Sicariato en Cartagena: el caso de Lewis Álvarez, el mototaxista abatido en Nelson Mandela
¿Una emboscada o un crimen premeditado? Lewis Álvarez Periñán, de 29 años, se convirtió en la última víctima de la ola de violencia que sacude Cartagena.
En lo que va de junio, 19 personas han perdido la vida en la ciudad: 14 por sicariato, 2 en riñas, un feminicidio, un atraco y un linchamiento. Los homicidios selectivos siguen dominando el panorama criminal, y el caso de Álvarez —conocido como “el Calvo”— no es la excepción. Su vida fue segada la mañana del jueves 25 de junio en el sector Campo Bello, en el barrio Nelson Mandela, tras recibir múltiples disparos.
Los testigos relatan que los asesinos lo habrían seguido de cerca o lo esperaban en una zona solitaria. En el momento en que Álvarez redujo la velocidad de su moto, le dispararon. Quedó tendido junto a su vehículo y murió al instante. Algunos vecino especulan con que pudo tratarse de una trampa, una estrategia para llevarlo a un lugar apartado y ejecutarlo sin testigos.
El perfil de la víctima y las primeras pistas
La Policía Metropolitana confirmó que Lewis Álvarez tenía antecedentes judiciales por violencia intrafamiliar, inasistencia alimentaria y porte ilegal de armas. Su oficio, el mototaxismo, lo vinculaba con las calles de Cartagena, donde el riesgo de ser blanco de ajustes de cuentas o venganza es una realidad cotidiana. Su cuerpo fue trasladado a Medicina Legal, donde sus familiares acudieron para los trámites correspondientes, aunque este medio no logró obtener declaraciones de ellos.
Las autoridades, por su parte, no descartan ninguna línea de investigación. Revisan imágenes de cámaras de seguridad para reconstruir los hechos y determinar si hubo complicidad o planificación previa. Lo que esto revela es un patrón recurrente en la ciudad: la impunidad y la rapidez con que se ejecutan estos crímenes dejan poco margen para la prevención.
En redes sociales, amigos y conocidos despidieron a Álvarez con mensajes de gratitud, recordándolo como una persona alegre, divertida y solidaria, siempre dispuesta a compartir tanto en los buenos como en los malos momentos. Este contraste entre el recuerdo afectuoso y la brutalidad de su muerte subraya la complejidad social detrás de cada cifra de homicidio.
Más allá de los hechos, lo que emerge es una pregunta incómoda: ¿hasta cuándo Cartagena podrá romper el ciclo de violencia que normaliza el sicariato como método de resolución de conflictos? La respuesta, por ahora, sigue en el aire.
El patrón social detrás del sicariato en Cartagena
El caso de Lewis Álvarez no es un hecho aislado, sino un eslabón más en una cadena de violencia que refleja dinámicas sociales profundas. Lo que esto revela es cómo el sicariato se ha convertido en un mecanismo de control territorial y de ajustes de cuentas en entornos donde el Estado tiene una presencia limitada.
Desde una perspectiva analítica, la dualidad en el perfil de la víctima —recordado con cariño en redes pero con antecedentes judiciales— expone la complejidad de un fenómeno donde las líneas entre víctima y victimario se desdibujan. El mototaxismo, su oficio, lo situaba en un espacio de alta exposición: las calles, donde la movilidad y el anonimato facilitan tanto el trabajo como el riesgo.
La estrategia de los asesinos —seguimiento o emboscada en zonas solitarias— sugiere un modus operandi calculado, diseñado para minimizar testigos y maximizar la impunidad. Esto no solo habla de la profesionalización del crimen, sino también de la normalización de su presencia en la vida cotidiana. La pregunta clave ahora es cómo esta normalización afecta la percepción de seguridad y la confianza en las instituciones.
La normalización de lo anormal
¿Qué dice de una sociedad que el sicariato sea percibido como un riesgo ocupacional más para ciertos oficios? La respuesta podría estar en la aceptación resignada de que, en algunos sectores, la violencia es el lenguaje predominante para resolver conflictos, y que su erradicación exige más que operativos policiales: requiere desmontar las estructuras que la sostienen.
