Laporta acusa al arbitraje: “Nada es inocente” tras el VAR en el Atlético-Barça
¿El VAR, un enemigo más para el Barça? Joan Laporta, expresidente y precandidato a las elecciones del FC Barcelona, denunció que el gol anulado a Pau Cubarsí es la gota que colma el vaso.
El dirigente azulgrana vinculó este episodio con otro similar vivido por Lamine Yamal ante la Real Sociedad en Anoeta, donde también se invalidó un tanto de manera controvertida. “Del gol mal anulado a Pau Cubarsí, llueve sobre mojado porque nos recuerda al que le anularon a Lamine Yamal también incorrectamente en Anoeta. Nada es inocente”, escribió en X, subrayando una percepción de perjuicio sistemático.
Críticas unánimes al VAR y al estado del campo
La indignación de Laporta se suma a la de Rafa Yuste, presidente en funciones del Barça, quien tachó de “vergüenza” la actuación del VAR en el partido de ida de las semifinales de la Copa del Rey. La sala VOR tardó más de seis minutos en analizar el tanto de Cubarsí, un retraso que el Comité Técnico de Árbitros (CTA) justificó por un fallo en el fuera de juego semiautomático debido a la “alta densidad de jugadores” en la jugada.
Más allá del arbitraje, Laporta también señaló las “malas condiciones del césped” del Metropolitano como otro factor adverso en la derrota por 4-0. “Sufrimos un conjunto de adversidades, desde un césped en malas condiciones a un gol mal anulado que no nos permitió iniciar una remontada”, argumentó, vinculando estos elementos a la dificultad para reaccionar.
Un llamado a la afición para la remontada
Pese a las quejas, el mensaje de Laporta fue de apoyo incondicional al equipo. Dirigió palabras de aliento a los jugadores, al técnico Hansi Flick y al director deportivo, Deco, y se mostró “convencido” de que el Barça puede lograr “una gran remontada” en la vuelta, prevista para el 3 de marzo. “Pido a los socios y socias y a toda la afición que les hagáis notar el cariño que les tenemos”, urgió, apelando a la historia de noches épicas en el Camp Nou.
Desde una perspectiva analítica, las declaraciones de Laporta reflejan una estrategia de movilización: convertir la polémica arbitral en un catalizador de unidad interna. Lo que esto revela es que, en momentos de crisis deportiva, el club recurre a narrativas de resistencia para activar a su masa social. La pregunta clave ahora es si esta retórica será suficiente para compensar las desventajas técnicas y psicológicas acumuladas.
¿Podrá el Barça transformar la indignación en energía sobre el terreno de juego?
El VAR como símbolo de desconfianza institucional
Las declaraciones de Laporta trascienden la polémica arbitral para revelar una crisis de confianza en las estructuras que rigen el fútbol. La repetición de episodios controvertidos —como los goles anulados a Cubarsí y Yamal— no solo alimenta la percepción de perjuicio, sino que erode la legitimidad de un sistema que, en teoría, debería garantizar equidad.
Desde una perspectiva analítica, la insistencia en vincular estos errores con una supuesta intencionalidad refleja una narrativa de victimización estratégica. Lo que esto muestra es que, en contextos de alta presión competitiva, los clubes recurren a discursos que movilicen a su afición, pero también que cuestionen la neutralidad de los actores externos. El VAR, diseñado para reducir la subjetividad, se convierte así en un nuevo frente de conflicto.
Más allá de lo técnico, el enfoque de Laporta sugiere que el Barça busca compensar desventajas deportivas con capital simbólico: la indignación como motor de cohesión. Sin embargo, esta estrategia conlleva riesgos, pues normaliza la desconfianza hacia las instituciones y podría debilitar la credibilidad del fútbol como espectáculo justo.
La pregunta clave
¿Logrará el club canalizar esta desconfianza en un impulso colectivo sin que derive en una espiral de deslegitimación permanente del sistema arbitral?
