a Virginia Woolf y <i>Una habitación propia</i>. Pascal apela a la oración, la fe, la meditación; tiene una visión más masculina. Woolf parte de otro lugar: ve los momentos de soledad como una bendición, quizá porque las mujeres accedemos a ellos más tarde».</p>
<p>Referencia de contenido: <a href='https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-03-04/laurence-joseph-psicoanalista-callarse-a-veces-significa-aprender-a-escuchar-y-eso-es-algo-raro-en-la-sociedad-actual.html'>consultar fuente original aquí</a></p>
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