“Lo mataron sin decirle nada”: el sicariato que conmociona a Cartagena y expone su ola de violencia
Un crimen sin explicación aparente. Jhony Daniel De Arco Sanjuan, un mototaxista de 30 años sin antecedentes judiciales ni enemigos conocidos, fue asesinado a balazos en plena calle del barrio Ciudad Bicentenario. El caso, que eleva a 17 los homicidios en mayo en Cartagena (13 de ellos por sicariato), ha encendido las alarmas sobre una modalidad criminal que opera con total impunidad: asesinatos relámpago en moto, sin mediar palabra, en plena luz del día.
El ataque ocurrió a las 3:30 de la tarde del sábado 23 de mayo, cuando De Arco caminaba por la vía principal de Bicentenario. Según el reporte policial, dos hombres en moto se acercaron: el parrillero descendió, disparó “en repetidas ocasiones” a quemarropa y huyó sin pronunciar una sola palabra. La víctima murió en el acto por los múltiples impactos de bala en distintas partes del cuerpo. Testigos citados por la Policía confirmaron que no hubo intercambio previo ni intento de robo: fue una ejecución planificada.
El CTI de la Fiscalía General de la Nación asumió la inspección del cadáver *in situ* y recolectó evidencia balística, mientras que la Policía Metropolitana activó un operativo conjunto con inteligencia criminal para rastrear a los responsables. “No hay pistas claras sobre el móvil”, admitieron fuentes oficiales, lo que refuerza la hipótesis de un sicariato por encargo —modalidad que, según cifras de la misma institución, representa el 76% de los homicidios en lo que va de 2024 en la ciudad (13 de 17 casos en mayo).
Un patrón que se repite: moto, silencio y muerte
El modus operandi del crimen contra De Arco coincide con el de al menos 8 de los 13 sicariatos registrados este mes en Cartagena, según datos cruzados con informes previos de la Policía. Los asesinos actúan en dupla: uno conduce la moto y el otro ejecuta, siempre en horarios de alta afluencia (entre 2:00 p.m. y 6:00 p.m.) y en zonas residenciales. Ninguna víctima había recibido amenazas previas, lo que sugiere que los objetivos son seleccionados por encargo externo o como “mensaje” a grupos específicos.
En el caso de De Arco, allegados describieron en redes sociales a un hombre “trabajador, sin problemas con nadie”, lo que descarta vínculos con bandas criminales. Sin embargo, Cartagena arrastra un aumento del 40% en homicidios por sicariato respecto al mismo período de 2023, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana. ¿Están las autoridades frente a una nueva ola de ajustes de cuentas entre organizaciones delictivas?
Mayo sangriento: 17 muertes en 23 días
El asesinato de De Arco no es un caso aislado. Las estadísticas oficiales revelan una escalada de violencia sin precedentes en la capital de Bolívar:
- 13 sicariatos (76% del total), todos con el mismo patrón: moto, armas de fuego y ausencia de testigos que identifiquen a los agresores.
- 2 homicidios en atracos, uno de ellos contra un comerciante en el centro histórico.
- 1 feminicidio, ocurrido en el corregimiento de Pasacaballos.
- 1 muerte en riña callejera, vinculada a disputas entre pandillas locales.
“Lo mataron sin: La Policía Metropolitana insistió en que no hay conexión directa entre las víctimas , pero expertos en seguridad, como el analista Carlos Mendoza (en declaraciones previas a El Universal ), advierten que esta “fragmentación de los móviles” es típica de guerras entre estructuras criminales que evitan dejar rastros. ¿Está Cartagena repitiendo el ciclo de violencia de los años 2010, cuando el narcotráfico y las bandas urbanas dejaban más de 200 muertos al año?
La Policía Metropolitana insistió en que no hay conexión directa entre las víctimas, pero expertos en seguridad, como el analista Carlos Mendoza (en declaraciones previas a El Universal), advierten que esta “fragmentación de los móviles” es típica de guerras entre estructuras criminales que evitan dejar rastros. ¿Está Cartagena repitiendo el ciclo de violencia de los años 2010, cuando el narcotráfico y las bandas urbanas dejaban más de 200 muertos al año?
La respuesta institucional: entre la inteligencia y el llamado a la ciudadanía
Ante el recrudecimiento de los sicariatos, las autoridades implementaron un plan de choque que incluye:
- Patrullajes mixtos (Policía-Fiscalía) en barrios con mayor incidencia, como Bicentenario, Olaya Herrera y La Candelaria.
- Análisis balístico acelerado para cruzar casquillos y armas incautadas en operativos recientes.
- Recompensas por información a través de la línea 123, con garantías de anonimato.
Sin embargo, la falta de denuncias —solo el 30% de los casos recibe colaboración ciudadana, según la Personería de Cartagena— y la saturación del CTI (que atiende simultáneamente homicidios, extorsiones y desapariciones) han ralentizado las investigaciones. “Sin testigos, es como buscar una aguja en un pajar”, reconoció un investigador bajo reserva.
Mientras la Fiscalía avanza en la recolección de pruebas, el caso de Jhony De Arco queda como un símbolo de la violencia silenciosa que azota a Cartagena: crímenes sin explicación inmediata, ejecutados con precisión quirúrgica y que dejan más preguntas que respuestas. ¿Cuántas muertes más harán falta para que el patrón se rompa?
Cartagena 2010 vs. 2024: ¿Por qué el sicariato vuelve a ser el método preferido de la delincuencia organizada?
El asesinato de Jhony Daniel De Arco no es un hecho aislado, sino el eslabón más reciente de un patrón que Cartagena ya vivió —y superó parcialmente— hace más de una década. Entre 2010 y 2013, la ciudad registró anualmente entre 180 y 220 homicidios, con el sicariato como modalidad dominante en el 65% de los casos, según informes de la Fundación Ideas para la Paz (FIP). La diferencia hoy es que, aunque las cifras totales son menores (17 homicidios en mayo de 2024 vs. 22 en el mismo mes de 2012), el porcentaje de ejecuciones por encargo ha crecido del 65% al 76%, lo que sugiere una especialización criminal en métodos difíciles de rastrear.
En aquel entonces, el 80% de los sicariatos estaba vinculado a disputas entre las bandas ‘Los Urabeños’ y ‘Los Paisas’ por el control del microtráfico en barrios como Nelson Mandela, La Candelaria y Pozón, según el Informe de Seguridad Ciudadana de 2011 de la Alcaldía. Hoy, sin embargo, las autoridades no han logrado identificar una estructura única detrás de los crímenes. ¿El motivo? La atomización del crimen organizado: en lugar de dos grupos dominantes, ahora operan al menos 7 organizaciones delictivas menores, según un reporte de 2023 de la Policía Nacional, que compiten por rutas de narcotráfico, extorsión y cobro de “vacunas” a comerciantes. Esta fragmentación hace que los ajustes de cuentas sean más frecuentes pero menos predecibles, ya que las víctimas ya no son solo miembros de bandas rivales, sino también civiles usados como “mensajes”.
Otro dato revelador: en 2010, el 40% de los sicariatos ocurría de noche, mientras que en 2024 el 78% se comete entre las 10:00 a.m. y las 7:00 p.m., horarios de alta visibilidad. Esto refleja un cambio táctico: los asesinos ya no temen ser identificados, confían en que la saturación de casos y la falta de colaboración ciudadana (solo el 30% de los testigos denuncia, según la Personería) les garantiza impunidad. De hecho, en lo que va de 2024, solo 2 de cada 10 sicariatos en Cartagena han tenido avances significativos en su investigación, según cifras de la Fiscalía Seccional de Bolívar.
¿Hacia dónde va Cartagena: ¿repetición de la crisis o un giro en la estrategia?
El plan de choque anunciado por la Policía —patrullajes mixtos y análisis balístico— es el mismo que se implementó en 2014, cuando la ciudad logró reducir los homicidios en un 30% gracias a la captura de 12 cabecillas de bandas y la incautación de 45 armas de fuego en operativos sorpresa. Sin embargo, hoy el desafío es mayor: las estructuras criminales son más pequeñas, móviles y menos jerárquicas, lo que dificulta desarticularlas con métodos tradicionales. Mientras tanto, el CTI de Cartagena opera con un déficit del 25% en personal, según admitió en 2023 el entonces director seccional de la Fiscalía, Jorge Luis García. La pregunta no es si las autoridades pueden repetir el éxito de 2014, sino si lograrán adaptarse a un crimen organizado que ya no sigue las reglas de antaño.
