Jugadores del Madrid celebran un triple en la semifinal de Euroliga 2024 con el Olympiacos de fondo en el Pireo

El Madrid aplasta al Valencia y busca su Duodécima en una final histórica

Un Madrid implacable. El Real Madrid no dejó opciones al Valencia Basket (90-105) en una semifinal de Euroliga donde la experiencia, la intensidad y el juego colectivo marcaron la diferencia. Ahora, los blancos buscan su 12ª Copa de Europa ante un Olympiacos que ya conocen bien.

El equipo de Sergio Scariolo demostró por qué es el rey de Europa: dominio en la pintura, acierto en el triple y una defensa asfixiante que ahogó al Valencia en su primera ‘Final Four’. A pesar de las bajas de Edy Tavares y Alex Len, y las lesiones en el último acto de Usman Garuba y Andrés Feliz, el Madrid impuso su ley desde el primer minuto.

Un primer acto histórico, pero insuficiente para el Valencia

La semifinal arrancó con un ritmo vertiginoso. Tanto, que el primer tiempo se convirtió en el más anotador de la historia de una semifinal de Euroliga (56-62). El Valencia, pese a su inexperiencia en este escenario, plantó cara con agresividad en la pintura. Kameron Taylor y Braxton Key aprovecharon la ausencia de los pivots blancos, pero el Madrid respondió con un Mario Hezonja letal (25 puntos, máximo anotador del partido).

Los de Pedro Martínez intentaron imponer su juego, pero la presión de la ‘Final Four’ pasó factura: Brancou Badio acumuló dos faltas tempranas, y el equipo ‘taronja’ no encontró su ritmo habitual. Aunque Sergio de Larrea (20 años) y Neal Sako intentaron liderar la reacción, la defensa irregular de ambos equipos mantuvo el partido abierto.

El Madrid, sin embargo, ajustó su estrategia. Trey Lyles y Andrés Feliz encendieron el triple en el segundo cuarto, abriendo una brecha que el Valencia no pudo cerrar (45-57). Jean Montero, lejos de su mejor versión, anotó un triple agonizante que dejó el marcador en 56-62 al descanso: un espejismo de esperanza.

El rebote ofensivo, la clave del dominio madridista

Tras el descanso, el Valencia intentó reaccionar, pero el Madrid controló el rebote ofensivo como nadie: nueve capturas en el tercer cuarto que les dieron segundas oportunidades decisivas. Gaby Deck (16 puntos y 8 rebotes) y Hezonja lideraron el ataque, mientras la defensa ‘taronja’ no encontraba respuestas.

El Valencia, obligado a remar contra corriente, probó con Braxton Key como refuerzo en el ‘3’, pero la sangría en el rebote siguió imperturbable. Con un 5/15 en triples, los de Pedro Martínez se quedaron sin munición. El Madrid, en cambio, mantuvo su plan: intensidad, carácter y eficacia para llegar al último cuarto con ventaja (70-84).

Un triple de Matt Costello maquilló el marcador, pero fue solo un respiro. El Valencia necesitaba un milagro, y el Madrid no estaba dispuesto a concederlo.

Lesiones y heroísmo: el precio de la final

El último acto comenzó con un golpe duro: Usman Garuba se retiró cojeando, incapaz de apoyar el pie izquierdo. Con 76-86 en el luminoso y diez minutos por delante, el Valencia intentó reaccionar con Nate Reuvers, pero el Madrid mantuvo su seriedad.

Andrés Feliz, uno de los mejores del partido (15 puntos), cedió su puesto a Facundo Campazzo en los minutos finales. Scariolo no tardó en darse cuenta de que el dominicano estaba siendo clave: triples decisivos, tapones y liderazgo cuando más faltaba. Feliz, sin embargo, terminó el partido cojeando, sumándose a la lista de bajas que el Madrid deberá gestionar antes de la final.

El Valencia Basket, en su primera ‘Final Four’, se despide con la cabeza alta, pero con la certeza de que el Madrid es un muro demasiado alto. Los blancos, mientras, buscan su Duodécima ante un Olympiacos al que ya vencieron en la final de 2015. La historia podría repetirse.

¿Podrá el Madrid superar sus bajas y levantar otro título? La respuesta, este domingo en Atenas.

Olympiacos vs. Madrid: un duelo con historia y cifras que inclinan la balanza

La final de este domingo no es un simple encuentro: es el quinto enfrentamiento en una final europea entre el Real Madrid y el Olympiacos, un récord absoluto en la Euroliga. El precedente más reciente, la final de 2015 en Madrid, terminó con victoria blanca (78-59) y un Pablo Laso en el banquillo que ahora dirige… al equipo griego. La ironía del destino añade morbo: Laso podría convertirse en el primer entrenador en ganar la Euroliga con dos clubes distintos en menos de una década.

Pero las estadísticas no mienten: el Madrid ha ganado 3 de las 4 finales previas contra el Olympiacos (1994, 1995 y 2015), con la única excepción en 2013, cuando un Vassilis Spanoulis histórico (22 puntos) lideró la remontada griega (100-88). Este domingo, sin embargo, el contexto es distinto. El Olympiacos llega tras eliminar al Barcelona en semifinales con un 40% de acierto en triples (14/35), su arma letal esta temporada. El Madrid, por su parte, ha ganado 8 de los últimos 10 duelos directos en Euroliga contra los griegos, incluyendo los dos partidos de esta temporada regular (89-86 y 87-83).

La clave podría estar en la pintura: el Olympiacos es el equipo que más puntos anota en la zona (34.2 por partido), pero el Madrid, incluso sin Tavares, ha demostrado ser el mejor en rebote defensivo (24.8 por encuentro, líder de la competición). Sin embargo, la ausencia de Garuba y las molestias de Feliz podrían ser un lastre. En 2015, el Madrid ganó la final con un Tavares dominante (12 puntos, 12 rebotes y 3 tapones). Sin él, la responsabilidad recae en Gaby Deck, cuyo 67% en tiros de 2 puntos en semifinales podría ser decisivo.

¿Repetirá la historia o habrá sorpresas en el Pireo?

El Olympiacos tiene un aliciente extra: nunca ha ganado una Euroliga fuera de Grecia. Las dos veces que lo logró (2012 y 2013), fue en su cancha de El Pireo. Este domingo, con 18.000 aficionados griegos esperando el tercer título de su historia, el Madrid deberá superar no solo a un rival conocido, sino también a un ambiente hostil. La pregunta no es si el Madrid puede ganar sin sus pivots, sino cuánto le costará: en sus últimas 5 finales, el equipo que más rebotes ofensivos capturó (12 o más) se llevó el título. El domingo sabremos si la Duodécima llega con heroísmo… o con un precio físico demasiado alto.

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