Imagen de un robot militar avanzado en un escenario de guerra, con soldados de fondo.

Kenneth Payne, profesor universitario y experto en IA, sobre robots militares: "Entramos ya en territorio 'Terminator"

LA IA EN EL CAMPO DE BATALLA La inteligencia artificial (IA) está revolucionando la robótica y su aplicación en la defensa. El profesor Kenneth Payne, experto en estrategia del King’s College de Londres, advierte que la presencia de robots en escenarios de guerra está más avanzada de lo que se cree.

“En cierto modo, estamos hablando de Terminator en algunos de sus aspectos”, dice el profesor Payne en referencia a la saga de películas protagonizada por Arnold Schwarzenegger.

El profesor Payne ha dedicado 15 años a investigar las “mentes artificiales” de la guerra del futuro. Describe la transformación de los chatbots en máquinas “enraízadas”, donde una máquina interactúa con el mundo físico, ofreciendo un “razonamiento complejo y contextual” en el fragor de la batalla.

“He visto recientemente que se habían desplegado robots humanoides en el teatro de operaciones de Rusia y Ucrania. Estamos empezando a adentrarnos en territorio Terminator”, insiste el experto.

La IA en la toma de decisiones

Según el profesor Payne, no son solo los soldados rasos quienes están destinados a desaparecer. Los altos mandos también pueden ser sustituidos dentro de poco por inteligencias artificiales.

“La guerra se parece más a una partida de póker de alto riesgo, porque implica “azar e información asimétrica”. “Y me gusta mucho más esa analogía que la del ajedrez. Pero incluso la IA moderna puede superar a los mejores jugadores de póker”, explica.

Desafíos y riesgos

El profesor Payne afirma que la guerra con IA plantea desafíos éticos y de rendición de cuentas. “Algunos de los ingredientes que intervienen en la estrategia, por ejemplo, pensar en las mentes de los demás, liderar… los humanos son mejores en este tipo de cálculos de ‘teoría de la mente’ que incluso los chatbots más avanzados. Pero la brecha se está reduciendo cada vez más”.

“Hay un par de razones para ser cautelosos a la hora de introducir esto. Una es la rendición de cuentas, la cuestión ética. Y la otra es que, en realidad, todavía en los márgenes, los humanos se desempeñan un poco mejor”, reflexiona el profesor.

El futuro de la guerra

El profesor Payne cree que estamos entrando en una dinámica de “carrera armamentística”. “Si crees que tu enemigo va a adoptar estas tecnologías… entonces te corresponde a ti intentarlo tú mismo”, dice.

“Estas tecnologías podrían dar lugar a un gran número de sistemas robóticos autónomos en el campo de batalla, mucho más allá de lo que un ser humano puede controlar”, explica.

Pero en esto hay un lado positivo: los robots no se cansan. No les afecta la “niebla de la guerra”. Y lo más importante, no se enfadan.

“Los robots no van a tener miedo. No van a sentir rabia. No van a cometer atrocidades en el campo de batalla”, explica.

Desafíos y limitaciones

Sin embargo, el profesor Payne también destaca que si una guerra se vuelve “incruenta” para el bando con la mejor tecnología, ¿se vuelve demasiado fácil para los políticos iniciarla? Si no regresan a casa ata­es cubiertos con banderas, el costo político de la guerra disminuye.

“Soy escéptico ante la posibilidad de regular o establecer un régimen de control de armas”, admite Payne.

La carrera armamentística en inteligencia artificial y su impacto en la guerra moderna

El profesor Kenneth Payne, experto en estrategia del King’s College de Londres, advierte que la incorporación de la inteligencia artificial (IA) en la guerra está avanzando rápidamente. Según Payne, la presencia de robots en escenarios de guerra está más avanzada de lo que se cree, y se están desplegando robots humanoides en el teatro de operaciones de Rusia y Ucrania.

Una de las preocupaciones es la posibilidad de que los robots cometan errores, como en el escenario donde un robot soldado se enfrenta a un niño que sostiene una pistola de juguete. Payne destaca que un comandante humano podría dudar y retroceder, pero una IA programada para priorizar el objetivo podría calcular la pérdida de civiles ‘aceptable’ y apretar el gatillo.

La carrera armamentística en IA es otro factor que impulsa la adopción de estas tecnologías. Payne señala que si un bando cree que su enemigo va a adoptar estas tecnologías, entonces le corresponde a él intentarlo también. Esto podría llevar a una situación en la que los políticos tengan menos incentivos para evitar la guerra, ya que los robots no se cansan, no les afecta la ‘niebla de la guerra’ y no se enfadan.

Sin embargo, Payne también destaca que hay razones para ser cautelosos. La rendición de cuentas y la cuestión ética son fundamentales, y la tecnología todavía tiene limitaciones. La tecnología de las baterías, por ejemplo, está considerablemente por detrás de la tecnología de la IA, lo que podría limitar la adopción de robots autónomos en el campo de batalla.

Desafíos y limitaciones en la adopción de IA en la guerra

Entre los desafíos y limitaciones se encuentran la necesidad de desarrollar tecnologías que permitan a los robots tomar decisiones éticas y responsables, y la creación de mecanismos de control y rendición de cuentas efectivos. Además, la posibilidad de que los robots cometan errores y la necesidad de desarrollar tecnologías que puedan prevenirlos son también desafíos importantes.

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