Gráfico de proyección de obesidad en EE.UU. con 126 millones de casos en 2035 según IHME

EE.UU. frente a una crisis de obesidad: 126 millones en 2035

Una epidemia que no frena su avance. La obesidad en EE.UU. podría afectar a 126 millones de adultos en 2035, casi la mitad de la población, según el IHME.

El estudio, publicado el 28 de enero de 2026 por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington en el Journal of the American Medical Association (JAMA), proyecta un aumento de 19 millones de casos respecto a 2022, cuando se estimaban 107 millones. Este crecimiento no solo representa un desafío para la salud pública, sino que también amenaza con sobrecargar un sistema sanitario ya tensionado.

Desde una perspectiva analítica, lo que emerge es un patrón preocupante: la obesidad no es un problema aislado, sino un fenómeno estructural con raíces en desigualdades sociales, económicas y geográficas. La pregunta clave ahora es si las políticas actuales serán suficientes para revertir una tendencia que se ha consolidado durante décadas.

3 décadas de crecimiento ininterrumpido

El análisis, basado en datos de más de 11 millones de personas de la National Health and Nutrition Examination Survey y el Behavioral Risk Factor Surveillance System de los CDC, revela que la prevalencia de obesidad en adultos se duplicó entre 1990 y 2022, pasando del 19,3% al 42,5%. Las proyecciones del IHME indican que, de mantenerse el ritmo, el 46,9% de los adultos estadounidenses vivirán con obesidad en 2035.

Lo más alarmante es que este incremento se registró en los 50 estados, lo que confirma que no se trata de un problema regional, sino de una crisis nacional. Más allá de los números, lo que esto revela es la normalización de un estilo de vida que, en muchos casos, no es una elección, sino una consecuencia de entornos poco saludables.

El estudio también identifica diferencias significativas por sexo y edad. Las mujeres presentan una mayor prevalencia que los hombres, especialmente en el sur del país. Por grupos etarios, los adultos de 45 a 64 años son los más afectados, aunque el crecimiento más acelerado se observa en mujeres menores de 35 años, un dato que genera preocupación por su exposición prolongada a riesgos de salud.

El problema de la obesidad también provocará una crisis en el sistema de salud de EE.UU. (Foto: Shutterstock)

Desigualdades que profundizan la crisis

La investigación documenta brechas marcadas por región, raza y etnia. Las tasas más altas se concentran en el sur de EE.UU., mientras que los niveles más bajos se observan en el noreste y la costa oeste. Sin embargo, en todas las zonas la tendencia es ascendente, lo que sugiere que las desigualdades no son solo geográficas, sino también sistémicas.

En cuanto a grupos raciales y étnicos, las mujeres afroamericanas lideran las estadísticas, seguidas por las hispanas. Estas diferencias, según el informe, están vinculadas a factores como el nivel de ingresos, el acceso a servicios de salud, la disponibilidad de alimentos saludables y las oportunidades para la actividad física. Lo que esto refleja es que la obesidad no es solo un problema médico, sino un espejo de las desigualdades persistentes en la sociedad estadounidense.

El IHME advierte que estas brechas no solo no se han reducido, sino que en algunos casos se han agravado, lo que subraya la necesidad de abordar el problema desde una perspectiva integral, más allá de soluciones individuales.

Los motores de una epidemia multifactorial

El informe señala que la obesidad es el resultado de una combinación de causas, entre las que destacan el acceso limitado a alimentos nutritivos, las características del entorno urbano y rural, y los bajos niveles de actividad física. Como explicó la investigadora principal Catherine O. Johnson, “la obesidad es consecuencia de un conjunto de factores multifactoriales, entre los que se incluyen la accesibilidad a alimentos saludables, las características del entorno construido y los niveles de actividad física”.

Desde una perspectiva analítica, esto implica que las soluciones deben ser tan complejas como el problema mismo. No basta con campañas de concienciación; se requieren cambios estructurales en la forma en que se diseñan las ciudades, se distribuyen los alimentos y se promueve la salud pública.

El debate sobre el diagnóstico: ¿Es el IMC suficiente?

El estudio utilizó el índice de masa corporal (IMC) como criterio principal para definir obesidad, aunque los autores reconocen sus limitaciones. En la comunidad médica existe un debate activo sobre la posibilidad de incorporar otros parámetros, como la proporción de grasa corporal o el estado metabólico.

Según el análisis, si se adoptaran criterios más amplios, más del 75% de los adultos estadounidenses podrían ser clasificados como personas con obesidad. Esto no solo modificaría las estadísticas nacionales, sino que también obligaría a replantear las estrategias de prevención y tratamiento, llevando el debate más allá de lo técnico para adentrarse en lo ético y lo social.

El costo humano y económico de la inacción

La obesidad incrementa significativamente el riesgo de padecer diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial y ciertos tipos de cáncer. La aparición temprana de la enfermedad, especialmente en mujeres jóvenes, se asocia con un mayor tiempo de exposición a estos riesgos, lo que agrava el impacto a largo plazo.

Desde el punto de vista económico, los costos médicos directos vinculados a la obesidad superaron los $200,000 millones de dólares en 2019, según cifras publicadas en JAMA. El estudio advierte que estos gastos continuarán en aumento, ejerciendo una presión creciente sobre un sistema sanitario que ya muestra signos de saturación. Lo que esto revela es que el costo de no actuar podría ser aún mayor que el de implementar soluciones integrales.

¿Qué respuestas son necesarias?

El informe del IHME sostiene que las políticas públicas de prevención, junto con un acceso más equitativo a tratamientos, son fundamentales para modificar la tendencia. Aunque el estudio menciona que investigaciones previas registraron una leve disminución de la prevalencia en 2024 asociada al uso de medicamentos como los agonistas de GLP-1, los autores coinciden en que las soluciones estructurales seguirán siendo determinantes.

Mejorar el entorno alimentario, promover la actividad física y reducir las desigualdades sociales son medidas que, aunque complejas, podrían marcar la diferencia. La pregunta clave ahora es si la sociedad estadounidense está dispuesta a asumir el costo político y económico de estos cambios, o si preferirá seguir pagando el precio de la inacción.

La obesidad como síntoma de un sistema enfermo

Más allá de las cifras, lo que este estudio del IHME desvela es que la obesidad en EE.UU. no es una crisis sanitaria aislada, sino el reflejo de un sistema donde la salud se subordina a dinámicas económicas y sociales.

La normalización de entornos obesogénicos —donde el acceso a alimentos ultraprocesados es más fácil y barato que el de opciones saludables— no es casual. Responde a un modelo de producción y distribución alimentaria que prioriza el beneficio sobre el bienestar. Lo que esto revela es que, mientras las políticas se centren en el individuo, el problema seguirá creciendo: la obesidad es, ante todo, un fracaso colectivo de diseño.

Las desigualdades geográficas, raciales y de género mencionadas en el informe no son anécdotas, sino pruebas de que el problema se alimenta de las mismas estructuras que perpetúan la exclusión. El sur del país, las mujeres afroamericanas o las jóvenes de bajos ingresos no son grupos de riesgo por azar, sino por la acumulación de desventajas sistémicas: menos supermercados con alimentos frescos, menos espacios seguros para el ejercicio, menos acceso a atención médica preventiva.

El dilema ético tras los números

Si el IMC ya muestra una crisis, ¿qué ocurrirá cuando se incorporen métricas más precisas? El debate sobre los criterios diagnósticos no es técnico: es una discusión sobre hasta qué punto una sociedad está dispuesta a reconocer el alcance real de su fracaso. Y, sobre todo, si estará a la altura de las soluciones que el problema exige.

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