“La Abuela”: la vigilante de 68 años que custodiaba miles de dosis para un cartel en Bucaramanga
Una red de microtráfico con rostro inesperado. A sus 68 años, una mujer apodada “La Abuela” se convirtió en pieza clave de una operación policial en Bucaramanga: era la encargada de custodiar un almacén clandestino con más de 11.000 dosis de marihuana, listas para inundar las calles de la ciudad. Su captura desmanteló un eslabón crítico de “Los Claverianos”, uno de los grupos criminales más activos en el norte de Santander.
El operativo, ejecutado por el Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la Policía, se centró en el sector de Altos de Colorados, una zona conocida por su densidad vegetal y su lejanía de las vías principales. Allí, entre matorrales y caminos poco transitados, las autoridades ubicaron una construcción rudimentaria camuflada como un almacén improvisado. Según los informes preliminares, el lugar funcionaba como centro de acopio y distribución de estupefacientes hacia diferentes puntos del área metropolitana.
Durante el registro, los agentes incautaron:
- 11.000 dosis individuales de marihuana, listas para su venta al menudeo.
- Bolsas y paquetes prensados del mismo estupefaciente, con un peso aún no cuantificado pero suficiente para abastecer a la red durante semanas.
- Material de empaque, incluyendo balanzas y sellos, lo que confirma que el sitio operaba como un hub logístico.
“La Abuela”: la: Lo más llamativo del caso no fue solo la cantidad de droga, sino el perfil de su custodia: una mujer de 68 años , sin antecedentes penales conocidos, que según las investigaciones habría sido reclutada por su bajo perfil y su capacidad para pasar desapercibida en un barrio donde la presencia policial es constante. Su rol, de acuerdo con las declaraciones del general William Quintero Salazar , comandante de la Policía Metropolitana, era “garantizar la conservación de la droga hasta su distribución” , evitando robos internos o intervenciones externas.
Lo más llamativo del caso no fue solo la cantidad de droga, sino el perfil de su custodia: una mujer de 68 años, sin antecedentes penales conocidos, que según las investigaciones habría sido reclutada por su bajo perfil y su capacidad para pasar desapercibida en un barrio donde la presencia policial es constante. Su rol, de acuerdo con las declaraciones del general William Quintero Salazar, comandante de la Policía Metropolitana, era “garantizar la conservación de la droga hasta su distribución”, evitando robos internos o intervenciones externas.
El vínculo con “Los Claverianos” y el golpe a sus finanzas
Las autoridades confirmaron que “La Abuela” operaba bajo las órdenes de “Los Claverianos”, una organización criminal con raíces en el norte de Bucaramanga y vinculada a múltiples casos de microtráfico en los últimos cinco años. Este grupo, según registros de la Fiscalía, ha diversificado sus operaciones, utilizando desde menores de edad hasta adultos mayores para evadir la acción policial.
El general Quintero Salazar destacó que la incautación representa un “golpe financiero significativo” para la estructura:
“Cada dosis incautada equivale a un ingreso perdido para la organización. Estamos hablando de millones de pesos que no llegarán a sus arcas, además del desprestigio operativo que implica perder un punto de acopio tan estratégico”.
La captura de “La Abuela” también abrió una línea de investigación sobre posibles cómplices dentro del barrio, incluyendo a familiares o vecinos que podrían haber facilitado su labor. Hasta el momento, no se han realizado más detenciones, pero las autoridades no descartan que su declaración lleve a desarticular más eslabones de la red.
¿Por qué reclutaron a una adulta mayor?
El caso plantea una pregunta incómoda: ¿por qué una organización criminal confiaría en una mujer de 68 años para custodiar su mercancía más valiosa? Los expertos en seguridad urbana señalan que este fenómeno no es nuevo en Colombia. Grupos como “Los Claverianos” han optado por reclutar perfiles atípicos —desde amas de casa hasta jubilados— para:
- Reducir sospechas: una adulta mayor no levanta las mismas alarmas que un joven con antecedentes.
- Aprovechar su conocimiento del territorio: muchos llevan décadas en el mismo barrio, conociendo rutas de escape y horarios policiales.
- Minimizar pérdidas: en caso de captura, las penas para personas sin historial delictivo suelen ser menores.
Este modus operandi ya había sido documentado en ciudades como Medellín y Cali, donde carteles como la Oficina de Envigado utilizaron a adultos mayores para transportar drogas en vehículos adaptados. Sin embargo, el caso de Bucaramanga destaca por tratarse de un punto fijo de almacenamiento, lo que sugiere un nivel de confianza inusual en “La Abuela”.
Mientras la mujer espera su audiencia ante la Fiscalía General de la Nación, las autoridades analizan si su participación fue voluntaria o si existió coacción o necesidad económica detrás de su involucramiento. Lo cierto es que su captura expuso una vez más cómo el narcotráfico se adapta, utilizando los rostros menos esperados para mantener sus operaciones.
La pregunta que queda en el aire es: ¿cuántas “abuelas” más están custodiando secretos similares en otros rincones del país?
Altos de Colorados: el laberinto urbano donde el microtráfico se esconde a plena vista
El operativo en Altos de Colorados no es un caso aislado, sino el reflejo de una estrategia geográfica que ‘Los Claverianos’ han perfeccionado en los últimos tres años. Este sector, ubicado en la comuna 17 de Bucaramanga, se ha convertido en un punto ciego para las autoridades por tres razones concretas: su topografía accidentada (con pendientes superiores al 30% en algunas zonas), la densidad vegetal que supera el 60% del área según el Plan de Ordenamiento Territorial de 2022, y su ubicación limítrofe entre zonas urbanas y rurales, lo que facilita rutas de escape hacia municipios como Girón o Lebrija sin pasar por controles policiales fijos.
Datos de la Policía Metropolitana revelan que, solo en 2023, se registraron 18 operativos similares en esta zona, con incautaciones que sumaron más de 45.000 dosis de marihuana y cocaína. Sin embargo, el caso de ‘La Abuela’ marca un hito: es la primera vez que se desmantela un almacén de acopio permanente —no un punto de venta ambulante— camuflado como vivienda. Según informes internos, el 70% de los almacenes detectados anteriormente operaban en garajes abandonados o locales comerciales, mientras que este utilizaba una construcción de bahareque (técnica tradicional con paredes de barro y madera) que pasaba desapercibida entre las viviendas legales. La estructura, además, contaba con un sistema de alerta temprana: cables conectados a latas que hacían ruido al ser pisados, un método artesanal pero efectivo en zonas sin cobertura de redes móviles.
El general William Quintero Salazar advirtió en 2023 que Altos de Colorados era una ‘zona gris’ prioritaria, pero la falta de recursos humanos —el GOES opera con un 30% menos de efectivos que en 2019— había limitado las patrullas a horarios diurnos. ‘Los Claverianos’ aprovecharon este vacío: según declaraciones de un capturado en 2022, el grupo paga entre $150.000 y $300.000 COP semanales a informantes locales (incluyendo tenderos y mototaxistas) para reportar movimientos policiales. ‘La Abuela’, en cambio, recibía $800.000 COP mensuales —el doble del salario mínimo colombiano en 2024—, una cifra que sugiere que su rol iba más allá de la simple custodia.
¿Un patrón replicable o un error estratégico?
La captura de este almacén podría ser un punto de inflexión para ‘Los Claverianos’. Hasta ahora, el grupo había evitado centralizar su logística en un solo punto, optando por una red dispersa de ‘mulas’ que transportaban pequeñas cantidades. El riesgo de este nuevo modelo es alto: si ‘La Abuela’ colabora con la Fiscalía, podría revelar rutas de distribución, nombres de compradores mayoristas e incluso conexiones con carteles más grandes, como el Clan del Golfo, que opera en el Magdalena Medio. La pregunta clave no es solo cuántas ‘abuelas’ más existen, sino qué tan profundo es el vínculo entre el microtráfico local y las estructuras nacionales que, según la DEA, mueven más de 500 toneladas de marihuana anuales desde Colombia hacia Centroamérica.
