Neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona

Rodrigo Quian Quiroga: “El cerebro humano no busca recordar, sino entender”

¿Somos lo que recordamos o lo que olvidamos? El neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga desafía la idea tradicional de la memoria.

Hay un poema de Hilario Ascasubi que el neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga (Buenos Aires, 58 años) recuerda con nitidez desde los 12 años. Lo aprendió bajo presión, en un momento de estrés infantil: “Mi madre me quería matar porque no me lo había estudiado para el colegio… Y fue una situación de tanto estrés, porque me iban a poner un cero, que me lo aprendí y me quedó hasta hoy”, confiesa entre risas. Este episodio, aparentemente trivial, ilustra la naturaleza caprichosa y selectiva de la memoria humana.

La memoria como pilar de la identidad

Para Quian Quiroga, coordinador del programa de investigación Mecanismos neuronales de la percepción y la memoria del Hospital del Mar Research Institut (IMIM), la memoria no es un simple almacén de datos, sino el núcleo de nuestra identidad. “Si a mí me reemplazan un brazo, voy a seguir siendo yo. Si me trasplantan el corazón, también. Pero si me trasplantasen el cerebro, no voy a ser yo, va a ser la otra persona con mi cuerpo. Claramente, la identidad viene ligada al cerebro, a los pensamientos y, en particular, a la memoria”.

Esta reflexión adquiere profundidad al analizar cómo la memoria humana opera de manera distinta a la de otros animales. Mientras que un mono o una rata recuerda los hechos tal como ocurrieron, el ser humano prioriza la abstracción, dejando de lado detalles concretos para enfocarse en conceptos. Esta capacidad, según el investigador, es la base de nuestro pensamiento avanzado y de nuestra inteligencia.

El olvido como herramienta de entendimiento

En su nuevo libro, La máquina del olvido (Ariel), que llegó a las librerías el 28 de enero, Quian Quiroga explora esta paradoja: el cerebro humano no busca recordar, sino entender. “Olvidamos mucho y recordamos muy poco, solo lo que nos interesa”, afirma. Esta selección constante de información permite al ser humano enfocarse en lo esencial, desarrollando una capacidad de razonamiento superior. “El cerebro es la máquina del olvido”, repite el científico, subrayando que el olvido no es un fallo, sino una función clave para el pensamiento abstracto.

Desde una perspectiva analítica, este enfoque revela una verdad incómoda: la memoria no es un registro fiel del pasado, sino una construcción dinámica. “Cada vez que evocas un recuerdo lo estás cambiando. Y el cambio puede ser brutal”, explica. Lo que esto revela es que la identidad humana, lejos de ser estática, se redefine constantemente a través de lo que elegimos recordar y lo que decidimos olvidar.

El ejemplo de Newton que ofrece Quian Quiroga es revelador: la genialidad del científico no residió en memorizar la fórmula de la gravedad, sino en abstraer que la manzana que cae y la luna que gira alrededor de la Tierra responden al mismo fenómeno. Esta capacidad de conexión conceptual, según el neurocientífico, es lo que nos distingue de otras especies y de la inteligencia artificial.

Las neuronas de concepto y la exclusividad humana

Hace dos décadas, Quian Quiroga descubrió las llamadas neuronas de Jennifer Aniston, células nerviosas en el hipocampo que responden a conceptos específicos y asociaciones, ignorando detalles concretos. Este hallazgo, clave para entender la memoria, también es, en su opinión, una pieza fundamental para explicar lo que nos diferencia de otros animales o de la inteligencia artificial. “No es que el cerebro humano sea distinto, sino que funciona distinto”, aclara.

Lo que esto sugiere es que la memoria humana no es solo un mecanismo de almacenamiento, sino un sistema de procesamiento que prioriza el entendimiento sobre la retención. “El cerebro humano no busca recordar, busca entender”, insiste. Esta distinción es crucial: mientras que un ordenador puede tener una memoria perfecta, carece de la capacidad de comprensión que define al ser humano.

La pregunta clave ahora es si esta capacidad de abstracción y entendimiento, ligada a neuronas exclusivas del ser humano, podría algún día replicarse en una inteligencia artificial. Quian Quiroga reconoce que, por ahora, la neurociencia no tiene respuesta: “La pregunta que todavía es incontestable es qué le falta a un algoritmo, a una inteligencia artificial, para despertar y ser consciente”.

¿Acaso el olvido, esa aparente debilidad de nuestra memoria, es en realidad la clave de nuestra humanidad?

El olvido como motor de la inteligencia humana

La afirmación de Quian Quiroga sobre que el cerebro prioriza el entendimiento sobre el recuerdo desvela una paradoja fundamental: nuestra superioridad cognitiva no radica en la precisión, sino en la capacidad de filtrar.

Desde una perspectiva analítica, este mecanismo de selección constante no es un defecto, sino una ventaja evolutiva. Lo que esto revela es que la abstracción —la esencia de lo que nos hace humanos— depende de descartar lo irrelevante. El ejemplo de Newton no solo ilustra esta idea, sino que la lleva al terreno de lo práctico: la genialidad surge cuando el cerebro conecta conceptos, no cuando los acumula.

Más allá de los hechos, lo que emerge es una redefinición de la memoria como proceso activo. Las neuronas de Jennifer Aniston no son un simple curioso hallazgo, sino la prueba de que nuestro cerebro opera por asociaciones, no por archivos estáticos. Esta dinámica explica por qué, a diferencia de un algoritmo, el ser humano puede crear significado a partir del caos.

La frontera entre lo humano y lo artificial

Si el olvido es la herramienta que nos permite entender, la pregunta estratégica es si la inteligencia artificial, carente de esta capacidad de filtrado subjetivo, podrá alguna vez alcanzar una comprensión auténtica. La respuesta, por ahora, sigue siendo un vacío que la neurociencia aún no ha logrado llenar.

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