China sorprende con un sistema de red para atrapar cohetes espaciales

China sorprende con un sistema de red para atrapar cohetes espaciales

El 10 de julio, China logró algo que muchos consideraban un capricho técnico casi imposible de replicar fuera de Estados Unidos. El cohete Long March 10B despegó desde Hainan y, minutos después de separarse de su etapa superior, su primera etapa descendió verticalmente hasta ser atrapada por una red gigante tendida sobre una plataforma marítima. No hubo patas que tocaran el suelo ni un aterrizaje convencional. Fue una captura en pleno vuelo, algo que hasta ahora nadie había conseguido a esta escala con un cohete de clase orbital.

Así funciona el sistema de ganchos y red

La primera etapa del Long March 10B incorpora cuatro ganchos instalados en su cuerpo, específicamente en la zona interetapa, y estos son la pieza clave de toda la operación. Durante el regreso, el propulsor reencienden sus motores para frenar la caída y ajustar la trayectoria, buscando llegar en posición vertical, con velocidad mínima y dentro de un margen de error muy ajustado. 

En los segundos finales, el cohete se posiciona justo sobre la embarcación y los ganchos se enganchan en los cables tensados de la red, un mecanismo que los ingenieros de CASC comparan directamente con los cables de detención que usan los aviones al aterrizar en un portaaviones.

Xu Xuelei, especialista de la Corporación China de Ciencia y Tecnología Aeroespacial, explicó que la energía cinética y potencial del cohete se absorbe casi en su totalidad mediante un mecanismo de amortiguación instalado en la propia plataforma, y no en el cuerpo del propulsor. Esto reduce enormemente las exigencias de diseño estructural del cohete, porque buena parte del trabajo pesado de frenado queda del lado de la infraestructura marítima, no del vehículo que regresa del espacio.

El barco Linghangzhe, la pieza que lo hace posible

Nada de esto sería viable sin Linghangzhe, también conocido como Pathfinder, la primera plataforma marítima china certificada para este tipo de recuperación. El barco mide 144 metros de eslora, tiene 50 metros de ancho, un calado de 5,5 metros y un desplazamiento de 25.000 toneladas a plena carga, además de contar con posicionamiento dinámico DP2 para mantenerse estable en pleno océano mientras espera al cohete. Su cubierta de recuperación supera los 40 por 60 metros, un espacio diseñado con precisión para alinear la red con la trayectoria descendente del propulsor.

Lo llamativo es que este sistema de red no requiere patas de aterrizaje montadas en el cohete, un componente que en otros modelos añade peso considerable y complejidad mecánica. Al eliminar esa pieza, el cohete gana margen para llevar más carga útil en cada misión, y el proceso de reacondicionamiento entre vuelo y vuelo se simplifica bastante. Además, según los propios ingenieros chinos, la red ofrece más margen frente a pequeñas desviaciones en el aterrizaje, porque parte de la corrección se puede ajustar desde el equipo terrestre en vez de exigirle una precisión extrema al cohete.

Este mismo sistema, adaptado a diferentes tamaños de cohete sin necesidad de rediseñar el tren de aterrizaje para cada modelo, es parte de lo que hace tan flexible la propuesta china frente a otras alternativas de recuperación vertical que existen en el mundo. Con Linghangzhe ya certificado y en operación, y con esta primera captura exitosa confirmada, China consolida un método propio de reutilización que promete acelerar el ritmo de lanzamientos y bajar costos en los próximos años.

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